Clase 8. Trimestre I / 2005
Entiéndase que vamos yendo de ventura en ventura nueva; de quimera a ideales permanentes, de aparecidos a visiones tan reales como ciertas… y todo esto en andanzas pastoriles y campesinas en medio del descampado.
Ya sea en la Mancha o en los campos de Montiel, la venta o una posada, jamás asistimos al orden de la ciudad. Parece don Quijote un desterrado de sí mismo que busca, no en la ciudad, motivo a su aventura. A su proceder, las afueras abren más la buena andanza; sabe uno que hallarse así puede encontrar algún semejante en las mismas lides.
Esas rutas exteriores son las que unen las ciudades; don Quijote prefiere el cruce a la residencia; lo de caballero andante que él profesa y explicita aquí con gran ahínco ha de darse -en el decir de Amereida- en lo vasto. Ahí se da el saludo entre caminantes; don quijote hace tal seña con la espada o con palabras; una y otra, armas y letras.
Tal profesión de don Quijote pide la encomienda; por buen cristiano a su Dios ante el combate; y como todo hombre enamorado su dedicación a dulce amada; sepa ella si hay señor que la proclama el día entero.
Toda ventura trae su encomienda; como en vez de hacerse para sí, se hace en nombre de. Se entrega el ejercicio del presente a otro (más que) de modo que se pueda sopesar y otorgar talante a tal empresa e historia de la soledad, puesto que la acción sitúa al personaje de afuera que la ejecuta, con alguien de adentro que la recibe sin saberlo.
Al pasar a América, tal palabra -la encomienda- del amor antes profesado se despide y se vuelve entonces un número de esclavos, puesto que lo que se encomienda es algo tangible ahora; la virtud de la palabra aquí se pierde… y…
“corrompiendo el vocablo” dice Amereida.
La palabra se distancia de su origen… “en tus manos encomiendo mi espíritu” clamaba Jesús en medio de su sufrimiento. Espíritu=Intangible; entonces: sostenimiento de la fe profesada y el enamoramiento.
“Linaje moderno” dice Don Quijote de su Dulcinea del Toboso “que puede dar generoso principio a las más ilustres familias de los venideros siglos”. Moderno en cuanto nuevo; no existía tal linaje por entonces; ahí está el ideal, el motivo de la empresa: lo nuevo.
Tal linaje, ha de verse si se da en la ciudad o en el campo abierto; es la estirpe de la errancia, del huésped, del pasajero, del que no habita residencia; del que lleva la vida en lo entre medio… vastedad; “residencia de los pájaros”.
Muerte de amor, Grisóstomo, entierro en “la quiebra de dos altas montañas”; motivo: su propia encomienda: Marcela, su imposible; también pastora; también las afueras. Vastedad en la vida, en el amor y en la muerte. (Origen, Tradición y Destino respectivamente).
Aún después de muerto, a Grisóstomo se le negó su voluntad; “algunos libros y muchos papeles abiertos y cerrados” acompañaban su ahora cuerpo muerto. Vivaldo insistió en tomar los papeles que el muerto consigo llevaba, con lo cual rompe el secreto, quiebra dos veces la encomienda y vuelve a la realidad lo que por destino se iba al fuego… ¿Qué lo que encuentra?…
Una Canción Desesperada
Ambrosio dijo “leedle”, y luego del “leedle” vino Marcela como visión maravillosa a hacer sus partes en el lamento.
“el cielo puso
infinita parte de sus riquezas”
Grisóstomo es un heredero rico y educado que se convierte en pastor. Esta conversión a la vida pastoril, en tiempos de Cervantes, significaba una renuncia al mundo material en pos de una vida ascética, sencilla. Diríamos algo parecido a un apostolado o a la vida de un monje. Pero la renuncia que conduce hacia la vida monacal se supone producto de una inspiración divina y es por tanto un asunto religioso; en cambio la conversión de Grisóstomo hacia lo pastoril es por el amor de una Mujer. Marcela se ha convertido en pastora; ella, que también es heredera y rica, es quien ha renunciado al mundo material. No importa por qué. Es la mujer más bella de la comarca y muchos hombres además de Grisóstomo han sido seducidos y atrapados irremediablemente por su belleza, haciéndose también pastores para seguirla y lamentarse enamorados recorriendo los campos. Pero ella no ha correspondido a ninguno. Grisóstomo muere de amor y sus amigos culpan a Marcela; cuando ella aparece en el entierro incluso la amenazan. Entonces interviene el Quijote e impide que la venganza se lleve a cabo. Marcela habla a la concurrencia en el funeral, se defiende argumentando que nada de los sucedido es su culpa puesto que ella jamás alimentó sus esperanzas en ninguna forma. Sin esperar respuesta, da media vuelta y se marcha.
Grisóstomo se ha enamorado por la hermosura de Marcela, y aquí llega nuestra pregunta: hay algo más importante que la hermosura en el amor. Todos nos hemos enamorado y alguna vez hemos sufrido desprecios como el de Marcela, o dicho de otro modo ¿Qué cuenta más que la hermosura en el amor? Ustedes dirán.
– Yo creo que la hermosura es una parte del amor…
– Lo que pasa es que lo de Grisóstomo no es amor, sino una obsesión…
– Es más importante el hecho de la entrega…
Intentemos responder esta pregunta no desde la típica sensiblería corriente sino desde una zona más profunda. Les voy a dar una pista. Esto que cuenta más que la hermosura es algo que hemos aprendido en las travesías ¿Qué podrían tener en común nuestras travesías con el amor?
– Ambos son como un viaje…
– Son una aventura…
¿Qué es un viaje así dicho? En voz de amereida “la hermosura cuenta menos que la ruta, y esto sí que es difícil aprenderlo” ¿Qué es la ruta?
– es un camino…
Sí claro, pero qué clase de camino, y atención porque parece que hablamos de un camino que no es el camino.
– La ruta es un ir hacia cierto horizonte…
– Una ruta es una vía para llegar a algo…
He aquí dos cosas distintas; uno de ustedes habla sobre el ir hacia y otro habla sobre el llegar. “La ruta es seguir partiendo siempre, es mantener el rumbo abierto ¿Será un sin fin como el amor?” Y esto es lo que hemos aprendido en nuestras travesías. Nuestra aventura es efectivamente un sin fin en la que nunca llegamos porque se trata de permanecer en ese ir hacia, estar yendo siempre. Si en el amor llegásemos finalmente a una meta, se acaba. Y todos quienes hemos estado enamorados sabemos que para mantener vivo el amor es necesario reinventarlo y reencantar todos los quehaceres cotidianos.
“Hacer tal ruta, abrir tal rumbo, tal vez de tales cosas interrogaba Kant a los capitanes de barcos balleneros. Aquellos que Melville dijo que buscaban la ballena blanca y tal vez Ajab sea el nombre de la musa de toda pura travesía”
Amereida v.II