Clase 7. Trimestre II / 2003
Alberto Cruz C.
Hemos de mantenernos aún en lo que dijimos en las clases anteriores. Así, acerca del reposo. Que es de la obra y del obrador. Y que es la base en que se reposa y al par la obra conclusa y el obrador ante ella, ante la realidad conclusa que s desprende de él -el obrador mismo-.
El reposo es una experiencia elemental nuestra. Es una experiencia límite. El hombre se descubre a sí mismo, se quita lo que lo recubre en las vivencias que nos acaecen, llegan a ser experiencias pues alcanzan a ser nombradas.
La vivencia de asistir a las clases, a esta de los martes que deja de ser una mera vivencia y se torna una experiencia, pues se participa en su nombre: el Taller de América, que enseña Amereida. Ella un nombre poético.
El Taller de América reposa en la base de Amereida. El se reposa en la culminación del juego de la intimidad poética que se jugará en la intimidad de la Travesía. Este año, el próximo veremos otro rasgo de la inagotable intimidad del oír a la palabra poética desde la Arquitectura y el Diseño.
Desde el origen del obrar, pues una obra tiene origen y generación -hemos hablado largamente de ello-, mejor, siempre estamos hablando del origen. Que es el acto. Y de la generación que es la forma.
El Taller de América es entonces, el momento de la tarea de encontrarse con el origen. Con el llegar de la vivencia a la experiencia. Tal es su reposo.
Ahora bien, el origen se lo encuentra en un ritmo rápido pues -podemos decirnos- que el acto adviene a través de la observación. Y esta es inmediata.
En cambio la generación es labor cada vez más organizada a fin de alcanzar la forma que conjuga la técnica que genera lo artificial. En que lo artificial es lo que modifica la realidad yacente físicamente para volverla abstracta. Vale decir, fruto de su voluntad.
En una Escuela conforme al régimen universitario actual, que hoy va en una fuerte evolución, se estudia más detenidamente el origen y proporcionalmente menos la generación, pues esta requiere de un equipo profesional de especialistas externos que actúen como tales.
Así, en una Travesía se genera la obra que esta origina, en la definición de la voluntad de abstracción de lo artificial. En ello si que se llega al reposo.
Por tanto podemos decirnos que dentro del régimen universitario hemos venido llevando a cabo una experiencia límite. Al par podemos advertirnos que para la generalidad de los arquitectos y diseñadores no hay origen, no, lo que hay es la germinación de la generación. Ella, la generación es la experiencia límite. Pero, advirtamos también, la experiencia de la generación no es anhelo de límite. No, es experiencia con capacidad, cada vez más de competitividad.
Pero nosotros nos mantenemos firme en el origen. En la aventura de la casa con origen: la Ciudad Abierta.
Volviendo a lo ya señalado, aquello del rápido ritmo de la observación que es reposo del acto, en cuanto base de apoyo y culminación en conclusividad, ya en el primer año, en su semestre inicial, el alumno queda dentro del acto.
Desde el inicio, entonces, dentro del acto y ante la forma. Dentro del origen ante la generación.
Vale decir en un aquí.
Precisamente el aquí es el que da curso al origen en la generación al acto en la forma.
Por eso el Taller de América es para toda la Escuela en el ritmo de una lección única. Todo el cuidado es el de lograr la lección única. Todo el quehacer, que oye la voz poética, que concibe y realiza las cartas de su juego ha de constituirse en una única lección. Una lección única para conformar el lenguaje del arquitecto y del diseñador que es multivalente: Sí; la clásica multiva cia: firmeza -utilidad- belleza. Ahora, aquí en nosotros: el lenguaje de la observación que dibuja y escribe pensando, el lenguaje unívoco simbólico de las matemáticas que piensa en procesos operacionales, el lenguaje de la física que piensa a través de modelos que comunican, comunicantes.
Son ellos los lenguajes hablados.
Junto al lenguaje ejecutor: el del Curso del Espacio, el Taller con sus planos y maquettes.
Tal conjunto multivante oye a la poesía. Ella no es lenguaje -advierte Godo- es lengua.
Lenguajes oyendo a la lengua, recibiendo la palabra religiosa, voz de la trascendencia.
Lo que acabamos de recoger son las horas de nuestros días de estudio, así la hora del Taller, del Curso del Espacio, de la Música de las matemáticas, del ramo de Física, de este Taller, del Curso de Cultura Religiosa.
Entonces la lección única que abarca las horas. La lección única que llega a cada cual para basarlo, de base, la base del reposo: y para re-basarlo, también de base, re, re es fructificación, que trae el reposo culminante. La lección única es la presentación, sí, que no la representación del alumno, desde el primer día hasta el último de sus pregrado, grado, doctorado, sobredoctorado.
Y el re-base es el asombro.
El asombro en continuidad de los lenguajes antedichos.
El asombro desde ellos.
Los lenguajes ante el asombro que se nos adentra.
Ante y dentro adentrado.
La lección única. Esa que hemos de alcanzar entre todos.
Manuel F. Sanfuentes
¿Qué nos ha traído aquí a ustedes, estudiantes, a los profesores y a los mayores? ¿qué trajo aquí a los que ya no están? ¿qué traerá en adelante la voluntad de estudiar próximos la arquitectura, la poesía y los diseños?… un reino de todos.
El solo ejercicio de plasmar de tinta página a página va preparando ser un evento, un fresco brotar cuerpos nuevos, un algo que no había sido y allí está.
Está la natura y el impedimento, la pura sabia y los electrones, las técnicas del corazón y el intelecto. El arte sacro une el metal con cristalerías y veladuras.
El Padre Felipe Berríos S.J., quien dirige la Fundación Un Techo para Chile, en una reciente entrevista le dice así a atónito periodista: “pero si el cielo es un regalo de Dios y ya lo tienes”.
Me parece estar ante lo cierto: en uno está todo; nosotros tenemos las cosas “de ya”, de suyo. Y ese Ya es el que se tomó (de suyo) cuando los que fundaron esta Escuela dijeron ya entre sus artes, pintura, arquitectura, escultura y poesía; dijeron ya, vamos, así será, así sea. Ni dudad, ni tanteo; la cosa va; ya!.
Cuando uno dice ya, me parece que dice ahora; procede; el Ha-Lugar de la poesía debe ser ése, el del ahora, el del presente, el del regalo de Dios que es el sentido de la trascendencia cuando la obra dice un ya a la historia, se inscribe en el mundo y constituye un lugar de encuentro no sólo a una generación sino a un tiempo; Alberto ha hablado de una era, Fabio ha dicho que esto es un milagro.
Ciertamente hay fe en lo que aquí se hace, hasta hoy día mismo; y este Taller de América tiene ya su segundo instante. Godo y Alberto fueron maestros en demostrarnos que se podía; que ese ya se pronunciaba día a día.
No soy adulador ni condescendiente; tomo apuntes, oigo callado, dibujo siempre y escribo todo.
Este viaje del que hablamos aquí en el Taller tiene un doble movimiento; por un lado vamos yendo en el sentido del Ya de la Escuela, porque ya partimos; y en ese ya partidos vamos más allá y nos extendemos en diferentes coordenadas al ir de travesía; vamos así en nuestro propio ir yendo… un meta-desplazamiento.
Y vamos emancipados por la propia palabra. Y las cartas de la phalène quieren leer esa destinación, quieren leer ese ya, esa voluntad de ir a las cosas; no sé si de asirlas (o asirlas para dejarlas) y volverlas a su sitio. La poesía y la phalène misma son el canto al desprendimiento, al desprendimiento del poeta de su propio desprendimiento de la poesía de su poesía; recordamos la Carta del Errante de la clase antepasada: “he visto al poeta sobrepasar el poema”.
Las cartas del Taller que llevamos a la Cultura del Cuerpo nos han dicho tres cosas: uno, que “las fuerzas en la palabra que dan pasión, despojan”; la segunda habla de “un viaje, un paso hacia los matices del cielo”; y por último, que “fue la transparencia intersectada en lo oculto”.
El despojo, el viaje, la transparencia ¿qué nos dicen… qué nos han dicho? Que el despojo es un viaje transparente, que las fuerzas pasan intersectadas, que la palabra en el cielo se oculta y que la pasión es un matiz.
El padre Berríos tenía razón: todo está ahí, más aún ya estaba, ya lo tienes.
Entiendo que vamos en la dilucidación de una intimidad, de esa fe en lo emprendido; nuestro juego es un acuerdo fraternal; una travesía que nos lleva al grano de nuestro afán, al meollo del continente, incluso a la barbarie. Sin embargo nosotros nos parecemos a la civilización, vamos cargados, nos devolvemos; vamos a ver e inscribir pero volvemos como en la clase pasada, al sur, como el tango que yo transcribía diciendo: “vuelvo al sur, como se vuelve siempre al amor, vuelvo a vos”. A ese vos que es una voz, ese vos del argentino. Recuerdo en Godo su entonarse, su irse dando cada vez en su diciendo, su entregándose en la phalène al espectáculo llevando a cabo la fórmula del que hace decir ya y consiente y deja que proceda lo que ahí está para ello.
La phalène; la poesía no es un acto ni ordinario ni extraordinario, es el acto de su tiempo, de sus días; es el acto del “ya”, del “de suyo”, de Amereida cuando dice: “cuya sorpresa guarda la mirada”, de la sorpresa, de la mirada; lo nunca visto, lo insospechado, lo imprevisible.
Ayer en la ciudad una clase sobre el vacío en la escultura, lo imprevisible y lo incongruente; pero así era, un vacío dejado; el escultor José y el escultor Oteiza diciendo: “yo no hablo de lo que he sabido, sino de lo que voy sabiendo”:
de la desocupació
de la expansió
de la construcció
de la oposició
de la caixa vacía
de la secuencia de driedres
de la caixa parietal
de la convergencia
de la variant vertical
del ferro
ahora.
Ya.
Andrés Garcés A.
A.
Estamos pensando en este Taller, en un juego poético que tiene como punto de partida unas cartas que cada uno y toda la Escuela dibuja y a las que vamos entregando aquellas dimensiones que le sean precisas para dar forma, lugar y acontecimiento.
Lo primero que ya sabemos es que un juego antes que todo es una acción, y como tal ha de desarrollarse en el tiempo, uno en particular y con una duración acordada y en un lugar delimitado, visible o invisible.
También sabemos que dicha acción, por ser poética, es realizada por todos y no por uno o algunos, como en el teatro y la representación escénica, danza, etc. Aunque sin desmedro de que ella desencadene la peripecia y el reconocimiento y por tanto la posibilidad de con-moción o catarsis como en la Grecia de Píndaro.
B.
1. Pensamos en unas cartas iluminadas, generadoras o receptoras de luz y que por esa cualidad pueden ser leídas, interpretadas.
2. Contiene una imagen, es un elemento contenedor de una imagen luminosa, no bidimensional, más bien en el orden de la cubicidad que nos propone J. Oteiza y junto a él las láminas blancas que hacen los diseñadores en la exposición.
3. Todo podría transcurrir en la noche, Ricardo Lang propone en el estero de la Ciudad Abierta o algún lugar cercano a la duna.
4. En una fecha por definir, pero al inicio del tercer trimestre, con el preparativo necesario para que su figura esplenda entre todos.