junio 26, 2007

Clase 5. Trimestre I / 2007

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Quinta Clase

de Jaime Reyes G.

La siguiente proposición en el Voto al Senado Académico, después de las que hemos revisado, tiene que ver con que esas agrupaciones promovidas por la Reforma, «tenderán a constituir un lugar físico» para que allí puedan suceder todas las demás proposiciones. Pero principalmente para que en ese lugar físico puedan acontecer los oficios en pro y por la obra. El obrar se considera así como la esencia de la realización de los oficios.

Muchas veces en el transcurso de nuestras vidas cotidianas cada uno de nosotros recibimos «advertencias». El medio y el modo en que esas advertencias suceden no importa ahora. Suceden en medio del trabajo de los oficios y nos devuelven a la ciudad; hacen que esta escuela se devuelva a la ciudad, como la semana pasada durante la Semana Universitaria. Nosostros y la Escuela recibimos la advertencia ¿Qué hacemos con la ciudad en cuanto universidad? ¿Qué hacemos con la ciudad en cuanto estudiantes y profesores de esta Escuela? Qué hacemos con Valparaíso, nuestra ciudad? ¿Cuál es la advertencia de la ciudad?

Nos pide ser justamente devueltos a su gozo, a su terror cotidiano. Devueltos a la cantidad. La cantidad de cosas que ella ha de proponerse. Hacia allí somos devueltos; a las cosas que ha de proponerse juzgar, emprender, comenzar y sobretodo celebrar. Una ciudad ama vivir sumergida y emerger en los pormenores de la cantidad. Toda ciudad recibe estas advertencias, las que se le dan en dos momentos. Un primer momento en que esa advertencia se presenta. Como cuando alguien advierte por ejemplo «ese puente se va a caer». Esa es una clase de advertencia cuando se presenta. Luego eso presentado se elabora para llegar a conclusiones, para llegar a consecuencias, en este caso que se arregle el puente. Ambos momentos pueden situarse más o menos próximos en el tiempo. Pero hay quienes quisieran hacerlos coincidir. Hacer coincidir la advertencia sobre la caída del puente y su reparación, de modo que esos dos momentos se constituyan en uno solo, intentando que no se distancien en el tiempo. En el caso del puente es lógico y es deseable que se repare lo más pronto luego de la advertencia. La ciudad tiene este empeño del momento único. Entonces, ante la encrucijada entre lo uno y lo múltiple, la ciudad toma partido en favor de lo uno y así obra. Obra así porque canta lo notorio; no canta lo que oscuramente viene a quedar horcajadas sobre nosotros. No canta esa brutalidad propia de lo múltiple, la brutalidad propia de la advertencia de los dos momentos. Ese obrar en favor de lo uno es la actitud de los planificadores. Y está bien, pero nosotros obramos también de otra manera.

Nosotros tomamos como verdadera la advertencia de los dos momentos, porque ella nos conduce hacia la obra. Porque una verdadera obra conduce no hacia un símbolo único, sino hacia una multiplicidad de símbolos. Eso es una ciudad. Esa multiplicidad de símbolos es la que hace que un orden, cualquiera que sea se haga carne, se carnalice. Hace que un orden se individualice en un ser concreto. Para que eso suceda ese orden se inscribe en las circunstancias. Las circunstancias son las que hacen que un orden, al carnalizarse, proceda por elección o decisión. Hay que decidirse y elegir con la materia. Los ladrillos hasta aquí, los fierros hasta acá, tal cantidad de ese color. Hay que decidirse sobre las circunstancias. Allí surge y se revela el misterio de la materia. Esto significa un acierto o no. Una decisión adecuada sobre la materia, bajo tales circunstancias, puede significar un acierto. Pregúntense, entre quienes llevaron el pájaro que uds mismos construyeron para llevarlo por la ciudad, si la cantidad de fierro que le pusieron fue un acierto, si era demasiado pesado o lo podían llevar perfectamente. Las circunstancias son las que exigen el acierto. En ese fluir surge la multiplicidad de los símbolos. Cualquier orden quiere llegar hasta su último acierto. ¿De qué sirve todo esto?

Es probable que nuestras obras no sean conocidan de muchos y puede parecer que no hacen mucha diferencia puestas en el mundo. Pero nosotros, al obrar así, conformamos nuestro trabajo desde dentro de la obra. Hacemos así para que este modo, con el tiempo, se torne fidelidad. Ese modo de trabajar desde dentro de la obra, sin importar que sean o no conocidas de muchos se convierte en fidelidad y permite que no nos apeguemos a ninguna otra cosa que no sea ese misterio de la materia que exige los aciertos. Ese misterio de la materia encarnada en la obra. Por eso sucede que muy pocos, si es que no nadie, sabe o puede decir de nosotros algo. Muy pocos saben decirnos con precisión. Es probable que nos sea un sufrimiento que después de 50 años de persistencia nadie sepa decir algo preciso acerca de nosotros. Pero quien no se apega accede a llevar algo consigo: acaso ustedes, como oficiantes, acceden a llevar en ustedes mismos una suerte de incógnita. Entonces su trabajo se acerca a una perfeccción real. Entonces nuestra persistencia no es en lo único sino en lo múltiple. Así dejamos de estar aislados en nuestro continente y en esta extensión global. Y así nada importa que nos puedan decir o que nos conozcan porque en el fondo no estamos aislados.

Pero obrar así sune la abolición de la «avara perdurabilidad» y la obra humana puede hacerse justamente para ser abandonada. Así lo hicieron los mayas y los aztecas durantes siglos. Una obra para ser abandonada. Tal acto es el rito inicial que demanda el inicio y no la avara perdurabilidad. Es por eso que todos los años hacemos lo que uds hicieron la semana pasada. Porque lo que interesa es esa demanda del rito inicial ¿Por qué no juntamos año tras año nuestras obras de semana universitaria, y vamos acumulando y la farándula la hacemos cada vez más grande, con más elementos, mejor tecnología o más dinero? ¿por qué no sumamos y hacemos una obra enorme que perdure? Porque para que surja y exista y aparezca el acierto a través del misterio de la materia, para que podamos trabajar desde dentro de la obra es que somos demandados por ese rito inicial y no por la avara perdurabilidad.

El Voto al Senado propone a la Agrupación un lugar físico para que ocurran estas cosas. Estas cosas.

(ver amereida vol I pág 110 en adelante y amereida vol II nota 35)