Clase 1. Trimestre I / 2005
Lengua y Privilegio
Por principio, el enunciado debiese dedicar el cometido que se viene a este presente nuestro de estos días; estos mismos que suceden cada vez más traslapados y hartos de su afán se vienen a aquietar en esta cita que el Taller y la Escuela hacen de sí.
Parsimonia, reposo de la andanza, dedica cada uno oído y atención a lo que viene y ha venido edificando entre nosotros un velar el propio corpus con un aire que vigila cuanto haya de expresar la luz que en Amereida clarifica lo que nubla el cotidiano hacerse sombra de los hechos cuando no capitalizan en un signo decisivo; no igual ni parecido, sino otro.
Ya se sabe de lo igual, o con lo igual se haga lo mismo; el decir de Amereida, como rol de todo poema, no descansa en semejanzas, no promete el edificio ni edifica el alma misma sino se tiene ante el presente una palabra que nos diga lo que el dibujo omite siempre y que el decir remite al tanto y sin sospecha: el tiempo propio.
Tiempo presente, Luz: “la verdadera tierra se conjuga en el idioma”.
Nuestra lengua, venida en las galeras, zarpada de Los Palos por ventura, nos incita cada día como si uno mismo fuese zurdo y extranjero y su habla no obedezca a continentes o a maternas potestades. Las Españas de Felipes e Isabelas nos tienen la garganta calibrada junto a ñuflos que de siglos a esta parte han hincado en el idioma el idioma el mestizaje que en la piel se evidencia más que en el hablar americano.
El distingo en lo visual se acompaña cuando el habla hace el giro y dice así: “tectetán tectetán que vale por no te entiendo pensaron los españoles que se llamava assí y corrompiendo el vocablo llamaron para siempre yucatán y nunca se le caerá tal nombradía”.
No de corrompidas trataremos, no de mal tenidos sino del más casto hablar sin ruedas y del son que en el decir de nuestra lengua fundadora y castellana nombradía, hace suyo a parte nueva deste mundo que en los 1500 era ciego y tenía sus lagares en lugar desconocido.
Poco andar de un siglo a otro; en 1600 al inicio, un libro titulaba en portadillas cuanto sigue: “El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, compuesto por Miguel de Cervantes Saavedra, dirigido al Duque de Béjar, Marqués de Gibraleón, Conde de Benalcáçar, y Bañares, Vizconde de la Puebla de Alcocer, Señor de las Villas de Capilla, Curiel y Burguillos. Año 1605, con Privilegio, en Madrid, por Inán de la Cuesta. Véndese en casa de Francisco de Robles, librero del Rey nuestro Señor”.
Bien. Todo ello iba enmarcando el emblema de un león dormido a ojo abiertos, halcón cazado en una mano; todo aquello embolado con un lema que prodiga lo mejor:
“Tras Tinieblas, espero la Luz”.
Bueno, luz en Amereida; luz del texto que se va clarificando; romance de oscuras y luminosas, la novela deste Caballero por la Mancha hace de la lengua así dictada un epicentro del grandor de la gramática y esplendor del castellano, por el cual llegando a hoy día nuestra habla tiene un pick, curiosamente 400 años atrás.
Y del presente; qué se dice si el libro como objeto y la palabra como uso se mantienen a su lado sin que alcancen grande logro o portento semejante.
“Nuestras raíces están en el aire” dice Amereida; encima, nunca aquí; lo mismo en lengua nuestra. Condición americana habrá de ser… esta distancia, este largor cuando hay origen debe ser medido como un tramo legible y demarcado por cuanta cota tabular haga del texto un edificio como un libro que, a sus expensas, se pare solo.
No por decir, comienza el libro en Privilegios. “Yo el Rey” debe consentir la edición y hacer de todo libro impreso allí en sus comarcas, un refugio de lo hablado, una curia de la lengua y un consentimiento en el decir transcrito en folios.
De seguido el libro se dedica con poemas que le abren al lector el panorama con que vienen esos pliegos desde ahí en lo sucesivo. Así partiendo de palabra real y palabra poética, el libro nacía en ese origen que dice que palabra rima con la acción.
Urganda la desconocida -dama protectora del Amadís de Gaula-; en verso a cabo roto, da inicio dedicando su poema al dicho libro que nos viene y leo así primera décima
AL LIBRO DE DON QUIJOTE DE LA MANCHA
URGANDA LA DESCONOCIDA
Si de llegarte a los bue-,
libro, fueres con letu-,
no te dirá el boquirru-
que no pones bien los de-.
Mas si el pan no se te cue-
por ir a manos de idio-,
verás de manos a bo-,
aun no dar una en el cla-,
si bien se comen las map-
por mostrar que son curio-.
La poesía celebra, anticipa y da un primer pie; ella está ya antes, abre del inicio un claro en la tiniebla. Desde aquí a Dulcinea del Toboso:
Fuerzas que de noche todo,
las más parcas obedecían la oblación,
inclusive el efecto que omiso incide igual.
El arte de suflar de propia boca,
la abyección del postulante a la memoria.
Ella es un deber,
una cuenta que posibilidades ya admite,
la mujer que abrevia los sentidos
y en los ojos desestima lo que dicen por cumplido.
Ahí accede, participa y recobra el fervor
que dejó insuficiencias.
Termino; hospitalidad de la obra misma hacia el poema; don Quijote y Sancho Panza no se pueden comprender como una antítesis (alto-bajo, flaco-gordo, sabio-ñurdo, etc.), sino como la necesidad en la aventura de otro que acompañe las andanzas; es más que compañero uno de otro, la figura del prójimo que resalta como fundadora del coraje y depositaria del comercio parlante que va explicitando al lector, detalle tras detalle la envergadura de una obra que funda y abre en nuestra lengua una cima que sino se asciende o tiende uno, no se sabe que un rocín es un caballo, que un aspa un gran gigante, que una cueva es un palacio, que un cuenco un buen sombrero, que un libro una quimera y que las tinieblas al fin pueden ser la misma luz en sus excesos.
Debido a una intuición poética que coincide con una celebración de escala mundial, durante este trimestre vamos a hacer una lectura de Don Quijote de la Mancha. La intuición nos invita a una aventura de la cual no conocemos los resultados; sólo la emprendemos confiados en que sus avatares nos traigan iluminación y hallazgos. La celebración es que este año se cumplen los 400 años desde la primera publicación del Quijote y las Academias de la Lengua han publicado una muy bella –y muy barata- edición.
Aún aceptando que nos adentraremos en esta lectura por pura intuición, podemos preguntarnos ¿por qué es importante el Quijote para nosotros?
(los alumnos responden)
– porque es un libro muy bien escrito
– porque es la primera novela en castellano, antes no había nada.
– Porque es el realto de un héroe
Esto es cierto. Sin embargo hay otros libros que poseen estas mismas características y que son efectivamente muy importantes. Nosotros nos adentramos en la lectura del Quijote porque sospechamos que este libro es un punto de inflexión en la historia de la lengua.
¿Cuándo comenzamos nosotros, o mejor dicho cuándo comienza lo que somos nosotros hoy? Supongamos por un instante que ese nosotros se refiere a la humanidad. La ciencia nos hace algunas indicaciones, como establecer que el primer signo de humanidad es la posición erguida (el homo erectus de hace 1,6 millones de años, o es el primer entierro de los muertos, o a partir del homo sapiens de hace 10,000 años. Hay aquí materia para debatir. Yo voy a proponer dos relatos para darle a la raza humana su carácter distintivo y definitivo.
El primero es recogido por Walter Otto (1874-1958. Alemán estudioso de Grecia, en “Las Musas. El origen divino del canto y del mito”, Buenos Aires, Editorial Eudeba, 1981): “Zeus termina la construcción de un mundo.
Todos los dioses están presentes. Sobreviene un admirable silencio, estupor ante la belleza de lo construido. Entonces Zeus pregunta a los dioses si falta algo para que la construcción sea perfecta. Los dioses convienen que algo falta. ¿Qué? Falta la palabra, pues sólo la palabra elogia. Y entonces Zeus crea las Musas.”
El segundo es un fragmento tomado del relato del Génesis:
Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre. Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él. Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.
En ambos relatos la primera misión de los hombres es el nombrar. Por una arbitrariedad justa diremos que nosotros, los humanos, comenzamos cuando pudimos nombrar. Es decir, con el habla. ¿Cómo hablamos nosotros? ¿Qué hablan ustedes, los que están aquí presentes?
– Hablamos emitiendo sonidos…
– Lo hacemos para comunicarnos…
– Hablamos un lenguaje…
– Hablamos castellano…
Esto es. Hablamos castellano; una lengua romance surgida desde el fondo de otra lengua: el latín. Y esta lengua indoeuropea alcanzó su máxima expresión por la influencia del griego. Pero sigamos en el castellano. Don Quijote es un libro que de muchas maneras reinventó la lengua, aunque nunca podremos dar ejemplos específicos del libro, como si se puede hacer cuando se investiga el origen de los nombres. Porque al nombrar algo ese algo aparece y existe. Lo primero que se hace con un niño, desde su más temprana existencia, es nombrarlo. Así este nuevo ser tiene verdadera realidad.
Se trata de una aproximación de orden poético que nos indica que las lenguas sí se transforman cuando aparece una forma de decir algo que antes no se podía decir; cuando se puede expresar algo que antes sólo vagaba en la penumbra de la conciencia; cuando se inventan relaciones entre palabras que antes nunca se habían podido relacionar. Esto es lo que hace la poesía y hombres como Hölderlin, Shakespeare o Cervantes.
Si es cierto que nosotros somos lo que somos porque hablamos una tal lengua, entonces un punto esencial de nuestro propio origen se encuentra en el Quijote. Y a ese punto es al que nos dirgimos durante este Taller de América.