marzo 22, 2006

Clase 1. Trimestre I / 2006

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Jaime Reyes

Quisiera comenzar contándole a los alumnos de cursos superiores lo que hablamos durante el acto-clase en la plaza de la Matriz. Les decía a los alumnos de primer año que cada uno de ellos llega trayendo una historia propia. Cada uno concurre trayendo una historia única y personal. Todos tenemos tal historia propia y esta permenece y permanecerá junto a cada uno de nosotros. Pero desde el instante en que entramos a esta escuela comienza una historia común. Esto significa que cada una de nuestras historias personales confluyen hacia algo mayor. Todo el mundo personal e individual, desde el primer momento, comienza a ser constructor de algo común. Una de las mayores y mejores riquezas de nuestra escuela es la construcción -precisamente- del ser escuela. Desde que entramos a primer año somos esta escuela. Desde entonces y para siempre, porque como ex alumnos también los serán.

Ustedes fueron parte de otras construcciones colectivas; por ejemplo estuvieron en un colegio, o son parte de una familia. Pero estas son colectividades que les tocaron en suerte, no las eligieron ustedes. En cambio ahora son parte de algo por un acto de libertad. El «problema» es que semejante acto de libertad implica y requiere de compromisos extraordinarios. En nosotros significa dedicar el trabajo, el estudio y la vida entera. Para que el ser de la escuela esplenda se requiere la manifestación del brillo más bello de la libertad. Si ustedes aceptan con plena libertad esta invitación, entonces a través del ser de la escuela puedremos construir un mundo. Nuestra historia en común, que comenzó hace más de cincuenta años, y en la que ahora entran los alumnos del primer año, tiene un sutil, extraordinario y épico afán último: construir el mundo. A eso somos llamados y esa es nuestra invitación.

El taller de amereida ha de ocuparse se sostener el presente de este cuerpo común. Ha de ocuparse de decirlo, de dilucidarlo, de hacerlo presente para que exista, para que se cumpla ese afán u horizonte último y primigenio. Este taller se enfrenta con lo primero, lo que comienza, con el «desde donde» comienzan nuestros asuntos más íntimos como escuela.