Clase 1. Trimestre I / 2003
} Jaime Reyes
Estimados:
Este es el trabajo de las cartas, en la entrada de un saludo para atender a una visión. Las conversaciones en torno a ella han ido quedando en los aires, a merced de los vientos, y se requiere entonces una nombradía para que el papel pueda ayudar a los oídos 0.
Je suis le Ténébreux, – le Veuf, – l’Inconsolé,
Le Prince d’Aquitaine à la Tour abolie :
Ma seule Etoile est morte, – et mon luth constellé
Porte le Soleil noir de la Mélancolie. 1
Gérard de Nerval
¿Por qué Godo había escogido los versos de Gerard de Nerval para comenzar siempre una phàlene? Versos que hoy llamaríamos depresivos o angustiosos. Sin embargo, durante los años 1500 y 1600 a los estados de depresión y psicosis se los denominaba “melancolía” y una imagen recurrente en el simbolismo alquímico es el sol negro. Las estrellas ejercían una influencia directa sobre todas las cosas y tanto las personas como la naturaleza recibían la luz de los astros como un efecto o comunicación directa sobre sus vidas. Nerval recoge un modo de aprehensión de la realidad que sus contemporáneos han extraviado, sabe que la época que le ha tocado vivir lo convirtió en el desdichado, el desconsolado, el tenebroso (es el poeta el último de los magos que trabajan con lo oculto y con las experiencias que hoy se consideran insanas o propias de la locura); y fue convertido porque esta es una era sin tiempo (poético) que no soporta ni tolera una realidad 2 natural que se parece más a un hálito misterioso y singular, que a una máquina sistémica y ordenada 3. Príncipe de un reino-maravilla desaparecido, habitante de un Lugar-torre que ha sido abolido (abolir no es derrumbar ni demoler, sino derogar por decrepitud e inutilidad). Los versos de Nerval son una exhortación y un llamado, casi una invocación. La poesía, y más concretamente el acto poético, es entonces una experiencia dialéctica extraordinaria en cuanto nos aproxima a un modo del tiempo que no se rige por los preceptos del paradigma científico moderno 4, sino que restaura, abre y extiende un tiempo original y distinto, cuyo orden se da sólo en el presente y al modo como los hombres lo habían concebido durante prácticamente el noventainueve por ciento de su historia sobre el planeta. Nosotros somos herederos de las cosas que hemos hallado en los actos poéticos, no de los encuentros superficiales que nuestra razón identifica como logros de diversa tipología 5. Es por esto que, las más de las veces, un poema hecho por todos en una phalène carece de sentido y resulta una construcción incomprensible cuando se lo relee tiempo después. Un análisis digamos “literario” de un poema pretende encontrar una construcción abstracta que manifiesta una armonía lógica para que su modelo contenga belleza, pero el poema de la phalène es pleno de sentido sólo durante y mientras la phalène se está jugando. Ésto porque allí las relaciones de armonía responden no a la lógica de los arquetipos de la literatura como lenguaje (es decir no se hacen obras de arte), sino al estado sensual o trance por el que atraviesan los participantes o autores 6. Un acto poético se diferencia de una obra de arte en que depende todo su hacer y a su acontecer al presente puro. El cálculo o proyecto o ensayo previo son una coordenada primera, previa y mínima; no la base fundamental 7. Sin duración y abierto a que todo pueda suceder, sin otro encargo que jugarse -el todo por el todo- ese mismo presente. Un acto poético, si cumple con su regla de oro; aquella en que es incorporado incluso aquel o aquello que pretende destruir el juego, no puede fracasar. El tiempo original creando la realidad para que el mundo sea una existencia verdadera.
Aproximadamente a los dos años y medio de edad aprendimos (o nos enseñaron) a decir y a saber “yo soy yo”, mientras que en culturas anteriores a la Revolución científica-industrial un hombre podía pasar toda su vida sin acentuar el ego, y diciendo mejor “yo soy mi ambiente”. Pues bien, durante un acto poético y durante una travesía comenzamos a aprender el “yo es otro” de Rimbaud. Pero esta vez no se trata de decir yo soy otro yo; no hablo de sustituciones de un ego por otro concepto parecido, sino de que en travesía yo soy los otros, los demás. Puedo ser, al mismo tiempo y en el mismo lugar, yo mismo y otros, muchos más. Es lo que yo llamo poéticamente la multitud, que ya no la identidad ególatra irreductible e indudable. Del mismo modo que, en el ejemplo dado por Boris Ivelic 8, un escultor no puede encargar su obra, en una travesía el cuerpo no pude ser sustituido por la mente en el aprendizaje y en la comprensión de la realidad. Es más, durante la travesía se puede decir y afirmar que, a través del trance sensual y erótico, el cuerpo aprende a pensar. Es el viejo concepto de mimesis griega: el aprendizaje es un proceso biológico y social en el que el conocimiento “objetivo” simplemente es una contradicción.
Esta es la experiencia en que nuestra Escuela -y la ciudad abierta- han formado a todos quienes hemos estado en ellas durante los últimos cincuenta años.
La nueva y severa hora cobra sus anhelos y quisiera sugerirlos. Para esto está donada la palabra del Ágora, una que fue travesía para poner la estancia en su propio ritmo, para dar el marco, luego el primer golpe de la puesta en marcha.
NOTAS
Nota 0
Estoy hablando de emigrar. Acaso ¿no es este el verbo que nombra los pasos anteriores recién mencionados? ¿no es esto lo que hemos hecho cada vez? La emigración se hace desde un sitio que ya no es lugar hacia un nuevo lugar. Uno emigra de un sitio que ya no ofrece condiciones de vida hacia otro que pueda ofrecerlas. Pero es poéticamente como debemos hablar de estos caros asuntos. Porque nosotros no podemos emigrar como lo hacían los antiguos; para ellos el descubrimiento del lugar era una cuestión divina. Sus migraciones eran encabezadas por sus sacerdotes y así el lugar era el encuentro con el dios. Tampoco podemos hacerlo como se emigra en la actualidad, en donde la tecnología permite irse a trabajar a cualquier parte del mundo mediante cálculos políticos o económicos. No podemos trasladarnos por las necesidades económicas generadas desde un libre mercado de trabajo que nos asegure recursos y prosperidad. Sucede que de esta manera el lugar es el encuentro de la Tierra en tanto que explotable y así puede resultar adecuado cualquier lugar. Así se transforma todo encuentro en solo tipo de encuentro y toda la variedad de lugares en un solo lugar. Nosotros emigramos poéticamente. A nosotros nos atañe un nuevo Lugar y su encuentro. Y esto es Amereida.
¿Cuál es la condición para que la Tierra pueda encontrarnos como tal Lugar? ¿Qué es lo que debe tener-lugar para que un tal encuentro sea posible? Romper la doble mutilación del tiempo.
La primera. La planificación transforma en presente anticipado todo lo que puede en él calcularse.
La segunda. No dejando al futuro más que su que su parte de imprevisto, imprevisibilidad, en pocas palabras: la amenaza que él presenta contra toda previsión. Así el hombre sólo puede vivir en tránsito, es decir, en la indiferencia del pasado, del presente y del porvenir con solamente la posibilidad amenazadora de la ruptura de esa indiferencia. Romper esta doble mutilación es la condición previa a toda modificación de la vida.
El tiempo ha de aprehenderse como fruto. Es un tiempo que no se fuga hacia la muerte; un presente que se parezca a la eternidad, pues en ella nada tiende hacia la muerte. Y un fruto esplende como tal cuando sirve más para el regalo que como alimento. Un tiempo regalado, como la semilla que es un signo viviente que guarda y cuida en secreto la maravilla de la creación, porque a través de una maduración y un florecimiento ya no perece. Un tiempo como un hijo -fruto del amor- que encarna el renacimiento y la resurrección atravesando la muerte para que recomience el ciclo de la vida. Nosotros no sólo llevamos inexorablemente esta condición -porque somos hombres- sino que debemos manifestarla, hacerla presente, convertirla en regalo. Y esto es la creación de un mundo.
Nota 1
Je suis le Ténébreux, – le Veuf, – l’Inconsolé,
Le Prince d’Aquitaine à la Tour abolie :
Ma seule Etoile est morte, – et mon luth constellé
Porte le Soleil noir de la Mélancolie.
Dans la nuit du Tombeau, Toi qui m’as consolé,
Rends-moi le Pausilippe et la mer d’Italie,
La fleur qui plaisait tant à mon coeur désolé,
Et la treille où le Pampre à la Rose s’allie.
Suis-je Amour ou Phébus ?… Lusignan ou Biron ?
Mon front est rouge encor du baiser de la Reine ;
J’ai rêvé dans la Grotte où nage la sirène…
Et j’ai deux fois vainqueur traversé l’Achéron :
Modulant tour à tour sur la lyre d’Orphée
Les soupirs de la Sainte et les cris de la Fée
Yo soy el tenebroso, -el viudo, -el desconsolado,
el príncipe de Aquitania, el de la torre abolida:
muerta está mi única estrella, -y mi constelado laúd
luce el Sol negro de la Melancolía.
En la noche de la tumba, tú que me has consolado,
devuélveme el Posílipo y el mar de Italia,
la flor que tanto gustaba a mi corazón desolado,
y el ramaje donde la vid se une a la rosa.
¿Soy Amor o Febo?… ¿Lusignan o Biron?
Mi frente aún está roja del beso de la reina;
he soñado con la gruta donde nada la sirena…