Clase 5. Trimestre II / 2003
Alberto Cruz C.
Permanecemos en lo señalado en la tercera y cuarta clase: del irrumpir, el aprestarse, el proyectar, el aventurarse, el cese, el recomenzar y el ser sostenido; en la evolución actual de la Universidad.
Y permanecemos para advertirnos del reposo, entendiéndolo como la base sobre la cual nos apoyamos confiadamente, reposamos en ella; y entendiendo al para que una obra se concluye. Y el obrador reposa y la obra misma reposa en su ser conclusa en su ser una forma. Se da, así, un cumplimiento, el de la base en ser apoyo y él de la obra en ser una forma. Dicho cumplimiento nos orienta. Entendiendo el esta orientado como el ver al sucesor, hablando en el lenguaje de La música de las Matemáticas. Por tanto, el reposo en su doble sentido es con sucesor. Una base sucesora en que reposemos, una obra sucesora que alcanzará una forma que reposa en esta forma presente, reposada. Entonces, el reposo se alcanza como base y coronación a un mismo tiempo, al unísono, del irrumpir, aprestarse, proyectar, aventurar, cesar, recomenzar, ser sostenido. Tal es la maduración. Tanto de los profesores, como de los alumnos, los ex-alumnos. La Escuela entera con sus huéspedes; en esta maduración, en esta conciencia de maduración. Que es al para conciencia de recibir, recibir en donación. Por tanto abertura para recibir y más de lo que esperamos. Como es bien sabido por todos en el Taller América, me toca, corresponde el hacer de voz de nosotros -arquitectos, gráficos y diseñadores de objetos-. Por ello quisiera llegar al presente de cada cual para que viviese la experiencia creativa del reposo. Experiencia realmente compleja: pues hace y celebra lo inaugural de la irrupción, pues se es portador de la llamada de la irrupción mediante el aprestarse; pues se pro-yecta internamente que no cuales externos, en dicha vigilia; pues se extrema para padecer los desprendimientos inherentes a la gratuidad, ella inherente al aventurarse; pues se ha de ir incesantemente en lo primero que es lo más alto creativamente a través del cese; pues atravesando el espacio acuático -consonando, resonando- recomenzamos; pues, en el creernos sostenidos en el ser por la donación o en el auto – sostenernos abordamos el retener este conjunto de “pues” que acabamos de indicar. Los pies o pasos de la experiencia creativa del reposo. En esa complejidad que le es propia. Complejidad irretenible. Para un estado de ánimo nuestro, habitual, aún el de un estudioso, como lo es el universitario. Por tanto ese ánimo ha de ser llevado. Bien sabemos que el ánimo se eleva en una situación límite. Una situación límite ha de cobrar su lugar y su hora; sino no es tal. Y ese lugar y hora es el de la Santidad de la Obra. Es ella la que torna posible retener la complejidad irretenible del reposo creativo. Es que recién indicamos en el último jucer o paso. Y tornar retenible una complejidad es abrirla. Cabe decir en sencilla. Sencillo es lo sin pliegues que buscan otros objetivos. Así, sencillamente se oye la palabra poética, se observa, se entra con ellas en ronda, que configura el acto, que plasma la forma. Sencillamente comparece con cada cual lo oído, leído, dibujado, ejecutado como reposo, con el doble reposar en lo firme, desde el inicio y el reposar en el logro, al término. Por tanto la complejidad se torna sencillez en una situación límite. Es lo que Godo llama la disyunción. Eso nos lo decimos nosotros. Por cierto es la disyunción de los oficios, que no la poética. Ella, la poética, como es sabido viene a ser ese espeso vacío que emana toda palabra de un poema, de un decir, de un acto poético a fin de la palabra venidera, de suerte que esta llegue inauguralmente. Así también la disyunción de los oficios del arte, distancia la complejidad del pensar y la sencillez del actuar. Tal distanciamiento hemos de aceptarlo. Dicha aceptación desde hace un tiempo, la llamamos la melancolía. Es un modo de señalar la realidad. En nuestro caso, de darle casa, escritura, utensilios al hombre.
Bien. Esto es lo que debíamos exponer en esta clase. Ahora podemos reposar. Sí, para los que se auto-soportan su ser. Aún no, para los que son soportados en su ser por Dios. Pues para ellos es ocasión de explicitarse y explicitar la donación que recibimos, que es signo para nosotros mismos y para lo demás, que anticipa ese ser al final recapitulados -ya purificados- en la eternidad del amor de Dios, de Cristo; el reposo de hoy es imagen del pleno reposo.
Agregamos el octavo punto de la clase anterior, aquel de la universidad, en que esta es un hogar de estudio. Hogar que, en toda clase y lección, el Taller de América se empeña en fundar. Así en este preciso momento, en que la Escuela entera recibe el grandor inconmensurable de la palabra poética. Así el demorado -de morar- en oírla a lo largo de este trimestre. Un año apenas basta para exponer lo inconmensurable en lo mensurable.
Andrés Garcés A.
El Proyecto del Taller de América tiene que conformar su propia trayectoria y complejidad de pasos; un recorrido abierto a recoger la extensión, desde una primera palabra que dice “Viaje-Guiado”. Kandinsky dice que un espectador recorre una pintura por la forma y el color como elementos propios e irreductibles de ella.
Se dijo “viaje-guiado” por una luz; así estamos pensando un juego poético de unas cartas donde somos guiados por su imagen, que esta vez hemos pensado que sea una iluminación.
Manuel F. Sanfuentes
La poesía ha de versar sobre lo otro, sobre todo lo que hay fuera de uno y fuera de ella; la batalla espiritual de Rimbaud se debate entre lo que hay en uno (todo) y lo que hay fuera de uno (todo también). No es este, acaso, el exceso que trae la poesía, ese doble infinito que se liga cuando el verso toma cuerpo en los vocablos. ¿Pero sabemos de su procedencia, de su venirse a ser, de su inspirada iluminación… de su musa?
El poema también es una zona de quietud, un regocijo en el combate de esas fuerzas contrapuestas e infinitas; una revelación de lo que estaba siendo; un avistamiento encima del otero.
¿Cuándo dice Godo que se puede prescindir de la escritura?… La Carta del Errante:
“He visto al poeta que muestra el mundo porque él se desnuda. Su acto revela el paisaje, las gentes, las relaciones de hombres y cosas…”
“Y puesto que su acto es libre de toda dependencia al mundo, es siempre el regalo, presente poético que conmueve y consuela. El soporta la alienación del hombre contra sí mismo…”
“He visto entonces al poeta salir de la literatura, sobrepasar el poema, y aún, abandonar la escritura…”
“He visto al poeta que no escribe sino que hace su poesía provocando la fiesta con su voz, su cuerpo y su presencia en un chorro espontáneo…”
“Pero, entonces ¿su acto no deja huella en el tiempo?…”
En medio del caudal de las facturas, la poesía nos da cauce; aún más, nos induce; nos llama a pronunciarnos puesto que se ha recibido algo.
Lo recibido como un presente se nombra en medio de la ronda a través de un gesto. Ya vimos el dilucidar de las cartas mismas; esta vez por medio de un ejemplo tendremos el paso de lo homogéneo a lo disperso y a la disyuntiva: Una phaléne recordada, Ciudad Abierta, nos habían entregado a cada uno un pequeño sobre que contenía -luego del acto de abrirlo- una laminita de bronce con una serie de cortes desde sus bordes al interior… caminamos, hay una detención, cada uno tiene ante sí su lámina. Claudio Girola pasa en frente de cada cual y con sus dos manos pliega y despliega el plano, lo monta sobre una basa de madera… y así con cada uno de los participantes para conformar un signo en una serie de esculturas semejantes y distintas.
¿No tenía cada cual en sí la posibilidad de esos nuevos pliegues? ¿No estábamos dispuestos todos a que ese juego de compartir las criaturas fuese jugado? Ese silencio en la phalène dilapida el tiempo porque uno está ahí para permitir el acontecer. Esas manos nos reúnen en un mismo gesto que distingue a cada cual, porque cada cual ha dispensado su integridad por un momento.
La phalène y toda poesía exige esa disponibilidad a la inclemencia; se sabe uno parecido pero distintivo, uno se entrega a través de su palabra y los hechos se distinguen cuando han sido cometidos. La phalène es una astucia de poeta; es lo que permite a la misma poesía desprenderse de sí misma y oír, desprenderse de su estado inclaudicable que maldice todo lo sagrado, y ver… ver y palpar decía Huidobro… Residir en lo vivificante y procrearse en la virtud que hace en rondas el poema de su tiempo.
Pues quisiéramos que el tiempo se nos revelase, que las cartas dijeran que hay un alo en cada uno que debe ser sostenido y traído a presencia y que ese alo como una orla es el que porta el sentido cuando se es solícito y se dispone uno entero a conformar la pertenencia que cada cual presiente en el poema.
Y el poema se hace uno, y uno todo el corpus que sabe que ese exceso le da aire a lo emprendido, lo excede sin superarlo.
Los oficios ya comprenden que las manos necesitan un saludo, y ese saludo ha de darse en medio de la vastedad donde todo es constelado en el arte de ir así descaminado, enfermo y peregrino…
Góngora
En tenebrosa noche con pie incierto
La confusión pisando en el desierto
Voces en vano dio, pasos sin tino
Repetido latir, sino vecinos
Distinto oyó de casi siempre despierto
Y en pastoral albergue mal cubierto
Piedad halló, sino halló camino
Salió el sol, y entre armiños escondida
Soñolienta beldad con dulce seña
Salteó al no bien sano pasajero
Pagaré el hospedaje con la vida
Más le valiera errar en la montaña
Que morir de la muerte que yo muero.
Jaime Reyes G.
Hoy corresponde hablar sobre la palabra MOTIVACIÓN, es decir el motivo de todo viaje o el hecho de que todo viaje responde a un motivo. Para ello les pregunto a ustedes ¿por qué viajamos? ¿qué clase de viajes conocen o han hecho ustedes mismos?
los alumnos responden:
– de negocios es decir para ganar dinero
– de placer es decir para descansar
– de estudio es decir para conocer
– de aventura es decir “a lo que venga”
– de migración es decir para vivir en otro lugar
– de escape es decir es decir para huir de las leyes, de la guerra
– de visita es decir para la familia o los amigos
– de obligación es decir como los niños
– de salud (o enfermedad) es decir para sanarse.
Todos ustedes tienen absoluta razón respecto de todas estas motivaciones. Todas ellas son reales, válidas y efectivamente dan origen a los viajes. Y como me ocupo del más profundo sentido de las palabras mismas, permítanme leer la primera estrofa del poema “El Viaje” De Charles Baudelaire:
I
Para el niño, amante de mapas y grabados,
El universo es igual a su inmenso apetito.
¡Ah, qué grande es el mundo a la luz de las lámparas!,
¡qué pequeño es el mundo a los ojos del recuerdo!
Una mañana partimos, con el cerebro en llamas,
el corazón henchido de rencor y de amargos deseos,
y, al ritmo de las olas, vamos
meciendo nuestro infinito en la finitud de los mares:
unos, felices por salir de una patria infame;
otros, por huir del horror de sus cunas, y no faltan
astrólogos ahogados en los ojos de una mujer,
la tiránica Circe de peligrosos perfumes.
Para no ser convertidos en animales, se embriagan
De espacio, de luz y de abrasados cielos;
El hielo que les muerde y el sol que les broncea,
Van borrando despacio la señal de los besos.
Pero los verdaderos viajeros son sólo los que parten
Por partir; corazones ligeros, iguales a los globos,
Que nunca se separan de su fatalidad,
Y, sin saber por qué, dicen siempre: ¡Adelante!;
Aquellos cuyos deseos tienen forma de nubes,
Y que sueñan, como sueña el recluta con el cañón,
Con inmensos deleites, ignotos y cambiantes,
¡que el espíritu humano nunca supo nombrar!
Según el poeta el verdadero viajero es aquel que parte por partir. ¿Qué quiere decir esta motivación y como ella se relaciona con nuestras travesías o con la phalène?
La palabra motivación proviene del latín movere, que quiere decir mover, movimiento. De ahí la palabra motor. Un motivo es entonces aquello que como un motor mueve a partir; que induce a ponerse en marcha. Y este efecto o inducción se produce a través de una conmoción (conmovimiento). Esta conmoción o emoción se refleja principalmente en el espíritu humano, pero de suerte que ella es aprehendida y comprendida a través de los sentidos. Es cierto que la conmoción podemos traducirla a través de la inteligencia, pero en la honda verdad sucede que ella golpea algo mucho más certero, valioso y profundo que el intelecto. Son los sentidos, todos los sentidos.
La verdad por la cual viajamos no es enteramente determinada por razones. Un viaje no puede estar completamente fundamentado en la razón. Se requiere algo más para comprender el simple hecho de un cualquier viaje, y ese algo más no son causas, sino esa conmoción de los sentidos. Por eso Baudelaire dice “partir por partir”; sin razones ni causas que se puedan explicar por la inteligencia. Partir por partir es para que la verdad -es decir la belleza- aparezca en su más connatural residencia forastera: en este caso, el viaje mismo.
Nuestras travesías se fundan en esta visión. Recuerden que cuando hablamos de la palabra partir yo les enumeré todas las veces que en Amereida aparece “mañana partimos…” y en el poema dice partimos “por esto”, “para esto”, “porque esto otro”. Pero lo importante allí no son los por, los para o los porque, sino que mañana partimos a “recorrer América”. Esto significa que el motor de nuestros viajes es el recorrer mismo, el atravesar mismo. La conmoción que provocan las travesías es que la belleza -la verdad- de nuestra américa aparece, nace, surge en el ir, en el estar yendo. Atravesar y sobretodo dejarse atravesar para que lo singular de cada lugar nos cante a su íntimo, solo y propio dios y que así nuestras obras puedan elogiarlo.
La phalène, el juego de la phalène es exactamente igual. Se trata de que la palabra de la poesía sea hecha por todos allí mismo y en ese preciso momento. La única forma de que ella exista es a través de la conmoción puramente presente del juego mismo. La phalène no se juega para, por o porque , sino en el esplendor de la posibilidad de que ella misma exista como tal. No hay razones para hacer una phalène. Sólo cabe celebrarla. Es lo que hacemos los miércoles por la mañana en la duna de la ciudad abierta. Es lo que hacemos en las travesías por el continente.