Cuenta para el Consejo de Facultad.
CUENTA PARA UN CONSEJO.
En virtud de los estatutos de la Universidad y el reglamento de Funcionamiento de las Facultades, vigente en nuestra universidad, he procedido a citar a este Consejo de Facultad cuya tabla contempla básicamente 2 puntos:
A. Lectura de un mensaje de despedida y agradecimiento del Decano a la Facultad, en que quiero exponer la visión que tengo de La Facultad y sus unidades académicas al término de una gestión que se ha prolongado por nueve años.
B. Convocatoria oficial para la elección del nuevo Decano que deberá dirigir la Facultad durante los próximos 3 años.
Mensaje de despedida y agradecimiento del Decano al Consejo de Facultad.
He querido llamarlo mensaje de despedida y agradecimiento, y no propiamente cuenta Académica ,porque esta es una instancia discrecional, voluntaria no obligatoria, que hago efectiva, porque me parece que es necesaria y conforme al espíritu ( mucho más real que meramente formal), que ha animado desde siempre el modo de ser de esta facultad y de sus respectivas unidades académicas.
Las cuentas propiamente tales se han entregado sistemáticamente cada año, y se encuentran publicadas en los archivos oficiales de la universidad.
Pero lo que me mueve a entregar este mensaje es algo de otra naturaleza, que el mero cumplimiento de las formalidades institucionales, que siendo ciertamente muy importantes, se inscriben en otra zona de las sensibilidades y del pensamiento que aquellas a las que quiero aludir en esta oportunidad.
A mí me ha tocado ejercer este cargo durante nueve años:
Fui elegido en abril de 1996, reelegido en abril de 2000, y reelegido en abril de 2003.
Digo ejercer el cargo porque se puede también solo soportar un cargo y administrarlo
Conforme al buen juicio de cada cual, y según las circunstancias. Ejercerlo es una cosa distinta.
Tal vez en esto influya mi personal forma de ser ,tal vez demasiado sobre estructurada y a veces demasiado impaciente, pero mas allá de eso y de cualquier interpretación yo creo que esta vez la necesidad de ejercer fuertemente el cargo, se debió no sólo a eso ,sino que creo que en parte importante fueron las características del periodo que me correspondió, de la historia del país , de la universidad ,y de la propia facultad y de sus unidades académicas , su propio devenir, lo que así lo requirió.
(un pequeño ex-curso)
Yo no puedo disimular el hecho de que si bien soy el Decano de toda la Facultad, formo parte de la “Escuela de arquitectura y diseño” y que la gestión de mi Decanato estuvo siempre fuertemente marcada por la particular peripecia de aquello que a la escuela le toco vivir en este periodo y de cierta manera anclada en “su mito”.En el que incluyo al Instituto de Arte .(entendiendo en la palabra “Mito” no aquello que en su historia es falso, sino muy por el contrario precisamente aquello que en ella encarna sus mayores virtudes y valores.(me llena de placer y alegría oír a otros hablar con entusiasmo y admiración de la escuela, más allá de las inexactitudes e imprecisiones que digan)
Es a la luz de lo anterior que yo puedo avanzar en el siguiente paso de este mensaje.
Debo decir que en mi personal interpretación yo entendí siempre que este periodo, (en el que me tocó conducir la facultad), constituía en la evolución misma de la historia de la escuela un periodo de suyo critico,(después diré porqué) y en el cual, se debía so pena de enfrentar enormes riesgos , asumir con fuerza y decisión el paso radical de llevar lo que podría llamar “la dimensión universitaria de la escuela y sus concepciones originales propias , al campo de la realidad formal de cada actividad universitaria y de su inevitable “socialización.” Mal que nos pesara, era una tarea que debía ser abordada.
Más aún en el sub entendido atroz que todos sabemos que la tendencia del mundo actual, no solo aquí sino – a mi juicio- en todo occidente, tiende a invertir los énfasis en el cuidado de lo más importante es decir “la genuina libertad académica”, en busca de magnificar a cambio, el cuidado del beneficio social de los productos de la misma.
Dicho trance visto además desde una escuela que es hija, de padres fundadores admirables ,que precisamente para poder hacer lo que hicieron, debieron invertir desde el inicio la idea misma del beneficio social, y del orden administrativo burocrático , (privilegiar lo académico por sobre lo administrativo) ,con todo lo que ello significaba.Lo bueno y lo malo ,lo justo y lo injusto.
Como secretario académico antes durante 6 años y como Decano luego, vi. morir a Arturo Baeza, a José Vial, a Claudio Girola, a Godofredo Iommi, y más tarde a Ignacio Balcells.
Cuando asumí como Decano, hace diez años la idea que me angustiaba era la pregunta de ¿qué seria de la escuela desprovista de sus padres fundadores?, más allá de la admirable voluntad y devoción de los más jóvenes, al quedar desprovista del nervio pensante, de los fundadores, o incluso a veces hasta del despotismo autoritario de los mayores.Yo mismo me había transformado de ser uno de los jóvenes discípulos en uno de los mayores.
Toda institución que como esta hace radicar su fuerza en un espíritu de cuerpo, al quedar sin sus maestros se debilita y se transforma ya sea en un centro nostálgico conservador de lo que ya no es, o se transmuta conforme al principio de acción y reacción en algo que es casi lo contrario de lo aparecido con su luz original.
En esa amarga disyuntiva me encontraba yo al asumir como Decano en 1997.
Hoy las cosas han cambiado, y en cierto sentido se han consumado.
Durante estos diez años ocurrieron muchas cosas. Sea en el plano de las personas sea en el plano de las ideas, sea en el plano de la realidad material de las cosas universitaria. La Facultad debió abrirse a muchas realidades universitarias, venidas desde fuera, que a nuestro juicio debían ser abordadas y asumidas sin perder de vista lo principal, vale decir la identidad de lo que somos.
Esto resultaba crítico especialmente en el ámbito de la escuela de Arquitectura y Diseño, por motivos de su tradición y de su historia. Pero también lo era de otro modo en el Instituto de Arte que fundado y originado desde la escuela de arquitectura, hoy se debate en la construcción de su propia autonomía con todas las luces y sombras que ello implica.
Quiero mencionar en detalle algunas de las cosas a las que me refiero:
Pero antes quiero decir que no se valla a creer que menciono lo que sigue para atribuirme méritos o justificar fracasos. Al respecto yo puedo decir, que de todo lo que ha sido hecho y de lo cual ciertamente me siento orgulloso, en estricto rigor no ha sido hecho por mi, yo no he hecho nada. Todo o casi todo, ha sido hecho por otros, por quienes están cercanos a las cosas, como debe ser.
Un Decano no es absolutamente nada sin el respaldo explicito o tácito de quienes lo sostienen. Es una pura Facultad, la facultad de hacer algo, pero no la cosa misma que se debe hacer.
Lo que desata la eficiencia de la Facultad es precisamente el sostén que se tiene para realizar lo que se debe realizar, y ese sostén si es que es verdadero y existe, no es solamente algo que permite hacer, es algo que efectivamente se tiene y que se siente.
Algo que se manifiesta finalmente en acciones concretas. De lo contrario la carga misma del cargo sería insoportable Y si hoy agradezco el haberlo tenido, es porque puedo hacerlo, porque efectivamente conté con ese sostén, así lo sentí, y ese si tal vez sea efectivamente mérito mío y así lo sentí.
Por eso realmente puedo agradecer.
Dicho eso puedo entrar al tercer paso, que es la mención en detalle de algunas cosas
Escuela de Arquitectura:
año 1996:
Existía la necesidad de enfrentar el proceso de acreditación de carreras que se había impuesto en el paìs.Asumir una postura de escuela frente a ella, y asumir la enorme tarea que implicaba trabajar con lenguajes y métodos desconocidos para nosotros.
Primero en las carreras de arquitectura y luego en las de diseños.
Existía la necesidad de avanzar en una zona que para nosotros había sido completamente ajena, cual es el campo de los estudios de Post grado. Acceder a ideas de perfeccionamiento académico otorgado por otros, dimensión que hasta entonces habían sido expresamente desestimadas en el ámbito de la escuela.
(El perfeccionamiento consistía para nosotros en crecer en el ámbito de la obra y de su realidad creativa, más que en el crecimiento académico universitariamente formalizado).Y en cierto sentido con justa razón.
Pero existía la necesidad no solo de avanzar en el plano de los estudios de post grado como instancias de perfeccionamiento académico, sino “abrir el campo” para avanzar como escuela en los estudios de postgrado mismos, constituidos en programas de estudio que condujeran al otorgamiento de grados académicos superiores (magíster y Doctorados) impartidos por la propia escuela, y a partir de sus propios puntos de vista sobre la arquitectura y el diseño.
Esto aparecía como una montaña inmensa imposible de escalar.
Existía la necesidad de avanzar en el plano material físico de la infraestructura y de los correspondientes estándares de calidad, requeridos para enfrentar en el día de hoy la tarea de la enseñanza universitaria. Justo nosotros que nos habíamos formado y generado en el rigor de la pobreza y la austeridad, y que precisamente valorábamos tales condiciones por la capacidad expresa que nos reconocíamos de transformar con nuestra propia creatividad la pobreza en lujo y las carencias en incentivos creativos.
Existía la necesidad de formalizar y darle un curso contractual independiente, a todo ese amplio campo de las relaciones exteriores de la escuela, para llevarlo desde el ámbito del genuino y amplio reconocimiento internacional del que gozaba la escuela, a la estructuración de herramientas operativas que pudiesen existir y ser eficientes al margen de la amistad y los vínculos personales .La facultad no sólo debía contar con un reconocimiento internacional amplio sino que dicho reconocimiento debía transformarse en herramienta útil para enfrentar la emergencia del mundo global y el reclamo de la sociedad de tales condiciones.
Existía la imperiosa necesidad, so pena de quedar fuera de los circuitos de recursos y relaciones que hoy sostienen la labor universitaria, avanzar significativamente en el campo de la planificación estratégica del desarrollo universitario. Planes cuya sola mención en otras condiciones solía generar en algunos de nosotros amplio rechazo. Había que concebir tales planes de desarrollo para tener alguna opción de establecer políticas de planta académica y de participación de fondos concursables, para investigación e infraestructura sin los cuales hoy resulta imposible aspirar a un desarrollo universitario sostenible en el tiempo.
Existía la imperiosa necesidad de desarrollar herramientas de gestión para poder acceder a una efectiva descentralización en las decisiones que se debían tomar.
No era lo mismo administrar descentralizadamente el presupuesto de la escuela, que manejar una cuenta corriente cualquiera. (lo que todos siempre quisieran, díganme exactamente lo que tengo para gastar y yo lo administro impecablemente).No es así Arturo lo sabe muy bien, es mucho mas complejo porque las variantes de los egresos terminan involucrando las variables de los ingresos de modo que si no hay una concepción anticipatoria ,no estrictamente dependiente de los hechos consumados, los números nunca van a cuadrar.
Había que cuidar la buena marcha de la escuela en un escenario de autonomía sobre las decisiones presupuestaria sin tener todo el control de la gestión de ingresos y egresos.
No estábamos preparados y en algunos aspectos no lo estamos aún para asumir decisiones fundamentales sobre el presupuesto de la escuela. Había que aprehender sobre la marcha.
Pero todo lo anterior era para preservar algo mucho más importante que era la idea misma que nos asistía, que el acto creativo original y potente que creó esta escuela, el impulso gratuito de amor al oficio y amor a la obra que le dio su contextura y fortaleza interna.,no podía desaparecer con los padres fundadores sino que había de proyectarse, en la configuración de otra escuela, que Alberto señaló en la conmemoración de los 50 años, como aquella tarea de esta escuela no ya de maestros y discípulos sino de pares, que tenían la tarea de constituir lo que habrían de ser los próximos cincuenta años.
Y la paridad de los pares estaba dada por aquella condición por la que ninguno de sus miembros era miembro del grupo de los padres fundadores.
Instituto de Arte
Pero la Facultad no sólo estaba constituida por la escuela de arquitectura y diseño, sino que existía también el instituto de Arte con toda su historia y su evolución.
Existía la necesidad que el instituto pensase aquello que quería ser en el ámbito de las instituciones académicas vinculadas al arte.
Si seguir siendo solo una unidad académica destinada a dar servicios a otras unidades académicas, bajo la figura del régimen de los estudios generales, o avanzar al campo de la formación de alumnos propios, a la creación de programas de estudio conducentes a grados académicos, a constituir equipos de investigadores, a avanzar en el campo de las publicaciones etc. etc.
Así surgió la creación de los grados académicos de bachiller en arte primero y luego de licenciado en arte. Con la imperiosa necesidad de avanzar en la constitución de una planta académica afín a tales objetivos, con todas las dificultades e incomprensiones que ello acarrea, alguna de las cuales se mantienen hasta el día de hoy.
Esto llevó a que el instituto se viera obligado a pensar un estrategia propia, que lo pudiese llevar a constituir un plan de desarrollo susceptible de ser concordado con el nivel central de la universidad y poder así llegar a constituir convenios específicos que lo hiciesen factible y sostenible en el tiempo.
No había una planta académica para llevar adelante los proyectos que se habían planteado. Con gran decisión trabajamos para la re-incorporación
Al Instituto de Leonidas Emilfork T., su actual director. Y también para la incorporación a la planta del profesor Bruno Cuneo, y el ajuste de contrato.
Recuerdo con especial orgullo la gestión que me correspondió realizar en la idea de intentar traer de regreso a la Universidad a Nacho, y construirle al interior del instituto, con el escepticismo de todos, un lugar donde pudo trabajar durante toda la ultima parte de su vida, aportando a mi juicio enorme acopio de energía intelectual y creatividad poética, que hoy constituyen activos del instituto.
Pero el instituto adolecía aún de otros problemas,…
Como poder adquirir solvencia académica de cuerpo, allí donde la constitución misma del cuerpo académico no tenía ya la claridad fundacional que le había dado origen y que ahora se veía compelido a discutir precisamente sobre su propio fundamento, a partir de visiones distintas de sus proyecciones de lo que debía ser su orientación académica.
El instituto debía ser preferentemente lugar para la especulación teórica, a construir desde un fundamento filosófico poético, o debía ser capaz de dar curso a talleres que se dedicasen a la formación de estudiantes en la objetividad de disciplinas artísticas específicas, que a pesar de no ser talleres para la formación de artistas, inculcaran en el estudiante el sentido del saber hacer propio de todo taller).
Y por otra parte el instituto enfrentaba problemas no menores relacionados a temas de espacio físico, de estándares mínimos de infra estructura de imagen institucional etc. tan sensible para una institución como la PUCV.
Y todo esto, como ocurre siempre, en un ámbito general de escasez de recursos, tan propios de nuestro medio universitario.
Bien:
Todo esto es lo que me angustiaba, y lo que de alguna manera trasunta todo el ámbito de mi gestión.
Pero todo esto ya está asumido y en gran parte hecho. De un modo en la escuela de arquitectura y de otro modo en el Instituto de arte.
Aquello que ha de ser la relación entre ambas unidades académicas en el futuro permanece aún como desconocido. Es un tema que reposa distendido allí. No nos apuremos a decidir sobre él. Confiemos en que la poesía como lo hizo una vez podrá indicarnos un camino u otro o ninguno…
Yo pertenezco a la escuela de arquitectura y diseño y eso para nadie es un misterio.
Por eso algunos ejemplos aluden más a la intimidad de la escuela que a las generalidades de la facultad.
Al dejar este cargo veo en la escuela de arquitectura una dirección sólida y estructurada, que tiene metas claras y una modalidad de gestión dura, pero consistente.
La confiabilidad que antes en la escuela se daba exclusivamente desde el Eros artístico fundacional, hoy también se da desde la consistencia institucional que quiere operar el arte de la arquitectura y el diseño, en el campo universitario.
Sea en el campo de las investigaciones, sea en el campo de los proyectos de cooperación técnica y de cooperación académica, sea en los programas de perfeccionamiento que mantienen casi el 60 % de sus profesores, (que es mucho).
Sea en los convenios amplios de colaboración académica ya establecidos y activos, con distintas universidades de Europa, Estados Unidos y Canadá, y en aquellos que están por iniciarse.
Sea en el vinculo vivo que se aprecia entre escuela y arquitectos y diseñadores egresados, sea en las excelentes relaciones de profesores y alumnos que ha logrado persistir aún en la temida masificación, y en la fidelidad a toda prueba al origen que a mi juicio se encarna en la perseverancia y cuidado amoroso de la Ciudad Abierta y sus proyecciones, veo una escuela sana sólida, vigente
Y no quiero dejar de mencionar el que fue tal vez el único gran fracaso de mi gestión, del cual asumo la responsabilidad. Me refiero a los dos fracasos sucesivos en nuestra postulación al proyecto Mecesup.
Yo se que es completamente injusto que esa responsabilidad recaiga solo en mi. Porque trabajó un equipo formado por muchas personas, pero alguien tiene que asumirlo y creo que debo hacerlo yo porque efectivamente e induje a la escuela a que postulara a dicho fondo.
Fueron fracasos, es cierto, pero de ello aprehendimos y mucho. Y precisamente por lo que aprehendimos también de ese fracaso es que repito que veo una escuela sana, sólida fuerte y absolutamente vigente.
Del mismo modo y aún a pesar de las diferencias con la escuela, veo también en el instituto de arte Un cierto vigor académico ,que ha logrado que la legitima disputa de su orientación, inserta en las autonomías de que goza, la necesaria discrepancia entre sus líneas de trabajo académicas, no se vuelvan disputas personales de poderes e influencias hegemónicas, sino soportes pluralistas de un proyecto común vinculado al arte, (no desde una única visión de él como ocurre en la escuela), sino desde la permanente pregunta por el sentido último del arte.
Como decía muchas cosas han sido hechas…
Si bien permanecen, como siempre, muchas otras pendientes. (No pocas dimensiones que se deberán asumir en el futuro próximo). Sin embargo se ha podido cruzar una suerte de puerta de los milagros como decía L.C., atravesándola ya todo puede ocurrir En esto tal vez yo solo halla podido contribuir a que las cosas sean y obviamente no sin todas las dificultades propias de todo hacer. Pero eso es algo que me llena de esperanza.
La verdadera energía que viene de la esencia misma de aquel coraje que fundó esta escuela, pudo mostrar las enormes potencialidades con que dota a quienes consienten, para usar una palabra usada en otro tiempo por Alberto, cogenerarse en este ámbito de vida trabajo y estudio. E incluso a quienes lo miran desde lejos, Esa energía es poderosa y sus potencialidades son infinitas.
Solo requieren ser bien encausadas.
Yo soy un convencido que las potencialidades de este ámbito de personas, el de la escuela a su manera y el del I.A con el suya, es enorme.
Se ha inculcado no se por que vías en ellos (vale decir en todos nosotros) una suerte de temple de insospechada potencia.
El sentido de este agradecimiento es precisamente la constatación de esto, que yo lo encarno en los directores con que me tocó trabajar: Jorge Sanchez, David Jolly y Arturo Chicano en la escuela de arquitectura y Virgilio Rodríguez y Leonidas Emilfork en el instituto de arte. Y quisiera al agradecer genuinamente a ellos, llegar a todos los miembros de la facultad en este acto que anuncia mi despedida de este cargo.
Un lugar destacado en este agradecimiento al amigo y fiel colaborador Boris Ivelic, que fue mi secretario de facultad durante los tres períodos de este decanato, sin cuya valiosa y generosa ayuda todo habría sido mucho más difícil y engorroso.
Alguien podría pensar que agradecer en estos casos es un gesto de cortesía inútil y solo formal. Yo digo que no. Poder agradecer a los demás, es a mi juicio la más grande dimensión a la que podemos aspirar en un cargo como este, porque quien desea agradecer, más que solamente ofrecer lo hecho, lo hace porque en el fondo de su corazón piensa que mas allá de todo hay algo que movió a los otros, que involucro a otros, y que en el fondo a él le agradó aquello que lo vinculo con los otros.
Lo que dice es que el sintió como propia esa emoción.
No puedo terminar este discurso sin hacer especial mención (en público), a la persona de Fabio Cruz P, cuya permanente proximidad, apoyo, ayuda y compañía, fue para mí de una importancia capital. No solo en el plano en que él se constituye para mí en vínculo con el origen, por su condición de profesor fundador de la escuela de arq.,
Por cierto que en él… pero mucho mas allá de eso, también en el vínculo de la pura amistad que siempre me dispensó, en el mas genuino sentido de la palabra, que es aquel vinculo que resiste desde dentro las más profundas discrepancias, precisamente porque conoce y distingue lo que está por sobre ellas, y lo que esta dentro de ellas.
Que Fabio pueda perdonar mis pesadeces, mis arrebatos, mis apuros, mis aburrimientos y mis exabruptos, y que ojalá el que me suceda en el cargo pueda contar con alguien con quien compartir, como lo tuve yo en él, al margen de toda prudencia o cálculo, los trabajos y los días de llevar adelante el decanato.
Las últimas palabras son para los más jóvenes.
Para aquellos en los que hoy anida el entusiasmo y la energía.
Hay una parte enorme de este tesoro que quedará inevitablemente en manos de Uds.
Y yo puedo decir al momento de terminar mi gestión que tengo una gran fe en aquello que a Uds. les será dado hacer.
Yo no me voy a la casa. Me faltan aún cuatro años para jubilar y me anima el deseo de seguir colaborando desde el lugar que sea, con la escuela, con la ciudad abierta, y con la universidad.
Muchas gracias.