Clase 2. Trimestre I / 2006
Lo que les he leído es el prefacio de un poema que se llama Altazor, escrito por Vicente Huidobro. ¿Por qué hemos traído este prefacio, anterior al poema mismo, hasta el Taller? Aparte del placer de oirlo, ¿qué podría darle al taller de amereida de esta escuela, aquí y ahora? Se los pregunto de otro modo, ¿de qué se trata, cuál es el contenido esencial de este fragmento?
Ustedes dicen:
– es un viaje en paracaídas…
– es el relato de un hombre que…
Pero momento, que no es el relato de un hombre. Los hombres no nacen «a los treinta y tres años el día de la muerte de Cristo». ¿Con quién se encuentra este Altazor durante lo que relata, a quién oye hablar?
Ustedes dicen:
– Con la Vírgen…
– Al Creador…
Entonces está Altazor entremezclándose con algo divino, ¿con qué exactamente, qué es lo que sucede a su alrededor y de lo que él es también autor, qué es lo que está contando o cantando?
Ustedes dicen:
– El comienzo del mundo…
He aquí justamente. Se trata de la creación del mundo, del comienzo de la creación del mundo. El poema se inmiscuye en el comienzo, en el principio de la creación. Y esta es condición de la poesía. Ejemplos hay muchos; de poetas que intentaron cantar este inicio de mundo. Poemas que se refieren al tiempo primero, a lo que dio comienzo a todas las cosas. Sin ir muy lejos el propio Huidobro reescribió el Cid Campeador. Recantó la leyenda del héroe español, porque entiende que en ese relato épico y heroico está fundado el ser íntimo de la esencia de España toda.
¿Por qué se afana la poesía en tratar con el comienzo de algo que comenzó desde siempre? ¿por qué pretende el poema cantar de nuevo aquello promigenio y original? ¿Cuál es la relación que existe entre la poesía y los ámbitos divinos de la Creación? En este sentido la poesía no es como la literatura o el cine, pues no le basta contar una buena historia o escribir bien la rima de los versos. La poesía le apunta a algo que está más allá de la materia de las artes; le apunta al principio orginal de las cosas, ¿por qué?
Lo que la poesía consigue, a pesar suyo si ustedes quieren, es nombrar las cosas. Y la acción de nombrar algo es lo que le da existencia a ese algo. El nombre es lo primero de cualquier clase de existencia. Y durante las eras humanas los poetas han accedido a esos nombres, y deben cantarlos a los hombres para que existan las cosas. Deben cantar esa realidad que entreven allí en lo divino para la realidad humana exista. La poesía es la posibilidad de que la realidad surja hasta el claro de los hombres. Y la poesía opera aunque no nos percatemos de su operación: siembra nombres en el jardín secreto de vuestras almas, para que estos algún día florezcan y esplendan sobre lo que ustedes hacen y son. Y sin importar que sepan, en ese entonces, de dónde ha nacido tanta maravillosa plenitud.