Clase 2. Trimestre II / 2007
Bien, es el momento de hablar de nosotros. Antes cuando me tocaba hablar, yo dibujaba, entonces era dibujo y palabra, pero ahora tengo no más que palabra. Yo lo dije en la última vez, en la última clase del primer trimestre, que el silencio de ustedes me hacía que yo cobrara voz. Es decir, ustedes hacen como el dibujo de la voz que yo pronuncio.
Estas son las cosas creativas nuestras en común, de pueblo.
Ya que saben de ésto voy a decir de otra cosa –para ustedes– que es lo siguiente: con Godo durante 50 años al lado de él, después de muchos años caí en la cuenta que él, como quien dice, surgía dentro de él, por decirlo así, emergía dentro de él la palabra, la palabra del hombre, la palabra inaugural del hombre, la palabra poética. Pero él guardaba silencio y no nos decía nada, nada, a ninguno de nosotros y después de un momento nos transmitía esa palabra. Entonces lo que les quiero decir es que, ustedes tienen que saber que en la poesía emerge la palabra del hombre y se guarda por un instante en los poetas y que ellos nos lo comunican después. Nosotros nunca tendremos acceso a ese momento, nunca.
Nosotros llamábamos a este saber estas cosas, saber nuestros límites, y estos límites para nosotros no eran motivo ninguno de –digamos– limitación interior; al contrario, era alegría, lo llamamos melancolía. La melancolía es entonces saber, tener un saber que sabe de cosas que uno no alcanza a padecer en su propia interioridad, en su propia fecundidad. Y este saber nos enriquece; por supuesto que esto, como estamos viendo, es importante para nosotros; y porqué es importante, pensemos también otra cosa, que aquí en la Escuela entre nosotros podemos comunicarnos esto, podemos hablar de la melancolía. Ustedes que son niños todavía están iniciándose y ya tienen un saber que sabe de la melancolía. Esto es comenzar con un comienzo en una instancia que tiene una altura –esto es la Universidad.
Este es el asunto, cada día, en cada vez en nosotros se va descubriendo más cosas que ustedes, como dijimos en el trimestre anterior, lo incorporan a ese hogar creativo que está naciendo en ustedes y que se va a prolongar por toda la vida.
Como todos ustedes saben que la juventud es una época ocupada, preocupada, confiada, entregada al amor; así es que la melancolía también, en el hogar creativo de ustedes, tiene que ser entregada al amor; y el amor siempre supone en el corazón de cada cual, una creencia. Y la creencia siempre supone un reposo, su reposo en la fe; toda la persona y cada cual está comprendida y concernida en estos asuntos, tan leves y a la vez con tanto, que capacitan después a cada uno, a ustedes para conformarse en el hogar aquello que es la sabiduría, el saber, el saber que conoce y sabe conocer –conoce datos, conoce países, conoce situaciones–; pero anterior a eso es que sabe conocer, y en nosotros es por este camino de Amereida.