Clase 4. Trimestre II / 2005
Escribo una letra, luego otra letra, luego otra, hasta que ellas vayan alcanzando un sentido, no sólo por la contigüidad o espacio entre una y otra, sino por las resonancias de sus encadenamientos.
La letra a diferencia del número carece de un valor en sí que le de posición en un horizonte consecutivo o cronológico; la posición del caracter es alfabética, un horizonte de la A a la Z.
Escribo en la placidez de la mañana cuando la luz permanece todavía cristalina como una resonancia que el alba deja en el día para ser tomada como una luminaria. Anoto sobre la estrechez del tiempo, no preparadamente sino dispuesto a que las unidades -que son los caracteres y las letras- se vayan encabalgando en el recitado como una resonancia de tipo semántica. El sonido permanece en el tiempo, transcurre; así el sentido que trae la relación de unidades en un comienzo dispar.
Matemáticamente puedo contar, puesto que hay valor en el número, y en él siempre antecesor y sucesor; su ley…
Adscribo a la letra, a su inmediatez y al flor de labios de lo cristalino de la mañana; la letra no tiene sucesores, así a solas; los tiene -antecesores también- en cuanto conforman palabra y es ésta la que resuena como una campanada… el espíritu de la letra yace en la entrelínea.
Inscribirse en esta meditación, en donde el Taller y la Escuela se encuentran en esa entrelínea para no quedarse en la letra sola; es lo que Godo llamaba “el retumbar de la palabra poética”, la Escuela retumba cada semana en esta reflexiva meditación del nosotros.
Letra y número parecen reunirse en el ejercicio del escriba; la unidad o reconocimiento de lo Uno o Unidades Discretas se encuentran en la posibilidad de lo transmisible… ¿las historias no son, también, contadas? Hay mil y una noches, hay cuarenta ladrones… hay esta mañana que me lleva en esta página al folio siguiente, al número.
Seguidamente, tercera página; el número se reserva también la posibilidad de sustraer, restar, quitar, aminorarse, incluso tender o llegar al cero.
Para el decir, la palabra, la letra, no existe la posibilidad de disminuirse, sí de precisar, ajustar. Decir “la casa menos el patio”, “el cielo sin las estrellas” no otorga un resultado nombrable sino que tiende a eso que tenemos por desconocido o innombrable.
Aquí está la problemática del resultado. Esta mañana, esta dedicación en lo cristalino de la placidez, otorga estas resonancias que leo por primera vez; pero el resultado es una sumatoria y no la exactitud de un valor natural.
Ni el televisor podría responder sobre la inquietante actitud de “andén”… aguardando un destino que está en lo por delante. El resultado puede tomar reminiscencias de lo anterior (pasado, historia, tradición, origen) pero se resuelve con la presencia del número o el caracter sin valor todavía; éste, el valor está en la resonancia de los sucesivo, en las campanadas que llevan la cuenta del tiempo; por eso las campanadas marcando las horas, una tras otra, no menos… el tiempo se reserva su concordancia o coherencia, adiciona… va.
X4 sería un nuevo poema de Godo, luego de los X1, X2 y X3 escritos entre 1947 y el 75… debiese suceder lo sucesivo? Parece que no, que el poema se reserva su propio cónclave o cifra, no sucede más ni se entiende de lleno lo que ha de venir. Lo X4 sería una utopía poética inabordable, es la no heredad poética, es el “sin revés ni derecho” de la letra.
Folio 4: notas meditativas de la mañana cristalina, placidez de la letra en su escribiéndose para ser leída a medio día cuando lo cristalino temprano comienza a desaparecer; lectura del pueblo, muros de las catedrales que nos hablan, inscripciones que nos vuelven a nosotros mismos.
Creo que la proeza está más cerca del lector, del escucha, de quien recibe a la letra con un valor, sopesa, atiende… y junto a la insignificancia del caracter el sentido se magnifica con la resonancia encadenada del entrelineamineto, que es cristalino precedente del decir.
Continuamos: El dibujo en este pizarrón acompaña a la palabra poética, que in-augura este taller nombrando la palabra “imagen”, “el televisor es pura imagen”, dice Godo.
Esto nos ubica en un recorrido que libremente tiene su punto de partida en los grabados de Goya. Punto que es línea decimos al verlo por primera vez, casi evitando todo su contexto. Sin embargo al dibujarlo caemos en la cuenta de que la línea es trazo, y que toda la fuerza, la pasión, puesta en ese trazo, es para hacer aparecer un gesto. «Disparate de la Imagen», decimos, y línea atiborrada que trae ese gesto y no otro. Continuamos y vemos la línea de Doré, Durero y de unos grabados japoneses y tomamos nota de lo visto, en la forma del trazo y de su expresión.
Para esta ocasión dibujamos la línea de Matisse, es nuestra obediencia al amor por el dibujo y a través de él a la observación, observación que nos trae la libertad y de ésta, nuestra creatividad, dice Alberto.
Una nota, sólo una nota: “de la línea atiborrada de Goya al arabesco de Matisse”. Eso, sólo eso. Hay que continuar. EL ejercicio que hace cada uno, podríamos decir, es simultáneo al que hacemos en Taller América, por lo tanto cada punto en el que avanza el Taller de América, es tomado en la semana por ustedes. Por lo tanto en la primera semana trató de los dibujos de Goya, y desde ese instante comienza el camino propio de la búsqueda de la línea. Nosotros traemos una versión, o un camino a seguir, pero cada uno se traerá un grabado por clase, uno cada clase.