junio 22, 2004

Clase 2. Trimestre II / 2004

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} Manuel F. Sanfuentes

Entonces, viniendo de la clase anterior, viniendo de la fiesta y lo radical, de la actualidad, de los urgidos y los urgentes, de la partida y la contrapartida, del dominio, de la publicidad, de los instrumentos, de los internos y externos, de la perfección y la exactitud, del dibujo y el número, de la palabra poética y de la zozobra; viniendo para embellecer, es que hablo desde la última instancia del racimo de palabras, la zozobra.

Este embellecimiento no es un acto de puro goce estético, la revelación del acto de esta etapa es el reconocimiento de la belleza posible, límite, que el acto ha de recobrar; este acto ha de traernos esa belleza yaciente en el orden, y nuestras palabras han de señalar esa brecha.

Los oficios requieren de un agregamiento para acceder a la belleza; esta es la constitución de la forma camino a un cumplimiento, camino a la exactitud de lo perfecto. Este requerimiento, esto más -podemos decir en nosotros, es la palabra poética; ella ha de aproximarnos más a la belleza no porque ella sea la belleza, sino porque más que embellecer, trae a la belleza.

Trae, en cuanto zozobra, trae en cuanto ella fue al predominio, antes que el dominio, de una disposición en vilo, en ascuas, donde la belleza reside privada todavía de sus formas.

Esto es el sin dominio de la poesía, los poetas sucumben en la zozobra, se resquebrajan, la hacen suya, porque como se ha dicho, la palabra ante todo, antes de las formas del lenguaje habita en la impropiedad, y antes antes, el verbo, todavía no el hombre. Esa es la zozobra de todos, el crudo reconocimiento de que la palabra es anterior a nosotros, la belleza no, ella es una invención organizada.

Es un bello temblor, es el goce del movimiento, lo telúrico remece. Oír a la poesía, como decimos, es reconocer, que este uno a uno de nosotros es distinto; en que no estoy yo aquí hablando ante ustedes, sino que una lengua habla en mi, y que ella me posee y ustedes la oyen desde aquí en adelante; «yo es otro», yo es esa lengua puesto que ya he zozobrado, pero esa lengua permanece en cuanto a la cantidad de belleza que se ha podido traer al presente.

Cierto que hay ese distingo entre lengua y lenguaje, cierto los oficios y la poesía, cierto el dominio y el predominio, pero cierto que la resolución de este par es una cosa. El acto de esta etapa debe ir al son de la unicidad en que lenguaje y lengua reúnan al paladar con el instrumento; esa unicidad es un hablar que va mostrando, el acto es el reducto donde poesía y oficio olvidan la zozobra por un instante; la catarsis es un momento de extrema belleza, pues tiende a la verdad.

El acto organiza el espacio en sus relaciones más complejas y simples, es el reconocimiento de esa trama. Hasta hoy hemos percibido solamente la configuración formal de lo que hemos llamado «pueblo de palomas» y luego «pueblo de estorninos»; sus movimientos nos han bastado, es el de la totalidad. Hoy, actualidad nos urge comprender las relaciones internas de las partes de ese todo. Un estornino describe una trayectoria de la de su vecino pero dentro de una totalidad orientada. Esto es voluntad y suma de voluntades.

Hemos comprendido el gran rasgo, la orientación, nuestros motivos generales; pues, debemos avanzar a las unidades (discretas al decir de Godo) que hacen bello y distinguible este proceder. No vamos a la poesía para que nos embelece, ella tampoco ha de llevarnos; ella va, va con nosotros para hacer de la zozobra un levante nuevo.

Organizar. El acto en la autoorganización de las relaciones internas. Fritjof Capra, autor de varios libros sobre estas nuevas relaciones, nota que «las teorías y modelos de autoorganización tratan con sistemas altamente complejos que comprenden miles de reacciones interdependientes. A lo largo de las tres últimas década, ha aparecido un nuevo conjunto de conceptos y técnicas para tratar con esta enorme complejidad, conjunto que ha comenzado a formar un marco matemático coherente. No existe aún un nombre definitivo para estas matemáticas. Se conocen popularmente como «matemáticas de la complejidad» y técnicamente como «teoría de los sistemas dinámicos», «dinámica sistémica» «dinámica compleja» o «dinámica no-lineal».»

Nosotros hemos nombrado a la abertura de estas relaciones entre dibujo y número «Música de las Matemáticas».

Termino con un escrito que zozobra en la exactitud:

El agua lo enmienda todo; recapacitaban humos de mechas y hojas secas, eran los últimos apaciguados del método, estaba solo.
Las luces han advertido sudor constante, patrón afín, comportamiento real e imaginario. Amor!, de nuevo me deshago y pliego extraños fueramente.
En tres líneas toma el árbol, busca cobijo no en su sombra, la toma igual; sombra del árbol, sombra. Panavisión, la hora exacta, entrenamiento.
Introducción al seguimiento, merma infinita, difamación de la minucia, hacinamiento y contracción, rienda suelta de la abertura que se sustenta del gesto in situ y una presencia que admita todo.
Predicamento sujeto al juicio; el experimento dirá la pertenencia. Ahora mismo?
Niego ninguna; se diferencian, hacen lo suyo, no están ahí, son sus secuelas; exactamente reproducidas.
La impresión no fue un retrato, la línea tenía su procedencia íntimamente y embellecía lo blanquecino, lo iba tomando como estas manos teniendo al pliego entre las suyas.
Fortalecientes, 10 magistrales, un precedente.

Hoy; caminar en busca de uno, hacer señales sin advertirlo, olvidarse entre los nuestros; salir de sí, aparejarse. Quien dobla mi sustento me hizo suyo, quien niega el incidente me invalida.

} Andrés Garcés A.

Continuamos con este trimestre con la construcción de la relación entre palabra Poética y espacio. ¿Cuál es el espacio de la Palabra Poética?, esta es una pregunta que a nuestro juicio no es fácil de responder por alguien que no ha tenido una experiencia de Actos.

Nos damos cuenta que es a través de los actos que la palabra poética adquiere presencia en nosotros, pasa a formar parte de nuestro quehacer, que en el mismo acto es un presente y podemos decir, que con el riesgo de sucumbir en el camino, porque éste se desenvuelve en un tiempo extraordinario, no sucede permanentemente, no es continuo a la vida.

Tiene un ciclo vital y su retorno, es un presente de acción que tiene un ritmo de moverse y conmover y luego de ausentarse para quedar en silencio, es el pulso del poema, en momentos se oye y en momentos se ve, en otros momentos se ve cuando se oye y en otros se oye cuando se ve, esto es la expectación, el pulso de oír y ver que tampoco es continuo aunque busca su perfección en la continuidad del acto.

Esta expectación se gatilla en el reconocimiento que la propia palabra lanza al espacio.

Una visión de esto sería una palabra lanzada al espacio y en el recorrido de subir y caer es tomada, interceptada por el espectador y recogida por él. El espectador expectante recoge lo que reconoce y reconoce lo que oye y ve, el espacio es y deja de ser el que era y su preámbulo es el negro, como si por un instante el día y el devenir mismo entran en la noche oscura y luego de un instante de tiempo aparece con nueva luz. Es el mismo espacio con un nuevo orden generado por la palabra poética.

Los alumnos de 1er año todos los miércoles asisten a la experiencia de este acto en donde la palabra poética es protagonista del espacio, ser Prot.-agónico y entendemos la agonía como el combate, la competencia, ser el primer luchador, el primero en la competencia, el que sale a competir.

Nosotros, entre todos, toda la escuela vamos a configurar, a seleccionar a los protagonistas, a los primeros luchadores para una competencia entre 3 escuelas. La Escuela de negocios de la Adolfo Ibáñez con la que realizamos cada cierto tiempo la Copa Recreo, me parece que cada dos años y la escuela de Arquitectura y Diseños de la Pontificia Universidad Católica de Santiago.

La cultura del cuerpo va a ser el espacio para configurar esta selección de protagonistas, el Campeonato de Fútbol que comenzó este fin de semana es otro espacio para configurar esta selección.

Necesitamos elaborar un plan de trabajo y toda la escuela tanto los que ya no asisten a la cultura del cuerpo como los que sí, pueden ser parte de este Acto. Es un acto-juego donde nosotros somos anfitriones y en eso embellecemos la casa para recibir a nuestros invitados.

Embellecer la casa en todo el espectro de la palabra, es decir dar forma al lugar y su ritmo.

Pensamos que tal acto podría ejecutarse a principios de septiembre y necesitamos organizarnos para alcanzar la perfección y la exactitud de lo que estamos anticipando hoy.

Junto con esto yo me pregunto, ¿quien da casa acaso no regala un presente, el propio?, pienso que junto con configurar la organización de los juegos tradicionales para este campeonato, tenemos que hacer aparecer nuestro presente, poesía en el espacio.

Ya sea en dar forma a un juego-torneo que tiene un origen formal propio o a un acto poético en que todos somos protagonistas o quizás la mixtura, es decir un juego poético en donde las tres escuelas con todos sus integrantes asistimos y protagonizamos.

Queda abierto hoy aquí nuestra participación a un acto de la escuela en donde puede ser propicio dar casa a otros, recibirlos y configurar con ellos el Acto o Juego Poético de nuestro Presente.