Clase 8. Trimestre II / 2004
} Jaime F. Reyes
Dos clases atrás hablé sobre la Eneida. Me corresponde ahora tratar la segunda parte de esa exposición. Es aquello que Godo nos trajo y nos dejó sobre ese libro. Pero como veremos no es una cuestión literaria, no se trata de los análisis posibles desde el punto de vista de la literatura o de sus consecuencias históricas. Se trata más bien de un legado poético directo que nos atañe en cuanto somos americanos y especialmente en cuanto a lo que hacemos en esta Escuela. Concretamente voy a referirme a tres momentos de la Eneida; momentos que están relacionados íntimamente con el tiempo que esta Escuela comienza a vivir en vistas del horizonte de las travesías que se nos aproxima junto con la primavera.
El momento del naufragio.
Dice Godo:
“En plena tempestad aparece por primera vez el nombre del protagonista del poema, a diferencia de la Ilíada cuyo primer verso, nombra a Aquiles, en la Eneida el nombre de Eneas por primera vez aparece en el verso 92, en plena y absoluta tempestad.
¿Por qué el naufragio? ¿Cuál la necesidad poética de este naugragio?,
pero lo que el naufragio expone es el desprendimiento radical, es una reiniciación ineludible para poder recrear.
ese extremo es apenas menor que la muerte y que el pavor renovado en el pensamiento dura, dura en el lago del corazón.
Lo obvio de nuestra vida tan dulcemente organizada no nos deja llegar casi nunca a este pavor que dura en el lago del corazón y que es apenas menor que la muerte. Si no nos sucede ese desasociego y no llegamos a ese borde, no se nos cae encima la necesidad de ser americanos.
Por eso, la palabra alta del naufragio, la palabra de la iniciación o catarsis con que se recomienza la tradición de Grecia en Roma,a la palabra latina del naufragio es Palinuro, el piloto. Su lucha por vencer el caos marino para poder abordar Italia, en el canto quinto, hasta entrar en el misterio del sueño que lo vence y las olas que lo arrebatan del navío, en el verso 860 del libro quinto, hasta que Eneas siente que el barco flota ya sin piloto, a la deriva, abandonado, en medio del mar, a la ventura. Es el máximo extremo de la errancia. No hay en la literatura una situación semejante. Es el máximo extremo de la errancia, el límite. Allí no queda más que recrear o desaparecer.
Y sin embargo, es un equívoco el que tiene Eneas, porque el máximo extremo de la errancia va todavía más lejos. Palinuro no fue vencido por el dios del sueño, el timón le fue arrancado por el mar y con él sin abandonarlo, se fue el piloto, que sobrevivió a las olas tres días. Al cuarto vio Italia y la alcanza, antes que todos. Y sin embargo, los bárbaros lo matan en el momento mismo de aferrarse a la patria prometida y a la patria buscada. Y así, en el sexto libro, Palinuro, en su vida de sombra, de muerto, dice la verdad, la trágica verdad de la aventura de buscar una patria.”
Estas citas nos traen reflejos de otros buscadores de patria. Recuerdo aquí solamente a Moisés, cuando está ya ad portas de la tierra prometida y es castigado terriblemente muriendo sin llegar a conocerla. Esta misma tragedia nos sacude como americanos en cuanto estamos avanzando por los mismos filos que Palinuro y Eneas. En nuestras travesías nosotros no naufragamos, al menos no hasta ahora, pero quienes hemos estado en travesía podemos testimoniar tantas situaciones en que este extremos se nos aproxima, se aparece y nos hace llegar hasta el oído sus cantos. Situaciones extremas no tanto en el rigor físico, no en el hambre, la sed o el frío, sino más bien en la extraña y bella sensación de que nuestras obras y nuestras acciones están entregadas a un horizonte inalcanzable mucho mayor que todas nuestras expectativas y cálculos. La sensación de que todo cuanto hacemos y abordamos es apenas el balbuceo inicial de nuestra propia historia. Esta sensación nos deja de lleno en el segundo momento.
El momento de las carencias
Volvemos a Godo:
“Hay que arrojarse a las carencias para palpar el borde del propio ser en su mayor zozobra. Repito, hay que arrojarse a las carencias para palpar el borde del propio ser en su mayor zozobra.
Y todo nos fue dicho en el comienzo del poema, cito a Virgilio: “Muy maltratado fue, en tierra y mar, por el poder de los dioses … muchas guerras afrontó antes de echar los cimientos de su ciudad y establecer en el lacio sus penates / de donde procedieron las razas latinas … y los altos “muros de Roma”. Pues fundación y destino es aventura y peripecia. Ellas alumbran después la historia, ellas ( esas aventuras y peripecias) hacen posible la historia. “Tantae mobis erat Romanan condere gentem” – (“Tan enorme esfuerzo requería fundar el lugar romano”).”
Entendiendo así que las travesías son nuestra aventura y nuestra peripecia. Y sobre todo que las travesías son el arrojo a las mayores carencias, porque en ellas no estamos averiguando las “necesidades” sociales de las gentes del lugar, no estamos constatando deficiencias de infraestructura ni estableciendo parámetros de pobreza o riqueza. Estamos precisamente palpando los bordes del propio ser, es decir conociéndonos y aprehendiéndonos en los extremos. Porque hay que vestirse de héroe para llegar al fondo del propio oficio. Sucede así que con nuestras obras no estamos arreglando panoramas políticos ni sociales ni antropológicos ni nada. Al menos no directamente. Pero también es cierto que todo cuanto hacemos no es inútil, no queda entregado a la nada. Esto porque la poesía finalmente sí opera, aunque sea lentamente a “paso de paloma”. Opera para cambiar el mundo efectivamente y no sólo en la apariencia superficial de las cosas. Esta operación sucede no tanto en el mundo de las obras materiales, que las nuestras son harto leves además, sino en el lago del corazón. Avanzamos entonces al tercer momento.
El momento del amor y del reino.
Cito a Godo:
“La travesía, después de la travesía de la carencia, la travesía de lo impropio, el amor y el reino. La travesía del amor y la del reino se levanta bella, fascinante, se diría que justa pero insuficiente. Es nada menos que el eje de los cuatro primeros cantos del poema. Es el amor espléndido, el amor de Eneas y Dido (Elisa, amante, amada, amanza). La erección hermosa de la ciudad hermosa, Cartago, y nada menos que ante los ojos de los buscadores de patria. Es el hallazgo de la felicidad y del hogar.
Y sin embargo, la felicidad y el hogar, es lo impropio. Por eso va a producirse el esquive cruel de Eneas, que lo van a sorprender en el amor espléndido y en la ciudad espléndida con la advertencia, pues le recordarán que no hay patria sin destino y que el destino es más que el hogar y que la dicha.
Dido abandonada, Cartago abandonada. Nunca, nunca dejaré de conmoverme hasta las lágrimas ante la voz de Dido, la suicida, frente al abandono puro e intacto de Eneas. “Sic sic innat ire sub umbras” (“así, así, gozoso irme a las sombras”), dice Dido, mientras se suicida. “Así, así, este gozoso irme a las sombras”. Difícil es imaginarse amante igual, difícil es imaginarse altura igual en un ser femenino, y sin embargo, el destino es más que el hogar y la dicha. “Sic, sic, innat ire sub umbras”. ¿Qué mujer podría decir eso hoy?
Recuerdo ahora la historia del Bounty, el barco de la marina inglesa que llega a Tahiti. La tripulación encuentra el paraíso, una nueva patria y un nuevo hogar y deciden quedarse. El segundo de a bordo se amotina contra el capitán y se queda. Así también le sucede a Eneas, quien encuentra una patria en Cartago, además su reina Dido se enamora de él, y sin embargo Eneas continúa su errancia, vuelve al viaje. Guardando las proporciones y las diferencias ¿no es esto exactamente lo que intentamos año a año recorriendo América? Porque hemos encontrado lugares maravillosos donde podríamos quedarnos para siempre, donde hemos sido acogidos con una hospitalidad que no se puede concebir en nuestros círculos de relaciones corrientes, donde la vida parece florecer siempre plena a pesar de los climas o las distancias. ¿Por qué preferimos volver a partir? Partir, seguir partiendo siempre.
Manuel F. Sanfuentes
Ha sido necesaria una reflexión en torno a lo hablado y a su forma, de cómo la oralidad y la escritura han de desenvolverse en el discurso que va haciendo presente la reflexión de la página como un refugio.
«… el punto extremo de lo posible»
Georges Bataille
Hablamos del Tropos Escenificado.
Giro en la cadencia del decir; empleo las palabras en sentido distinto, hago una conexión, una correspondencia que las haga pertinente… el sentido, así, se nos va haciendo semejante; el giro vuelve a sí, a su concernimiento, reabre su consentimiento, se retira, da vuelta para ver; para volver a ver distintamente.
Este es un hecho capital del espíritu moderno: giro y distancia. Volvemos al poema Escenas (Escenarios) de Rimbaud, leído hace algunas clases aquí en el Taller de América; Rimbaud en el poema distingue entre «muchedumbre bárbara que evoluciona» y las «embarcaciones de los espectadores». El se da cuenta que hay escena y espectadores; puede describir la escena primeramente y la escena y el espectador seguidamente, como una escena nueva.
Este hecho de venir más acá, de salirse y retirarse, de ver cómo la Comedia Humana aún persiste, es en esta medida base del ser moderno: quiebre y giro. Puedo entonces retirarme más, ver el planeta desde fuera, desdoblarme; verse a uno mismo ejecutando el cometido, tal vez más que modernidad sea éste el espíritu del Tropos Creativo que aparentemente se distrae, elude, hace otra cosa, pero en realidad pone en cuestión el meollo del asunto. Por ejemplo: la ingenuidad de Juan Gris y Pablo Picasso, las barbaridades de Jackson Pollock, las jugarretas de Marcel Duchamp, las simplicidades de Joseph Beuys, los pliegues casi insignificantes de Claudio Girola, las dosis de ayahuasca de los viejos chamanes americanos… la imposibilidad de dibujar en un principio las costas del continente americano. El individuo ha clamado su individualidad sin saberse contenido… ahora gira en su comarca.
Estas son las «aristas de las culturas» que el mismo poema de Rimbaud alude, los bordes de un campo espacial, la intersección de planos, el punto de contacto donde se da el giro y la persecución del sentido…
De la modernidad yendo al tropos creativo se llega a la comprensión de que el giro no es un estatuto de la quietud. Ya sea del análisis del punto o la parte, ha de valorarse la posición, y esta está siempre en un tránsito, yendo y viniendo, desenvolviéndose. La comprensión del movimiento permite dar en el valor que se persigue.
El análisis de un acto se da en su recorrido, de cómo la palabra transcurre en el tiempo y de cómo el instante está siendo nombrado. El sentido de la phalène o de la poesía hecha por todos vuelve a reunir a la barbarie con el espectador. Un pueblo que tiene a la palabra como una pertenencia colectiva puede proceder en el giro sin extraviarse… puede callar teniendo a la palabra.
Expectación; el actor es ya conciente de sus logros, la escena es la ciudad, el espectador sabe y no sabe, la escena es capital, el giro el arte… una escena baladí en el metro de Santiago:
Ella lee inmemorialmente, subraya, adelgaza las palabras hasta percatarnos mutuamente que el sentido era coordinar cada día, cada hora, la distracción desorbitada.
Que yo escribiera y titubeara, no le hacía verme ahí, iba ella en la página 61 cuando una ráfaga dejó entrever a las venideras, el papel se levantó encima mío… 63, 64.
A los dedos de sus manos los hacía jugar sobre sus labios, la creación era yo percatarme, darme cuenta que podía verle solamente en su reflejo.
Yo amaba el vidrio, el calor aguado encima de él; verle mirarse a sus mismos ojos era un adagio, y ahora está reorganizándose caóticamente un orden no más definitivo.
La creación vuelve a abrigarse afuera de ella; es una niña, yo otro tanto.
Hay una relación entre argumentos y entidades. Cosa de uno… un marcador… punto y aparte.
Alberto Cruz C.
Nosotros y nuestros días; y en nuestros días, los que vuelven a la Escuela después de haber estado en intercambio, también los que se están preparando para la misión; y están los jueves de las Música de las Matemáticas con el recuerdo de sus Clases Magistrales; y están para este propio Taller la visita del Rector de la Universidad de Bucarest en Rumania, que va a venir a este seminario.
¿Qué nos dicen estos días nuestros?, a todos ustedes. Lo siguiente: en la Misión, los alumnos se preparan para ir desde su interioridad, desde su intimidad interior al exterior cuando estén visitando a los misionados. Y los que vienen de intercambio, vienen del exterior al interior; hay entonces en la Escuela, en este momento, un movimiento de interior a exterior simultáneo a un movimiento de exterior a interior. Un movimiento espiritual creativo que podemos llamar Éxodo; éxodo es salir de sí siendo el mismo, siendo sí mismo. Un éxodo en doble dirección… eso es en estos días.
Es un tiempo de la Escuela, es el tiempo de la Misión, es el tiempo de la vuelta, y es un espacio; el espacio en que se está en un interior o en un exterior y se va hacia un exterior y un interior, un éxodo. Éxodo, entonces es la unión de tiempo y espacio; y este tiempo y espacio los jueves en Matemáticas se reúnen y los alumnos de primer año saben de lo que van a estudiar en quinto año, en cuarto o en tercero; o sea, saben su futuro, tienen su presente -lo que están estudiando, primer año, por ejemplo- pero saben de su futuro y saben además de su pasado, lo que aprendieron en el colegio; en el jueves hay una unión del tiempo.
Entonces, ¿qué podríamos decirle al Rector de la universidad europea? Podríamos decirle de esto, de nuestros días en éxodo. Nuestros días en éxodo son tales porque sabemos que se dan los hechos silenciosos poéticos; siempre se están dando -hechos silenciosos poéticos- que no los sabemos, pero sabemos que están y sabemos interpretarlos. Pero no sabemos que son, pero sabemos interpretarlos por el movimiento de éxodo; un movimiento doble de éxodo hacia la poesía.
Con qué contamos nosotros? Aquí lo vemos en la sala, con el dibujo. ¿Qué hace el dibujo? Da rostro, allí está en la pizarra: rostro del teatro Noh. Rostros en estos estudios de primer año. Luego, el próximo martes, rostro nuestro para mostrar al huésped que vamos a tener. Hospitalidad, que es el pulso de la Ciudad Abierta. Todos ustedes están viviendo esto, todos ustedes pueden pensarlo y vivirlo. Para todos ustedes esto es un presente; en el doble sentido de presente, cuando dice de un regalo y del tiempo que estamos viviendo. Éxodo.