agosto 5, 2003

Clase 6. Trimestre II / 2003

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Alberto Cruz C.

Para seguir permaneciendo en el tema de la clase anterior, que a su vez permanecía en sus anteriores, hemos de tocar la realidad de nuestros propios días de Escuela. Y para bien y oportunamente tocarlos hemos de referirnos a dos extremos. Un extremo, aquel de lo propio de lo íntimamente propio de cada cual, de su creatividad personal, que es irrepetible, de suerte que si el no estuviese en la Escuela ese rasgo peculiar suyo -que bien- puede darse de una manera inadvertible -no contamos con esa dimensión suya-. El otro extremo es al contrario esa manera de ser, de proceder que nos es en común, en común -como se dice corrientemente- con todo el mundo. Una dimensión en la que habitamos y ante la cual podemos asumir una actitud pasiva o activa, sea esta favorable o crítica. Ambos extremos , ese que distingue a cada cual y este en que todos lo viven y lo habitan de la misma manera, son algo cierto. Obviamente podemos desfigurarlos cuanto querramos. Pero si nos detenemos para cuidar, para cuidarnos, podemos palpar, ver, lo cierto de su ser ciertos. Y tal cosa lo percibimos en los reflejos. Así, en lo en común: el abarcar: así en lo íntimo: el trazo. Vale decir, se da una suerte de paradoja: lo en común se refleja en nuestra íntima, aún secreta intención de ir abarcando: y la propia creatividad, aún la oculta que todavía no se manifiesta se muestra delicadamente en los trazos, en un trazo que extendemos en un dibujo o al pasar en el pizarrón.

Este Taller de América viene a advertirnos:

El modo de abarcar, lo habitamos en las Travesías culminantemente.

El modo del trazo, lo habitamos ante el computador, cabría decir, encrucijada. Una que nos armamos nosotros mismos. Porque después de cincuenta años bien podemos armarnos encrucijadas dentro de nuestras propias entrañas. Sí. Tenemos en esto de las entrañas nuestras, que bien luego, la Universidad, en la Casa Central lanzará un libro: el estudio de Fabio acerca de la construcción, que es acerca del paso de ella desde la mente al edificio, que es paso de encarnación, que es un pasar de matriz en matriz, que es un abrirse de las matrices para acoger los pasos, y el todo visto a partir de la singularidad, de lo singular inherente a lo corporal, una irreductible singularidad en nuestra mente generalizante. Entonces, encrucijadamente -digamos- el planteamiento general, la medida en el mundo material, la materialización de la Imagen Formal, el mensaje constructivo, vendrán a comparecer. En esa simultaneidad en que la Música de las Matemáticas y trazo artístico -el nuestro- convergen. Sí, en nuestras entrañas. Por eso aquí, ahora en este Taller de América.

Entonces, podemos volvernos al trazo, a él en su encrucijada ante el computador, dicta hace poco rato. Para advertirnos que trazo, hijo y fruto de la mano inquieta que achura, es potencia de perfil. Y potencia de perfil lo es de filete, que así llamamos al perfil con espesores, y perfil y filete son potencia de perímetro, y este es potencia de figura, o sea, de lo concluso. Aún cuando sea fragmento. Sea fragmento de una totalidad que tarda en llegar. Por tanto el trazo es la potencia en nosotros y para nosotros de atardar la totalidad; como el ocaso atarda el sol en ocultarse bajo la línea del horizonte. Pero la computación tiene por misión, bien lo parece, de evitar todo y cualquier atardarse en ocaso. Porque ella comparece como dueña ya de la noche, mientras que el trazo nunca dejará de atardarse, nunca dejará de padecer, entraría adentro, la noche. La noche que borra el trazo. Y hablamos de esto, prolijamente, pues la Escuela, nosotros, ha reparado, repara, continuara reparando, que muchos cuando hablan de totalidades, omiten quiéranlo o no, del antecesor y el sucesor, el hondo antecesor y el hondo sucesor, y con ello, así mismo el hondo presente. Por eso la Escuela que hoy encara una manera de ser en lo público, donde muchos hablan del antedicho modo. Ha de concebir como darle hospitalidad a esa moda. Cosa que, en este instante, nos empeñamos. Y por ello queremos agregar, que esa ausencia de hondos antecesores y sucesores es muchas veces considerada como unos vacíos. Unos hondos vacíos; más hondos que todo antecesor y sucesor. Es visto como la entraña misma del hombre. De donde la Escuela ha de volverse cada vez más una Escuela de perspicacia -como se dijo en clases anteriores- a ello. Que es, aprestarse al reposo, a su doble sentido, bien se entiende. Pues la creatividad requiere de sí misma, de su propia creatividad, ser en reposo. Repárese al respecto, la relación entre el reposo arquitectónico y de los diseños y la enseñanza de la Música de las Matemáticas y la Física, en este preciso trimestre.

Preparación a la 7a Clase: Pasos de morfismo.

Manuel F. Sanfuentes

Ocurre que los medianeros hacen del campo de juego la cancha donde se procede; todo se inscribe en un marco delicioso en que las medidas cobran su envergadura y lo que allí adentro sucede, esplende.

La toma de medida organiza y determina una espacialidad que será ejercida sólo si el juego se lleva a cabo.

El Taller de América versa sobre esa cancha y el juego de las cartas; versa puesto que reza… cuando oyendo algo dice: “vuelvo al sur… como se vuelve siempre al amor”.

Confiesa, reza cuando el campo queda inscrito y las astas vacías se preparan para recibir a las comparsas para departir en la batalla sus fuerzas nobles y recientes.

En la cancha, todo el arte de una buena competencia permite el júbilo del que ha vencido y el canto, como Píndaro el poeta, que lleva la palabra al héroe; la palabra que celebra y conmemora… la tierra que desciende después del Ecuador, la zona se inclina y el sur se aproxima como un vértigo.

… la tierra que se presta para comparecer: acto y forma, fundación y abertura…

¿Cómo y cuándo se es americano? De Vasco da Gama al portugués, la andaluza, el temucano, el de provincia, el de allá adentro a la montaña.

La Tierra versa como la palabra y me hace ser de ahí; leo: “la dificultad para nosotros está en comprender que los himnos son una verdadera necesidad por el acto que se cumple en el estadio, porque sin ellos el acto no llega a su completa existencia, no se manifiesta como proeza. Las grandes proezas y sus cantos forman, tenidos juntos, un todo”

Sin duda; un europeo encuentra dificultad en el estadio; para los americanos, los que vuelven a la tierra, al sur; ese campo es una cancha favorable, un palo y una piedra batallando entre la jerga.

El lenguaje tiene suelo y procedencia y versa en el afán de recrear lo que hay ya dado, por eso puedo decir:
Cuando el árbol adivina
toma el fruto lo interrumpe
y alimenta a la mujer
de boca en boca

El rabillo por las dos manos
las tomaderas y el balancín
venía ella y la estrechaba
en pleno salto primaveral

Uno par y doble
convalecía en su emergencia
la rozagancia la embebía
y la fuente guardaba su reflejo

Ahí está la emergencia; sur… “oh! Septentrional viudo sitio que privado estás de mirar a aquello”… no se ve; el horizonte se curva y desciende donde todo emerge en su reflejo que la fuente guarda como un tesoro, como un poema que prende en la memoria cuando ésta versa y abraza la proeza que tal vez no es más que contingencia.

La vida diaria; el campo de juego donde esa vida ha de darse en la esperanza, esplende y aparece dignificada y plena de méritos.

Vuelve y continúa Deguy: “el encuentro de la realidad y la palabra, momento de verdad, los griegos lo llamaron la “festividad” (festín-fiesta)”.

Ese encuentro es el que Píndaro y la poesía celebran; el lugar y la fórmula. Palabra y acción.

El juego canta; leo una a una las cartas que dan inicio al poema, que lo incitan a tomar cuerpo y a vencer ante el desaire.

El poeta Píndaro en la Olímpicas IV

“Esto lo soy por la velocidad
¡Manos y corazón semejantes!
Ellos empujan también
Hacia los jóvenes
Los cabellos blancos
A menudo
Fuera del tiempo conveniente
A la edad”

… manos y corazón semejantes, tiempo conveniente. Estas cartas que el Taller va proyectando, proyectan a sí mismo el tiempo que ha de venir mientras el septentrión no puede ver.

… vuelvo al sur como se vuelve siempre al amor, cuando ya son semejantes manos y corazón.