Sobre el «Estilo» de los Cachalotes
Las peculiaridades del encargo escultórico y las soluciones propuestas, abrieron otro campo a considerar el que también fue inesperado. Se trata del cálculo escultórico que con sus componentes de series y cifras más su factibilidad y economía arrojaron un sistema formal que bien uno podría llamar “estilo”.
La palabra estilo está cargada de un arcaicismo debilitante en el sentido de que se refiere a un adherir a algo ya conquistado por otro o haciendo referencias a formas de épocas pasadas. En efecto tal es el común entender de este concepto, donde lo fundamental es el reconocimiento de la forma y su ubicación histórica y social.
La palabra estilo que quiero rescatar para esta obra, viene desde su origen etimológico. Estilo viene del estilete de madera afilado con el cual se trazaban los signos gráficos sobre las tabletas de cera que usaban los escribas egipcios.
Cuando decidí partir del manuscrito de los poemas para llegar a la forma de los Cachalotes, inevitablemente se creó una plataforma de desarrollo de un estilo que llegaría a una forma de gran capacidad expresiva. En esto es bueno declarar que como toda obra originaria, son las condiciones irrenunciables de la concepción plástica de las esculturas las que determinan el factor de similitud que un estilo conlleva.
Esto, naturalmente se refiere que las esculturas están realizadas sobre planchas de igual dimensión con cuatro tipos de cortes, sin restos y el sistema de ensamblaje de las piezas.
De esta manera los Trece Cachalotes poseen un innegable parecido aunque son totalmente diferentes unas de otras y este parecido viene a confirmar una identidad de la serie. Esto es fundamental para identificar la voluntad de esta iniciativa. Un país unido de norte a sur por trece plazas de mar que como el filo de un cuchillo, brilla en la memoria de sus habitantes su territorio partido en dos. Su mar y su tierra.
Visto de esta manera, el estilo cumple una función fundamental: darle al conjunto la unidad inequívoca para la comprensión de su poética. El que vio la de, digamos Punta Arenas y luego ve la de Valparaíso, en su memoria tendrá la posibilidad de comprender su país en una rara plenitud.