diciembre 2, 2005

Clase 3. Trimestre III / 2005

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Manuel F. Sanfuentes

Este Taller parte y culmina con Amereida, ella en cuanto encomienda y testimonio de una primera impronta fundadora y abriente: Cabo Froward Santa Cruz de la Sierra, 1975.

“faltan palabras para la forma de nombrar la andada” nos dice Amereida. Regresamos al continente con nuevos nombres, como el “cobre vuelto clarín” de Rimbaud; el regreso nos advierte y nos pide un acabado; la resolución del material en una forma resoluta.

Paso y andada de la observación a la forma; de paso la clarividencia, la videncia de la poesía y la evidencia de los oficios.

La Travesía reúne lo imperioso: continente aparecido; dibujo que observa; Amereida como el celo encomendado y el acto como forma del presente; éstos son la luz, el ancla, el origen y la aventura; cada travesía su cardinal, sus ejes.

Residencia de los pájaros, bandadas, nómades, pueblo, estorninos; lo que constituye pueblo hace mundo; la globalización de hoy día reconoce las singularidades que determinan hitos del pensamiento. Lo no homogéneo, lo dispar, la diferencia; la lexia que hace hablar a cada cual.

La dimensión 0 de Colón, de inicio y reconocimiento del nuevo mundo, en realidad es un accidente o un acontecimiento en todo el espesor americano; hay que ir más atrás, hay un origen más atrás cada vez. Las proposiciones poéticas y de pensamiento deben ser replanteadas, deben volver a decirse y reiluminarse; la poesía no es un “pare de contar”, sino un avance sobre el reconocimiento que da la videncia; siempre un más allá para estar más acá.

La profusa menudencia, si se puede, aletea.
Eloisa, delicado perecer, caduca la inocencia y el legado; la antigua senectud del vano elogio, felicita.
Mar que funda la intermitencia; en el hogar se me defiende, huye la vanguardia preparada donde hay fuente nueva.
El final reaparece; atestigua la comisión de nobles diferencias, se equivoca el Partenón.
Devagar
Disgresiones Lógicas para un Acabamiento (fragmento)

La suma de las Travesías hoy es capaz de dibujar el cono sur de América; intacto, el continente se perfila; Amereida advierte ya la geografía.

Advertimos desde ya el vacío al norte del Ecuador, ¿cómo abordar ese norte americano? La Cruz del Sur marca ahí el punto del origen y Amereida invierte el mapa y nos da su propio norte… cumbre aparecida. Arriba está el sur; veremos pues si éste es nuestro nuevo advenimiento… un paso y un largor nuevos; otra escala para la Travesía.

Jaime Reyes

Este último Taller de América quisiera dedicarlo a un poeta. Ignacio Balcells, fundador de la Ciudad Abierta.

Con el Taller de Primer Año de Arquitectura navegábamos en el AP-41 Aquiles de la Armada de Chile, desde Valparaíso hacia Puerto Chacabuco. Entramos al archipiélago a través del Canal de Chacao. Durante la travesía, y reunidos sobre la cubierta de vuelo o en el salón de la gente de mar, leímos varios pasajes de “Aysén, Carta del Mar Nuevo”. Contamos y oímos las aventuras que nacieron y fueron realizadas bajo la luz inaudita y perfecta de ese poema. Mientras esto hacíamos; enrrumbados hacia el fin del mundo para llevar a cabo un nuevo intento de construir poéticamente la vida, el poeta Ignacio Balcells -autor de la Carta- moría en Santiago.

Es triste la muerte de alguien próximo, de alguien que le ha dado sentido a la vocación y a los horizontes. Sin embargo, como hombre de la palabra, a quien la poesía ha tomado en vilo, puedo estar seguro de una cosa: la voz de Ignacio Balcells es y seguirá siendo la poesía que va adelante, abriendo el mar para que nosotros seamos la acción creadora del mundo. Su canto seguirá indicándonos, como la luz de la estrella, el rumbo hacia un horizonte propio, único, nuevo. Eso nos convierte en pueblo. Y no puede haber otro más feliz desenlace para la vida de un poeta, que tener un pueblo que lo oye y hace carne su palabra. Seremos sus deudos, generación tras generación, reemprendiendo la aventura de las travesías hacia el mar nuevo de Aysén, hacia los océanos desconocidos de América. Nosotros, gracias a su absoluta entrega, también seremos la leyenda. Haciendo la leyenda intentaremos pagar nuestra deuda. Y en verdad, dadas las maravillas entregadas por su poesía, simplemente no podríamos otra cosa.