noviembre 25, 2003

Clase 6. Trimestre III / 2003

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Manuel F. Sanfuentes

Intentamos recoger entre palabras el caudal en que cada travesía se avecina; entiendo también que no podré abrazar esta totalidad desde un solo cuerpo… pero cómo puedo hablar de Maiakovsky sin haberle leído entre los entuertos cirílicos e inversiones de las letras…? Pero sé que estaba ahí en la plaza del pueblo incendiando en los oídos palabras que eran chispas lucidoras… y sé de él; sabemos de la Travesía y le tenemos a cada una como un pleno ejercicio de la voluntad de ir allí y consignar con el cuerpo la estrategia de la aventura.

Puedo hoy decir que no hay El Dorado como un sino que se busque imaginado; ese ideal ideado por el oro y por la furia de tenencias ya no es parte del motivo americano; cada uno fue cayendo en su indolencia y tras de sí las multitudes que servían a una corona en vez de otra.

Sin embargo algo se distingue; ellos mismos en su avanzada, que no solos a su suerte abordaban el continente en nombre de. Como que cada cual no era tal para adquirir posesión en nombre de sí.  Entonces estaba esa dote previa que daba continente, continencia y contenido; el acta se elevaba, se dictaba el edicto y ya estaba fundado el lugar en nombre del Rey. Esa era pues pura fe en el edificio al que se pertenecía; digna pertenencia; se era de un lado, de un pueblo, de un reino, se era del cielo, se era del Rey; y a él se dirigía a miles de kilómetros de distancia la voz que leía el acta:

“Hoy día, día de Nuestra Señora de Las Pasiones Excelentes, a un pie del Bajo de Chacaritas, un martes 16 del último mes de este Año Santo, Vuestra Mercé, dígnese a contemplar lo que en adelante esta misiva hará de noticia de nuestras nuevas posesiones en las tierras del Nuevo Mundo que las Vuestras Coronas nos ha demandado abrir a vuestra gloria y potestad…”

Y así el encargo se hacía doble; por un lado la posesión de la tierra y por otro su dedicación a la corona. La cosa se tenía, se le ensalzaba y luego se le dedicaba.

No lejos de este modo de proceder es que en nosotros se va en adelante y se habita el continente, Primero: vamos en nombre de, en nombre de Amereida, en nombre de la primera vez; puedo decir, en nombre de una no-posesión, esto es abertura; la fundación se dio como esa palabra que al Rey hacía parte y así nacieron nuestros nombres y nuestras ciudades. Segundo: Esta abertura es la que lleva a la palabra poética del Ha-Lugar al canto de la obra; puesto que no vamos para quedarnos sino para hacer aparecer esa gratuidad que el poema en la obra propone, es que es signo de la Travesía, es esa fugacidad del oído cuando oye.

       – inocense is not excuse –

… esta inocencia que el poema de la phalene nos ha dicho, no es una excusa; es el escudo de nuestra pertenencia a esa palabra poética… que más inocente hoy… enterneciente, sin duda.

Ese candor del poema a estremecido a todos y nos ha llevado a esa máxima intimidad en la que todo el quehacer se vuelve desprendimiento, regalo, dedicación.

Por eso ya no buscamos El Dorado, puesto que ya le tenemos. Es ésta una cuestión de transparencia, de materiales, de transmutación, de la conversión del metal en otra sustancia; sabemos que el oro no es tal y que su brillo enceguece.

Hoy día buscamos el brillo permanente, imperturbable, esa palabra nítida que puede traer de la tierra sus cualidades y dedicarla como un racimo a quién le solicite.

Es ese brillo permanente que rodea a la phalène y a veces la enceguece, por eso es que vemos en las sombras proyectadas lo que la luz quiere decirnos y leemos como en una página:

paraíso     -dijo colón-

América ha tenido siempre el sino de la promesa, del mundo nuevo; el paso del antiguo régimen al nuevo orden ha sido en el idilio de una promesa nacida en un comienzo en el equívoco de las Indias y más tarde en un lento reconocimiento que hasta hoy no cesa de aguardarnos novedades.

Es que nosotros vamos entre la geografía y el deseo de cumplir esa promesa. Entre lo tangible de cruzar la pampa entera o el macizo andino y lo inaprensible de un poema que insiste en el legado.

Y volvemos de ese llano perentorio, de leer las sombras cuando vienen de las cosas. El viaje se ha alojado en nuestro cuerpo como un modo de explayarse más allá de un regio pernoctar.

Volvemos como llenos de esa nada que hace a todo consentir en las ponencias que cada travesía ya pretende. Un todo que es cabal con casi nada, un todo que de noche a la mañana y a su otra noche nos reclama íntegros, dispuestos y favorables.

El que cada cual advierta que su sombra no se zafa de su cuerpo, admite que uno mismo es fuente de figuras, motivos; y las esperanzas y promesas han de darse cuando uno se proyecta…

… esto es:

    cuando cada cual advierte

    que se explaya.