Clase 10. Trimestre II / 2005
Si atiendo a la linealidad del Taller, recupero su inicio cuando el libro era una fuente: Don Quijote de la Mancha; la aventura y la conmemoración de lo clásico en la lengua castellana. Concluimos por entonces con un prólogo, hicimos el camino inverso del lector seguido, saltamos de capítulo en capítulo y llegamos al final al desocupado lector: el prólogo con que Cervantes presenta a los demás su intento escritural, capital de la lengua y lo editorial. Cervantes allí habla del libro como “hijo del entendimiento”; es decir, hay aquí una voluntad de procreación, de trascendencia… parodiando al dicho: un hijo, un libro, un árbol; el creador da vida, la otorga desde la suya porque ha entendido la competencia que el don hace en uno… si preguntan su gracia: el Manco de Lepanto, un autor de 5 siglos; parece ser que la actividad de la contingencia, este presente de cada cual es una breve anécdota del tiempo; la canción dice que “20 años no es nada”.
“… que febril la mirada”; el temblamiento que el ojo necesita para despertar, el parpadeo frecuente para dejarse ver reflejado en la pupila del otro… cristalinamente.
Tal mirada nos da paso a lo siguiente: la película, la imagen móvil transitando en la secuencia que el ojo parpadea. Significa esto, que tal ver “documental” es el imperio contemporáneo; la imagen que transcribe un tiempo, nos trastorna porque “emula” el aire libre del presente y su movilidad, pero dice textual (como en un libro). Tras rebobinar, las respuestas son las mismas (por eso documentas); la realidad nos pedirá siempre un trazo nuevo, no el de uno.
No así el poema; figura indocumentada; desconocido en las marismas y al margen de las cartas portulanos. La revisión, la relectura, la lectura o el oír un poema no significa quedar encallado en las palabras, sino que se inunda el lector de la disyuntiva que los vocablos traen como sentidos múltiples, abiertos e infinitos.
¿Creemos esto de veras?… admitimos a la poesía como un horizonte o un delirio? El camino no es el camino es la advertencia final de Amereida, así como Cervantes comienza con el prólogo.
La aventura se nos adentra más en la festividad; en el ejercicio del juego y al aire libre; el aula universitaria debe tener algo del ágora ciudadana, donde el documento no está en cuestión; lo que se debate es lo que se trae adelante con una palabra.
La viva voz, el a flor de labios, la mano alzada son las práctica del espíritu que quiere hacerse vidente. Ambos pasos: palabra y libro, voz e imagen, han sostenido este nosotros de Escuela que se acompaña del dibujo; ese es al lineamiento que el Taller lleva adelante… dibuja y escribe el de mirada febril, dibuja lo que no cesa, no cesa de acompañarse. No hay lección sino hay tal espíritu.