Clase 3. Trimestre III / 2004
Nota 49.
Hay un espesor entre hombre y hombre. La espesura no es la de esta trama inextricable de arbustos, la espesura invencible. El arte de la cortesía, de la convención de los oficios, como santo y seña para ahuyentar el miedo mantiene a todos los humanos y hace que nos atengamos los unos a los otros. Ni el amor basta para atravesarla. No se puede cruzarla por la convención de los caminos. Hay que ir a campo traviesa. Saber, saber, saber, que el camino nunca es el camino. Harto difícil será para todos nosotros comprender esto y eso es lo que hay de todos a todos en medio de la espesura. Hay otra distancia-tiempo que va de voz a voz. En la voz, no en el farol que está en la mano se puede cruzar esa espesura. Ella no tiene sentido, como no tiene sentido la pregunta de ¿quién eres tú? Ya no estamos como “tus”, ninguno en la espesura. En la espesura, y ella está en todas partes, aquí y en las ciudades, sólo podemos entender u oírnos en virtud del rumbo, de los rumbos que nacen de nuestras propias incertidumbres. La incertidumbre de atravesar gratuitamente la mera travesía, lábil, débil, humana, como si los seres humanos fuésemos, todos, unos hermosos desdichados.
Eneas supo de esta espesura y renunció incluso al amor de Dido, porque sabía que ni aún con ella podría atravesarla. A él le correspondía lo que ahora a nosotros nos toca; la travesía, el ir a través, el sólo irse en virtud de un rumbo. Y para este atravesar no basta la convención de los caminos. Todas las travesías de este año están mirando en los mapas, escogiendo las rutas, calculando los kilómetros y las distancias de los recorridos. Y esto por cierto es absolutamente necesario. Pero al final no se trata de esto. No importa cual ruta incluso considerando que muchas veces este cálculo es una parte esencial y constitutiva de la poética de la travesía. Porque es distinto recorrer un camino, por muy largo que este sea, que dejarse atravesar por América. El sentido del rumbo no es la cuenta de miles de kilómetros recorridos en tal o cual dirección, sino el ir a “campo traviesa”. En este modo surge y aparece esa espesura que hay entre hombre y hombre y que no puede ser vencida ni por el amor. Nuestras travesías se regocijan en este sentido del rumbo, en dejar que América las atraviese. Los caminos pueden estar llenos de obstáculos, el rumbo no tiene ninguno. Por ejemplo; las dificultades para hacer un camino que una el Cabo de Hornos con México son un problema de dinero; contratamos a una empresa de cualquier parte del mundo y le pagamos lo que sea necesario para que nos haga esta carretera, y no tendría ningún problema. Incluso podríamos dedicarle amor a semejante empresa, pero en último término sería igual sólo un problema de dinero. Pero la unificación del rumbo, que es lo que buscan nuestras travesías no tiene nada que ver con esto, porque sabemos que esta carretera no es el camino. No lo es porque este camino jamás lograría vencer a la espesura ni menos unificar algo. En amereida hay un pasaje que dice:
sólo es a pesar suyo que un término cualquiera entra en fusión con
cualquier otro término la guerra es el único ardid de la unificación
¿cómo cambiar esto?
donde
– ya sin pertenecernos ni vínculos aún pocos seremos
multitud descompuestos descarados –
ronda la fiesta
su cadencia o frontera impide preveer los movimientos tantea
– toda ocasión al coraje – el cuerpo desaparece en la figura
los gestos inhabilitan el baile
la carne sola en colores
porque la fiesta no aflora en contornos
tu mascarada
deja que lo oculto se muestre oculto
Europa se unificado, separado y reunificado cientos de veces en cientos de guerras, así han cambiado sus fronteras siempre. La conquista del oeste de los Estados Unidos fue también una guerra que logró unificar el continente norteamericano.
Nosotros no actuamos así. Nuestros actos poéticos son la celebración de una fiesta que exhalta la posibilidad de atravesar la espesura desprendiéndonos de nuestras propias identidades, por eso no tiene sentido la pregunta ¿quién eres tú? Porque se trata precisamente de una multitud donde cada quien deja de ser si mismo para ser a la vez los otros, todos los otros. Un taller no está sólo compuesto por cada uno; un taller es también un corpus que es mayor, o mejor dicho es otra cosa, que la mera suma de sus integrantes. Un taller en travesía es un corpus poético, una multitud de seres descompuestos, descarados en quienes prevalece el yo es otro de Rimbaud.
Aquella espesura invencible es la manifestación de otra distancia – tiempo que se habita de voz a voz, y no basta la voz de uno, por eso la poesía la hacemos todos o no serviría de nada. El martes pasado hicimos este ejercicio. Entre todos nombramos los rostros de San Francisco, y el nombre dado por ustedes quedó flotando en el aire de esta sala, pero quedó grabado a fuego sólo cuando entregamos las láminas, diciendo en voz alta el nombre de cada San Francisco y de cada lugar de las travesías de este año. Las travesías no sólo lo van a llevar, sino que incluso algunas van a hacer de esta lámina y de esta indicación toda su obra. Esto es irse en virtud del rumbo; acoger una indicación así de leve, de sencilla e inocente y convertirla en obra, en empresa de travesía.
La palabra de la poesía le dio rostro a San Francisco y los talleres llevarán ahora esos rostros por el largo y ancho de América y son libres para elegir el modo, pero son también fieles al inicio que fue dicho. Es la voz del poeta que agrega un ritmo único, insalvable, a las obras que residirán en medio de la espesura. Sólo esa voz poética permite que esas obras no se pierdan ni se extravíen en la espesura.
Y esto es lo que nosotros celebramos constantemente, sobretodo durante la travesía. Atravesar la espesura de voz a voz es el modo de la palabra poética, de la poesía hecha por todos, dejando que ese presente medie entre nosotros y el continente. Para que así se nos haga patente y así también llevar a flor de piel la diferencia entre distancia y lejanía, porque la imposibilidad de salvar una distancia es un castigo; en cambio la presencia de una lejanía es el amor al horizonte. Y un horizonte no puede ni debe ser alcanzado jamás; permanece como tal indicándonos siempre el desconocido, lo incierto. Es decir nuestro rumbo, el que nace incluso de nuestras propias incertidumbres.
Nota 63.
Bajo temores, sospechas, inquinas, el rumbo vuelve a los hombres generosos, espléndidos, en cualquier latitud. En todas las razas, bajo un mismo cielo, pero son como relámpagos en la obscuridad que pesa, absurda, de la vida convertida en permanente obstáculo.
Hoy es 12 de octubre. Hace más de 500 años comenzó todo este cuento y canto. Y comenzó por la aventura de un hombre que comprendía muy bien a la espesura. El coraje de su condición poética abrió el mundo. Su visión convirtió toda su vida, y la historia de nuestro continente, en la virtud extraordinaria de un rumbo. Colón es el héroe más que de las rutas, del rumbo.
} Manuel Sanfuentes
¿qué heredamos
amanecidos en este borde?
¿qué heredamos cuando nos sorprendemos
en regalo
inmigrantes
hijos de inmigrantes
mestizos
o aborígenes
despertados otros
en la donación?
¿no heredamos
esta capacidad de desconocido
o mar
Amereida cuando se pregunta al mismo tiempo se responde, pero no conmemora. Heredamos el acto de donación y la capacidad de desconocido.
Donación en cuanto el continente americano se abre como el punto del presente que venía a corregir la falta de una visión incompleta de una realidad geográfica insuficiente. América se da para otorgarle al mundo competencia, pero al mismo tiempo no trae su pasado; por eso decimos que América es puro presente. La fundación en estas tierras tiene un modo de llevarse a cabo en un tiempo reservado.
Colón llegaba un día como hoy, 12 de Octubre, a un mundo, para lo imperante, nuevo; pero para quienes habitaban estos lares, nada nuevo. ¿Tiene sentido la pregunta por una Edad Media para América? Pareciera ser que América donó su pasado para volverse heredera; la más joven del mundo que entonces hacía completitud.
¿Qué quiere decir Amereida cuando dice: “lo más dello se ignora”? América, para nosotros, más todavía para los del cono sur, permanece desconocida, blanca, intratable, lejos.
500 años y algo más, no es mucho tiempo; Chile cumplirá pronto 200 años. Parece que la constitución de un pueblo, su tradición y su heredad no se dan en una sola época. El concepto de Universidad es más viejo que América. Esta Escuela es un buen ejemplo, a escala, de la constitución de un corpus; son generaciones, una tras otra que van conformando la tradición que va siendo heredada.
Destino, desconocido, aventura, donación. Las Travesías han de ir bajo estas premisas, no a conmemorar un acto fortuito de abordaje, sino a encontrarse con aquello que más se ignora.
Sabemos ir, sabemos llegar y volver; pero no sabemos qué es lo que nuestra obra va a configurar o hacer aparecer cuando ella se cumpla. Tenemos al dios del lugar para llamarlo y hacerle comparecer cuando el quehacer se ha cumplido.
La heredad es algo que debe ser tomado; Gerardo Mello en su última vez que estuvo en la Ciudad Abierta hace un par de semanas, leyendo sus propias palabras en Amereida, ya no de su puño y letra sino de su propia boca, advertía a los jóvenes de saber tomar y asumir esta heredad, que en él era vivir en y para la poesía.
Probablemente es un deber connatural en los mayores preservar y proyectar lo fundado en propia vida, es un imperativo; pero tal tránsito o traspaso ha de darse en esa gratuidad de la donación. América se entrega y hasta hoy día mantiene resistencia.
Heredar en la creatividad no tiene testamento, puesto que en tal desconocido no hay propiedad o bienes. Esto nos hace pensar en adelante que la intimidad de un corpus hermanado ha de permanecer siempre como la aventura de una consolidación. Buscamos una figura, América todavía no es un mapa nítido, los países tienen demasiada soberanía… quieren gobernar en sus parcelas.
El reciente escándalo en la dirección de la Organización de Estados Americanos (OEA) es un claro impasse en esta aventura; ¿cómo pensar un mismo pueblo?, ¿cómo pensar esa unidad americana sin parecerse al trasnoche de las flores? Los movimientos que han luchado en este rumbo ya no ocupan la prestancia que hoy se exige. Debemos inventar nuevas formas de integración; Superman ya no está vivo, no hay más íconos que la propia figura.
Y tal propio es un corpus amplio, generoso, abierto. El ha-lugar de Amereida es un primer pie para adentrarse en la interioridad verdadera y cierta de América.
… un mar interior.
… inmigrantes
hijos de inmigrantes
mestizos
aborígenes.
} Alberto Cruz
Nosotros vamos en un mundo en que lo poético va paralelo a la vida, no van juntos, van separados, pero en las Travesías se da el ir juntos, por eso las hacemos.
Nosotros que somos pueblo de palomas de Rimbaud y pueblo de estorninos de Godo, no vamos con la poesía en un paralelismo. Somos un pueblo de estorninos recorriendo su territorio, eso es lo que son las Travesías.
Cuando se es paralelo a la poesía no se pregunta por el momento en que el tiempo y el espacio se unen. En Travesía el tiempo y el espacio se unen elocuentemente.
Dacha días en la Ciudad Abierta, se recibió a los participantes del Seminario sobre el Espacio, y se les recibió con una palabra acerca de la unidad de tiempo y espacio. Las Travesías son unidad de tiempo y espacio.
El mundo actual es muy capaz de llevar adelante las equidistancias como un primer paso para dispersarse; el gran poder, el mundo actual quiere ese poder, la dispersión es un poder, el dispersarse es el máximo de poder, pues tiene asido aquello que está disperso.
Nosotros no vamos en la dispersión porque vamos en la unidad de tiempo y espacio; las travesías al reconocer su territorio cavilan en estas cosas. Las travesías tienen algo primero que tratar en común: lo igual, que es anterior a lo equidistante. Lo equidistante da por supuesto, no se lo trata.
En la Travesía todos los Talleres se preguntan si lo igual es la mano de la naturaleza o la mano del hombre, o ambas de igual manera. O lo igual no se da. Todos se preguntan por lo igual, por eso las Travesías son únicas. El pueblo de estorninos hace una Travesía única.
Podemos entender esto puesto que asistimos a la Música de las Matemáticas, que es el tratado de lo igual. Sin dedicar la vida a las matemáticas, por la poesía podemos ir no paralelo a ella; esta experiencia la tienen ustedes.
Ese es el sentido en que el pueblo de palomas recorre su territorio con lo propio de su oficio; su actuar y su obrar.