abril 15, 2005

Clase 5. Trimestre I / 2005

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Rimas de la Acción

“yo digo que hay que ser vidente, hacerse vidente”

Hay indicios que nos anticipan:

“apenas había el cabrero acabado de decir esto, cuando llegó a sus oídos el son del rabel, y de allí a poco llegó el que le tañía”

Este rabel es una lira pastoril y campesina, un arco y sus cuerdas; la música nos llega primero que el ejecutante; la figura se hace patente cuando instrumento y tañedor se hacen presentes; pero se entiende que hay un lapso, una demora entre uno y otro, un tiempo que se espacea antes de cumplirse cabalmente.

Por tanto la proposición de Rimbaud de que “en Grecia, versos y liras riman la acción” es una medida de esplendor o justeza, pero no un ideal; sería sino habitar el sueño y no el presente. De cierta manera es la medida de ese tiempo.

“la poesía no rimará más la acción, irá delante”. Se partirá del nombre como una premisa que “revela la vocación”, eso es la Universidad.

Tal nombre, tal palabra, medida nuestra de este tiempo en que inmutable, el poema es hecho por todos; ése es nosotros; “yo es otro”, yo es nosotros, en nosotros.

Un pueblo, en un comienzo individuos, luego una bandada de palomas, entonces un pueblo de estorninos, una constelación orientada: Amereida, Cruz del Sur.

Entre tanto, en esta demora, “demandamos a los poetas lo nuevo, novedades, ideas y formas”. Esto es: su delante de la acción, su atrás, su rima, o su inviolable proximidad con la acción; no se es indiferente.

Para recibir a Primer Año lo hacemos en nosotros en un acto en que palabra y acción toman el mismo partido. Nosotros teneños al tañedor y al son del rabel al mismo tiempo.

“habitamos de temprano en la complejidad” entramos de lleno a lo “harto del ser”; de súbito y demoradamente, para hacer del tiempo de la idea y de la forma un ápice de tal armonía.

El acto temprano de velar uno en el otro por el modo en que cada cual a flor de labios se ubica en el poema y qué parte del total traza su mano alzada.


En este capítulo el Quijote hace un discurso hablando de una edad de oro. ¿Qué es una edad de oro?

Los alumnos dicen:
– Es un tiempo ideal del pasado…
– Es una época esplendorosa que ya pasó…
– A veces es una edad mítica donde todo era perfecto…

Esto y más, dice el Quijote, un tiempo en que ni siquiera había que trabajar. No había que ganarse el pan con el “sudor de la frente”. Un tiempo en que los ciudadanos son siempre nobles, honrados; donde no existe la maldad ni el castigo; donde no hay pobreza ni miseria. Todo esto es una edad, una época, un tiempo que ya sucedió, que reside en el pasado. Y se trata sobretodo de un tiempo que no volverá. Existe una situación casi idéntica pero que no está ubicada en el pasado sino lanzada hacia el futuro: la utopía. Para un europeo del renacimiento como Cervantes la edad de oro es una utopía; un modelo ideal de comportamiento, de perfección social y espiritual. Utopía y edad de oro tienen en común que no son reales, que les faltan dimensiones para ser reales. Ambos son modelos que anuncian algo posible, un arquetipo que podría llegar a ser construido. ¿Por qué no son reales? ¿Qué dimensiones les faltan para ser reales? Les falta una dimensión temporal: la edad de oro está ubicada en el pasado y la utopía está lanzada al futuro. Ninguna de las dos está en el presente. Les falta además la dimensión física; no tienen lugar.

Nosotros, a través de una invención de Godo tenemos otra forma de concebir estas situaciones: la poesía del HA LUGAR. Para los americanos que hablamos castellano este concepto tiene sentido. Un estadounidense que habla inglés no lo comprendería. Todos hemos visto las películas de juicios y abogados, cuando uno de esos abogados hace una objeción y el juez le dice “ha lugar”. Pero eso es la traducción de los subtítulos o del doblaje porque en inglés el juez dice “sustain”, sostenida. Es decir, apoya y sostiene la objeción. HA LUGAR es un concepto que reúne de una vez las dos dimensiones que mencionábamos: el HA significa hágase ahora, en el presente. El LUGAR significa hágase aquí. Aquí y ahora son el hágase del puro presente. América vive no en la añoranza de una edad de oro ni en la esperanza de una utopía, sino en trance presente. Presente sólo está lo que tiene un destino; destino sólo es fidelidad al origen. América tiene destino cuando tiene presente su ha lugar, su irrupción y su emergencia. Nosotros acogemos y damos cabida a la tierra en su múltiple emergencia. Esto es lo que hacemos en las travesías. Pero hemos ido más lejos en la construcción de este HA LUGAR; esto es la ciudad abierta. Allí nuestras obras son testimonio de un intento por vivir en ese trance presente, elogiando continuamente la esencia de una vida gratuita, de una vida de regalo. Ansiamos que la esperanza no nos induzca hacia la ensoñación infértil del futuro y que nuestra historia no tenga nada que se de perdido para siempre. Nuestras obras las hacemos para que sean testimonio de esta forma del tiempo, para que así sean iluminación real sobre el mundo. Nuestra realidad concreta se construye siempre aquí y ahora. Y esta realidad es lo que abre la poesía del HA LUGAR.

archivo adjunto Cap. XI