Clase 3. Trimestre I / 2006
THE SEA IS HISTORY
Derek Walcott
Where are your monuments, your battles, martyrs?
Where is your tribal memory? Sirs,
in that gray vault. The sea. The sea
has locked them up. The sea is History.
First, there was the heaving oil,
heavy as chaos;
then, likea light at the end of a tunnel,
the lantern of a caravel,
and that was Genesis.
Then there were the packed cries,
the shit, the moaning:
Exodus.
Bone soldered by coral to bone,
mosaics
mantled by the benediction of the shark’s shadow,
that was the Ark of the Covenant.
Then came from the plucked wires
of sunlight on the sea floor
the plangent harp of the Babylonian bondage,
as the white cowries clustered like manacles
on the drowned women,
and those were the ivory bracelets
of the Song of Solomon,
but the ocean kept turning blank pages
looking for History.
Then came the men with eyes heavy as anchors
who sank without tombs,
brigands who barbecued cattle,
leaving their charred ribs like palm leaves on the shore,
then the foaming, rabid maw
of the tidal wave swallowing Port Royal,
and that was Jonah,
but where is your Renaissance?
Sir, it is locked in them sea sands
out there past the reef’s moiling shelf,
where the men-o’-war floated down;
strop on these goggles, I’ll guide you there myself.
It’s all subtle and submarine,
through colonnades of coral,
past the gothic windows of sea fans
to where the crusty grouper, onyx-eyed,
blinks, weighted by its jewels, like a bald queen;
and these groined caves with barnacles
pitted like stone
are our cathedrals,
and the furnace before the hurricanes:
Gomorrah. Bones ground by windmills
into marl and cornmeal,
and that was Lamentations –
that was just Lamentations,
it was not History;
then came, like scum on the river’s drying lip,
the brown reeds of villages
mantling and congealing into towns,
and at evening, the midges’ choirs,
and above them, the spires
lancing the side of God
as His son set, and that was the New Testament.
Then came the white sisters clapping
to the waves’ progress,
and that was Emancipation –
jubilation, O jubilation –
vanishing swiftly
as the sea’s lace dries in the sun,
but that was not History,
that was only faith,
and then each rock broke into its own nation;
then came the synod of flies,
then came the secretarial heron,
then came the bullfrog bellowing for a vote,
fireflies with bright ideas
and bats like jetting ambassadors
and the mantis, like khaki police,
and the furred caterpillars of judges
examining each case closely,
and then in the dark ears of ferns
and in the salt chuckle of rocks
with their sea pools, there was the sound
like a rumour without any echo
of History, really beginning.
(al final está el poema en español)
¿Podrían ustedes decir de qué se trata este poema? ¿Cuál es su tema?
Los alumnos dicen:
– Relata el origen de algo…
– El origen del mundo…
Así es, pero ¿sólo el origen del mundo? Efectivamente habla del origen del mundo como lo hace la Biblia, aunque siempre a través de una analogía:
primero fue el aceite palpitante,
pesado como el caos;
luego, como una luz al final de un túnel,
la linterna de una carabela,
y ese fue el Génesis.
¿de qué principio nos habla?
Los alumnos dicen:
– del principio de América…
Exactamente, el comienzo de América en el Caribe. Derek Walcott es un poeta negro, antillano, nacido en la pequeña isla de Santa Lucía en la Antillas. El compara y habla del comienzo de América como el comienzo del mundo. Da cuenta desde el aceite palpitante (lo primero), luego la llegada de las carabelas, y después todo lo demás. Hasta nuestros días con la policía kaki, los jueces, los votos y la democracia.
Su proposición esencial es que esos 500 años no son la historia. Todos los hechos acontecidos desde entonces no son la historia. Walcott propone que el mar es la historia; y que ésta sólo ahora -en el presente- comienza realmente:
y en la risita salada de las rocas
con sus charcos marinos, fue el sonido
como un rimor sin eco alguno
de la historia, comenzando realmente.
¿Qué es la historia? ¿Cómo aprendimos nosotros la Historia?
Los alumnos dicen:
– La historia es un orden de sucesos…
– Es un orden cronológico…
– Es una secuencia…
Todo esto que ustedes dicen es así, pues así nos enseñaron la historia. Así es más fácil aprenderla, especialmente para los niños. Aprendimos que los hechos se suceden ordenadamente en una secuencia progresiva:
hecho 1 / hecho 2 / hecho 3 / hecho 4 / hecho 5 / etc.
Pero la verdad es que así no es la historia. Nunca lo ha sido. Esto es sólo una hipótesis de trabajo. El drama es que esta hipótesis de trabajo acaba siendo lo que constituye el asunto, y nosotros acabamos creyendo que la historia es así; una secuencia hilada de acontecimientos o hechos progresivos en que los primeros son causa de los segundos y estos provocarán como efecto los terceros. Es la progresión basada en «causa-efecto». Me refiero a que este orden es sólo uno de los modos de enfrentarse con la historia, pero no es ni el definitivo ni mucho menos el único posible. Pensemos por un instante en la historia del arte. ¿Cuándo comienza y como sigue?
Los alumnos dicen:
– con el arte rupestre…
– después Egipto, Grecia…
– luego Roma, el renacimiento, etc…
Pues así mismo lo plantea Walcott: primero fue el Caos, luego el Génesis, después el Éxodo, etc. Pero él mismo sabe y dice que esa no era la historia; el mar es la historia. Y sucede que no existe una «historia del arte». Una obra de arte es independiente de su creador, es en sí misma. No responde a las circunstancias en la que fue concebida y creada; ni a las políticas, sociales, económicas, etc. No depende de si el creador era rico o pobre, si tenía una sola oreja, si estaba loco o cuerdo. El real arte manifiesta a la Musa y punto. Una obra de arte no es el efecto de alguna otra ni será la causa de otra más. ¿Rimbaud escribió lo que escribió porque leyó a Baudelaire? ¿Kandinsky pintaba así porque era amigo de Klee? La arquitectura egipcia es en sí misma, al igual que la griega. Nuestra arquitectura moderna es como es no porque sea el desarrollo de alguna otra. En arte no hay progreso porque una obra de arte es bella siempre. Y es igual de bello el arte rupestre como la Pietá de Miguel Ángel. Que nosotros para estudiar una obra tomemos en cuenta el «contexto hisórico» no significa que esa obra se de como resultado de ese contexto. Insisto, eso es sólo una hipótesis de trabajo para poder estudiar.
Veámoslo del siguiente modo.
Una obra de arte se parece a una estrella; brilla allí sola y única. Todas las obras son como todas las estrellas y constituyen el firmamento. Pero cada una está distante a millones de años luz de la otra. Son distintas y lejanas. Nosotros, para estudiarlas las agrupamos en constelaciones y las relacionamos a través de un dibujo. Pero eso es una invención artificial. Nuestras cuatro estrellas no están como la Cruz del Sur en el cielo. Nosotros la inventamos para usarla, pero no están así como cruz en el cielo, esa es sólo nuestra hipótesis de trabajo. Podemos reagruparlas todas las veces que lo deseemos en virtud de nuevas hipótesis y juegos. Podríamos tomar los mismos hechos (o estrellas) y reagruparlos según una nueva hipótesis:
hecho 5 / hecho 2 / hecho 4 / hecho 1 / hecho 3 / etc.
No sirve la secuencia cronológica ni la fórmula causa-efecto. Lo importante es el negro e infinito vacío estelar donde están las estrellas. Ese vacío es el que nos permite volver a relacionarlas cada vez que lo necesitemos. La poesía se las ve con ese vacío, allí ronda su voz y su canto. Por eso se entromete en el inicio de las cosas, para que surja la posibilidad de nuevos órdenes. Eso es lo que hace Walcott al decirnos que el mar es la historia; ese es el nuevo órden que el propone. Decirlo así es abrirle a la poesía la posibilidad de «con gracia comenzar otro pasado».
Exponer un croquis, un dibujo, me parece que en este caso puede ser más significativo en cuanto esa exposición se contextualiza en la experiencia en la que aquel dibujo tuvo lugar. No lugar físico, geográfico solamente sino creativo y temporal.
Se trata de la siguiente experiencia. En septiembre del año 2004, con motivo de los estudios de posgrado que desarrollo junto a otros profesores de la escuela tuve la oportunidad de viajar a Barcelona. Viví allí durante un año. Como todo nuevo ciudadano, o que quiere serlo, me primera faena fue la encontrar donde vivir. Después de un mes en esto y de vivir pasajeramente en algunos lugares, alquilo un departamento ubicado en la Avenida Gaudí, una de las pocas diagonales que quiebran la ortogonalidad del trazado nuevo de la ciudad, el Ensanche, pues el antiguo, en el centro, nos muestra aún esa traza irregular y estrecha del medioevo. Para mi sorpresa, a 5 cuadras desde mi nueva residencia está la Iglesia de la Sagrada Familia, si no la mayor obra de Antoni Gaudí, el arquitecto catalán, al menos la más difundida. Esta remata la avenida en uno de sus extremos, que durante el día está llena de diversas actividades, cafés, restaurantes, tiendas de souvenir, etc. Para mí, en la reciente conformación de una rutina en una ciudad desconocida, esta gran obra comienza a hacerse cotidiana, doméstica, y cada día que pasa la miro menos, paso junto a ella pero con la naturalidad cada vez más acentuada de un residente. Bajo esa actitud, voy decidiendo postergar una detención mayor ante y dentro de la obra, pues con casi medio año aún de permanencia por delante puedo esperar. Cuando reparo en esto, en esa familiaridad de la jornada diaria amparada por esta iglesia decido dibujarla. El dibujo y la observación son el lenguaje por el que lo contemplado reaparece, se revela nuevamente.
Así, salgo una tarde a dibujarla. Me detengo frente a su fachada, la del Nacimiento, llamada así porque los motivos, símbolos y ornamentos aluden a los pasajes bíblicos de la natividad de Jesucristo. Y escribo lo siguiente:
“En la fachada no distingo sus elementos constructivos, no porque no estén o no quieran ser mostrados, sino porque lo que aparece en proximidad son relatos. El relato, el símbolo hace desaparecer el elemento. Al dibujar, mi línea no sigue elementos que permitan prever el dibujo, ordenar el avance de la línea. Cuando dibuja en la ciudad pareciera que la vista cada vez se levanta menos para remirar porque comienzo a recordar, a apropiarme de lo visto. En este caso no. Mi línea va siguiendo los cuerpos de estos relatos. Estoy en eso, cuando de pronto mi dibujo llega al vano de la entrada, de las puertas de la iglesia. Pero el vano no es el vacío que deja el umbral, sino la ausencia de relato. El habitante, sea este visitante, turista o vecino es quien completa ese relato al quedar ante la fachada contemplando, se hace parte accediendo a una intimidad de la obra.”
Que ha ocurrido. Aunque la sagrada familia no ha sido terminada aún, ella ya tiene su ser “templo”, su contemple, la fachada se culmina cada vez que se habita, que es ocupada desde la ciudad. Distingo un gesto de devoción del arquitecto por su obra que a través de ella se hace gesto de afecto por el habitante.
El dibujo y la observación son el lenguaje que me llevan a tener una intimidad con lo que está delante de mis ojos y de mi cuerpo. Si atendemos a lo dicho anteriormente en cuanto a ese gesto de afecto, podemos darnos cuenta de lo siguiente, ayudados por la definición del diccionario.
Afecto: Actitud, gesto o ademán que acompaña la expresión de sentimientos.
Afección: impresión que hace una cosa en otra causando en ella alteración o mudanza.
Tal vez el dibujo y la observación son el medio por cuál un arquitecto, diseñador u otro puede impresionarse ante lo que le rodea, ante lo que contempla. Aquello contemplado deja de tener esa familiaridad que muchas veces le hace desaparecer para nuevamente adquirir una originalidad, germen del proceso creativo. La expresión de aquello es la obra.
EL MAR ES LA HISTORIA.
¿Dónde están sus monumentos, sus batallas, sus mártires?
¿Dónde su memoria tribal? Señores,
en esa bóveda gris. El mar. El mar
los ha aprisionado. El mar es la Historia.
Primero fue el aceite palpitante,
pesado como el caos;
luego , como una luz al final de un túnel
la linterna de una carabela,
y ése fue el Génesis.
Después fueron los gritos atestados,
la mierda, el lamento:
el Éxodo.
Hueso soldado por el coral al hueso,
mosaicos
cobijados por la bendición de la sombra del escualo,
y esa fue el Arca de la Alianza.
Después, de las cuerdas punteadas
de la luz del sol en el lecho marino,
surgieron las arpas plañideras del cautiverio de Babilonia,
mientras las blancas cipreas se arracimaban como manillas
sobre las mujeres ahogadas,