Regalo y Bendición a los Alumnos que Egresan
Diego Abe M. | Cristian Rodrigo Barril R. | Alicia Bolocco N. | Michele Browne F. | Marcela Andrea Carabelli D. | Pablo Cari C. | Francisca Cifuentes F. | Patricio Marcelo Cortés E. | Rubén Del Rio G. | Andrea Delaveau M. | Maria José Espinoza T. | Paulina Soledad Fuentealba C. | Daniela Marie Fuentes M. | Cristobal Hughes F. | Alejandra Maria Jobet G. | Paulina Constanza Meyer G. | Marisole Mujica D. | Luis Felipe Rioseco P. | Catalina Andrea Ruz N. | Ulises Vives H. | Josefina Zuazola D.
No habría un previo sino el acto mismo para darle nombre a lo que reúne a la bendición con el regalo. 21 alumnos egresaban este trimestre; teníamos 30 pliegos de papel hecho a mano y traído de la Papelería Palermo de Buenos Aires; paralelamente intentábamos plegar un pliego hasta un tamaño que permitiera su entrega por mano o correspondencia postal, las esquinas del doblez arrugaban al papel deformando su plano llano; en cada cruce de pliegue aplicamos sacabocado dejando libre los vértices; el papel soportaba entonces más el plegamiento, lo que nos permitió trabajar la lámina a parir de horizontes determinados por el doblez.
Sobre aluminio recortado a cierra, dibujamos con punta seca cursivamente, sacamos un pedazo a la matriz por pensar que no era llena, sino abierta por un lado; encontramos que era poco y abrimos otro blanco de mayor tamaño, y como cada copia es uno a uno, cada vez estos blancos los hacíamos enmascarando el aluminio luego del entintado.
El texto de portada y contraportada había sido ya impreso en tipografía Courier en cuerpo 9; la forma estaba compuesta sobre un rodón manual de pruebas de impresión de más de 50 años. Paralelamente se escribía a mano en tinta negra los nombres de los alumnos egresados por orden alfabético, pero si en el escrito se llegaba al nombre de la persona a la que se le iba a entregar ese regalo, se cambiaba de lápiz y escribíase con rojo su nombre entero, y así en el siguiente se volvía al negro.
Para numerar la serie de los 27 ejemplares que se hicieron, junto al número partido por 27, se escribía un “personaje” u “objeto” de Amereida, a decir: “las pájaras salvajes”, “el presente de lo leve”, “el mar blanco inexistente”, etc.
Dispusimos los 21 pliegos semiextendidos sobre el suelo de hormigón del patio de la escultura, íbamos llamando a cada uno por su número en la edición, su clave amereidianay su nombre.
Saludamos a los alumnos y el Padre Ricardo nos reúne para la bendición y la lectura del Salmo de La gloria de Dios en la creación.
Salmo 104 (103)
¡Alma mía, bendice a Yahveh!
¡Yahveh, Dios mío, qué grande eres!
Vestido de esplendor y majestad,
arropado de luz como de un manto,
tú despliegas los cielos lo mismo que una tienda,
levantas sobre las aguas tus altas moradas;
haciendo de las nubes carro tuyo,
sobre las alas del viento te deslizas;
tomas por mensajeros a los vientos,
a las llamas del fuego por ministros.
Sobre sus bases asentaste la tierra,
inconmovible para siempre jamás.
Del océano, cual vestido, la cubriste,
sobre los montes persistían las aguas;
al increparlas tú, emprenden la huida,
se precipitan al oír tu trueno,
y saltan por los montes, descienden por los valles,
hasta el lugar que tú les asignaste;
un término les pones que no crucen,
por que no vuelvan a cubrir la tierra.
Haces manar las fuentes en los valles,
entre los montes se deslizan;
a todas las bestias de los campos abrevan,
en ellas su sed apagan los onagros;
sobre ellas habitan las aves de los cielos,
dejan oír su voz entre la fronda.
De tus altas moradas abrevas las montañas,
del fruto de tus obras se satura la tierra;
la hierba haces brotar para el ganado,
y las plantas para el uso del hombre,
para que saque de la tierra el pan,
y el vino que recrea el corazón del hombre,
para que lustre su rostro con aceite
y el pan conforte el corazón del hombre.
Se empapan bien los árboles de Yahveh,
los cedros del Líbano que él plantó;
allí ponen los pájaros su nido,
su casa en su copa la cigüeña;
los altos montes, para los rebecos,
para los damanes, el cobijo de las rocas.
Hizo la luna para marcar los tiempos,
conoce el sol su ocaso;
mandas tú las tinieblas, y es la noche,
en ella rebullen todos los animales de la selva,
los leoncillos rugen por la presa,
y su alimento a Dios reclaman.
Cuando el sol sale, se recogen,
y van a echarse a sus guaridas;
el hombre sale a su trabajo,
para hacer su faena hasta la tarde.
¡Cuán numerosas tus obras, Yahveh!
Todas las has hecho con sabiduría,
de tus criaturas está llena la tierra.
Ahí está el mar, grande y de amplios brazos,
y en él el hervidero innumerable
de animales, grandes y pequeños;
por allí circulan los navíos,
y Leviatán que tú formaste para jugar con él.
Todos ellos de ti están esperando
que les des a su tiempo su alimento;
tú se lo das y ellos lo toman,
abres tu mano y se sacian de bienes.
Escondes tu rostro y se anonadan,
les retiras su soplo, y expiran
y a su polvo retornan.
Envías tu soplo y son creados,
y renuevas la faz de la tierra.
¡Sea por siempre la gloria de Yahveh,
en sus obras Yahveh se regocije!
El que mira a la tierra y ella tiembla,
toca los montes y echan humo.
A Yahveh mientras viva he de cantar,
mientras exista salmodiaré para mi Dios.
¡Oh, que mi poema le complazca!
Yo en Yahveh tengo mi gozo.
¡Que se acaben los pecadores en la tierra,
y ya no más existan los impíos!
¡Bendice a Yahveh, alma mía!
El nombre puede se Por lo Tanto, el signo matemático que resuma la culminación y provoca la resolución; el albedrío nuevo de los alumnos que egresan es la pertenencia y profesión de lo que el oficio adquirido en el estudio hace que permanezca en ellos viniendo.
“que lo que a nosotros nos vino
permanezca viniendo”
Godofredo Iommi M.
Grabado en los zócalos del Anfiteatro de la Ciudad Abierta,