El año 69, después de haber sido el 67 pioneros en el mundo en la Reforma Universitaria, los profesores y alumnos de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Valparaíso (significativamente dirigida por los jesuitas) forman la Cooperativa Amereida (fusión de América y Eneida) que pretende «hacer de la vida, el estudio y el trabajo una unidad». El año 71 adquieren unos terrenos junto al mar en Ritoque (al norte de Viña del Mar) donde comienzan a construir lo que denominan «Ciudad Abierta». Las construcciones «hechas con cualquier material» se constituyen en una «praxis» del aprendizaje de la arquitectura y ejemplifican paradigmáticamente un extendido caso de «comunidades de vida» surgidas al interior de las megalópolis americanas. La presentación es un diálogo entre sus autores y los arquitectos cronistas que han abordado el caso de Ritoque.

Comenzaba a levantar el año 71, hoy se pueden mirar las primeras construcciones de la Ciudad Abierta a ambos lados del camino que va entre Concón y Quintero, en un paraje denominado Punta de Piedra, a unos pocos kilómetros de la desembocadura del río Aconcagua y a unos veinte de Viña del Mar.
Los que nos visitan, después de recorrerla, nunca dejan de preguntarnos por qué nos hemos sentido obligados a construir todo esto, y nosotros les exponemos cómo han nacido y crecido estas obras; explicándoles que el origen primero fue un ámbito que alcanzamos a conformar hace unos treinta años. Un ámbito que se proponía oír a la poesía, a su palabra poética; y que estaba conformado por artistas, arquitectos y –ciertamente– por poetas. Transcurrieron unos diez años y apareció ante nuestros ojos una naciente visión del continente en que vivimos. Se la llamó Amereida: La Eneida de América. Y otros diez años después comenzó a cobrar cuerpo la fundación de un lugar: esta Ciudad Abierta. Es que la palabra poética que intentábamos oír, nos advertía con Rimbaud que «en tiempos de los griegos la palabra rimaba a la acción y hoy la antecede; sin embargo, la rima podría acaecer –ahora y aquí– si un pueblo de palomas lo intentase»… Y como a la par, desde hace ya unos veinticinco años los poetas salieron a las plazas y calles a realizar actos poéticos –la phalène– que no son actos-protestas sino puros juegos poéticos en los cuales pueden participar los que pasan (Lautréamont dice que la poesía debe ser hecha por todos), así esa visión de Amereida ha venido configurándose a través de actos poéticos. Y la Ciudad Abierta lo mismo; su ubicación, la adquisición del terreno, sus distintas edificaciones e instalaciones se desprenden de actos poéticos. De suerte que nos resulta natural transcurrir en una suerte de largo acto poético que se llevara a cabo en esta ciudad y en los viajes o travesías del continente que Amereida propone.
Por supuesto, durante estos años, entre todos, nos hemos dado a la tarea de lograr los medios que demandan la realización de las phalènes, las travesías de Amereida y la construcción de la Ciudad Abierta; recurriendo sólo a nuestras propias fuerzas y las de los amigos –y como la mayoría somos arquitectos– buena parte de las obras las levantamos con nuestras propias manos… La acción es con rostro público: somos la Cooperativa de Servicios Profesionales «Amereida», propietaria del Seccional de Urbanismo «Parque Costero Cultural y de Recreación». Parque que es así un laboratorio de artes y arquitectura, laboratorio que colabora con la Universidad Católica de Valparaíso. Y este parque-laboratorio que es la Ciudad Abierta no va de suyo contra nada ni nadie, ni aún contra cuantos consideren que la palabra no ha de rimar a la acción; y de suyo tampoco se inquieta por lo que le puede deparar el futuro, pues comprendemos que estos años de intentos y afanes representan «una vez» y no el cumplimiento de alguna ley general del acontecer. Quizá dicha comprensión nos ha permitido durar; acaso desde el primer instante, por un azar, por un «cada vez», nos buscamos fundarnos en la expectación. (…)
Así, en la Ciudad Abierta, se es tocado por su ubicación, el tamaño del terreno, el suelo de arena. Es que se está ante lo abierto por actos poéticos. Así, Amereida no sólo señaló una ubicación junto al mar sino junto al Océano Pacífico, cuya vastedad no indica sólo lo aún no conocido de él, sino una presencia de lo desconocido mismo. Por eso, él lanza al interior del continente a otro desconocido: «Mar interior» lo llama Amereida. Luego estamos ubicados entre dos mares, en una situación sin revés ni derecho. Por eso, el terreno se extiende unos tres kilómetros por la playa y haciendo un triángulo prosigue por dunas de arena y remonta el faldeo inicial de la Cordillera de la Costa, invitándonos a atravesarlas de vértices a vértices. En una suerte de travesía al modo de aquella que Amereida ve para este Continente y de la cual llevó a cabo la inaugural: de Tierra del Fuego a Santa Cruz de la Sierra, su capital poética. Travesía que permite reparar que una ciudad se distingue de una aldea, en que ir de una parte a otra en la ciudad –no en la aldea– es ocasión de percibir una presencia de lo desconocido; terreno de tamaño para ciudad, es así el nuestro. En buena parte de él su suelo es arena; los actos poéticos dicen que ella no es agua ni tierra, que está a merced del viento, que es en sí misma y que se tiene por estéril pues nos deja en la intemperie borrando toda huella; la arena nos advierte, así, de no radicarnos en conocimientos adquiridos que vengan a filtrar lo que estemos por conocer, vale decir, nos advierte de esa disponibilidad o continuo, incesante volver a no saber que no es –se entiende– permanecer en ignorancias, sino la postura que oye y rima la palabra poética. Por lo tanto, las arenas de este terreno no son concebidas como playas asignadas a una recreación entendida como distensión del trabajo, en que ésta es cada vez mayor a medida que crece el ocio que proporcionan las máquinas. En cambio, por ese incesante volver a no saber, que es el cabal sentido de la recreación, cada vez que levantamos un edificio, vacilamos. Porque nos decimos que podemos estar rompiendo la virginidad de la arena, la del terreno entero. Dicha vacilación no debe ser tenida por sentimiento anhelantes de simbolismo, pues no debe mirarse desde la pérdida de lo virginal, sino por el contrario, desde la construcción que sabe ganar una virginidad. La Ciudad Abierta la abren poetas que cantan la virginidad de la poesía.
Ubicación sin revés ni derecho, en tamaños de travesía, asentada sobre la condición de la arena significa para los visitantes esa acogida que las metrópolis dispensan, pero en nuestro caso con hospitalidad. Se trata, entonces, de una extensión que da cabida a otro.
Ubicación, tamaño y suelo del terreno dan, así, hospitalidad a los arquitectos que han de edificarlos; los actos poéticos inauguran dichas faenas con una palabra: lo impuntual. Esto no quiere decir otra cosa que se está bajo la abundancia en un sol que otorga a cada lugar dentro del terreno una igual plenitud; por ello la multiplicidad de lugares no es dispersante; así, el que hoy se levanten aún pocas construcciones y mañana muchas, no pone en juego la presencia de lo que es íntegramente abierto. Consecuentemente, las relaciones entre los lugares y edificios no son otras que aquellas de ser travesías al modo de Amereida, y bien se entiende, el terreno se basta a sí mismo; el ser atravesado por el camino y la línea del tren (a Quintero) no le revelan nada. Es que la hospitalidad –eso nos enseña la Ciudad Abierta– requiere de una ubicación que se acomode sobre sí misma con su tamaño y su suelo. Así «la extensión da cabida».

Nos pareció más adecuado que hablar sólo nosotros, configurar una suerte de interlocución. Para ello recurrimos en revistas y diarios a los que habían dicho de nuestro quehacer algunos arquitectos. Consideramos que estábamos constituyendo un primer paso, que el futuro podría venir a ampliar.
Nos apoyábamos en que los arquitectos que levantan las casas de todos, llevan dentro de sí una dimensión de lo que es lo en común con su multiplicidad.
Por tanto, tomamos textos de esas revistas y diarios (no de todos, pues el espacio disponible no lo permitía) y dentro de ellos ciertos párrafos o frases que particularmente expresan afirmaciones y ante las cuales vamos exponiendo nuestra experiencia, configurando cada vez lo que puede entenderse por un tema.
Hay diez. Abarcan –nos parece– aquello que no puede dejar de precisarse cuando se reflexiona sobre la arquitectura.
Por cierto que estamos redactando un artículo, por tanto, esbozos. Pero esperamos haber recogido las afirmaciones de los arquitectos y vinculado a lo nuestro de una manera fecunda, aún cuando naturalmente quepan variados alcances.
En cuanto a las fotografías es cosa sabida que raramente entregan el sentido de las obras, por eso las hemos seleccionado para que den cuenta de los «pormenores» de las obras. Estableciendo su relación con el «por mayor» de la obra mediante croquis. Todo esto resulta posible en nuestra arquitectura, como se verá luego.
Hemos conservado una fotografía de cada publicación, nos ha parecido del caso para esta interlocución, que a través de los diez Temas podemos darla por iniciada, conviniendo que es más real que estas publicaciones permanezcan hablando y no en silencio.

Alex Moreno:
Revista arq 14. Escuela de Arquitectura PUC. Santiago. III. 1990.

En las obras de la Escuela de Valparaíso se escucha ese rumor de viento que llama a la fidelidad a los oficios y a la vida, ya que cuando un hombre encuentra un oficio, oficio y vida van reunidos y en este caso ligados por la fidelidad al texto poético Amereida. Este viento de Valparaíso nos habla de esa gesta que se prolonga ya por cuatro décadas desde que se inició la primera travesía de Santiago a Valparaíso.
Las travesías constituyen a la fecha el último de los inventos de la Escuela, que junto con las Phalène, Ciudad Abierta y las iglesias construidas por los Talleres de obra en el sur de Chile, ha venido desarrollando para cumplir la visión de habitar este continente americano con destino.

Ciudad Abierta:
«Los Inventos», la invención incluyendo el tiempo del presente.

Hace ya más de veinte años dimos un paso diciéndonos: «Si fundáramos una ciudad abierta». Era realizar una utopía, de suyo lo irrealizable. Sin embargo, el decir de la poesía y el hacer de la arquitectura proponiéndose el calce de la vida, el trabajo, y el estudio, nos ha permitido actuar y durar hasta hoy. El primer paso lo dimos hace cuarenta años fundando el Instituto de Arquitectura; y hace diez años el paso de las Travesías que salen a recorrer el continente. Estos pasos no son intermediarios para otros fines; si no para que nuestros días sean simultáneos a nuestro obrar y así alcancemos el presente. Sin éste no puede haber ciudad, ni menos ésta ser abierta.

Luis Izquierdo:
Revista arq 17. Escuela de Arquitectura PUC. Santiago. VII. 1991.

El fundamento del que se parte cada vez es una proposición poética en caso de esta obra, expresada en el juego del escondite. Pero esta proposición generatriz no necesariamente es atingente a un Taller de prototipos. Es autónoma y anterior respecto de los requerimientos de diseño que la obra debe satisfacer en cuanto mero instrumento que posibilite operar con un repertorio de actos en tal lugar. La obra comentada surge de una inversión del proceso que la genera. Metodológicamente, la poesía no debe estar en el fundamento de la obra arquitectónica, debe ser su coronación.

Ciudad Abierta:
La dimensión poética, la coronación, incluyendo el origen.

La poesía que oímos canta el «Ha lugar». Y así origina –o íntima razón de ser– a las obras. Los oficios, la arquitectura, generan el íntimo modo de existir de ellas: la forma.
La poesía es concéntrica consigo misma al originar y la arquitectura se constituye excéntricamente para generar. El «ha lugar» canta a la extensión americana en Amereida (libro de poemas, la Eneida de América). Nuestra excentricidad nos urge a generar una dimensión que origina la extensión del continente. Así una obra tiene largo, ancho, alto y esta dimisión del «Mar Interior Americano».

Enrique Browne:
Revista Projetos N. 65. Sao Paulo VI. 1984.

Se bem que as construcoes de toda a Cidade Aberta tenham esses rasgos comuns, pode-se diferenciar dois tipos relacionados, mas diferentes de expressao plática em suas obras. Umas tem rasgos inéditos, mas de rápido atrativo, forca e coerencia. Outras produzem certo desconcerto. Embora os membros de Amereida desejem uma arquitetura nao evocativa, este segundo tipo de obras faz surgir imagens que de algum modo tem contato com as construcoes espontáneas que existem nas grandes cidades de América Latina. Estas representam uma porcentagem muito importante das habilitacoes desas metrópoles e dada sua taxa de crescimento –é provavel que até o fim do século se convertam em realidade majoritária. Talvez sem pretende-lo, os arquitectos da Cidade Aberta puderam trazer a luz valores daquilo que hoje parecem precárias e agregativas obras da necessidade. Se for assim, poderiam ser traduzidos esses valores nas obras de arquitetura. Seria um aporte muito americano e contemporaneo.

Ciudad Abierta:
La expresión, la expresión plástica incluyendo a los actos de fundación.

Lo primero que edificamos fueron las ágoras donde se decide cuando atañe a la Ciudad Abierta. Luego las hospederías, donde se practica la hospitalidad –el huésped dice quién es y todos le escuchamos. Y en las ágoras nos ponemos de pie para afirmar y en las hospederías nos sentamos a la mesa para escuchar. Edificamos para ese silencio anterior y posterior de los actos que abren lo cotidiano. Contracción del cuerpo en el silencio, dentro de la expansión de los espacios de ágoras, hospederías y obras tales como la Sala de Música, Cenotafios, Talleres, como asimismo, las calzadas y caminos, que vienen de las obras y no las anteceden como en los loteos.

Jorge Swinburn:
El Mercurio. Santiago, 31-10-1982.

La trascendencia del grupo de arquitectos de la UC de Valparaíso es para Jorge Swinburn indiscutible: «El tomar el carro de la modernidad y mantenerse unidos 30 años, dedicados exclusivamente a pensar, a trabajar y a enseñar, el tomar la decisión de caminar hacia lo desconocido y realizar valientemente un viaje aventurado; el formar una comunidad de artistas abocada con fidelidad a transmitir un pensamiento y a proclamar la poesía como primera necesidad del hombre», son para este arquitecto valores que se materializan en proyectos como la Escuela Naval, la Avenida del Mar, las realizaciones de Diseño Gráfico y la Ciudad Abierta. Cree Swinburn que el grupo está más ligado al pasado latinoamericano y nacional de lo que podría pensarse y ve en él una continuación de la obra poética de Vicente Huidobro. Concluye que: «Muchos arquitectos chilenos, si somos sinceros, deberíamos reconocer que algo nos ha sido revelado, que algo nos han traído estos buzos de la profundidad del mar».

Ciudad Abierta:
El desconocido incluyendo a la orientación.

Desde el primer momento los poetas salieron a las calles para realizar actos –no de protestas, sí de celebración de la lengua. Entre ellos, la Phalène donde el público juega a nombrar las cartas de un juego poético, para oírla enseguida dentro de un poema, que el poeta compone sólo colocando las conectivas. Es un momento en que el lenguaje habitual toca a la lengua. Este instante es el de la orientación, cuyas primeras armas son las puertas y las ventanas. Por eso el patrimonio de éstas del siglo veinte, y de aquellas –las puertas equidistantes de los españoles en América– han de encontrarse con el Océano Pacífico, cuyo «desconocido» es orientación sin direcciones. Y por eso la ciudad abierta se construye para construir su traza, que no para levantarla sobre una ya determinada.

Raul Irarrázaval:
El Mercurio. Santiago, 31-10-1982.

Los principales aportes en el plano teórico de esa Escuela son para Raúl Irarrázaval el estudio de la arquitectura de la ciudad de Valparaíso y del gran espacio oceánico: «sus alumnos han aprendido a dibujar Valparaíso, a trabajar con su relieve, sus materiales, su luz». A Irarrázaval le parecen importantes el proyecto de la Vía del Mar, el proyecto de Alberto Cruz Covarrubias para una capilla en Pajaritos y el estudio llamado Amereida; en el plano de las realizaciones recalca la colaboración de esa Escuela en la reconstrucción de muchas iglesias del sur, afectadas por los terremotos, y destaca asimismo la labor urbanística de sus arquitectos. «Por todo lo anterior creo que esta Escuela realiza un papel animador dentro de la arquitectura chilena en la búsqueda de un orden».

Ciudad Abierta:
La animación, lo público, incluyendo la cohesión.

Construimos con nuestros propios recursos usando de nuestras manos, configurando en el terreno mismo: con tales libertades. Pero no teniéndonos por libres de dejar lo que dice la palabra poética. Por eso podemos concebir y realizar las obras en ronda. En la cual todos actuamos intentando construir un único. Arquitecto. Este arquitecto junto al poeta construyen lo público. Lo que palpamos cada vez más cuando los que nos visitan nos piden cuenta de nuestra coherencia. Nosotros –que nos sabemos en el tiempo en que la palabra no rima la acción (Rimbaud)– les damos cuenta de nuestra cohesión.

Cristian de Groote:
El Mercurio. Santiago, 31-10-1982.

Recalca De Groote en los arquitectos de Valparaíso «una gran fortaleza en su postura frente a la obra de arte, en especial en el campo de la arquitectura» que le parece derivada del «abordar la vida como un cuerpo de personas, no como individualidades, de la ligazón poética entre sus miembros y del grado profundo de reflexión que tratan de introducir en todo lo que hacen. Su esfuerzo por darle al arte en general y a la arquitectura en particular una dimensión en profundidad, es cosa muy poco corriente en nuestro medio, por lo general fácil presa de los distintos clisés y corrientes de vida». Sin embargo, cree De Groote que estas mismas características que constituyen su fuerza entrañan su debilidad, porque la obra de arte «es más esquiva a los grupos que a los individuos y el arte es un resultado que no puede confundirse con una actitud artística». El ponerse como meta producir una obra de arte resulta paralizante –concluye Cristián de Groote– y creo que ellos es la causa de su excelente pero relativamente escasa producción arquitectónica.

Ciudad Abierta:
Lo esquivo, en el arte, incluyendo la representatividad.

Los poetas se detienen señalando un «ahí», los arquitectos dan unos pasos; que describen un centro; aquél de la obra. Ésta se configura en la búsqueda de sus límites.
Así las sucesivas detenciones de los «ahí» y la incesante búsqueda de los límites es el plan de acción de la Ciudad Abierta. Como la abstracción arquitectónica es representativa, en estas obras la representatividad de las condiciones de vida del momento actual se da a través de la «detención del ahí».

Mirta Halpert:
Revista Economía Hoy. Caracas III, 1991.

Si las formas resultantes de su arquitectura son similares a las realizadas en otras latitudes, con otra tecnología y con otro contenido, no es más que consecuencia de la ciega casualidad, que impide ver la diferencia de la similitud. Pero sólo equívocamente podríamos asociar las construcciones de Ciudad Abierta, simplemente por su forma, a algo distinto que las casas de artesanos, como más de algún arquitecto ha creído ver.

Ciudad Abierta:
Caminos como «la diferencia de la similitud» incluyendo posturas ante el cumplimiento en el futuro.

Como los terrenos van desde la playa por los primeros cerros con sus dunas, habitamos con las arenas, cuya movilidad y esterilidad nos hablan de un volver a no saber. Que para nosotros –arquitectos– es ir cuaderno en mano anotando las manifestaciones u ocultamientos cotidianos de la expectación en cuanto a que el mundo se construya como obra: la observación. Así, avistamos que los distintos oficios por diversos caminos oirán la palabra poética. Asunto que requerirá de generaciones. Por eso la arquitectura, junto a la escultura –aquella que va y viene por los lugares– permanecen junto a las arenas. Ello significa una postura ante ese sentimiento respecto al cumplimiento en el futuro de este continente, que muchos lo consideran escatológico.

Oscar Ríos:
Revista Diseño N. 5. Santiago, II. 1991.

Sin embargo, se trata de una ciudad que es otra ciudad. Donde las obras se levantan en la levedad de un espacio existencial más que formal y cuya materialidad se presenta entre lo precario, lo permanente y lo mutable. No es lo precario en el sentido de la economía, de lo pobre, más bien es la materialidad de lo que se tiene a mano, a la manera de los «objet-trouvé» de Duchamp que se rearman y van tejiendo sus estructuras en franca oposición a la materialidad que aspira la perfección tecnológica de un objeto industrializado brillante y puro, carente de costuras.

Ciudad Abierta:
La técnica, la «costura», incluyendo lo reversible.

La Ciudad Abierta es parte de Valparaíso; cuanto levantan las Travesías es parte del Continente. Somos parte del mundo con sus crecientes ofrecimientos técnicos para realizar lo repetible, cual manera gananciosa de construir lo habitable. Y por su parte, nos esforzamos en concebir y ejecutar lo reversible. Que es ir y volver del primer fundamento al último clavo de una obra. Inicio de un largo camino que mida lo ganancioso para que mida lo repetible; y así mida los ofrecimientos.

H. Eliash. M. Moreno:
Arquitectura Moderna en Chile 1930-1960. Santiago. 1985.

El concurso para la Escuela Naval en 1957, ganado por el equipo de la Universidad Católica de Santiago, y el segundo premio realizado por la Universidad Católica de Valparaíso son una excelente muestra de las nuevas propuestas teóricas del modernismo en Chile. En el proyecto de la Universidad Católica de Valparaíso, revisado después de casi tres décadas, se encuentran temas que serán preocupación de la arquitectura de nuestros días. Estos son el intento de superar la funcionalidad del racionalismo explotando para esto la condición del lugar e identidad con el territorio y principalmente un rigor intelectual referido a la condición poética de la obra. Esto está presente también en el proyecto para la Capilla Pajaritos de Alberto Cruz C., 1952.

Ciudad Abierta:
La superación, la superación en el obrar incluyen los signos.

Habitamos en un continente que no cuenta con una Partenón ni de un cortejo de obras originales, esas, que expresan el ser ellas en toda obra. Por eso la poesía ha señalado que los originales han de ser poemas, «Música de las Matemáticas», diálogos platónicos; no para sustituir, sí para dejar abierta la cuestión. Una forma de dejar abierto es el signo. La Ciudad Abierta, por entero es signo. De aquello que el hombre fundando ciudades toca destino. Tal cosa; o lo abierto, cual condición del hombre en su dimensión natural.

Mario Pérez de Arce:
Tecnique & Architecture. París III. 1981.

Une expérience intéressante de recherche d’espaces et de maniements de la lumiére est actuellement entreprise par un groupe d’architectes et d’étudiants de l’Université Catholique de Valparaiso qui ont edifié entre les dunes de la cote, avec des matériaux tres pauvres, un ensemble de logements et de constructions symboliques; ceci avec une grande liberté d’imagination.

Ciudad Abierta:
La libertad de imaginación incluyendo la libertad de la obra.

Ha sido posible celebrar el cumplimiento de cada diez años con una exposición, hoy nos tocan los cuarenta. Es innegable que vivimos entre
exposiciones y que tantas obras son –proponiéndoselo o no– sus propios pabellones de exposiciones. Es que éstas lanzan a las posibilidades que contiene toda forma. Habitamos en un comercio de posibilidades.
La Ciudad Abierta, las travesías, sus exposiciones, se dan en el horizonte de la interna libertad de una obra, que no en sus posibilidades. La interna libertad es la perseverancia que no se marcha donde nuestros logros se levantan sobre otros logros: la posibilidad.

  • Tipo de Referencia: Artículo de Revista
  • Título: Ritoque: Ciudad Abierta (1969 hasta la Actualidad)
  • Autor: Escuela de Arquitectura UCV
  • Edición: Revista Arquitectura Panamericana Nº 1
  • Páginas: 130 – 141
  • Ciudad: Santiago
  • Año: 1992
  • [ Bajar Archivo Pdf ]