mayo 18, 2004

Clase 9. Trimestre I / 2004

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} Jaime F. Reyes

En los comienzos de la revolución industrial se produce, en Inglaterra, un cambio radical en los modelos y sistemas de educación. Hasta mediados del S. XIX, la educación era una instancia reservada para un segmento reducido de la población. No existían ni los colegios ni las escuelas y las universidades eran lugares pequeños, elitistas y clericales –además repartidos y diseminados- que se dedicaban a la elucubración filosófica, a las bellas artes. La ciencia no tenía el lugar privilegiado con que cuenta hoy día. Entonces el estado inglés se da cuenta de que los nuevos métodos de producción requieren de una mano de obra semi especializada que socialmente se adapte y se conforme de acuerdo a estas nuevas necesidades. Una fuerza de trabajo entrenada para las fábricas, para las cadenas de montaje, para la producción en serie. Es más, esta nueva forma de producción se sostiene sólo si existe un nuevo orden social y cultural capaz de consumir sus productos, clases y estamentos aptos, educados para que necesiten estos productos. La reforma educacional entonces consiste en:

la asistencia de todos a las aulas, ahora ubicadas y centralizadas en un mismo edificio en los centros urbanos y en el campo.

La instrucción universal y homogénea en diversas materias como matemáticas, ciencias, filosofía, lenguas, historia, etc.

La creación de planes y programas de estudio medibles y evaluables objetivamente, que ya no dependan de la habilidad o carisma de tal o cual profesor, sino de un contenido que se repite año tras año. Son planes y programas basados en la idea positivista de la progresión del conocimiento.

El conocimiento se hace evaluable a través de puntuaciones y escalas universales y objetivas.

La aplicación de una férrea disciplina que inculca sistemas de comportamiento social, religioso y cultural. Alumnos de uniforme, horarios acotados estrictamente –por el sonido de una campana- para el estudio, el recreo, la concentración, etc.

} Manuel F. Sanfuentes

Terminamos la clase pasada con tres figuras que promulgan un planteamiento que debiese concitarse como una, y sólo una, preeminencia; la cual impera como un proceder en el ámbito del Taller de América. Agregaré también una cuarta.
1. La Transparencia de la Interfaz.
Esta palabra viene del inglés interface: superficie de contacto. Es la conexión física y funcional entre dos aparatos o sistemas independientes. La relación hombre-máquina requiere hacerse procedente, que no haya intermediarios. Marshal McLuhan, parecidamente, se refiere a esto en la Novia Mecánica; se establece entre uno y la máquina una relación que no es medible, sino por el grado de intimidad que cada cual establece o no. La transparencia se refiere al modo en que la operativa permite o no la introducción a lo que se busca. La transparencia permite ver las conectivas como un orden dibujado; está la nitidez y la claridad de nuestro lado. El libro podría ser un buen ejemplo de interfaz, y su legibilidad, aquella que se deja leer y no entorpece hace que la transparencia permita a las palabras decirnos lo que ellas traen. Así una buena grafía no se nota y deja mostrar lo que se quiere hacer presente.

Creo que los blancos de Amereida son un buen ejemplo de esto, ellos clarifican. El blanco en poesía -desde Mallarmé- son los claros que la palabra necesitaba para hacerse más patente… transparente.

2. El Lapso.
Esto que viene de Godo, como una interrupción, como un vacío en el transcurso, lo he querido pensar como un “alto”; un “alto al fuego”, una “bandera blanca”. Tal vez esa es la esperanza de la que Alberto habla. El “alto lapso” como un tiempo detenido, me refería a la poesía contemporánea; sin duda ésta es múltiple y casi inabarcable. La nuestra, la del ha-Lugar también lo es en su contemporaneidad, en nuestro presente. Me refiero a que esta poética y sus diferentes expresiones va a ser comprendida como fuente de un desarraigo poético; luego de que los poetas fuesen expulsados de la polis griega, ellos deambularon por el mundo contando y hallando motivos que al hombre hicieran gracia, los juglares y los trovadores estaban ahí. Luego vendría la maldición (no lejos de una profunda belleza) de Novalis, Gautier, Rimbaud, Verlaine, Noveau… más tarde, los innovadores y vanguardistas, más fonéticos que poéticos… y después, casi hasta hoy día, la oficialidad. Esto no significa que no haya otras expresiones de la lengua y de la poesía, ella es infinita e infinito el oído que puede retenerla.

La poesía fue nuevamente admitida por el quehacer humano, por los oficios; como que ellos han requerido ese consuelo y desconsuelo que trae la palabra. La poesía ha admitido esta hospitalidad no para sobrevivir, sino para convivir con una realidad tangible que ella no posee… San Juan de la Cruz re refería al “hambre insaciable de un alimento intangible”.

Este “alto” será el momento de una comprensión poética universal que sabrá oír la disyuntiva en la palabra. Para ello, dos requerimientos:

Uno: El pintor que se remite a un pequeño formato de 12 x 12 cms. Dice que requiere para esto una gran precisión emocional.

Dos: Ya no el Lecho de Procusto, el posadero de Eleusis (llamado el estirador), quien para hacer amable amable la estadía de sus huéspedes, a los más alto cortaba los pies y a los pequeños los estiraba hasta que calzaran con la medida de las camas de la posada.

Sin duda esta comprensión exige una medida que ha de lograrse con el tiempo; me parece: un tiempo mayor, largo. El “alto” lleva a la transparencia; creo que acaba el lapso; retomamos el pulso.
3. Resolución y Resolución del Plano.
Se trata de que al mismo tiempo que se da la disolución, algo se resuelve. En una conversación, luego de las diatribas de los hablantes, el diálogo se disuelve en una resolución; véase los diálogos entre Sócrates y sus víctimas. Siempre algo se resuelve.

Pero hemos de referirnos al plano del plano y no al de la retórica. Diremos que en el plano, mientras se planifica, todo está disoluto, componiéndose aquí y allá, en lapsos podríamos decir. El plano ha de trabajarse en la disolución dibujada de la idea; la resolución implica esa precisión emocional de los 12 x 12 centímetros. Esto resoluto es la voluntad de que el plano se conforme y se acote; ésto no impide que al lector, al que ve, se le transparente ese proceso paralelo de la disolución, digamos, que lo resoluto deja entrever el proceso por el cual la forma se resuelve.

4. El Teatro como Disolución de la Palabra.
Hemos abordado diferentes expresiones de lo que hoy día se llama teatro, puesto que en él se escenifica, además de un conflicto humano, una dimensión de la palabra que hace que ella sea constituyente en la conformación de ese conflicto.

El acto poético, o la escenificación de un poema, lleva consigo la constitución de una escena para la palabra. Digo disolución, puesto que en el teatro la palabra no es tajante en cuanto a su literalidad, a la letra; en el teatro puede haber versiones, recortes, acentos, interpretaciones, traducciones, etc… en el poema no, éste es resoluto; lo que se quiere es que la palabra aparezca y se haga presente con su invariable.

El teatro hoy día ha llevado a expresiones sumamente refinadas con respecto a la escenificación, pero no con respecto a la palabra; por eso el acto poética, la lectura de poemas, los recitados se reservan su propia escena, su vacío para admitir esa invariable de la palabra. En el poema, el drama humano, el conflicto, no se explicita; decimos que él -el poema- ha de retumbar pero no hacerse patente, evidenciarse.

* * *

Terminamos el Taller con estos puntos que son el recorrido hacia esta culminación. El taller investiga las connotaciones de lo dicho acerca, por ejemplo, de qué significa esa hospitalidad entendida por Procusto, de cortar o alargar a sus huéspedes para que calcen con la medida del lecho.

Por supuesto esa hospitalidad de la Ciudad Abierta no pide un calce, al contrario; reconoce la proporción de quien llega y lo patrocina; lo que implica un esfuerzo de oír la diferencia hasta el extremo de la discordia o la mutua comprensión.

Estos escritos y nuestras palabras son, espero, hospitalidad a una tradición, a un lenguaje; un avance con el tiempo con miras al origen de nuestro proceder.

Si comprendemos transparencia, alto y lapso, disolución y resolución del plano y la escenificación de la palabra poética, es que vamos en esa vastedad del saludo de Amereida, el de allá en las pampas, y el de aquí cuando el discurso comienza y saluda al auditorio:

Queridos amigos… estas palabras han de tenerse presente en la libertad que siempre tienen el oír y el ver al mismo tiempo.