Clase 2. Trimestre II / 2005
Manuel F. Sanfuentes
La premisa ha sido dispuesta: “Usted pregunta, el televisor responde”. El mediador, que es alguien, en este caso Godo, hace las veces de intérprete; quien toma la palabra interpreta, transcribe; viene a decir por su boca lo que la “cosa” estaría dispuesta a decir.
Las circunstancias son irrepetibles; el presente se da en su propio tiempo, hace de precedente y marca, inscribe; así la fundación, la travesía; así Amereida y una palabra propuesta para el continente americano; no un camino.
Aquí puedo detenerme; el camino a una respuesta no es una directriz obligatoria ni perentoria; la impronta es una proeza, por eso la épica americana. Nuestro presente no es la reivindicación de un pensamiento o la validación de una proeza tal, sino las generación de nuevas definiciones que se apoyen en esa abertura.
Irrepetible la experiencia de Amereida; irrepetible la travesía, irrepetible la aventura de Colón…
El advenimiento de lo por venir -videncia de por medio diría Fabio- es la proeza del documento que a la vez manifiesta la experiencia y abre la posibilidad del texto nuevo (no necesariamente su disposición gráfica).
Una metáfora del presente: hombres sabios, oficiantes, políticos y académicos reunidos en una biblioteca tipo siglo XIX, aula magna, estantes en muros de 12 metros y todos los escaparates vacíos. ¿Dónde están los libros? ¿Esos objetos ya no soportan la abreviación que en los lomos se lee como una nota que dice del contenido?.
Este vacío es espeluznante y al mismo tiempo prometedor, ¿cuáles son las propuestas para consolar tal soledad de los objetos y del espacio?
Inagotabilidad del aprendizaje y el soporte o escaparate de los nuevos textos. Vivimos en medio de la ignorancia permanentemente insatisfecha, ante lo desconocido; no ciegos, la clarividencia nos obliga.
El libro, en cuanto objeto del culto a lo tangible y sensorial de la materia parece conducirse a una conservaduría patrimonial de objetos preciosos. Entonces nos quedamos con la palabra, (pareciera que) volvemos a ella, no a su camino sino a ella como guía, a su encaminamiento. El espíritu de la letra es inagotable, no así el modo en que ella se presenta o se hace presente; es que morimos.
Los primeros soportes del texto fuero de piedra, he ahí las Tablas de la Ley que Moisés presenta al pueblo Judío. No es un disparate pensar que el camino a la liviandad del texto es un camino de transparencia que hace al vacío evidente y explícito. Ya no la piedra filosofal, ya no el oro, no un camino.
La travesía debe comenzar a pensar en este no camino; esta no reiteración o réplicas del original nos debe conducir hacia el ha-lugar del continente, no a un punto selectivo, no a una coincidencia.
La aventura de la travesía es atravesarse a sí mismo en el propio conocimiento o propiedad en la materia. El disparate, el sueño de la razón, los caprichos de Goya entablan la batalla a la idea de belleza y delineado del dibujo; en realidad quieren dibujar ese vacío sin camino que va de la creatividad a su definición.
Reminiscencias y melancolías del libro y su refinamiento. Spleen, ocio, opio. Marcel Proust en busca del tiempo perdido, Prigogine y el fin de las certidumbres, Fukuyama y el fin de la historia y del hombre… el fin del libro como placer de lo sensible y lo táctil.
¿Qué significa esta advertencia de los fines, de los acabamientos? Pensamos el porvenir finiquitando. Hay una medida aún no clarificada de que vivimos una época de tránsito entre fin y comienzo. El porvenir conservará la palabra en su capacidad de ser transmitida; la palabra será texto-imagen, una unidad que se tiene desde Summer hace 5.000 años hasta un futuro que vuelve a reunir esta competencia con el gerundio de lo que está siendo aquí y ahora.
La aventura de las vanguardias fue una tierna ingenuidad; los museos no se cerraron, el arte ha sido siempre una institución, los renunciadores son unos próceres y sus obras piezas de colección patrimoniales.
La vanguardia de hoy no es artística (a no ser por aislados exponentes) sino semántica: esa capacidad de todo oficio de observar el advenimiento de un mundo nuevo en que las viejas formas de gobierno no operarán como directrices. Por eso las naciones son insuficientes; las políticas de desarrollo no entienden el porvenir como una emancipación de la mente y el conocimiento.
Sin embargo esta renuncia o contraproposición no es suficiente para despertarse un día habitante del nuevo orden; que el cobre se despierte clarín no es culpa suya, él adviene por medio de la invención en otra cosa, no el camino, obra nueva.
La materia está ahí disponible, ¿cuál camino?. Pregúntele a su televisor.
Andrés T. Garcés
El dibujo esta vez, en este segundo trimestre, no está en la misma linea de lo que la poesía señala, ha nacido de su indicación pero toma una dirección distinta, propia. Podríamos decir que entre ambas hay un punto de intersección donde se encuentran pero que señala la poesía al decir «pura imagen», esto en el contexto del programa de Godo «usted pregunta y el televisor responde» .
Entonces continuamos con Goya, que tiene su nacimiento en este taller respecto a lo que sería la imagen. y decimos que en sus grabados se manifiesta puramente la imagen.
La imagen en Goya, a diferencia de otros pintores, grabadores, o de las de nuestros talleres anteriores, está sostenida con pasión y fuerza en el gesto. Al comenzar a dibujar, casi por pura intuición, la verdad es que quisiera que no importara el motivo del gesto, a qué se refiere , a su contexto, su historia y su entorno, pero debo reconcocer que lo primero que atrae de sus grabados es ese motivo y que se manifiesta en la constante pregunta mientras dibujo de ¿por qué sus personajes están dibujados de ese modo?
Existen series de grabados de Goya, “Los Disparates”, “Los Caprichos”.
Bajo este punto, lo que mueve a dibujarlo es el motivo de su gesto. No nos distraeremos a ver a que nos lleva ese motivo, que nos aparece como primer punto de detención. 1er punto de la línea o dirección que esto demanda.
1º la línea, línea de Goya, trazo de múltiples direcciones. Distinguir la línea de Goya de la de Durero. En Goya se verifica que esta multiplicidad de líneas en Goya es para traer, explicitar el sentido del gesto. No se puede dibujar sin el gesto del trazo. A medida que dibujo línea a línea, su conjunto, atiborrado, denso, sin separaciones, nos trae la figura de la parte.
Vuelvo a preguntar el motivo del gesto, el gesto que traen no e un gesto habitual. El trazo no se separa del gesto. El gesto en sí mismo es totalmente desmedido. La línea avanza y no se sabe en que momento termina, no tiene límites.
¿Con qué nos quedamos?
Líneas
Múltiples direcciones
Motivo del gesto
Líneas atiborradas y desmedidas.
Estamos en la figura de una línea atiborrada para llegar a la figura de lo desmedido.
Godofredo Iommi M.
Corporación de Televisión
Universidad Católica de Valparaíso. 1985
Pregunte. Su televisor Responde.
¿Qué se puede aprender y qué no?
Usted me va a disculpar si yo ante su pregunta me voy a tener que alargar un poco. ¿Qué es aprender? Aprender es cultivar, como si nosotros fuéramos un terreno, una determinada semilla a la que hay que ponerle abono, hay que regarla, hay que cuidarla de la violencia de los climas, de los vientos, de las lluvias excesivas, de las sequías. Así uno aprende, le enseñan una materia, se la inseminan, se la cuidan, provocan su desarrollo, la llevan hasta buen término, es decir, hasta que de el fruto propio de esa materia. Entonces uno sabe aquello que la semilla contenía. Por ejemplo, un modo de operatividad matemática, un modo de trabajar la física, o bien las buenas maneras, la cortesía, el buen vestir, el bien pensar.
Pero hay cosas que no se aprenden; escúcheme bien, todos nosotros nacemos con una cuota de ignorancia, ignoramos algo; eso que ignoramos lo llevamos en el fondo y el alma y del corazón y es lo que nos mueve en la vida; en todo, en el amor, buscando la persona que se parece a alguien que no conocemos, tal vez con la cual nos casamos. Estudiamos una carrera, también por una oscura vocación, por algo que no conocemos. Bien, esa parte de ignorancia, que es la que en el fondo nos mueve no se va a satisfacer jamás, jamás; y si alguna vez alguien le dice a usted, o usted se dice a sí mismo: “esa ignorancia que vino conmigo y que yo tuve en la infancia y que una vez una tarde jugando en un parque se me reveló en una puesta de sol, ya la tengo colmada, ya la sé, usted está equivocado. Porque si realmente la sabe, se engaña. Esa ignorancia es la que hay que llevar toda la vida y morir con ella. Eso que no se aprenderá nunca, que nunca se va a satisfacer, eso es como el meollo, como el entusiasmo, como el secreto, como la fuerza, como la energía que hace que uno viva más allá de las propias satisfacciones.