«Construcción Formal», de Fabio Cruz P.

lunes 11 de agosto del 2003

Palabras de Jaime Reyes para el Lanzamiento del libro «Construcción Formal» del Arquitecto y Profesor de nuestra escuela Fabio Cruz P.

«Antes que nada quisiera agradecer a las ediciones universitarias de Valparaíso, a los responsables de este concurso, a sus jurados, a la universidad y a todos quienes hicieron posibles que este texto del arquitecto y profesor Fabio Cruz esté hoy impreso y disponible.
Este libro indaga acerca de cómo un propósito formal que reside en la mente consigue encarnarse en un cuerpo material concreto. Se trata de la reunión entre la abstracción del pensamiento y la materia concreta.
Fabio me contaba, hace algunos dias, el punto de partida desde donde surgieron las primeras reflexiones a este propósito. Él se encontraba, hace 35 años, en el sitio que hoy ocupa la represa Rapel. En ese lugar, antes de comenzar la represa, se instaló un conjunto de monolitos de hormigón dispersos, que en su cara superior tenían una placa de bronce, de unos 20×20 cms., que llevaban trazadas unas cruces con punta seca. Esos puntos -casi abstracciones geométricas, casi inmateriales- eran las primeras matrices que engendrarían, después de muchos años de trabajo, la mole de la represa. Esas matrices, primeras portadoras de información, engendrarían otras matrices y así sucesivamente. Cada vez matrices más fuertes, más operantes, capaces de transformar los materiales. Se tiene así que cada máquina, cada útil, cada herramienta, sea del tipo que sea, es depositaria y capaz de portar ciertos rasgos que ayudados por la energía pueden ir informando la materia. De esto se trata esta teoría de la construcción; una idea abstracta que decanta en un rasgo también abstracto; rasgo que se hace matriz material a través del hombre -de su cuerpo y su mente- y que luego esta matriz, portadora de la información, engendra la forma.
Todos los útiles y objetos y artefactos y edificios entre los que nos movemos y existimos han surgido y siguen surgiendo de esta manera. Esta operación o proceso se realiza en las más variadas y simples acciones diarias de cada uno de nosotros, a cada instante, en forma aparentemente tan natural, trivial, que no reparamos en ello. Y resulta que sucede exactamente lo mismo cuando ordenamos las cosas sobre una mesa; cuando escribimos con un lápiz sobre una lámina de papel; cuando nos peinamos en las mañanas que cuando construimos los más sofisticados computadores o naves espaciales.
Es decir, los conceptos aquí expuestos son aplicables con pleno rigor tanto a la realización de un edificio de última generación, como para cocinar un plato de comida. El libro está escrito con un lenguaje general que expresamente evita cualquier especialización, por lo que no tiene tiempo. El modo que propone para enfrentarse a cualquier tipo de construcción no depende de los avances tecnológicos, pues se sitúa precisamente en la esencia de toda tecnología. Es, en el fondo, un tratado acerca de la técnica, pero entendida ésta como la posibilidad de lo creativo; la técnica en sí misma considerada como un medio -y no como un fin- de la creatividad. La “Construcción Formal” de Fabio Cruz es la invención de un lenguaje y como tal sirve a la comunicación de los oficios; los reúne en un campo común de suerte que hace posible la interacción, reunión y colaboración de múltiples disciplinas frente a casos constructivos de la más variada índole. Un verdadero lenguaje es aquel que permite la comunicación entre campos disímiles y distantes; que consigue establecer parámetros objetivos sobre los cuales se funde una relación efectiva y real entre especialidades que normalmente no pueden comunicarse. El que un buen albañil pueda conversar en el mismo lenguaje con un ingeniero constructor de puentes y éstos con un pintor, no es una cuestión corriente. Es por ello que nos parece que este escrito puede hacer un inmenso aporte al desarrollo creativo de diferentes disciplinas técnicas, profesionales y artísticas.
El libro “Construcción Formal” es, entonces, la creación de un lenguaje abstracto que relaciona a las actividades creativas que se ocupan de tratar con la materia. No importa ni el oficio ni la ocupación. Su importancia reside en que se trata de una creación profundamente original que introduce un lenguaje que puede comunicar a los oficios allí donde antes no había comunicación posible. Este es un libro que se ocupa del buen obrar y la seriedad con que se toma el hecho mismo de una obra -cualquier obra- y da cuenta de un intento por aprender de los secretos que toda construcción conlleva.
Este texto es significativo, sensible y de profunda utilidad y se ha venido impartiendo, durante los últimos 20 años, como un constituyente fundamental de los cursos de construcción (no es un texto de consulta, sino que tiene la cualidad y calidad de un curso en sí mismo) en las carreras de arquitectura y diseño industrial de la Escuela de Arquitectura y Diseño de nuestra universidad
Pero este libro no es un manual, sino que es, como dije antes, un tratado sobre la esencia de la técnica.
Occidente le ha confiado ciegamente la solución de todos sus problemas a la tecnología. Hoy todo tiende a convertirse en un empeño técnico y esta abundancia se nos muestra como un bien. Sin embargo vemos cómo estos modos han derivado en problemas extremos y complejos como las hambrunas, las sequías, los cambios climáticos, la creciente desigualdad entre los ricos y los miserables o la destrucción sistemática del medio ambiente. El mundo supone que tales catástrofes serán arregladas más temprano que tarde por el desarrollo de alguna tecnología. Pero la técnica moderna busca y establece la verdad a través de un apremio provocativo hacia la naturaleza; pretende que algo esté acumulado, disponible y solícito para cuando se lo requiera. La naturaleza es concebida como un recurso. Este es el peligro de la técnica moderna. Sin embargo donde está el peligro nace también lo salvador, decía el gran Hölderlin.
Muchas de las más extraordinarias maravillas modernas son en realidad aparatos primitivos: para enviar un transbordador al espacio utilizamos tanques repletos con toneladas de combustible capaces de vencer a la gravedad, es decir, fuerza bruta contra fuerza bruta. Pero un planeador no vuela del mismo modo; ha hecho una traducción de las fuerzas de la naturaleza para usarlas bellamente en su favor. Esa traducción es un ingenio técnico y artístico que no utiliza a la naturaleza como recurso.
Donde está el peligro nace también lo salvador. Lo reafirmamos con una fábula que aparece en el segundo volumen de amereida.

Pero había una vez un pueblo de montañas que ha-
bía adquirido por larga práctica una maestría ca-
si entera sobre todo lo que tenía que ver con el
fuego. Alimentaban en sus cavernas braseros in-
mensos a los que sacrificaban hasta niños chicos
La altura de las llamas era tan grande que de-
voraban todo
Los amos del fuego hasta vertían, por burla, gran-
des cantidades de agua sobre las llamas y se reían
al ver cómo desaparecía, en un momento, todo en
vapor.
Ahora bien, un día vinieron de la llanura unos men-
sajeros para pedir socorro. Anunciaron que el Di-
luvio había comenzado y que el mar invadía sus
tierras.
Los amos del fuego respondieron: ¿Por qué tienen
miedo? ¿No saben que el Fuego es amo de todo?
Les
Les ordenaron a los extranjeros que construyeran unos
carros enormes para que en ellos se pusiera el
fuego para bajarlo a la llanura. – “Allí – agre-
garon – opondremos nuestro fuego al mar y el agua
será reducida a vapor”.
Pronto estuvieron prestos los carros. Se pusieron
en camino
Mientras tanto Noé trabajaba en el Arca

Este libro es para los constructores de arcas, y no para los amos del fuego.

Gracias.»

Jaime Reyes
poeta