Da lugar a los cuerpos para la oración, en su vacío con los límites de la piedra sin intermediarios. No se deja tocar por nada, su espacio está logrado en una concepción octogonal, las columnas y muros contrafuertes siguen esta generatriz que es el órden espacial de la obra, ninguna amabilidad doméstica. Ni fruto de un momento de prosperidad, ni de penuria, con un tamaño de ciudad, es el severo espacio interior de lo sacro, que reune lo mas alto con la pequeña estatura de los cuerpos reverentes.