Ciudad Abierta tiene la característica de ser un lugar que acoge muy bien a sus invitados, es decir, el principio de la hospitalidad que desarrolló Godofredo Iommi en su vida – “abierta”, se ejecuta a la perfección en este sitio que se caracteriza por tener las puertas abiertas. La Hospedería el Errante es un proyecto que tiene su punto de partida en 1981 en las ideas de los profesores de la PUCV Manuel Casanueva y Miguel Eyquem, pero que debido a la crisis económica que afectó a Chile durante esos años, tuvo que verse interrumpido hasta 1995. En esa fecha y tras ganar un Fondecyt se pudo reformular y construir un nuevo proyecto, dejando algunos elementos de la obra anterior. De esta forma, se da inicio a este espacio de elementos técnicos arquitectónicos que gradúan las energías de la intemperie.

Etapas del Proyecto

El proyecto es una segunda instancia luego del intento por levantar la hospedería en el mismo lugar. La primera vez existieron muchos problemas en especial con la crisis económica del año 81, la cuál produjo un quiebre en la economía nacional, y obviamente trajo consigo la suspensión de la construcción. “Yo creo que el origen del proyecto está en la Tesis del Arquitecto Orfebre, que habla de quien es el orfebre hoy. La palabra orfebre sólo puede eliminar el contexto de joyería (Jewelry) por Cube-Smith”. De esta forma se lleva a cabo, poco a poco y con los fondos del concurso Fondecyt (Fondos de Investigación de Ciencia y Tecnología) una obra que hasta ese momento prácticamente estaba olvidada. “Coincidió en que estábamos haciendo en forma directa el taller de la hospedería del Errante en la Escuela, cuando presentamos las bases del Fondecyt. Como era un taller, cada participante propuso una serie de elementos para que funcionara esa obra y adaptamos dos o tres cosas que teníamos de proyectos. Me refiero a lo que Francois Jacob distingue entre investigación de “Noche “y la investigación de “Día”. Lo realizado en el taller internamente es de Noche, Lo que significa a solas en la intimidad.

Un aspecto muy importante fue la formalización del proyecto, aspecto que según el propio artífice de la obra es algo que cuesta mucho entre los arquitectos. “Ordenar la casa es lo más difícil, nos encontramos con varios problemas para la postulación final, pero finalmente trabajamos junto a un maestro carpintero, a 150 alumnos de la carrera y a varios asesores de ingeniería en construcción”. Y es que la idea era que esta hospedería se diferenciara del resto de las que existen en Ciudad Abierta, en especial por la reafirmación de los principios. Como es sabido es mucho más complicado vivir en una hospedería que en una casa, porque deben tener las cuatro puertas siempre abiertas. “Como ejemplo de ello fue lo que ocurrió cuando yo estaba durmiendo siesta en verano y me encontré en frente con una familia argentina que había ido a conocer el lugar”. Y es que en Ritoque queda de manifiesto que la hospitalidad no es solamente en el plano de la comida, va mucho más allá de servir alimento a quienes llegan a una casa. “Acá se practica el principio de la hospitalidad mediante la casa abierta, yo tomé a Godo como mi maestro, de acuerdo a lo que la hospitalidad vendría siendo en que “yo voy a oír y voy a ser oído”.

Ventajas

Este espacio posee elementos técnicos arquitectónicos que gradúan las energías de la intemperie. Además, dicho proyecto plantea el diseño de una envolvente arquitectónica que regule el espectro aerodinámico en torno al cuerpo edificado y la intensidad luminosa para el interior de la Hospedería, y resuelve los intentos anteriores por impermeabilizar lo que ha sido un problema recurrente. Todo esto se demoró muchos años en llevarse a cabo. “Todavía no está listo porque es una arquitectura experimental, es decir, tiene cierre, pero no una conclusión. Eso lo estudiamos en el libro “De los campos de abstracción y los elementos para una arquitectura experimental”. Esta hospedería lleva el nombre de la Carta del Errante, un escrito de Godofredo Iommi, guía y maestro de Manuel Casanueva. Según el propio Manuel, el Errante de Godo tiene que ver con su tremendo movimiento por la lentitud de los arquitectos. “El planteamiento de Godo radicaba en que la velocidad de la palabra respecto de la lentitud del quehacer arquitectónico”.

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