octubre 5, 2004

Clase 2. Trimestre III / 2004

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Continuo con las notas de amereida II
Nota 26
Ellos, estos hombres de aquí, en el fondo aman cuanto parece adverso, como si lo adverso fuera el modo de esconderse púdicamente. ¿Esconder qué? Esconder la profunda libertad en cuerpo y alma que ellos tienen. Ellos conocen y saben del riesgo y por lo tanto de la generosidad. El saludo es aquel gesto de todas las rutas. Ellos aman no tener fronteras ni países, aman el aire siempre abierto e impalpable que quieran o no es implacable a su vez y que hace al ser humano siempre más sapiente.

Después de observadas las apariencias de, por ejemplo, un lugar, su aparente precariedad, su decidora pobreza, la falta de recursos o de oportunidades para los habitantes de una región extrema.

Pero se trata de amar la adversidad no como un modo de salvar pruebas, no para realizar la siempre inocua demostración de las capacidades extraordinarias del ser humano. Es decir amar la adversidad no para demostrar de lo que se es capaz; no para enseñar o mostrar las facultades propias y sus potencias exaltadas en la proeza.

Este amor a lo adverso es más profundo que la proeza.

Porque aquellos que viven en los climas extremos de América, los que habitan y tienen familia en las regiones más allá de las fronteras naturales y sociales no están conquistando ningún reconocimiento ni social, ni menos económico.

Ese amor a lo adverso los deja ocultar, púdicamente, la libertad del cuerpo y el alma. ¿por qué esconderse “púdicamente”? Precisamente porque esa libertad es la más grande de las riquezas, y cualquiera que posea una verdadera riqueza debe saber que ésta no ha de mostrarse soberbiamente; nadie que sea delicadamente un poco sabio habrá de recorrer el mundo gritando y mostrando sus riquezas a los cuatro vientos. Precisamente la pobreza enseña que la verdadera riqueza es esa libertad y que sólo la humildad y la sencillez son capaces de honrarla.

Hombres que por vivir siempre enfrentando lo adverso poseen una libertad que, al considerarla como el más precioso de los bienes, la ocultan a su vez. Pero no como el avaro que oculta sus bienes para no compartirla. Justamente lo contrario; la adversidad enseña a su vez la generosidad. Todos sabemos de la generosidad de los humildes, que contrasta seriamente con la avaricia de los ricos.

El riesgo permanente suscitado en una vida en lo adverso trae como consecuencia la valoración real de las cosas verdaderamente importantes. Poseer pocas cosas enseña el valor real de las cosas, enseña cuáles son las cosas que de verdad valen las penas y cuáles son prescindibles, superfluas e incluso innecesarias.

La verdadera seña se muestra en los caminos precisamente allí donde existe esa adversidad. El saludo no es sólo un signo de buena educación, es más bien señal de encuentro, realizado siempre para generar un lugar de encuentro.

Y todos quienes hemos ido en travesía sabemos lo dificil que es generar un Lugar; rendir los homenajes a sus dioses, a sus gentes; presentar los testimonios del obrar para que la naturaleza, doquier y constantemente, se constituya como nuestra casa.

} Manuel Sanfuentes

“una voz que se inscribe en un momento
en que el acontecer es aún transparente”
Amereida


Este aún transparente es la palabra poética sin su cometido; un hablar primero que aún no se inscribe en las distinciones. Es necesario; la poesía no se explica si no tiene una implicancia en la vida cotidiana, por eso en la Ciudad Abierta hablamos de vida, trabajo y estudio.

Más adelante los versos continúan: “es aún transparente… no ha cobrado sus distinciones”.

La palabra cuando es dicha es voz y es aún transparente. Toda poesía se reserva este momento que es el de la cristalización, de cuando la palabra se va dando.

Y la palabra se va dando donde hay un quehacer que viene a oír esa voz tan primordial; esto es la reunión del paisaje y acontecer.
Primero: Triagón.
En el juego no hay espectadores, nadie existe sin su rol; el juego no sería posible si los que están afuera no contienen a los que juegan. Jugador y espectador en concordancia, un solo corpus agonal. Se ponen en juego las libertades de estar dentro y fuera al mismo tiempo. Tal concordancia es posterior a la transparencia; se puede ahora apreciar con nitidez un cielo dibujado con cientos de puntos de colores en movimiento.

La resolución del juego… ¿habrá de tener un aventajado? Todo juego sí, para este caso no. No había un ganador, sino un corpus sin darse por vencido. ¿Qué sucede? El puntaje hace ascender el desenvolvimiento de los equipos; un mil más para cada participante, de modo que el juego nos ha alzado, nos da más valía, envergadura, a todos por igual. Entonces las cifras no se alteran sino que se incrementan en mil y los resultados alcanzan su vigor. El juego entonces jamás nos descalifica, es siempre una manifestación de lo aún transparente.
Seguno: Travesía.
Mientras aquí procedemos en tanto sentido que diga de cómo proceder, el proceder acontece. Ayer partió la primera travesía a desentrañar las posibilidades de habitación entre mar y continente… maritorio y territorio.

La travesía como un éxodo organizado, una partida para ser más uno mismo. Partimos todos en esa voz aún transparente; sin resoluciones todavía.

Amereida nos advierte que vamos en ese lenguaje de lo múltiple, del pino y la palmera junto al sauce, de árboles de lugares distintos, de climas diversos… paisaje y acontecer en el mismo rango.

Travesía que no atraviesa sino que sobrevuela, tiene un rango de mirada, un reojo que cubre una cierta geografía. La travesía debe decir su procedencia, hablar de esos distingos y sostener su orientación… “el camino no es el camino”

Se va en tanto diseñadores y en tanto arquitectos; esto debe decirnos algo; se va a oficiar, no a estudiar en un sentido genérico; y oficiamos cuando avanzamos a distinguir las cualidades de esa luz aún transparente que la poesía anota como un precedente.

¿qué lenguaje pues?

Tercero: San Francisco
El lenguaje que habla de lo dispar; San Francisco cuando ama el cielo, el agua, las estrellas, etc.; puesto que las personas de suyo ya son amadas en cuanto naturaleza humana… engendrados por el amor.

El lenguaje del regalo que transmite el desprendimiento y lo aún transparente de la vida. Juego y travesía son manifestaciones del presente y del regalo, son el desprendimiento de lo ya amado para ir a aquello no manifiesto todavía.

Esto es un signo; tal la Cruz del Sur sobre el continente americano: traza, en San Francisco la cruz atravesando manos y pies para dibujar lo que el presente no borra: los estigmas como seña de ese amor a lo que faltaba. Así, entonces, puedo llamar hermano a lo distinto porque paisaje y acontecer se han reunido por el acto de ir a ello.

Perfecta alegría de ir en ello, perfecto advenimiento de la palabra cuando voz, tal presente, sostiene una transparencia que hermana todo…

Perfecto desafío.

} Alberto Cruz

Como siempre toca referirse a nosotros mismos. Y en el comienzo de este trimestre, el martes pasado, vimos que nosotros en dimensionalidad, en dimensiones creativas, y hablamos de la dimensión de gratuidad que todos llevamos consigo y de la cual todos tenemos experiencia.

Prosigamos en ello, y nos encontramos con otra dimensión nuestra que requiere de la gratuidad, de esa gratuidad que nos es otorgada. Y esta dimensión que vemos es la de ir “tras” de algo, de ubicar algo que pide que se vaya tras de él, y se va tras ello; la Escuela entera tiene el continente americano para ir tras él; las Travesías van tras el continente americano que lo han visto como una realidad que hay que ir tras de ella. El desconocido poético de Amereida que se vuelve dimensión creativa nuestra, que hay que distinguirlo y hay que cuidar mucho de que no se transforme en un “trans”, como alguien que transpasa, entonces no queda tras, sino que deja de estar tras. Porque aquello que veíamos como ir tras el continente americano queda que lo conoce y lo translleva, lo cumple, lo domina; en fin, ya no lo reconoce, no queda en una dimensión del tras. Esta es la dimensión que cada año la Escuela se empeña en construir, y que es una dimensión, en el fondo del hombre, de la alabanza. Una dimensión de alabanza que tenemos. Por eso San Francisco es el patrono de la Escuela por la alabanza, él ha traído, él nos ha revelado esta dimensión del hombre de alabar. Porque al final, en la eternidad, el hombre eternamente va a estar alabando. San Francisco en el Cántico de las Criaturas: alabanza; alabanza en el oficio que enseña la Escuela es ir tras. Es el tras, en el cuidado y en la curia de no ser el trans, el que pretende no quedarse en el tras para avanzar y dominar y apoderarse de algo, y al apoderarse de ello precisamente la deshace. Solamente el tras nos hace comprender el sentido de la alabanza, y en la alabanza entendemos lo que es tener patrono; es el patrono de nuestra dimensionalidad, de esta dimensionalidad que estamos viendo.