Claustro Pleno 2006
Instituido por los Estatutos que entraron en vigencia en 1969, el Claustro Pleno fue creado como una instancia de participación de académicos, alumnos y funcionarios en la marcha de la Universidad.
Las atribuciones del Claustro son recibir la cuenta anual del Rector y pronunciarse acerca de las proposiciones de modificaciones de los estatutos Generales de la Universidad, a requerimiento del Consejo Superior.
Se estructura en tres etapas: exposición del Rector; consultas y apreciaciones de los participantes y una hora destinada para que el Rector y sus colaboradores puedan referirse a las consultas y apreciaciones formuladas por los asistentes.
La Pontificia Universidad Católica de Valparaíso es una de las pocas universidades chilenas que mantiene una instancia de este tipo.
Ver: Rector Alfonso Muga entrega Cuenta Anual Ante Claustro Pleno.
Adscribiendo a esta instancia de la comunidad Universitaria, la Escuela de Arquitectura y Diseño, desde hace varios años viene concibiendo espacialmente el lugar donde el Claustro se lleva a cabo; generalmente es el Salón de Honor que se «viste» para recibir cada año a sus académicos y autoridades Universitarias. Este año el Taller de Arquitectura de los Profesores David Luza y Fernando Espósito construyeron el espacio luminoso del lado norte del Salón con muros blancos traslúcidos y legibles con los números estadísticosdel presente de la universidad.
Dentro de las ponencias de los académicos, destacamos la del arquitecto y profesor de nuestra Escuela, Patricio Cáraves Silva, sobre El Saber Transmitir; a continuación se transcribe el texto presentado en esa ocación.
Proposición al Claustro Pleno
La Escuela de Arquitectura y Diseños, quiere someter a la consideración de este Claustro Pleno una proposición fruto de la experiencia de sus primeros cincuenta años de continuidad. La materia de la proposición es el lenguaje universitario y el método es la realización de un seminario en el que participen las diversas unidades académicas de la Universidad.
Se trata entonces de elaborar aquello que es un lenguaje que se hable no sólo entre las disciplinas de esta Universidad, sino de todas las Universidades y cuya potencia, evidentemente, es la de saber trasmitir. Con una transmisión de carácter público. Lo cual, a su vez pide una potencia en cuanto a transparencia; vale decir, que el lenguaje sea reversible. Legible a la par de ida y de vuelta. Por cierto todo ello en el campo de la ciencia, la técnica, las matemáticas, la filosofía, la teología, el arte: en sus labores de investigación, docencia y extensión. Tal lenguaje trasmisor, público, transparente y reversible sólo puede nacer como todo lenguaje, de un silencio. Uno contemplativo. La Escuela puede aportar una contribución al seminario: la relación del silencio del lenguaje con el habla de la lengua poética. Por cierto, que no como una norma, sino como una pura abertura.
Prosiguiendo, este lenguaje se da en el día de hoy, que en el caso de la arquitectura su obra se concibe y construye por la convergencia del interno – el arquitecto – y los externos – los especialistas. Se constituyen así dos modalidades que se requieren entre sí. Y como la Universidad es por tradición un lugar de la verdad, que es bien y belleza. Esas dos modalidades de internos y externos, han de dilucidar entre sí cuales son sus respectivos matices en el conocer y amar. Pues, abstracta, hipotéticamente la Universidad puede ser fraguada solamente interna o externamente. Y con ello el lenguaje que se hable. De donde comparece aquí una segunda contribución de la Escuela al Seminario que propone.
Volviendo a proseguir: un lenguaje, de suyo, es entre personas. En una Universidad que es entre generaciones: la de los profesores y los alumnos. Es que un lenguaje es la voz de un pueblo. Y aquí cabe detenerse para reparar en nuestra condición de americanos; en el descubrimiento del Nuevo Mundo al que debía accederse. Desde ese momento el acto de acceder ilumina, aún anticipa los desenvolvimientos. Por tanto cada disciplina ha de volverse sobre sí misma para reconocer y recoger el modo con que ella accede a desenvolverse en un oficio. El Seminario propuesto viene a ser, así, el lugar, la plaza de tales reconocimientos. Recogidos al unísono por las diversas unidades académicas las que de esta manera llevan a cabo una experiencia en común de aquello que es común. Lo cual, por cierto, es experiencia de comunidad, de comunión. En que ésta vigila el sentido de solidaridad para acceder al unísono a un modo de conocimiento que sea crítico. Y con ello a testimoniar transparentemente conocimientos transmisibles. Conocimientos que se refuerzan entre sí, abriendo la posibilidad de acceder a las experiencias de comunidad de otras universidades que se desenvuelven en ámbitos culturales diferentes. Esta es la tercera contribución de la Escuela al lenguaje universitario.
La cuarta y última contribución a ese posible seminario toca la realidad del lenguaje en que está presente y representa a la vez, diría el horizonte marino presenta el límite visual que ordena las finitudes del cielo y del mar. Y a la par representa todos los límites ordenadores de finitudes. Todo ello lleva a la dilucidación de los signos y de los símbolos.
Ellos son los hitos que relacionan el hablar entre próximos al hablar a los lejanos en su lejanía.
La Escuela de Arquitectura ha padecido una experiencia al respecto. Ella advierte que mientras más íntima es la relación entre los próximos, más comparten los símbolos y signos, más se requiere de una actitud para con los lejanos que paradojalmente vienen a alejarse más. Por eso esta experiencia se constituye en una de la hospitalidad, del huésped. De los huéspedes que de internos y los que ofician de externos. Todo lo cual puede ser, manteniéndose en el campo creativo, llevarlo al campo de la ética, donde se dilucida la acción propia a una autoridad que sirva. A su entorno, a la patria, al mundo. Sabiendo que hoy, el peligro, la tentación es ser prematuro. Y que es ya una cierta sabiduría al no serlo.
Esta proposición, consistiría en una suerte de Seminario Abierto, el que estaría construído simultáneamente, entre los que dicen y los que oyen. Una exposición de la frontera de la disciplina en las que cada oficio se encuentra en este momento, en el presente, ahora yaquí.
Tener una primera ronda con las disciplinas, una por mes en un día y hora conveniente y convenido en que nos diéramos casa como oyentes y como expositores gratuitamente. Como indica amereida…”perdámonos en pos de nuestros propios pasos detrás de la sobre luz hay siempre un signo…”
Bien se entiende que la pregunta que intentamos desplegar es de la hospitalidad; palabra acuñada en el ámbito religioso. Este es nuestro ofrecimiento. No desconocemos que ella, introduce cierta cantidad de muerte. Muerte que nos permita abrir campos de transmisión, en la iluminación del Evangelio; así ya no término sino muerte que es paso para construir el mundo, más bien co-construirlo.
Patricio Cáraves Silvae.[ad] Escuela de Arquitectura y Diseño.