Artículo por:
Carlos Hinrichsen D.
Director
Escuela de Diseño
Instituto Profesional DuocUC de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
http://www.duoc.cl/

ICSID Executive Board Member 2003 – 2005
http://www.icsid.org/

Cuando comenzó la educación sistemática del diseño en Latinoamérica – a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta (ver Nota 1) – su enfoque formativo fue más bien experimental: una suerte de “curiosidad académica” desconectada de la realidad económica, productiva y empresarial. Esa situación, en muchos casos, se mantiene hasta hoy. El origen de este fenómeno puede estar en el paradigma educativo, el que, con pequeñas diferencias de enfoque, ha mantenido casi inalterable el modelo formativo de la Bauhuas en los últimos 40 ó 50 años.

La adecuada integración y desarrollo de la región en una sociedad y economía cada vez más globalizada, depende fuertemente de la educación en todos los ámbitos y campos. Por esto la calidad de los sistemas educacionales se han constituido en un factor determinante para el desarrollo económico y social y para la competitividad del mundo. Para la industria de la educación este escenario plantea ventajas y desafíos. De acuerdo con el “Global Competitiveness Report” del World Economic Forum – uno de los informes de competitividad más relevantes a nivel mundial que evalúa factores como calidad del ambiente macroeconómico, innovación, recursos humanos, educación y capacidad tecnológica- la mayoría de las economías latinoamericanas se ubican en posiciones muy bajas en el concierto internacional.

Es importante mencionar que Latinoamérica no es una región uniforme y las brechas entre sus países también están aumentando. Mientras que en los ocho países con el PIB más alto (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México, Uruguay, etc. ), el ingreso per cápita aumentó en los últimos años cerca del 2% anual, en los ocho con el PIB más bajo, la tasa de crecimiento anual fue apenas 0,7%. En el campo de competitividad solamente Chile y Brasil están por encima de la media. En la última década, varios de nuestros países han establecido e implementado diversas estrategias, políticas, económicas, educacionales, productivas, empresariales y tecnológicas para intentar resolver los déficit en esta materia. No obstante el esfuerzo indicado, la educación en sus distintos campos y niveles está creciendo más lentamente que otras regiones del mundo, como por ejemplo Asia.

Los resultados de la educación superior entre los países de América Latina y el Caribe son también asimétricos. El desempeño promedio de la educación superior o educación terciaria es deficiente en varios campos: es inferior al de la mayoría de las regiones del mundo y comparativamente bajo en función de la inversión realizada. La educación en diseño no es la excepción. En este punto es importante considerar la cantidad de profesionales que se están formando en esta disciplina. Se estima que la cantidad de estudiantes de diseño en Latinoamérica fluctúa entre el 2% y 4% del total de estudiantes de pregrado. Esta importante oferta de diseñadores no ha podido, hasta hoy, dar una respuesta efectiva a las necesidades de la industria y la sociedad, en términos de competitividad. De manera global se ve una asimetría entre la cantidad de diseñadores que se están educando y la competitividad promedio de nuestros países, explicada por una educación inadecuada para adaptarse con flexibilidad a los diferentes escenarios tecnológicos, sociales, económicos y productivos, y que desconoce las nuevas demandas de la educación en general. (“Nuevas demandas y sus consecuencias para la educación superior en América Latina”, de José Joaquín Brunner, Santiago de Chile, Mayo 2002)

Disponer de un adecuado sistema de articulación entre educación, trabajo y economía, haría posible pensar en un sistema de educación en diseño efectivo y flexible que contemple un conjunto amplio de competencias, además de dominio de las técnicas requeridas para esta profesión según áreas de demanda específicas. Para lograr lo anterior, es necesario disponer de herramientas conceptuales y metodológicas que resuelvan la débil conexión que existe en diseño, entre el sector educativo, los requerimientos del mundo productivo y la sociedad en general. Según los indicadores mencionados previamente (ver Nota 2) , es importante referenciar a dos pequeños países como ejemplo de competitividad: Corea y Finlandia. El primero es uno de los dos países de la primera y segunda generación de naciones en rápida industrialización del sudeste asiático. El segundo es uno de los dos países pequeños de alto desarrollo y líderes en innovación a nivel mundial. Ambos gobiernos definen el diseño como uno de los pilares de su economía, y a la educación en esta área, como uno de sus motores. En nuestra región contar con información estadística sobre el porcentaje de crecimiento de la industria del diseño y su aporte al PIB permitiría disponer de un indicador significativo respecto de la valoración social y productiva del diseño y su aporte al desarrollo de los países.

De acuerdo a la experiencia internacional en la materia y de Corea en particular, cuando el PIB (ver Nota 3) alcanza los US$ 5.000, el crecimiento de la industria del diseño se hace más rápida, y se acelera cuando este valor está sobre US$ 10.000. Un ejemplo de este fenómeno se ve en Japón donde, en 1982, el crecimiento de la industria del diseño logró una tasa del 8,6% anual superando la tasa del PIB que alcanzó el 5.6%. En los países mundialmente mejor posicionados según su competitividad, el diseño y su educación desempeñan un papel importante para la competitividad de las empresas, la eficiencia de las organizaciones y la mejora de la calidad de vida de las personas. Para medir o evaluar la adecuada sintonía que existe entre el sector educativo y el sector productivo, creo importante destacar un ‘ indicador de desempeño ‘ del “Informe de Competitividad Global” relativo a la colaboración de los sectores indicados, donde Finlandia ocupa el puesto 1 y Corea el 20; y en lo referente a la capacidad de diseño propio, Finlandia está nuevamente en puesto 1 y Corea se mueve a la posición 30.

La educación superior se halla frente a un conjunto de nuevas demandas, resultado de las condiciones cambiantes en que debe desenvolverse. Este planteamiento constituye el eje de los más recientes debates y propuestas sobre su reforma. Al hablar de instituciones involucradas en la educación del diseño, no uso el término “universidad”, ya que en nuestra región, éste es sinónimo de educación superior o terciaria, en la cual también participan otras instituciones que complementan la oferta de carreras y programas de estudio. La educación del diseño en la región, se ve enfrentada a la necesidad de modificar el modelo imperante, de una educación centrada en la oferta, focalizada en la formación de un grupo estudiantil seleccionado y homogéneo, para hacerse cargo de una formación orientada a la demanda masiva, proveniente de una población amplia y heterogénea de estudiantes.

Otro desafío importante, es el estado de transición de la industria del diseño. Si se considera al PIB como parámetro, existen 9 países (entre los cuales está Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México y otros) que están situados en rangos que van entre los US$5.000 y US$ 10.000, es decir, países en los cuales se pudiera estimar que la industria mencionada, gradualmente comience con un crecimiento sostenido. Tener una visión estadística de la región, usando al PIB como indicador, es fundamental para definir una estrategia de promoción diferenciada por segmentos, ya que el PIB per cápita de un país es un primer paso para entender los puntos fuertes y débiles de la economía y del funcionamiento del país en general.

De acuerdo al Banco Interamericano de Desarrollo BID y otras fuentes, debido al lento crecimiento de nuestra región, se estima que se requeriría cerca de un siglo para alcanzar niveles de desarrollo equivalente al de los países desarrollados. Según el BID , en la última década del siglo XX, nuestro crecimiento económico fue apenas de 3,3% anual, a pesar de una coyuntura económica mundial relativamente favorable y de las posibilidades de recuperación que tenían la mayoría de los países. Este modesto crecimiento permitió elevar el ingreso promedio de los latinoamericanos en un 1,5% anual, menos que en los países desarrollados, en los que aumentó un 2% anualmente, o que en algunos grupos de países de Asia, donde creció casi a un 3,5% Esta situación, es otro estímulo y oportunidad para poner en juego creatividad práctica e innovación anual. El estudio de “ Nuevas Demandas y sus Consecuencias para la Educación Superior en América Latina”, identifica cinco contextos de nuevas demandas que la educación del diseño debe considerar en la formulación en sus planes de estudio para el éxito de una empresa pedagógica exitosa en un escenario internacional globalizado, exigente y cambiante, con tendencia sostenida a la disminución de la duración de los estudios de pregrado. En este entorno, los programas de estudio en diseño deberían intentar resolver y responder a los siguiente requerimientos :

Lo anterior, se constituye en una excelente oportunidad, para reformular el actual paradigma educativo basado en la oferta, a otro modelo centrado en la demanda, donde Diseño como disciplina, deje de ser considerada una “curiosidad académica” y se transforme en uno de los pilares para el crecimiento de la región.

Antecedentes Complementarios: Notas, Fuentes o Referencias

Nota 1

En 1957 en la Universidad Iberoamericana (México) comenzó la dictación del programa de estudio más antiguo en Diseño Industrial en la región.

Nota 2

Estos indicadores permiten medir o dimensionar el grado y calidad de la colaboración en pos de la competitividad y productividad usando Diseño para vehiculizar innovación a nivel de productos, procesos y servicios en la empresa. El Global Competitiveness Report 2001-2002 producido por el World Economic Forum, considera y compara las 75 economías (países) más importantes del mundo.
Cuando se habla de «colaboración entre sectores» es una contextualización del indicador “university-industry research collaboration”, y significa acciones o iniciativas de colaboración, coordinación y/o alineación del sector educación con el sector productivo .Este es un indicador de desempeño que se mueve entre un valor mínimo, que equivale a 1cuando la actividad no existe o es muy escasa , y un valor máximo de 7, cuando es intensiva y en pleno desarrollo. La mediana es 3.9, Finlandia tiene el mejor índice con 6.1 (ocupando el primer lugar); Corea 4.6 (con el puesto 20); Chile 3.7 (con el puesto 39); Colombia 3.2 (con el puesto 58); y Rumania 1.6 (con el puesto más bajo, el 75).
De manera análoga, el indicador «uniqueness of product designs» se refiere a la»capacidad de diseño propio», y los valores se mueven entre un valor mínimo 1 cuando los productos son copiados o licenciados del extranjero , y un valor máximo de 7, cuando son desarrollados localmente. La mediana es 4.2, Finlandia tiene el mejor índice con 6.3 (ocupando el primer lugar); Corea 4.3 (con el puesto 30); Chile 3.7 (con el puesto 48); Colombia 3.8 (con el puesto 39); y Bangladesh 2.8 (con el puesto más bajo, el 75).

Nota 3

El PIB (Producto Interno Bruto ) usado para hacer las comparaciones o contextualizaciones, es un PIB per cápita corregido por la Paridad del Poder Adquisitivo (PPA). La PPA , es un método para medir el poder adquisitivo relativo de las monedas de diferentes países respecto de los mismos tipos de bienes y servicios. Como los bienes y servicios pueden costar más en un país que en otro, la PPA nos permite efectuar comparaciones más exactas de los niveles de vida en los distintos países. En los cálculos de la PPA se utilizan comparaciones de precios de productos similares o equivalentes, y permite disponer PIB equivalentes y comparables.
Artículo publicado en diario El Clarin, Argentina, Diciembre 2003