octubre 19, 2004

Clase 4. Trimestre III / 2004

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} Manuel F. Sanfuentes
«… dónde un nombre o nacimiento?»
Amereida

Un inicio puede ser ya bautismal, sacro santo. La partida pide un nombre para nacer y tener ante sí un horizonte orientador; una palabra, que dulce, apabulle la expectativa y de la esperanza al sentido:

inmerso
recoloca
admirado sendero

bien jubilar
por más piadoso
o gigante

esparcido renace

La palabra sola inquieta, falta en torno a ella un sutil advenimiento que la reoriente… las dirija:

bien
que sendero admira

el gigante esparce
jubilaciones recolocadas

piedad inmersa
y renaciente

Decir de nuevo el orden que acontece; los reglones se inmiscuyen en la lectura, la entre línea parece ir diciendo lo que antemano no prevalecía.

El poema constelado en travesía acorde a su altura y posición. Lo inverso de Amereida y su mapa permite al rumbo una rectificación que no descalifica… pide más:

piedad en júbilo
el sendero se agiganta
y recoloca su admiración

bien renace
o esparce lo inmerso

No hay redundancia cuando el sentido permanece intacto y perdura en su desconocido, se sostiene en el caos organizado de unidades constantes y significativas.

Se vuelve a ello, toma lo que ha carecido y reconstruye para quedarse con un valor… el valor que su palabra sola dice en el concierto de un poema en varias versiones. La variación alude a la insistencia en la lectura de lo que se posee como muda letra en un comienzo. Vivificamos, a la palabra decimos ya!, diga qué más, vuelva a decir, dedíqueme un cometido, léame de nuevo:

renacer en el sendero
piedad me admira

recoloca lo gigante
jubiloso

inmerso o bien
de lo esparcido

Ha sido necesaria una conjugación, un distanciamiento y proximidad de reinos disímiles. Hay que ver en sus fronteras -piedad primera- para reconocer contigüidades sin omisiones. El origen no se pierde si la palabra toma su propio tiempo y se conjuga en su presente; la acción se hace sujeto, el sustantivo versa, el verbo hace de predicado… y el blanco de entremés, de separata, aligera a los vocablos, los airea y los califica, los empina como una edificación.

La travesía va en este revuelo, busca y encuentra sus procedencias; la palabra las acompaña con el verso y su posición variando en el poema, tal el recorrido, la ida por el continente para confirmar esa posición; su estaca que no hace de centro sino que esparce, se recoloca y encuentra. Busca lo que tiene ya.

Estas 4 Variaciones del Patrono han de oirse como el gesto que la poesía pareciera precisar cuando habla del nosotros; entonces, estas mismas cifran, son esa bandada en que los estorninos tienen ya sus nombres, son sus nombres los que recorren el interior de la bandada y van tomando posiciones indistintas cada vez sin perder el propio nombre. El poema puede ser así, inacabable, tender a su infinito… Las Bandadas suenan juntas como siguen:

piedad en júbilo
el sendero se agiganta
y recoloca su admiración

bien renace
o esparce lo inmerso

bien
que sendero admira

el gigante esparce
jubilaciones recolocadas

piedad inmersa
y renaciente

piedad en júbilo
el sendero se agiganta
y recoloca su admiración

bien renace
o esparce lo inmerso

renacer en el sendero
piedad me admira

recoloca lo gigante
jubiloso

inmerso o bien
de lo esparcido

} Alberto Cruz C.

Tenemos dos puntos a ver: 1. Nos decimos: es mejor que este Taller se haga en el Globo (Aula Girola), es más cómodo. 2. Y que el Taller se hace después del medio día.

Nos volvemos sobre esto tan inmediato nuestro que casi nos envuelve; tenemos la hora, después del medio día. Resulta que la luz al comienzo de la primavera tan hermosamente se ilumina y nos ilumina. Tan iluminante como una anticipación que nos depase y nos transporte a nosotros en el habitar esta luz. Pero esta luz va también al ocaso; y va a que la luz desaparece, ya no va a lucir y se va a entregar a la oscuridad.

Esta es una honda y profunda observación que nos abre a tantas otras reflexiones y posibilidades de comprender mayormente lo que estamos sabiendo. Es algo que podemos observar todos los días.

Lo que es más cómodo; la arquitectura y los diseño construyen la comodidad y lo cómodo nace y se perfila desde lo incómodo, de lo que no tiene comodidad.

Pero la observación del ocaso, lo imperceptible yendo a la sombra, nos permite pensar lo cómodo desde lo propiamente cómodo. La travesía es el momento de estudiar la comodidad, que en arquitectura comienza con lo que es lo saludable; ella construye obras con la salud, es una relación con el cuerpo; no así la escultura que no se ocupa del cuerpo ni de la comodidad.

De los martes anteriores, teníamos que la creatividad se da en dimensiones: el oro que no se podía extraer; el que la travesía va tras algo; el que se permitía la dimensión de la alabanza; y lo distinto o igual en la naturaleza como dimensión de unidad.

Ahora lo cómodo nos proporciona un discernir de cada cual acerca de la dimensión de lo cómodo en la creatividad. Esto es lo que el Taller tiene de suyo y que la lengua poética trae un presente para un tener en común en la Travesía.

Dimensión de gratuidad, alabanza… Siempre vivimos en un tiempo que no es un resultado externo. El estudiar nuestro es que tiene un tiempo interno nuestro de estudio. Estamos en la esperanza esperanzada de lo cómodo como dimensión creativa nuestra… esto es.