Clase 7. Trimestre II / 2004
} Jaime F. Reyes
Bien, la clase anterior dije que estábamos revisando lo que llamamos la tradición poética de la Escuela, o la teoría poética de amereida. En aquella ocasión comenzamos a tratar la relación entre la Eneida y América, presentando un poco los antecedentes del libro “La Eneida”. Quedó pendiente tratar acerca del contenido mismo de la eneida y el por qué ese libro en particular, esa historia, ese relato, es tan significativo para nosotros. Sin embargo, el taller de amereida está abocado a tratar el presente de la escuela (por eso y no por otra cosa tratamos con los hechos de nuestra tradición) y el dia viernes pasado estuvo aquí el señor Eric Goles haciendo una clase. Me voy a referir a lo expuesto por el señor Goles. Obviamente no voy a hacer matemáticas ni nada de eso, sino a considerar su exposición desde o hacia lo que he estado haciendo en este trimestre.
Goles definió el tiempo como un río: es un flujo constante o contínuo y no los saltos de discreciones. Uno ve que el agua de un río es un flujo constante y que además corre siempre a una misma velocidad. El rio no se ve como emisiones entrecortadas de agua. Goles contaba que en algún momento de la historia –no importa ahora cuando- comenzó el hombre a capturar (más bien medir) el tiempo ya no como un fluido (al modo como lo hace un reloj de arena o uno de sol) sino en unidades discretas (por ejemplo a través del goteo de un líquido).
Hasta nuestros dias los hombres presentimos el tiempo como un continuo constante que transcurre independiente y casi a pesar de nosotros. Y presentimos que ese transcurrir es siempre a la misma velocidad. Esta impresión la obtenemos de las suceciones aparentemente initerrumpibles que gobiernan los acontecimientos de nuestra vida diaria. Por ejemplo la sucesión noche-dia-noche, o invierno-primavera-verano-otoño-invierno y así ad infinitum. Estas ideas o concepciones acerca de cómo es en verdad el tiempo no nos interesan en cuanto sí mismas, es decir no queremos decidir si el tiempo es lo uno o lo otro, sino como se relacionan permanentemente lo continuo y lo discontinuo en todos los ámbitos de nuestro quehacer y acontecer. Dicha relación se presenta sobremanera clara y nítida cuando consideramos a la poesía para explicarla.
Godo establece que la poesía posee la mayor cantidad de información posible para una lengua. En la poesía se encuentra una densidad semántica mayor que en cualquier otra manifestación lingüística:
“Ya Martinete lo indica con meridiana claridad cuando en sus “Elementos de Lingüística General” apunta “la tendencia a la concisión, es decir, el aumento de la densidad de información es frecuente en el poeta”, razón que cierta mente indujo al mismo Jakobson, aunque desde otro punto de vista, a sugerir en el antes mencionado artículo que “es en términos de encadenamiento de probabilidades que la estructura de la poesía puede ser descrita e interpretada con el máximo rigor”. La noción de densidad semántica fue aludida para la poesía por el lingüista Yvan Fonagy al anotar que “Cuando penetramos en el dominio poético nos sorprende la densidad semántica del lenguaje: a pesar de las repeticiones impuestas, las simetrías, los paralelismos y todas las formas de redundancias que se encuentran, los poemas se revelan particularmente ricos en información aún en el sentido técnico del término”.
Esto significa, por ejemplo, que cuando en un poema aparece la palabra árbol, no necesariamente se está queriendo decir el objeto grande, verde, sostenido sobre una vertical café. Es más, la palabra árbol utilizada en un poema puede significar otras cosas, cualquier cosa según sea el poema. La poesía trabaja entonces con el máximo de información posible:
“Dice Martinet: “Las unidades discretas son, pues, aquellas cuyo valor lingüístico no resulta afectado en nada por variaciones de detalle determinadas por el contexto o por circunstancias diversas”. Pero en la poesía sucede que las unidades discretas son tales, porque confirman sus distingos con las demás impidiendo que se las confunda, con el agregado que implican fijación de contexto y circunstancia. La unidad discreta en el poema existe como tal pero cada una trae consigo determinaciones contextuales que impiden cualesquier variaciones de posición.
El propio Martinet subraya con agudeza que “La lengua económicamente ideal sería aquélla en la que cada una de las palabras, cada uno de los fonemas pudieran entrar en combinación con todos los demás, produciendo cada vez un mensaje. Nuestro modo de hablar cotidiano está lejos de esto. La lengua del poeta “hermético” tiende hacia este ideal”.
Se trata entonces de pensar en que estas unidades discretas de la poesía, que pueden llegar a ser incluso las letras, pueden producir, cada vez al combinarse entre sí, un sentido y un significado. Se trata de alcanzar un lenguaje ideal, en que cada palabra o fonema pudiera entrar en combinación produciendo siempre un mensaje coherente. La poesía “hermética” que tanto trabajó Godo, pudiera parecer –en primera instancia- inentendible o sin choerencia “real”, pero su horizonte es precisamente mostrarnos cómo la lengua está verdaderamente más allá de las estructuras convencionales de la comunicación. No es el camino hacia no entender lo que se quiere decir, sino hacia enriquecer las posibilades del lenguaje. Las palabras o fonemas en un poema hermético están dispuestas en una combinatoria que conduce no sólo al significado corriente, sino hacia el aumento radical de las posibilidades de mensaje:
“La manera de ser fundamental de la lengua, se muestra, antes que nada, en la unidad discreta, que como tal se da como elemento irreductible y presente. Dicha unidad discreta en su variedad, según diferentes cotas, alcanzan su máxima virtualidad semántica en la poesía. “Es cierto que el poeta corta en lo vivo – dice Fonagy – las convenciones del lenguaje liberando palabras y pensamientos de las asociaciones tradicionales. El trabaja – agrega – con las más pequeñas unidades semánticas, utilizando la red verbal de mallas más estrechas para coger en su red los detalles que escapan al lenguaje ordinario o los que en este no se pueden expresar de modo adecuado.
Pero ya sin entrar en terrenos dudosos, lo cierto es que el trabajo con unidades discretas de la lengua, como tales – invenciones de nuevas unidades discretas normalizadas que acentúan la densidad semántica -, prueba que ellas constituyen, más que un procedimiento, la realidad misma de la lengua en su poesía.
No cabe, pues, confundir la significación con el sentido. La pregunta por el sentido debe situarse a partir del hecho mismo que la combinación e invención de unidades discretas, cuyo objetivo es perfilar un mensaje, se cumplen, precisamente, con unidades discretas y no de otro modo. ¿Qué sentido tiene que ello ocurra así? ¿No envuelve esta pregunta – a su vez – la pregunta misma por el sentido de la lengua con tal? Por cierto que cualquier respuesta que se obtenga desde fuera del ámbito propio de la lengua considerada Como “Corpus” no es respuesta, pues, nos remitiría, sin término, de un campo a otro según las múltiples disciplinas en que nos fuéramos apoyando.”
Toda esta cuestión es trascendente a la hora de comprender cuál es nuestra tradición poética y por qué leemos y hacemos cierta clase de poemas. La preocupación final de un poeta enfrentado a su propia creación escrita es el ritmo. Muchas formas hay de definirlo y de considerarlo. Por ahora debo atenerme al texto de Godo y a lo que este se dice respecto de lo discreto y lo continuo:
“El ritmo.
Los elementos irreductibles de toda lengua son las unidades discretas con que ella se constituye como tal. La articulación de dichas unidades discretas que conforman una lengua tiene dos alternativas. Tender la manifestación de la continuidad; hacerla aflorar, exponerla. Y en semejante movimiento y articulación decidir el mensaje signficativo – comunicación e información -. La continuidad, pues, supone la articulación compleja de unidades discretas. O bien, la lengua puede con el supuesto de la continuidad tender, moverse, articularse a fin de exponer, poner de manifiesto la discreción misma, y entonces su sentido sería, ya no la continuidad, sino lo discreto mismo. Por cierto, la continuidad no se alcanza por la mera voluntad de conjugación de tales o cuales unidades discretas y reglas ordenadas para fines semánticos.”
Ahora bien, todo esto es importante por lo que hablábamos al comienzo sobre el tiempo, y me junto aquí con lo dicho en otras clases acerca del acto poético. Antes veamos qué dice Godo sobre la situación de la continuidad y la discreción en relación con la fiesta o acto poético. Porque en el fondo nuestros actos poéticos no son otra cosa que la celebración de la posibilidad de un otro tiempo: un tiempo que de pronto se muestre ya no gobernado por las sucesiones infinitas, sino expuesto por el quiebre de esa continuidad. Un acto poético es una escisión en el tiempo, una fiesta que puede durar bien unos pocos segundo o bien una eternidad; es una abertura radical que al modo de una discreción, permite aprehender la totalidad. Un acto poético pretende establecer el verdadero ritmo del tiempo a través de su detención o suspensión. Por cierto que esto es más largo y complejo, por lo que deberemos tratarlo más adelante. Me quedo, por ahora, con las palabras de Godo, sacadas de otro texto “Dos Conversaciones”:
Mas ¿qué nos dice “mundo”? Latamente el mero juego de aparición y desaparición. Sólo en la latitud de tal juego el mundo se hace a sí mismo mundo; aparece como tal, dígase estante o cambiante.
Aparece – desaparece – soñando, imaginando, recordando, olvidando, viendo, tocando, etc., etc. (quiérase ya subjetiva u objetivamente, no interesa este punto). Ese juego de aparecer y desaparecer, ineludible tiene como fondo el desaparecimiento mismo. La aparición se decide como aparecer sólo por el desaparecimiento, de suerte que la desaparición es propia de la aparición. En el paso de la aparición desde el desaparecimiento se abre la poesía misma (Banquete, Platón). Tal juego es el juego del mundo, es suyo y por ende; siempre poético. Se está así; en tal juego lato y se da mundo – es decir, aquello que le va a “todo” del “todos” o “cualquiera”; latitud o irreductible en la que se es inmersos, real condición.
La Fiesta suele ser pensada como momento X inscrito en otro u otros momentos. Y. Así ella cae en la zona de lo extraordinario. ¿Qué es lo extra-ordinario? Extra y ordinario. Pareciera que lo ordinario quiere decir lo que trae consigo la repetición – oscuramente entrevista en ese concepto corriente – la continuidad. De suerte que ella brota lo extra de la fiesta. En sentido usual tal continuidad que adhiere a lo convenido, lo usual, aquello en medio de lo cual me hallo, estoy, y ya – o debo estar para poder seguir estando. De allí ele tono que suena a obligación, de suerte que no puede suceder de otra manera (so pena de dejar de estar). Lo extra, lo fuera de ello es lo que marca cierta discontinuidad, aquello que quiebra, modifica o irrumpe. Así par la salud es la enfermedad, para el ir al empleo lo es el domingo, etc.
Por ejemplo: es ordinario volver de Valparaíso a Viña del Mar en tren, en bus, a pie, en taxi, con todas sus posibles variables. Sería extraordinario volver en helicóptero, hoy ¿Por qué? Lo ordinario se apoya finalmente en aquello que se consiente como obvio.
Pareciera ser el resultado estadístico de una frecuencia. Tal vez así se manifieste lo ordinario de lo ordinario. Por cierto que si se estableciese una ruta marítima a dos helipuertos ese modo de transporte pasaría luego a ser ordinario. ¿Es extra-ordinario lo que no se tiene o no se conoce? Así parece manifestarse lo extraordinario
Y sólo se repara en ello en el aire de lo extraordinario que lo revela ordinario, constante, permanente, esencialmente suspendido, apareciente y poético. Es absolutamente extraordinario que el sol salga cada amanecer y se ponga en cada atardecer y únicamente en esa lumbre mañana y tarde son ordinarias, admirablemente ordinarias. Fiesta quiere decir saber que el sol puede no salir mañana y calma quiere decir vivir sabiéndolo y no fingirse ignorarlo. Vivir sin saberlo es no poder vivir es sobrevivir escondiéndose, no alcanzando a vivir. Calma es por eso lo íntimo del ritmo.
} Manuel F. Sanfuentes
Partimos del concernimiento: La palabra ha de entregarnos el acto con que ella hace aparición. Su significado es un visualizador de esa acción, como si fuese un sueño en que ella se nos hace presente pero posteriormente debemos preguntarnos qué sentido ha tenido aquello. El concernimiento nos atañe y nos ciñe, nos incumbe en la medida de que accedemos a la generación de ese sueño que debe ser explicitado.
Cerner:(lat. Cerniere, separar)separar con el cedazo la harina del salvado… de suerte que lo más grueso quede sobre la tela, y lo sutil caiga al sitio destinado para recogerlo. El cedazo es el que sirve para separar las partes sutiles de las gruesas.
Concernimiento Primero
La mano que dibuja y anota es nuestro concernimiento inicial; inicial en cuanto pide siempre algo más para quedar más concernidos aún; por ejemplo, Marcelo Araya además de anotar y dibujar, va yendo, camina y va en bicicleta; entonces esa mano dibujante y anotada va en el espacio y el tiempo apropiándose de la realidad más concienzuda; es por eso que reconocemos en su dibujo algo más que un simple retratar.
Concernimiento Segundo
La escena de la palabra no separada de la realidad; el tiempo en la competencia representado y cantado por la poesía; Píndaro en las olímpicas cuando dice «manos y corazón semejantes».
Logro unitario y concernido; coronación. En Argos coronados con hojas de apio, en Corintio con pinos, en Delfos el laurel y en Olimpia el olivo… el ganador debe ser coronado, puesto en alto, ensalzarse; así la escultura, nuestro trofeo que corona el espacio y no se marchita.
Concernimiento Tercero
Palabra y acción al unísono. El desfase del siglo XX fue la separación; esto y lo otro en sus casillas, encasillándose. Rimbaud tumbado ante la realidad. Hoy día volvemos a reunir el decir con el acontecimiento, ya no hay quiebre, hay concernimiento que reúne. Incluso la palabra puede no alcanzar a los hechos. La globalidad es la conjunción de palabras aún no cernidas; estamos en el proceso reciente que separa las partes sutiles de las gruesas. Debe hacerse este acto que permite y da el calce con la realidad.
Concernimiento Cuarto
Agón, lucha, combate. Agonal, certamen. Hemos querido llamar al torneo -que se prepara para la Cultura del Cuerpo- Triagón; como el certamen de las tres luchas para sobrevivir a la agonía… avanzamos; uno: línea, dos: letra, tres: plano.
Los protagonistas son los que están en esta lucha. La ciencia del combate es la tercera ala que de desprende de un equilibrio condescendiente. Ya no basta el dibujo y la palabra sola; necesitamos como los griegos el jarrón para representar, el ágora para la proclamación, el teatro para llevar a escena. Esto es el campo de juego, la cancha rayada donde la realidad se ejecuta.
Concernimiento Quinto
La poesía nos pertenece no por reconocimiento, sino por sus aproximaciones al intangible; ella es el cedazo que separa gruesos de sutiles para quedarse no con uno ni con otro, sino con el ir cerniendo, con el ver cómo se separas las aguas, como se abre un curso que estaba individualizado.
En cierta medida no hay poesía moderna, hay palabras en el tiempo y en su tiempo, hay palabras en presente, hay verbos conjugándose… hay un silencio que adquiere su valor.
Termino con un poema hecho en acto de todos en el Taller de Amereida de primer año, un día en la Ciudad Abierta y recitado en los jardines del cementerio:
distancia
sujeta
cristal inaudible
sueño
fuga soñada fuga<
mar
oro entre lápidas
medallas
lúgubres remordimientos
más lejos del lejos
envidia decir
que siempre florece
yo soy el oráculo
suspiro de calor
susurro del viento
amor
encendida como cristal
el silencio estira
límites
no
será un genio
bajo ella
padeciendo
dormir bajo el árbol
las cuatro estaciones
abismo
una ciudad recupera
la ciudad
cada barca
recupera el sueño
mientras el aullido del avión
canta
infragante
vigías desnudos
quien tiene éxito
la llave tratando
sigue
golondrinas
ruiseñor de las batallas
el corazón
sus latidos
en medio del vacío
} Alberto Cruz C.
Continuamos hablando de nosotros. En cuanto a nosotros: Godo siempre me decía que nosotros no vamos como los poetas; ellos, para cuanto les concierne, para todo concernimiento se les produce a ellos un Tropo, un tropo creativo. Y decía que nosotros tenemos para diversos, para algunos, para muchos concernimientos un solo tropo. Con un tropo nosotros nos concerníamos por diferentes concernimientos. Él: un tropo por concernimiento. Yo le decía: «así es pues», y vivíamos en esa tensión, en esa tensión creativa poética.
En la clase magistral de Eric Goles, la Escuela aquí en la sala, en un instante, me pareció que estaba oyendo a Goles, o se disponía a oírlo con un tropo para esa vez. No cada uno en particular, sino que la Escuela entera como tal, que tuvo una unidad para oírlo como una sola oreja, parece que en ese instante le fue concedido este tropo creativo. Esto es algo que habla de nosotros, de nuestro ser Escuela y que va junto con la poesía, en la vida diaria con ella. Esto nos marca la relación creativa que tenemos entre todo y cada cual. Hay que retener tales cosas. Esto forma parte de lo que venimos siendo.
Cada vez quiero marcar un solo punto, un solo asunto, diríamos: un solo concernimiento. Este.