Prólogo General

Godofredo Iommi Marini.

Digámoslo de otra manera, por ejemplo: la poesía dice de sí misma que es, fundamentalmente, dar curso.

Para una mejor comprensión podría pensarse el curso según su caso límite, según aquello que le impida cursarse, es decir, el obstáculo. Vistos así, curso y obstáculo, comparecen como términos antinómicos. En tal caso la relación óptima podría ser, tal vez, el sorteo y no el enfrentamiento. Sorteo o elusión de la valla mediante un rodeo de acuerdo a la economía y justeza del propio cursarse –al modo como el río, donde puede, fluye haciéndose su lecho. A su vez el obstáculo, en cuanto caso límite, podría pensarse como valla que no admite, fuera del enfrentamiento, otra alternativa. Si así se lo considera, la antinomía entre curso y obstáculo es de rigor. En estas condiciones cabría preguntarse por la antinomía misma y aventurar, por ejemplo, que la relación entre ambos no fuera antitética.

Tal vez, por esta vía nos acercamos más y mejor a la comprensión de la poesía dicha, esencialmente, como dar curso. Un ejemplo que cristalice este modo de pensar nos ayuda a comprender.

Se trata de observar la carrera pedestre de ciento diez metros con vallas. La pista plana es una franja periódicamente atravesada por obstáculos que van de un borde al otro impidiendo el rodeo. Al ojo, la pista plana y horizontal y los obstáculos verticales aparecen contrapuestos. Ahora bien, allí y en esas condiciones sucede la carrera. La carrera consiste, precisamente, en la invención de otra pista que no es visible sino durante su transcurso. El corredor, que en verdad no salta, a la manera del salto en alto o en largo, pasa las vallas y diseña fugazmente una pista ondulada que sube y desciende alternadamente desde la altura de las vallas.

La nueva pista escurre ondulándose desde el plano hasta los indicadores de altura, de suerte que los que fueron obstáculos para la franja plana se reiluminan con otra función.

La carrera se muestra, allí, donde parecía imposible, revelándonos una pista que no se ve ni antes ni después del transcurso sino únicamente en él y su durante. Esta pista –inaparente, fugaz, inventada– que se cursa es la carrera misma que como tal se expone.

La poesía, semejante a la carrera, sería fundamentalmente, ese “dar curso”; ese mostrarse como tal en la variedad de sus invenciones las que, de suyo, manifiestan durante sus transcursos lo que fuera de ellos no es reconocible poéticamente (inventio-invenire-venir a-dar curso).

Desde este punto de vista no cabe el distingo entre forma y contenido, ni siquiera considerado como una comodidad lógica para “comprender”. En nuestro ejemplo equivaldría a considerar como forma el dar curso o carrera y como contenido o significado a los obstáculos. Por esta razón, resulta estéril toda pretensión de dictar significados a supuestas formas de poesía o viceversa. Stricto sensu no hay poesía por significados ni por formas. Muy otra e intrínsica es la supuesta relación entre forma y significado. Con el ejemplo de la carrera a la vista, digamos, para esclarecer el punto, que en la pista llana de un lenguaje la poesía inventa con las alturas de los significados su trayecto, a fin de mostrarse, esencialmente, como trayecto inventado o dar curso. En esta exposición o invención los significados brillan peculiarmente y se dejan reconocer como lo que allí dicen y no en otro contexto –ya sean inteligibles o ininteligibles. Como este azul de este cuadro no es nunca este otro azul de este otro cuadro aunque el color sea idéntico en ambos y pintados por el mismo pintor.

En este sentido la poesía es el discurso por excelencia, es decir aquello que como lenguaje humano se da, abriendo curso. Por esta razón es que los momentos o épocas se distinguen realmente entre sí según su discurso. No se diferencian entre sí, principalmente, por lo que puedan hacer o dejar de hacer sus mayorías o minorías sino por cuanto realmente ellas cursan, por genuino venir a o inventado discurso.

Pero, comprender que toda actividad poética del hombre tiene fundamento propio, que, cada vez, la poesía es su propia geometría o modo de abrirse o peculiar dar curso, es la tónica que llamamos moderna. No siempre se requirió ese tono para configurar un tiempo. Con mucha probabilidad otro tiempo fue tal por su otro modo de darse en curso.

Rimbaud con delicadez de cuchilla nos advierte que en Occidente desde los griegos no coinciden ya poesía y acción. Aquello que da curso –el discurso– es disyuntivo respecto de la acción. Y va más lejos todavía, nos señala que en adelante tal disyunción ha de mantenerse, pues, la poesía irá delante de la acción. Como si todo dar curso moderno fuese ya, de suyo, una incesante e irreprimible irrupción.

Se diría que la absoluta modernidad de la poesía implica su constante inactualidad. Por esta razón la poesía no persuade, no formaliza, no adjetiva, no comenta inquietudes. Ella se dice como incesante dar curso de suerte que lo profundamente inquietante le es propio y dista, en consecuencia, de las inquietudes en boga. Por semejante razón, también, toda fama contemporánea, de un auténtico poeta, es sólo por equívoco. Sin embargo, no se puede excluir la probabilidad de que sobrevenga un pueblo –si ya pueblo debiera denominarse– que se configura según lo que Rimbaud tocó cuando dijo “un peuple de colombes” o pueblo abierto. Tampoco se puede excluir la probabilidad que advenga un poder realmente moderno, que lejos de dictar –como ha sido hasta aquí propio de todo poder– se mude en cursarse.

Es desde esta propiedad específica de la poesía que nacen estas Odas o pistas inventadas.

Las Odas realizadas por el Instituto de Arte de la Universidad Católica de Valparaíso se muestran, fundamentalmente, como un peculiar dar curso en simultáneos y múltiples niveles. Indiquemos aquí dos momentos característicos.

Las Odas aludidas se manifiestan como cabida a todas las artes. Pero dar cabida no quiere decir, en dichas Odas, liar las artes de un modo armónico o disonante, ni convertir tales o cuales artes en esos reveladores o enriquecimientos de un arte rector o principal. Se trata, en cambio, de que cada arte desde su propio discurso, que no es nunca ni sostén ni decoración de otro, con plena libertad y propiedad, pronuncie su dicho. Es desde una inquietud común de donde en ellas surgen las plásticas, las músicas, las poesías, los teatros, el cine, etc, articulándose ya como mera continuidad, ya en diálogo o de otro modo posible. La secuencia temporal de tales Odas puede escurrir articulada o a guisa, por ejemplo, de exclamaciones. Tanto los discursos peculiares de cada arte como el discurso de la Oda en su totalidad se muestran, antes que nada, esencialmente, como ese dar curso. La totalidad de la Oda se deja ver como para quien desde la altura descubre un río del nacimiento hasta su desembocadura. Mostrándose transcurrente indica el tiempo. El tiempo en cuanto cabida y no simplemente como un antes, un ahora y un después. Estas Odas aparecen, pues como pistas inventadas mostrándosenos como el transcurso de lo que nos atiene contemporáneos.

Nos dicen –o quieren decirnos– nuestra contemporaneidad, la que nos toca en cuanto disyuntivamente estamos siendo. Estas Odas pretenden significarnos cómo estamos siendo americanos. Pero en ellas, esas significaciones se vuelven a iluminar e indican, allí y no en otra parte, por ejemplo, que hay otro tempo en el tiempo del olvido, si se considera el tiempo del olvido como contrapuesto al del recuerdo. Nos indican que la sed de historia –que así nos concierne– trae consigo un campo distinto a la historia misma, entendida solamente como proceso. Nos dicen, también, que la diferencia entre aquello que se ve y que se mira, lejos de exigir una corrección, invita a que se la reconozca como extensión o distancia –¿suelo, quizás?– que se descubre en tal equívoco. En ellas, nuestros posibles orígenes comparecen tendidos hacia la abertura de sus mares como viento desplegados.

Por cierto, si la poesía es, fundamentalmente, dar curso o discurso que nos da tiempo.

Oda Náhuatl de América

Prólogo

Lo primero: ¿Por qué una oda? ¿Por qué los nahuas? ¿Porqué América? Tres preguntas que se formulan finalmente en un título: ¿Por qué la Oda Náhuatl de América?

Porque hay un requerimiento. Este requerimiento es el que nos hace la poesía en su venir a dar curso. Ella pide el canto. Canto, y no constatación de datos o mera reconstrucción arqueológica de una cultura precolombina. Canto que nos dé la luz que arroja sobre nosotros, americanos, una forma del tiempo y la existencia en la que el olvido y el recuerdo –simetría del transcurso– se consideren no antinómicos, sino constituyentes de otra manera de acontecer. Porque tal vez si el día decide olvidar su noche, otra sea la esperanza que lo anime. Y si la noche recuerda su día, quizá el anochecer despierta levantando nuevas comarcas.

Poéticamente es celada la tierra americana. En la oda presente, hay alguien entonces que está al cuidado de América. Estar al cuidado de América, o estar en su guardia, es ser sujeto y objeto de su devenir, de sus apariciones y ocultamientos. De esta manera, quien aparece en el texto de la oda denominado “personaje indicador” no es otro sino el americano de nuestros días, el que se va formulando a sí mismo en la constante pregunta por su destino ¿Qué es ser americano hoy día?

Entonces: Oda, porque está el canto a muchas voces; Náhuatl, porque llama a una distinta consideración del tiempo; de América, porque nos atañe como americanos.

Oda Náhuatl de América porque está el canto a muchas voces que llama a una distinta consideración del tiempo que nos atañe como americanos.

La Oda nos habla constantemente de una inminencia. Esta inminencia, remarca múltiples veces por un coro negro, es la de consumación de una fin: el de la cultura náhuatl.

“¿Puede ser esta tierra
la casa de alguno?
Nadie quedará en ella.
Ya se rasga el plumaje del quetzal
Ya la pintura va desvaneciéndose
y allá la flor se seca.”

El tiempo es de corta duración. Está presente en trance de acabar. El dador de la vida, el sol, se encuentra constantemente al borde de la extinción, del agotamiento. El sentido de la vida humana está dado plenamente por la necesidad de alimentarlo. Por la sangre entonces se da vida al sol.

“¿Cómo habremos de vivir?
No se mueve el sol.
¡Cómo en verdad, haremos vivir a la gente?
Que por nuestro medio se robustezca el sol.
¡Sacrifiquémosnos, muramos todos!.”

El tiempo náhuatl se extingue. Como extinción, no es algo que comience y finalice en un plazo dado, sino que esté constantemente acabándose. Digamos que la extinción es inminente. El sacrificio humano, entonces, nutriendo con sangre al sol, dador de la vida, sostiene la extinción. El hombre no tiene alternativa: debe sostener un tiempo extinto. ¿Es posible, entonces, la construcción de algo en este perpetuo trance de desaparición?

La oda nos pone delante del florecimiento de una forma de vida esplendorosa, donde se despliega una cultura mantenida en el propio latido incesante de su fin. De suerte que lo que se funda en ella aparece tanto pleno como sutil. Semejante a los pájaros, que derogan la altura para que la misma altura los haga declinar.

¿Tiene América un modo peculiar de considerar su transcurso? Esta oda presente cobra su figura no en el intento de reconstruir un pasado ya remoto, como dijéramos al principio; lo que permanece en ella irradiante es la luz poética que insta a nuestros ojos, casi en un vuelo de párpados, a mirar la existencia en América ceñida a un nuevo tiempo: el tiempo de lo abierto; la coexistencia de lo múltiple que regala su multiplicidad fiel a la abundancia de sus razas, climas, lugares y bandera. En América hay espacio para múltiples figuras. Nuestra heredad ¿no es otra acaso sino esa capacidad de desconocido que familiarmente llevamos a abrevar en nuestro olvido?

Un transcurso de olvidos y recuerdos desemboca en la nostalgia de pasados irredentos, de presentes esperanzados en el futuro y de futuros que se consumen en su futurición. Y entre olvidos y recuerdos los americanos vamos conformando el apetito de una historia a la que encomendamos que delinee nuestros bordes. Pero ¿es posible apartarnos de la antinomía que nos coloca entre el recuerdo y el olvido? ¿No asumirá el recuerdo otra figura distinta que la del rescate del olvido? ¿Y no será el olvido, él a su vez, una forma de la duración, ya no contrapuesta a la forma del recuerdo?

El dejar abiertas estas preguntas constituye la formulación de la Oda Náhuatl de América. Ella nace requerida por el fragor de ciertas voces que urgen continente. Para que así invocado, lo más profundo de América suba a flor de tierra.

Argumento

Después de las palabras de un anunciador, a las que sigue un tema coral, la oda nos habla de “una remota llegada por la orilla del mar”. Los pueblos nahuas que vienen se instalan en un lugar. Guiados por sus sacerdotes, llegan a Tamoanchán (nosotros buscamos nuestra casa). Tamoanchán es un lugar mítico. Este es el origen, pero hay que abandonarlo. ¿Por qué?

Tamoanchán, origen mítico, es el ámbito propio de los dioses. Lo humano no puede orientarse. Pero aquí los hombres sienten el llamado que les hace un dios. Este llamado los insta a que abandonen Tamoanchán para buscar una tierra donde conozcan al que es Noche y Viento, el dueño del Cerca y del Junto. Puesto que los hombres no pueden encontrar por sí solos el ámbito donde se desarrolle la temporalidad humana, es entonces el don de un dios lo que abre la posibilidad al hombre de instituir un lugar a su condición. El don de lo cerca y lo junto, es decir, el establecimiento de los límites, el sentido de una orientación, el nacimiento de referencias humanas. Preciso es conformar un lugar o tierra donde el nahua pueda habitar en lo cerca y lo junto. El paso de Tamoanchán a otro lugar, entonces, llamado Teotihuacán, es de esta manera el cumplimiento del llamado hecho por el dios que es Noche y Viento, dueño del cerca y del junto. Establecen aquí en Teotihuacán referencias; cardinalmente constituyen un mundo: el rumbo de la luz, el rumbo de la región de la muerte, el rumbo de la tierra de regadío y el rumbo de las espinas. El ámbito humano queda comprendido entonces en el margen de la vida, la muerte, lo fecundo y lo estéril. “Y lo llamaron Teotihuacán, porque era el lugar donde se enterraba a los señores”.

Aquí, donde los señores son enterrados, se conversa con los muertos. Se les dice que despierten, se los invita a ver el amanecer:

“Despierta, ya el cielo enrojece,
ya se presentó la aurora,
ya cantan los faisanes color de llama,
las golondrinas color de fuego,
ya vuelan las mariposas”.

Esta conversación es un canto. Se establece así con el canto la música.

Y la música de su sentido ordenador, por el que se fundan entonces las ciudades. Sólo hay ciudades cuando se establece la música. Porque la música entrega su orden interno a todo el ámbito humano. Pero continuamente, a través de toda la oda, aparece un Coro Negro que repitiendo una constante, dice la perpetua nota que escuchan los nahuas: la presencia del fin. La vida es de una materia sutil.

“El dador de la vida se burla:
sólo un sueño perseguimos,
oh amigos nuestros,
nuestros corazones confían
pero él en verdad se burla.

Nadie, nadie, nadie,
de verdad vive en la tierra”.

¿Cómo vivir?

Sosteniendo al dador de la vida; muriendo para darle vida al sol. Este sentido de la temporalidad y de la existencia hace que el mundo se manifieste como conquistable, puesto que se debe mantener con sangre el tiempo de la extinción del sol. La guerra es entonces primordial, pues se alimenta al astro dador de a vida con la sangre de prisioneros tomados en combate. Así, se configura una realidad cuya realeza esplende en la lucha. Y no sólo en ella, sino aún más, en la riqueza. En los hombres aparece una cara; se tiene un rostro, porque hay comunidad –el ámbito de lo cerca y lo junto– que se despliega según los oficios. La tinta negra y roja, los códice, van atesorando la tradición.

Pero hay presagios que declaran la desaparición. Se produce el cumplimiento de estos presagios: llegan los españoles y ante sus ojos maravillados se da sin embargo el modo de ocultarse de una cultura en otra. Y la oda, haciéndose carne en nuestros propios días, concluye en el personaje indicador que hace la pregunta actual para América:

¿Cómo heredamos esto, quienes no somos indígenas? El signo de América, el olvido, ¿no es el pulso de un nuevo tiempo americano?

La Oda Náhuatl se presentó por primera vez en el Aula Magna de la Universidad Católica de Valparaíso y participaron en esta presentación los siguientes conjuntos musicales y coros de alumnos:

Conjunto Instrumental: Jaivas
Flautista: Carlos Oyarzún
Guitarra: Carlos Vicencio
Coro Armónico Integrado por: Ruth Niemann
Corina Orrego
Erika Niemann
Patricio Aguirre
Ricardo Gardeweg
Felipe Valenzuela

Coros Hablados

Coro Negro
1. Ricardo de la Fuente
2. Grineldo Pizarro
3. Juan Bonert
4. Aliro Quiroz
5. Juan Carlos Lobos
6. Francisco Zamorano
7. Luis Devoto
8. José M. de la Cerda
9. Manuel Gutiérrez
10. Iván Godoy
11. Eduardo Senermann
12. Luis Rubén Ovalle
13. Horacio Gandolfi
14. Luis Fresno J.
15. Rubén Muñoz
16. Eduardo Nanjarí
17. Ricardo Méndez
18. Boris Salinas
Coro Blanco
1. Jaime Pérez
2. Patricio Palma
3. Jaime Parra M.
4. Lautaro Labra
5. Hugo Solar C.
6. Raimundo Irarrázal
7. Jaime Labra
8. David Marín
9. Francisco J. Solar
10. Juan Pulgar
11. Eulogia Domínguez
12. Gerardo leighton
13. Vicente Fraile
14. Rufino Flores C.
15. Marta Muñoz S.
16. Homero Alvarez
17. Carlos Rodríguez V.
18. Lidia Miranda
19. Carmen Medina
20. Guillermo Martínez
21. Abelardo Zamorano
22. Olga Villarroel
23. Fernando Garcés C.
24. Juan C. Galdámez N.
25. Alejandra Domínguez T.
26. Patricia González P.
27. Valeria Domínguez T.
28. Eduardo Lobos B.
29. Stella Costa N.
30. Marta Dondero C.
31. Erika Castillo G.
32. Cecilia Altamirano P.
33. Yila Álvarez M.
34. Ruth Pacheco G:
35. Ernesta Peirano R.
36. Eugenia Lobos P.
37. Angélica López T.
Coro Rojo
1. Patricio Monárdez S:
2. Francisco J. Muñoz
3. Juan Silva R.
4. Jaime Acevedo V.
5. Ricardo de la Fuente
6. María C. Grau T.
7. Pablo Deichler
8. Sergio Melnick I.
9. María Teresa Jonquera M.
10. Vicente Gumucio B.
11. Rodolfo Torres V.
12. Carmen Luz Román L.
13. Keryma Franco G.
14. Osvaldo Herrea L.
15. Mireya Godoy C.
16. Pedro Olivares B.
17. Leoncio Rivera B.
18. Nelly Rojas Z.
19. Gustavo Poblete B.
20. María G. Garfias A.
21. Tomás Fontecilla U.
22. Rosa Muñoz A.
23. Pilar Sherrington A.
24. Gonzalo Zegers V.
25. Viviana Aste B.
26. Alex Campbell C.
27. Ana María Chamy M.
28. Richard Mambor S.
29. Julio Zúñiga F.
30. Ana María González M.
31. Carlos A. Zañartu B.
32. Pedro Weinberger M.
33. Jorge Miranda V.
34. Jorge Colvin E.
35. Andrés Balmaceda H.
36. Ana León T.
37. Loreto Zúñiga G.
38. Loreto Guerrero V:
39. Pilar Arroyo S.
40. Ana María Rivas T.
41. Sandra Urquiza S.
Coro Amarillo
1. Paz Walter F.
2. Pedro Azócar T.
3. Jaime Cea V.
4. Magaly Traversaro C.
5. Carlos Mandioca M.
6. Pilar Labayru M.
7. Cecilia Bestard L.
8. Raúl Valenzuela L.
9. Dante Aeriswyl R.
10. Natacha Poblete O.
11. Enrique Valdivieso E.
12. Germán Valenzuela L.
13. Héctor Olivares G.
14. Carlos Vocarrubias Z.
15. Carlos Eduardo Labbé C.
16. Ester David E.
17. Patricia Palacios V.
18. Victor Kallens R.
19. José Aldunate M.
20. Priscilla Lizondo N.
21. Leonardo Soto V.
22. Luis L. Muñoz S.
23. Rosamarìa Raffo R.
24. Patricia Valenzuela O.
25. Eduardo Pérez T.
26. Margarita Barrios G.
27. Juan Ciorba V.
28. Vicente Priero T.
29. Adolfo Jofrè A.
30. Juan P. Varela
31. Carlos A. Johannesen
32. José Raúl Palomino E.
33. Enrique Luna G.
34. Gustavo Cuevas R.
35. Aurora Pernas P.
36. José A. Ocariz J.
37. María Rivera Q.
38. María E. Echenique C.
39. Marisa Piovano M.
40. Pilar Viñuela C.
41. María Sol Garfias O.
42. Ricardo Barros E.
43. Mario Marín M.
44. Patricia Cabrera P.
Coro Azul
1. Luz María Pérez C.
2. Peter Brown M.
3. Sara Gaete M.
4. Olga Nazal M.
5. Rosa Valenzuela K.
6. Juan Leiva S.
7. Patricia Muñoz G.
8. Fernando Balart P.
9. Raúl Arrau B.
10. Jorge Wilson C.
11. Pablo Adriasola M.
12. Alex Droppelmann P.
13. Michael Koch E.
14. James Brierley B.
15. María Fuentealba P.
16. Rubén Paredes G.
17. Edith Mora L.
18. Cecilia Squadrito A.
19. Jorge Gaete S.
20. Grineldo Soto G.
21. Blas C. Riveros P.
22. Carlos León C.
23. Alicia Banguria G.
24. Sergio Tutelers R.
25. Jacqueline Mesías M.
26. Laura Cordero H.
27. Brenilda Figueroa R.
28. Baldevé Acosta L.
29. Nora Salvo C.
30. Julio Gitièrrez A.
31. Leonardo Jonquera S.
32. Benjamín Contreras V.
33. Germán Fibla A.
34. Raúl Montt F.
35. Jonás Figueroa S.
36. Emilio Andrade E.
37. Maribel López H.
38. Sergio Herrera R.
39. Jaime Acevedo V.
40. Arturo MENA L.
41. Victor Torres C.
42. Rafael Lucero B.

Participaron en el montaje los siguientes alumnos del Taller de Plástica:

1. Isabel Aste P.
2. Ana C. Bascuñán D.
3. Ximena Cádiz Z.
4. Lía Campos S.
5. Miriam Chiaruttini O.
6. Enrique Dupré M.
7. Erika Erbetta V.
8. María R. Galdámez A.
9. Lelia Galdámez P.
10. Gabriela Magnasco N.
11. Ricardo Mercado A.
12. Erika Neumann E.
13. María Pastenes V.
14. Manuel Peña M.
15. María E. George F.
16. María A. González A.
17. Agustín González R.
18. Cecilia Guerra T.
19. Eliana Hidalgo B.
20. Patricio Inostroza A.
21. Zedra Ivanisevic D.
22. Viviana Luttv L.
23. Teobaldo Llanos B.
24. Rosa Del Pozo S.
25. Sandra Sanino M.
26. Moisés Valle M.
27. Claudio Vío J.

Oda Náhuatl de América

Entran a ocupar sus respectivos puestos:

  1. Todos los coros hablados
  2. El coro musical
  3. Los instrumentistas

Todos permanecen sentados. Después de un breve lapso, entra el anunciador.

Anunciador: Señoras y señores: el Instituto de Arte de la Universidad Católica de Valparaíso, se complace en presentar la Oda Náhuatl de América.
Los pueblos Náhuas constituyeron una de las más florecientes culturas de América. Esta presentación no pretende ser la reconstrucción arqueológica ni tampoco el recuerdo nostálgico de esta cultura.
El Taller de América del Instituto de Arte, dirigido por los poetas Godofredo Iommi, Adolfo Nordenflycht, Virgilio Rodríguez y Leonidas Emilfork; y la participación de Carlos Vicencio en la música y de Francisco Méndez, Alberto Cruz y Claudio Girola en el montaje, ha querido dialogar con la palabra de este gran pueblo a raíz de una de las pasiones propias de nuestro tiempo que nos concierne como americano: la capacidad de olvido en nuestra propia manera de existir.
En América la huella es imposible. El flujo y reflujo del tiempo no ha permitido nunca el legado de una cultura. La trágica exclamación de Bolívar en el frontispicio de la lucha por la independencia ya victoriosa, resuena para siempre en este continente: “Hacer una revolución en América es arar en el mar”. Arar en el mar. Tal vez por eso no somos independientes. Es desde el fondo de estas pasiones cotidianas que nuestra voz se levanta y pregunta:
¿Qué se puede construir con el olvido? ¿cómo se puede arar en el mar? Si el olvido es otra forma de la duración distinta del recuerdo, hemos golpeado en el fondo de nuestro propio tiempo americano para que las propias palabras de ese fondo, las verdaderas palabras de la gran poesía náhuatl vengan a decirnos y a compartir nuestro debate.
Con la participación de los doscientos cincuenta alumnos del Taller de América, alumnos de múltiples disciplinas que hacen suya esta real meditación sobre nuestro continente, y que de este modo la hace suya también la Nueva Universidad, venimos a invitar a toda la ciudad, a ustedes, para que, excusando los errores, participen de esta meditación, y poniendo lo mejor de ustedes, que es la voluntad, nos ayudemos mutuamente a transformarnos de simples coros y público, en verdadero pueblo, porque sólo es pueblo quien vive un destino.
Muchas gracias

Anunciador se retira, saludando mientras el público aplaude. Terminados los aplausos, los directores ocupan su estrado e indican a los respectivos coros ponerse de pie. Los instrumentistas, atentos. El director general le da la entrada al director de música.

El coro armónico canta con variaciones vocales el tema central “Tamoanchán”. 2 minutos.

Música: Conjunto instrumental hace “hablar” al silencio (Tema Tamoanchán). 2 minutos.

Una vez terminado el tema de Tamoanchán, se oye la voz microfónica de speaker.

Speaker: Hablan los informantes indígenas de Sahagún de una remota llegada por la orilla del mar, “por donde ahora se dice Panuela, o sea, por las cotas del golfo de México, a la altura de la moderna ciudad de Tampico. Quienes por allí vinieron a estas tierras llegaron a establecerse a un lugar llamado Tamoanchán, que según los mismos informantes quiere decir, “nosotros buscamos nuestra casa”.

Música: Repetición del Tema Tamoanchán. La música continúa hasta donde se indique en el texto detención.

Speaker: Se trataba sólo de un lugar mítico. He aquí el relato que solían decir los viejos:

Corifeo Amarillo: (Como contando un cuento)
En un cierto tiempo que ya nadie puede contar, del que ya nadie puede acordarse… quienes aquí vinieron a sembrar a los abuelos, a las abuelas, estos, se dice.

Coro Amarillo: (Tono mediano, puras voces masculinas)
Llegaron, vinieron,
Siguieron el camino,
vinieron a terminarlo

Corifeo Amarillo: Para gobernar aquí en esta tierra que con un solo nombre era mencionada como si se hubiera hecho esto un mundo pequeño.

Corifeo Azul: (Tono de cuento)
Por el agua en sus barcas vinieron,
enseguida siguieron la orilla del agua,
iban buscando los montes.

Coro Azul: (tono mediano, puras voces femeninas)
Algunos, los montes blancos
y los montes que humean,

Corifeo Azul: Y llegaron a Quauhtemalla
siguiendo la orilla del agua.

Corifeo Blanco: (Tono de cuento)
Además no iban
por su propio gusto,
sino que sus sacerdotes los guiaban,
y les iba mostrando el camino su dios.

Coro Blanco: (Voces masculinas graves)
Después, vinieron,
allá llegaron.

Corifeo Blanco: Al lugar que se llama Tamoanchán,
que quiere decir:

Coro General: (Tono alto)
“Nosotros buscamos nuestra casa”.

Música: Tema Tamoanchán (intervención de coro musical cantando “nosotros buscamos nuestra casa” en náhuatl). Aquí se detiene la música a cargo del conjunto instrumental.

Speaker: Dicen los textos: que de Tamoanchán origen mítico de la cultura en el México central, pasaron, los antiguos pobladores, al “lugar donde se hacen los dioses”: a Teotihuacán. Allí iba a surgir el más grande centro ritual del mundo indígena posterior.

Coro Rojo: “Dijeron:

Solista Tenor: (A capella)
El dueño del cerca y del junto nos ha llamado,
ha llamado a cada uno de los que le tienen por Dios”

Coro Rojo: Dijeron:

Corifeo Rojo: Porque no viviremos aquí,
no permaneceremos aquí,
vamos a buscar una tierra.
Allá vamos a conocer
al que es Noche y Viento,

Coro Rojo:    Al dueño, del cerca, y del junto.

Coro Negro: (Voces graves)
¿Puede ser esta tierra
la casa de alguno?
Nadie quedará en ella.
Ya se rasga el plumaje del quetzal,
ya la pintura va desvaneciéndose,
y allá la flor se seca.

Música: (Comienza el conjunto instrumental a tocar de fondo, hasta donde el texto indique detención).

Personaje: Improvisa. Acerca del paso de un origen mítico (Tamoanchán) a un lugar que tiene referencias (Teotihuacán).
Estas referencias (puntos cardinales, distintos rumbos) constituyen mundo.

Corifeo Amarillo: Iréis allá al rumbo de la luz
y allí lanzaréis dardos;

(el coro amarillo da un golpe en el suelo con el pie)

águila amarilla.

Coro Amarillo: Tigre amarillo

Corifeo Amarillo: Serpiente amarilla

Coro Amarillo: Conejo amarillo

Corifeo Amarillo: Ciervo amarillo

Corifeo Azul: Y después iréis al rumbo de la región de la muerte
y allí de igual modo lanzaréis dardos:

(el coro azul de un golpe en el suelo con el pie)

precisamente dentro de la tierra pedregosa,
águila azul.

Coro Azul: Tigre azul

Corifeo Azul: Serpiente azul

Coro Azul: Conejo azul

Corifeo Azul: Ciervo azul

Corifeo Blanco: Y después iréis al rumbo de tierra de regadío
y allí de igual modo lanzaréis dardos,

(el coro blanco da un golpe en el suelo con el pie)

precisamente en la tierra de las flores
águila blanca

Coro Blanco: Tigre blanco

Corifeo Blanco: Serpiente blanca

Coro Blanco: Conejo blanco

Corifeo Blanco: Ciervo blanco

Corifeo Rojo: Y después iréis al rumbo de las espinas
y de igual modo lanzaréis dardos,

(el coro rojo da un golpe en el suelo con el pie)

en esa tierra da las espinas:
águila roja

Coro Rojo: Tigre rojo

Corifeo Rojo:    Serpiente roja

Coro Rojo: Conejo rojo

Corifeo Rojo: Ciervo rojo

Los Cuatro Corifeos: Y cuando hayáis lanzado dardos,
cuando hayáis alcanzado los dioses,

Corifeo Amarillo: El amarillo

Coro Amarillo: Aguila

Corifeo Azul: El azul

Coro Azul: Tigre

Corifeo Blanco: El blanco

Coro Blanco: Serpiente

Corifeo Rojo: El rojo

Coro Rojo: Conejo

Música: (Aquí se detiene el conjunto instrumental).

Coro General: Ciervo

Soprano: Poned luego la mano en el Dios del
Tiempo, el Dios Viejo, y a los que les
cuidan que son tres:
Mixcoatl, Tospán, Ihuitl.

Coro Negro: Pero aún en estado precioso
en caja de jade
pueden hallarse ocultos los príncipes:
de modo igual somos,
somos mortales,
los hombres, cuatro a cuatro,
todos nos iremos,
todos moriremos en la tierra.
Percibe su secreto,
oh vosotros, príncipes.

Speaker: Y lo llamaron Teotihuacán, porque era
el lugar donde se enterraban los señores

Música: (Acorde corto y fortísimo)

Speaker: (Continúa una vez producido el silencio del acorde)
Así se dirigían al muerto, cuando moría. Si era hombre le hablaban, lo invocaban como ser divino, con el nombre de faisán; si era mujer con el nombre de lechuza; les decían

Música: (Canta la soprano)
Despierta, ya el cielo enrojece,
ya se presentó la aurora,
ya cantan los faisanes de color de llama,
las golondrinas de color de llama,
las golondrinas de color de fuego,
ya vuelan las mariposas.

(Sobre los silencios de la música los corifeos dicen el verso y la repetición la hace el coro musical).

Corifeo Blanco: Se estableció el canto,

Coro Musical (dúo): Se estableció el canto,

Corifeo Azul:    Se fijaron los tambores

Corifeo Femenino: Se fijaron los tambores

Corifeo Rojo: Se dice que así
principiaban las ciudades:

Coro Musical: Se dice que así
principiaban las ciudades:

Corifeo Amarillo: Existía en ellas la música.

Corifeo Femenino: Existía en ellas la música.

Corifeo Negro: El dador de la vida se burla:
sólo un sueño perseguimos,
oh amigos nuestros,
nuestros corazones confían,
pero él en verdad se burla.

Coro Negro: Nadie, nadie, nadie,
de verdad vive en la tierra.

(Todos los coros, corifeos, directores de coros, excepto el director general y el director de música, toman asiento).

Música: Desarrolla temas precedentes. (Desde Tamoanchán hasta Teotihuacán).

(Una vez terminada la música se deja una pausa de silencio más prolongada, corifeos y coros nuevamente de pie).

Música: (Comienza improvisación de guitarra, como fondo a lo que el personaje dirá).

Director General da entrada a Personaje.

Personaje: Improvisa acerca del sacrificio humano como alimento (por la sangre) del Sol, dador de la vida. Acerca de la existencia de un tiempo que lleve en sí considerada la extinción, extinción que hay que mantener sacrificando. Decir cómo, a pesar de este tiempo de inminencia, se construye una cultura efímera. Auge de lo efímero).

Música: (Termina el acompañamiento de guitarra).

Coro Rojo: ¿Cómo, habremos, de vivir?

Coro Amarillo: ¡No se mueve el Sol!

Coro Blanco: ¿Cómo, en verdad, haremos vivir, a la gente?

Coro Azul: ¡Que por nuestro medio, se robustezca, el Sol!

Coro General: ¡Sacrifiquémonos, muramos todos1

Coro Blanco: El revuelve, la hoguera

Coro Amarillo: Da su palabra de mando

Coro Rojo: Hacia, los cuatro rumbos, del Universo

Coro Azul: Hay aurora de guerra, en la ciudad.

Coro Blanco: El Tlacatecatl

Música: (Acorde sobre el sonido Tlacochcacatl).

Coro General: Comandante de hombres.

Coro Rojo: El Tlacochcacatl

Música: (Acorde sobre el sonido Tlacochcacatl).

Coro General: Señor, de la casa, de las flechas

Coro Azul: Jefe de águilas,
que habla su lengua

Coro Amarillo: Su oficio es la guerra, que hace cautivos
gran águila, gran tigre.

Coro General: Aguila, de amarillas, garras,
y poderosas, alas,
rapaz,
operario, de la muerte.

Música: (Tema guerrero).

Guerrero: Primero he de conquistar en guerra para tener y nombrar mi casa de preciada esmeralda y oro, adornada de pedrería, adornada la casa de preciada esmeralda transparente como cristal, de diversos colores de preciada plumería, a la vista suave y estimada, y asimismo, tener y poseer género de preciadas mazorcas, cacao de muchos colores; asimismo, tener toda suerte de colores de algodón e hilado: todo lo tengo de ver y tener, pues este es mi mandato y oficio y este el fin a que vine.

Personaje:    Y en su tiempo, descubrió Quetzalcóatl las grandes riquezas, las piedras preciosas, las turquesas genuinas y el oro y la plata, el coral y los caracoles, las plumas de quetzal y del pájaro color turquesa, los plumajes amarillos del pájaro zaguán, las plumas de color de llama. Y también él descubrió las varias clases de cacao, las varias clases de algodón.

(El conjunto instrumental comienza a tocar de fondo hasta donde el texto indique detención).

Coro Blanco: El sabio.

Corifeo Blanco: Una luz, una tea,
una gruesa tea que no ahuma.
Un espejo horadado.

Coro Blanco: De él son los códices.

Coro Rojo: Hace sabios los rostros ajenos,

Corifeo Rojo: Hace a los otros tomar una cara
los hace desarrollarla.

Coro Rojo: Pone un espejo delante de los otros
los hace cuerdos, cuidadosos;

Corifeo Rojo: Hace que en ellos aparezca una cara

Coro Azul: El hombre, maduro:

Corifeo Azul: Corazón firme como la piedra,

Coro Azul: Corazón resistente, como el tronco de un árbol

Corifeo Azul: Rostro sabio,
dueño de un rostro y de un corazón,

Coro Azul: Hábil y comprensivo.

Coro Amarillo: La mujer ya lograda

Corifeo Amarillo: En la que se ponen los ojos…

Coro Amarillo: La femineidad está en su rostro…

Música: (Canta la soprano)
Ladrón de cantares, corazón mío,
¿dónde lo hallarás?
eres un menesteroso.
Como de una pintura toma bien lo negro y rojo
Así tal vez dejes de ser indiferente.

Música: (Aquí cesa el conjunto instrumental).

Corifeo Femenino: Haciendo círculos de jade está tendida
la ciudad, irradiando rayos de luz cual
pluma de quetzal está aquí México:
junto a ella son llevados en barcos los
príncipes: sobre ellos se extiende una
florida niebla.

Coro Negro: ¿Acaso de verdad se vive en la tierra?
No para siempre en la tierra: sólo un
poco aquí.
Aunque sea jade se quiebra,
aunque sea oro se rompe,
aunque sea plumaje de quetzal se desgarra,
no para siempre en la tierra:
sólo un poco aquí,

Corifeo Femenino: ¿Aquí están en México los sauces blancos,
aquí las blancas espadañas:
tú, cual garza azul extiendes tus alas
volando,
tú, las abres y embelleces a tus siervos?

Segundo Corifeo Azul: He llegado, oh amigos nuestros
con collares os ciño
con plumas de guacamaya os adorno…
con oro yo pinto,
rodeo a la hermandad.
Con círculos de cantos
A la comunidad yo me entrego.

Speaker: Hubo un rey. Fue este rey tan valeroso que extendió su reino hasta la providencia de Guatemala, que hay de esta ciudad d distancia trescientas leguas, no contentándose, hasta los últimos términos de la tierra que cae al mar del sur.

Coro Negro: Oídlo, amigos míos:

Corifeo Negro: ¡Nadie jamás ande presumiendo de realeza!

Coro Negro: ¡El ceño, la tiranía,
queden acaso en olvido

Corifeo Negro: Perezcan a muy buena hora
acaso sobre la tierra!
Oídlo, amigos míos,

Coro Negro: ¡Nadie jamás ande presumiendo de realeza!

Coro Femenino: ¿A dónde iremos que no haya muerte?

Corifeo Femenino: ¡Ah va a llorar mi corazón!
Esforzáos: nadie vivirá aquí para siempre.

Coro Masculino: (Hombres de todos los coros).
Sólo venimos a dormir, (Tono alto)
Sólo venimos a soñar: (Tono bajo)

Música: (Se abre con tema Presagios. El texto indicará su detención).

Corifeo Blanco: Fueron una serie
de portentos o presagios funestos
que afirmó haber contemplado
el señor azteca.

Speaker: Algunos de estos portentos
los vio también
el pueblo

Corifeo Amarillo: Contemplaron algo así como una espiga de fuego
como una aurora de fuego
que parecía
estar punzando el cielo.

Speaker: Aparecía por la noche
y dejaba de manifestarse
tan sólo
cuando la hacía huir
el sol.

Corifeo Azul: Vieron también arder
la casa
de Huitzilopotchli
fueron testigos
de una especie de rayo
que cayó sobre el templo
de Xiuhtecunhtli.

Speaker: Fue un rayo
sin trueno.

Corifeo Rojo: Contemplaron también
un cometa
el agua del lago
que hervía
escucharon las voces
de Cihuacoatl
que por la noche lloraba
y gritaba

Speaker: Fue un rayo sin trueno

Música: (Continúa y sobre ella empieza la de Soprano).
Ladrón de cantares, corazón mío,
¿dónde lo hallarás?

(Brusca interrupción de música y soprano).

Personaje: (Fondo musical de guitarra)
Pero únicamente Motecuhzoma contempló en su “Casa de lo negro”, lugar donde se encerraba para orar y meditar, un cierto pájaro ceniciento, que le llevaron quienes lo habían atrapado en la laguna, en la mollera del pájaro había un espejo. Motehcuzoma lo miró y descubrió allí el cielo estrellado. Lo contempló por segunda vez y percibió en él grupos de seres humanos que venían de prisa dándose empellones; venían montados en una especie de venados. Motecuhzoma consultó a los sabios y conocedores de las cosas ocultas. Examinaron éstos el espejo, pero no vieron nada. Antes de dos años tuvo noticias Motecuhzoma de la llegada de unos forasteros blancos que habían descendido de barcas grandes como montañas, aparecidad por las costas del golfo.

(Todos los coros comienzan a golpear los pies suavemente hasta un Tutti. Climax musical).

(Director general indica a todos los coros que marquen el paso taconeando. Lo continúan haciendo sobre la voz del Speaker, hasta que éste termina).

Música: (Fin de música).

Speaker: Llegados los españoles el Jueves Santo de 1519 a las costas de Veracruz, la realidad cultural que fue saliendo a su paso despertó desde luego su curiosidad y admiración. Así, nos dejó dicho el soldado de Hernán Cortés, Bernal Díaz del Castillo.

Bernal Díaz:    (Acompañamiento de flauta).
Y desde que vimos tantas ciudades y villas pobladas en el agua, nos quedamos admirados, y decíamos que parecía a las cosas de encantamiento que cuentan en el libro de Amadís. Veíamos en aquellas ciudades cúes e adoratorios a manera de torres e fortalezas, y todas blanqueando, que era cosa de admiración. Tornamos a ver la plaza y la multitud de gente que en ella había, unos comprando y otros vendiendo, que solamente el rumor y el zumbido de las voces y la palabra que allí había, sonaba más que de una legua; y entre nosotros hubo soldados que habían estado en muchas partes del mundo, y en Constantinopla y en Italia y Roma, y dijeron que plaza tan bien compasada y con tanto concierto, y tamaña, y llena de tanta gente, no la habían visto. Les dimos guerra. No soportó la gran México Tenochtitlan.

Música: (Tambores suaves, quenas suaves).

Corifeo Negro: No pueden ser llevadas las flores
a la región de la muerte:
sólo se han dado en préstamo…

Coro Negro: ¡Es verdad, es verdad que nos iremos!
¡Sí; en verdad, en verdad nos vamos!

Corifeo Negro: En verdad hemos de dejar las flores
y los cantos y la tierra
en verdad nos iremos

Coro Negro: En verdad nos iremos

Corifeo Amarillo: Golpeábamos en tanto, los muros de adobe

Coro Amarillo: Así, era, así, era

Coro Azul: Nuestra herencia

Coro Rojo: Una red, una red

Coro Blanco: De agujeros.

Corifeo Rojo: Con los escudos fue su resguardo

Coro Rojo: Pero, ni con escudos

Coro Blanco: Pudo ser sostenida

Coro Azul: Su soledad (bajo)

Coro Amarillo: Su soledad (medio)

Coro Total: Su soledad (bajo)

Speaker: Este fue el modo como feneció el Mexicano, el Tlatelolca. Dejó abandonada su ciudad. Y al salir iban con andrajos, y las mujeres llevaban carnes de caderas casi desnudas. Y por todos lados hacen rebusca los cristianos. Les abren las faldas, por todos lados les pasan las manos, por sus orejas, por sus senos, por sus cabellos. Y esta fue la manera como salió el pueblo: por todos los rumbos se esparció.

Música: (Comienza el tema de la Soledad. De fondo el diálogo de coros).

Corifeo Negro: Nadie está aquí, nos han dejado huérfanos

Coro Negro: Nadie está aquí, nos han dejado huérfanos

Speaker: Nunca se perderá, nunca se olvidará,
lo que vinieron a hacer
lo que vinieron a asentar en las pinturas:
su renombre, su historia, su recuerdo.

Coro Azul: Así, en el porvenir
jamás perecerá, jamás se olvidará

Coro Blanco: Siempre lo guardaremos
nosotros hijos de ellos, los nietos
hermanos, bisnietos, tataranietos, descendientes

Coro Amarillo: Quienes tenemos su sangre y su color

Coro Rojo: Lo vamos a decir, lo vamos a comunicar
a quienes todavía vivirán, habrán de nacer
los hijos de los mexicas, los hijos de los tenochcas

Coro Total: Los hijos de los mexicas, los hijos de los tenochcas

(Suavísimas las quenas, suaves los tambores. Personaje habla sobre este marco musical).

Personaje: Quienes no somos indígenas,
¿lo hemos heredado?
El olvido
o signo de América
¿es pulso propio de un tiempo
que crea una eternidad?
¿No acoge nuestra América
el dibujo de cada rastro que el pie
dejó en su arena?
Por el olvido, Nahuas, ustedes son
hoy nuestro presente.
¡Oh desapegos que un mismo ignora
antiguas gentes nocturnas
a quienes el peligro abre sus ofrendas
y la primera tumba inútil
donde con gracia
comenzar otro pasado!

Música: (In crescendo. Tema del Olvido)

(Corte luz total)

Coro Total : Los hijos de los mexicas, los niños de los tenochcas.

(a oscuras)

Los textos de los coros y corifeos de la Oda Náhuatl de América están tomados de pomas náhuas recopilados por:

Angel María Garibay:    Poesía Náhuatl, Tomo I
(Fondo de Cultura Económica)
Miguel León Portilla:    Los Antiguos Mexicanos
(Fondo de Cultura Económica)
Alfonso Caso:    El Pueblo del Sol
(Fondo de Cultura Económica)

De la Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo, y textos de Miguel León Portilla en Los Antiguos Mexicanos.
El texto final del personaje indicador está tomado de Amereida, editorial Lambda, Santiago de Chile.

América, Oda sin Patria

Prólogo

Esta oda canta la realidad de la Independencia Americana a la luz que arroja la poesía. No surge frente a las Independencia o sobre ella, sino con ella, abriéndole curso y entregándole una medida. La Independencia a su vez surge con nosotros no por un interés científico o meramente político sino en la demanda encarnizada y dolorosa de un tiempo que se mueve habitualmente entre nosotros, los americanos, que es la nostalgia, es decir, el dolor por la concurrencia y la paternidad perdidas; y el tiempo que significa la voluntad de un futuro, en la tripartición del infinito, tripartición –pasado, presente, futuro– que se ha supuesto ser el único curso posible.

Eso es lo que esta oda cana. Pero canta estas realidades encarnadas en la Independencia no en la condición de arribo contra retirada y viceversa con que solemos polarizarnos los americanos, pues más allá de la pasión y las voluntades se alumbra un ritmo en el cual el arribo y la retirada son pulsaciones o vicisitudes de un despliegue.

Entonces se arroja a la mirada y al ánimo otra realidad que ya no la nostalgia y la voluntad de un futuro. Esta nueva realidad que es también un tiempo, yacía oculta en la gesta de la Independencia. Y esto también es cantado en la Oda.

Esta obra trabaja con una realidad histórica, pero por ser una obra poética reabre los hechos como una herida con una luz y un orden peculiar. Es en esa luz y orden poéticos que decimos lo que viene a continuación.

¿Se puede vivir sin historia? Sin duda alguna esta s una pregunta clave para un pueblo o para un continente, pero parece que los Padres Americanos no se la hicieron así, de este modo; por el contrario, estaban sedientos de poseer una historia propia. La historia es la fidelidad a una centella, que los hombres haciendo perdurar, convierten en iluminación, hasta que esa luz no alumbra y entonces viene otra, es posible pensar que algún día no haya más iluminaciones, y sea preciso vivir en la oscuridad o bien la perpetuidad de una aurora. Pero los americanos deseaban una historia.

Vista en esta obra, lo que se juega fundamentalmente en la Independencia es la obtención de una historia. Para lograrla, los americanos rompen con la que tenían, vale decir, con la del Imperio Español. Se trata, pues, de un abandono.

La ruptura con España sitúa a América en el filo del equívoco, puesto que al abandono de la imagen del Imperio hispánico sigue la adhesión a la imagen o al fervor que proyectan sobre el mundo el afán libertario de la Revolución Francesa y el Imperio Británico, que se extiende en nombre de la libertad. Esta nueva imagen conduce a los libertadores a pensar en Imperios (Iturbide), Reinos (Belgrano) o Federaciones de Estados libres, con Constituciones semejantes a la que se pensara para Bolivia; en verdad se piensa también en Naciones y esta idea, tan cara a la Logia Lautaro, la que se impone. Pero inmediatamente resulta también en América la contradicción entre construir una Unidad y conformar naciones como no sea en el equilibrio inerte de la desconfianza, es decir, en la imposibilidad de mantener la propia y absorber la vecina.

Tanto San Martín como O’Higgins, Belgrano en Paraguay, etc, son libertadores de pueblos; la lucha por la Independencia se ha llevado considerando a América como continente (el ejemplo más claro de esto es el Imperio de Iturbide). Esta es la luz bajo la cual se lucha y es el aliento que infunde fuerzas a los guerreros. Pero lo que ocurre de verdad es que en última instancia no se independiza un continente como tal, sino determinados núcleos que asumen este destino: Caracas, Santiago, Quito, Buenos Aires, México, etc. Prueba de ello es que los americanos se dividen en algunos que están con los criollos y los que están con la corona, como en Cuba y Chiloé.

El intento de asumir una historia consuma su hecho en América una vez producidas las liberaciones. Apenas consumado, se plantea, por un lado, la voluntad de un pasado, que se decide alojar fuera del marco español pero sin decidirse tampoco por un fundamento indígena, y por otro, una nueva imagen, la imagen del futuro: la civilización.

Hasta aquí dura la voluntad. Pero la realidad no depende sólo de la voluntad puesto que ésta va implícita en aquella del mismo modo que un árbol contiene y afirma la lejanía.

Pero ¿cómo nos habla esta realidad distinta a las voluntades que se abrió en la gesta de la Independencia? Señalando que la búsqueda de una historia y la lucha por una imagen nos delatan como un pueblo –¿pueblo?– que por no tener historia la busca y que por no asentarse en lo que es PRESENTE se acusa sin imagen, buscando modelos en constituciones cuanto más numerosas acaso más efímeras más estériles.

Debemos preguntarnos poéticamente cuál es la realidad que habla y se oculta en la sed de historia, la pérdida de la memoria, el estar atado de recuperación en recuperación de la Independencia. O como pregunta Amereida:

¿qué heredamos en este borde
qué heredamos cuando nos sorprendemos
en regalo
inmigrantes
hijos de inmigrantes
mestizos
o aborígenes
despertados otros
en la donación?

En el orden de esta Oda, el significado de la Independencia americana reside en romper la dicotomía entre olvido y recuerdo, cuyo orden no es el de la historia. Y también el hecho de hacerse el mundo, merced a la Independencia, planetario, quebrando así el límite que oponían las naciones. Se entiende desde ahí que América no pudiera constituirse, en forma viva y llena de realidad, en naciones según los modelos clásicos de Europa, ya que uno de los factores constitutivos de las naciones europeas son las lenguas y en América es justamente lo contrario, la lengua es un factor de unidad y no de distingos, cosa que en cambio no aconteció con las distancias americanas.

Al hacerse planetario el mundo, se asume la multiplicidad como rigor, el cual quiere decir ABERTURA, esa abertura que recibe en la donación –el don o presente– a los inmigrantes, sus hijos, a los mestizos, etc. Tal abertura se reconoce en la libertad de razas, tierras, lenguas.

La tarea o aventura de América es alargar al mundo el don recibido. Sólo así podrá América decir una palabra al mundo y por ende tener una figura –ya no mera imagen– propia. Esa palabra podrá dar lugar a una nueva forma de relación entre los hombres, que haga visible la justicia del límite, donde cada rostro adquiere y muestra su esplendor; sólo si América, una y continental, vive el riesgo de una abertura.

El destino de América en la complejidad de lo que significa destino puede ser asumir la realidad abierta en su independencia para que más allá de las figuras de “tener historia o no tener historia” alcancen su propia luz y con ello su propia sombra las muchas etnias, las lenguas, los hombres, las tierras.

Veamos a continuación el argumento de esta Oda, tal como se desarrolla en el texto.

Argumento

El argumento de esta obra no pretende ilustrar una tesis histórica, sino mostrar cómo en ciertos momentos de la gesta por la Independencia, América va irrumpiendo en diversas formas, pero desde la unidad de un destino poético, destino que está en las últimas palabras de esta oda: la abertura.

En primer lugar hay un “Personaje Indicador”. Su rol consiste en ir señalando los momentos en que transcurre el argumento y va delineando la acción. El texto de este personaje puede ser modificado; nosotros lo hemos puesto sólo como un modelo. Aun más, si el director lo desea, el texto de este personaje puede ser improvisado en cada presentación.

Terminada la primera intervención del “Personaje Indicador”, las voces comienzan a tratar el tema del abandono; este tema se prolonga en otras partes de la oda, pero en esta primera parte está tratado como un MOTIVO que suena en la tierra americana. Los textos de los coros ponen de relieve la singularidad que señalaba a los primeros que llegaron a América, singularidad inaugurada ya por los conquistadores que debieron

“procurarse una subsistencia nueva
con la fatiga más enorme
y con los más grandes peligros”

Quienes así hablan, hacen patente la singularidad de la tierra americana, al mencionar las estrellas y los otros continentes. No sólo esto, sino que también demuestran un sentimiento natal cuando descubren que no los “fatiga el deseo de volver a España”. Todo ello sobre el fondo de una súplica al rey, súplica que es también una advertencia. Esta curiosa ambigüedad es la que mejor nos muestra esa realidad, la de querer ser fieles al monarca, pero con la certeza de la propia peculiaridad.

Como decíamos antes, el tema del abandono se prolonga, pero esta vez como NECESIDAD, marcando una nueva aparición de América. Los americanos protestan por la “patitud e injusticia del gobierno de España”, el secuestro en que los mantiene la gran capital; la limitación de su trabajo y, por ende, de su mundo. A todo ello, los coros españoles replican inconmovibles en su creencia en la unidad del Imperio y en la hegemonía española. En los versos finales del abandono como motivo, el coro total dice:

La Naturaleza
nos ha separado de España
por mares inmensos.

En esta segunda parte esa lejanía toma otro cuerpo, se hace inmediata y afecta a todos los americanos; si bien éstos aun son fieles al rey, saben que frente al abandono en que se los tiene, cuentan con una mayoría, capaz de actuar y obedecer.

El corifeo español indica en un parlamento cómo es preciso reconocerles, a los americanos, una realidad propia, fundada en el amor al rey y en el hecho de sentir los americanos “las desgracias de Europa”.

A continuación sigue la RUPTURA con España y la GUERRA A MUERTE. Al decir el corifeo americano las palabras que consagran el deseo de libertad:

“Se trata de quitarnos este yugo
haciéndonos independientes; quitarnos al virrey,
le negamos la obediencia al rey de España
y seremos libres”

Indica la separación de una historia, como decíamos en el prólogo, y al responder el coro americano:

“Una sabia libertad,
extenderá también
sus dominios
sobre todas las regiones
del nuevo mundo”.

Expresa la voluntad de un futuro.

Nuevamente la profunda realidad práctica de América vuelve a irrumpir en la GUERRA. A la pregunta:

La guerra
¿nos hará americanos?

Los americanos responden:

¡A sangre y fuego!

Pero la pregunta seguirá oscilando sobre la existencia de América. La aparición de América, su Independencia, viene a consumar el abandono de una perspectiva histórica –la del Imperio Español– y arroja hacia la conformación de una historia propia.

Ese momento decisivo de la realidad americana sigue siendo el sino de este continente que aun busca una historia peculiar. Si bien América ha aparecido, busca ávidamente su figura propia.

En una parte, el coro femenino pregunta:

“Y ahora ¿qué hacer?
¿Cómo podremos gobernarnos?”

La pregunta hecha, así, es absolutamente actual. En el texto de la Oda, terminada la guerra, los americanos buscan su figura propia, al mismo tiempo que buscan allanar el desconcierto –desconcierto donde se esconde la real irrupción de América que señalábamos en el prólogo– en MODELOS. Estos modelos son varios: el Imperio de Iturbide; la Monarquía de los Incas de Belgrano, la Federación General de Bolívar, la Democracia Republicana de la Logia Lautaro, la República central de hombres fuertes que propugna Portales.

A cada uno de estos modelos se opone una objeción, que en el diálogo muestra la polarización y desunión en que se hallan los americanos, que han llegado así al trasfondo, al trasluz histórico del desconcierto, es decir al panorama de sangre y espanto que dice el texto.

Desde este fondo escurre la DECEPCION. Un corifeo y un coro dicen que el mal “está en el corazón de nosotros mismos”.

Finalmente se trata el Presente en forma de diálogo con el público. Un corifeo especial pregunta al público sobre la propiedad y figura que da un lenguaje; sobre el sub-desarrollo; sobre la cerrazón y la apertura. El coro femenino finaliza la Oda con las palabras que nos designan poéticamente americanos.

“La abertura
nuestra herencia”.

Esta Oda constituyó el trabajo del primer semestre del año 1970 del Taller de América del Instituto de Arte de la UCV.

En ella trabajaron 190 alumnos, finalizando con un ensayo general interno.

1 Fernando Calvo G.
2 Viviana Cordero C.
3 Lautaro Labra H.
4 María Márquez G.
5 Jorge Arturo Moroga D.
6 Alexandros Mustakis D.
7 Carlos Díaz A.
8 Jimena M. Jiménez H.
9 Julio Cúneo V.
10 Marcelo Derosas V.
11 Moisés Valle M.
12 Emilio H. Zernott C.
13 Juan Antonio Ravanal Z.
14 Lucía Acevedo A.
15 Ana María Román F.
16 Yolanda Alvarez A.
17 Alicia Escalona L.
18 Verónica Plaza G.
19 René Salazar A.
21 Ana Acevedo A.
20 Manuel A: Salazar C.
22 Edmunso Lizama F.
23 Miguel Lorca R.
24 José Llamazales R.
25 Teresa Brusco E.
26 Vivian Lyng M.
27 Iván F. Echaurren L.
28 Gerardo Aros M.
29 Italo Caimi S.
30 Carlos Ciufardi P.
31 Annabella Cohen D.
32 Jorge Fco. Nieto A.
33 Erika L. Ramírez von Holle
34 Verónica Rojas P.
35 Nelda M. Rubio A.
36 Gonzalo Valenzuela C.
37 Lastenia Gutiérrez M.
38 Carmen Román L.
39 Baldevé Acosta L.
40 Teresa Arcaya A.
41 Alicia Benguria G.
42 Laura T. Cordero H.
43 Brenilda Figueroa R.
44 Sara Gaete M.
45 Jacqueline Mesías M.
46 Patricia Inés Muñoz G.
47 María Labayrú M.
48 Nora Salvo C.
49 Nélida Sandoval C.
50 Grineldo Soto G.
51 Cecilia Squadritto A.
52 Rosa Valenzuela K.
53 Rosalba Vergara L.
54 Judith Villavicencio C.
55 Juan Pablo León L.
56 Jorge Moll R.
57 Rodrigo Ortiz R.
58 Juan Vaccari F.
59 Saturnino Prieto F.
60 Luis A. Carvajal L.
61 María Patricia Vera O.
62 Sergio Zelaya C.
63 Sylvia Lyng M.
64 Keryma Franco G.
65 David Marín C.
66 Cecilia Martínez S.
67 María Teresa Mella R.
68 Ruth Pacheco G.
69 Patricio Palma O.
70 Alejandro Pinto H.
71 Marta E. Rezzio N.
72 Carlos Alarcón C.
73 María G. Garfias A.
74 Ricardo A. Aillón R.
75 Carlos Santa María R.
76 Sergio E. Andreu M.
77 Lisandro Aranda L.
78 Maximiliano Aranda L.
79 Demetrio E. Babel A.
80 Ramón Barrera V.
81 Alejandro Bergamasco
82 Cristina Blanco V.
83 Rodrigo Calvo L.
84 Patricio Cáraves S.
85 Carlos A. Castro U.
86 Jaime Cea V.
87 José Cienfuegos A.
88 Claudio Cienfuegos U.
89 José R. Correa R.
90 Andrés Cox D.
91 Mauricio Cristino F.
92 María L. Cruz V.
93 Pablo Deichler C.
94 Mario Donoso A.
95 María Flora Echeverría T.
96 Arturo Erlwein Z.
97 Galo Errázuriz V.
98 Mario Estay L.
99 Gastón Fernández L.
100 Jaime Gaete V.
101 Rafael L. García C.
102 Eugenio García F.
103 Jorge Gil M.
104 Tomás Gottlieb M.
105 Juan E. Grimm M.
106 Verónica Grove P.
107 Rodrigo Hermosilla P.
108 Maximiliano C. Hernández R.
109 Luis F. Herrera C.
110 Osvaldo Herrera L.
111 Miguel L. Llimer P.
112 José V. Infante B.
113 Luz Angélica Jara A.
114 Victor Jara V.
115 David A. Jolly M.
116 Aldo Lantadilla A.
117 Guillermo Larios M.
118 José Manuel Lira de la F.
119 Osvaldo R. Lira V.
120 Julio López C.
121 Flavio Lorenzini P.
122 Juan Maillard G.
123 Guillermo Martínez F.
124 Carlos Mella G.
125 Ricardo Mena F.
126 Rolando Meneses C.
127 Jorge Millán M.
128 Manuel Montoya P.
129 Jaime P. Mora A.
130 Arturo Murúa P.
131 Manuel Ovalle Z.
132 Bernardo Oyarzún C.
133 Mario Palma C.
134 María Angélica Pavez N.
135 Carlos G. Poblete B.
136 Eugenio Puga P.
137 Jorge Ramírez K.
138 José Reveco O.
139 Gerardo Del Río U.
140 Patricio Rojas O.
141 Ricardo Salinas M.
142 Pamela Santibáñez B.
143 Verónica Schlegel G.
144 Gastón Del Solar C.
145 Fernando TugasM.
146 María Paulina Toro L.
147 Jorge Urrutia A.
148 Rodrigo Valenzuela F.
149 Rafael Del Valle A.
150 Juan Venegas B.
151 Juan Venegas M.
152 Lucía Vera A.
153 Luis Vera N.
154 Javier E. Villanueva H.
155 Esteban L. Vojkovíc A.
156 Roberto E. Wise P.
157 Alejandro Yánquez M.
158 José Aldunate M.
159 Bruno Barla H.
160 Alex Campbell C.
161 Juan Ciorba V.
162 Jorge Colvín E.
163 Ana María Chamy M.
164 Alex Droppelmann P.
165 Susana Garcés Braun
166 Horacio Gandolfi B.
167 Jaime Hurtado B.
168 Carlos Johannsen A.
169 M. Teresa Jonquera M.
170 Michael Koch E.
171 Rodrigo Larraín G.
172 Carlos Labbé C.
173 Ricardo Mambor S.
174 Ricardo Méndez F.
175 Jorge Miranda V.
176 Lucas Molina A.
177 Patricio Monárdez S.
178 Eduardo Nanjarí R.
179 Jaime Parra M.
180 Vicente Prieto T.
181 Manuel Rioseco P.
182 Juan Silva R.
183 Enrique Tello P.
184 Rodolfo Torres V.
185 Juan P. Varela de la C.
186 Fernando Villanueva C.
187 Paz Walter F.
188 Carlos Zañartu B.
189 Gonzalo Zegers V.

América, Oda sin Patria

Personaje Indicador: En la vocalidad múltiple de una Oda: canto que va anulando las consonancias; luz que se arroja, muestra y levanta las cosas y los hombres; emergencia de un curso; aparece hoy una historia que quiere ser cuento: La Independencia Americana.

En esta primera parte resuena por la tierra de América la primera y dolorosa conciencia de una figura que reclama su propiedad y resuena frente al abandono en que tiene a los americanos la palabra real, quejas y un consentimiento en la muerte.

Se oyen los ruegos, como de hijo, de los que viven ya en América; la mención de los antepasados, que por vía de la hazaña franquearon un tiempo y una nueva existencia.

Resuena el reconocimiento de América merced al cielo, a las estrellas y a los nombres.

Tras la advertencia al rey, el motivo del abandono toma fuerza en el reconocimiento del mar inmenso.

Y hay un coro de mujeres, cuyas voces anudan la fábula a un nombre. Por esta razón, podríamos pensar que tiene algo que ver con el Destino.

Música grabada:

Coro cantando Femenino: América, América, América.

Música grabada:

Coro 1: Mira, mira, rey español,
que no seas cruel a tus vasallos
ni ingrato.

Corifeo 1: Te han dado tus vasallos
tantos reinos y señoríos como en estas partes tienes.

Corifeo 2: Aunque yo y mis compañeros
nos hallamos determinado de morir,
singular rey,
tú has sido causa por no dolerte
del trabajo de estos vasallos
y no mirar lo mucho que nos debes.

Coro 2: Mira, mira, rey español,
que no seas cruel a tus vasallos
ni ingrato.

Corifeo 3: ¡Qué lástima tan grande
que no te duelas de nuestra vejez y cansancio
siquiera para matarnos el hambre un día!

Coro Cantado Femenino: América, América, América.

Corifeo 4: Duélete, señor, de alimentar
los pobres cansados de estas tierras.

Coro 3: Mira, mira, rey español,
que no seas cruel a tus vasallos
ni ingrato.

Corifeo 1: Cuando nuestros antepasados se retiraron
a una distancia inmensa
de su país natal

Coro Cantado Femenino: América, América, América

Corifeo 1: Se expusieron a costa propia
a procurarse una subsistencia nueva
con las fatigas más enormes
y con los más grandes peligros.

Coro 4: ¡Qué lástima tan grande
que no te duelas de nuestra vejez y cansancio
siquiera para matarnos el hambre un día!

Coro 1: Hay también en esta parte estrellas,
tenemos cielo y nos cobija
como a los de Europa y Asia y Africa.

Corifeo 2: Que por eso no nos fatiga
el deseo de volver a España
porque hallamos que el cielo
nos cae tan cerca por el Perú como por España.

Coro 2: Porque hallamos que el cielo
nos cae tan cerca por el Perú como por España.

Corifeo 3: Pero la inclinación natural a su país nativo
les condujo a hacerle
el más generoso homenaje
de sus inmensas adquisiciones

Coro Femenino: Porque hallamos que el cielo
nos cae tan cerca por el Perú como por España.

Corifeo 3: No pudiendo dudar
que un servicio gratuito
dejase de merecerles
un reconocimiento proporcionado.

Coro 3: Un reconocimiento

Coro 4: Un reconocimiento

Coro Total: Mira, mira, rey español,
que no seas cruel a tus vasallos
ni ingrato.

Corifeo 4: Pues la Naturaleza
nos ha separado de España
por mares inmensos.

(Sobre música instrumental de cuerdas diapositivos de primeros mapas de América y de mares)

(Sigue música de cuerdas).

Personaje Indicador: (Sobre música; texto escandeado)
Detrás de los males sufridos por los criollos se escondía la persistencia del olvido, la falta de reconocimiento por parte de España.

La medida era ostentada por la gran ciudad, metrópolis, y la palabra criolla quiere abandonar la unidad de medida conocida hasta entonces o monarca.

Los americanos comienzan pidiendo un hueco donde luzca su propia estatura; buscan perdurar más allá de la pura subsistencia; creen que su propia inmensidad y su mayoría les dará la voz. Pero estos acentos no son propios aún y sólo logran acusar la injusticia de un trato y toma forma en la disputa con los fieles al rey. La polémica, la guerra, deberá responder por la medida.

(Música que va del pianísimo, increscendo con percusión).

Corifeo Americano: (subrayado por golpe de música A)
Americanos:
Los males de estos tres últimos siglos
nos enseñan
la ingratitud e injusticia
del gobierno de España.

Coro Español: (subrayado por golpe de música B)
No. Los dominios españoles
en ambos hemisferios
forman una misma y sola monarquía
una misma y sola nación
una misma y sola familia.

Corifeo Americano: La Metrópolis nos separa del mundo
y nos secuestra
de todo trato.

Corifeo Español: No se escuchará entre vosotros
más voz
que la del monarca que habéis jurado.

Coro Español: Más voz
que la del monarca que habéis jurado.

Coro Femenino: ¿De qué pueden servirnos
nuestras fértiles tierras?

Corifeo Americano: ¿De qué pueden servirnos
nuestras fértiles tierras
si carecemos de instrumentos
para labrarlas
y no podemos hacerlo
un punto más allá
de nuestros miserables consumos?

Corifeo Español: Mientras exista en España
un trozo de tierra mandado por los españoles
ese pedazo de tierra debe mandar
a las Américas.

Coro Americano: No rompemos en tumultos
no apelamos a la amenaza.
Pero queremos asegurar nuestros derechos
Por una arreglo saludable.

Corifeo Español: El español debe mandar a los
Americanos, pudiendo sólo venir
al mando los hijos del país cuando
ya no hubiese un solo español en él.

Corifeo Americano: Somos los únicos
en el mundo
a quienes
el gobiernos obliga a pagar
la satisfacción de sus necesidades
más caramente;
a vender
a más bajo precio
los productos
de sus trabajos.

Coro Español: Si los americanos
se quejan de haber sido oprimidos
por espacio de trescientos años
experimentarán el mismo tratamiento
por otros tres mil más.

Coro Americano: La mayoría americana
no tiene sino dar una voz
para ser luego obedecida.

Coro Español: ¿A qué raza de hombres
pertenecen estos americanos?

Coro Femenino: ¿A qué raza
de hombres?

Coro Americano: Somos un continente
infinitamente más grande que la España
más rico
más poderoso
más poblado.

Corifeo americano: Necesitamos poseer un gobierno
que funcione cerca de nosotros mismos.

Música: (Instrumental de cuerdas y percusión (1 minuto))

Corifeo Español: (Dirigiéndose al coro español)
Salvemos a las Américas
seamos sus redentores
estos fieles habitantes aman al rey
y sienten las desgracias de Europa.

Coro Español: Mientras exista en España
un trozo de tierra
mandado por los españoles
ese pedazo de tierra
debe mandar
a las Américas.

Coro Americano: La mayoría americana
no tiene sino dar una voz
para ser luego obedecida.

Coro Femenino: No tiene sino dar una voz.

Música Grabada.

Personaje Indicador: (Sobre música, texto escandeado)
La libertad contra un yugo; el levantamiento contra las cadenas; la persuasión con la violencia. América grita un día: ¡libre!
El abandono era una necesidad para los americanos.
El coro femenino y su corifeo, en el fragor de las voces bélicas, señalan una ruptura y una voluntad, a un pasado y aun futuro. Pero también hacen, con la esquivez e incertidumbre de todo destino, terribles preguntas.

(Fin de Música)

Corifeo Americano: No conviene que siendo dueños de un país tan hermoso y rico, continuemos por más tiempo bajo un yugo que no es posible soportar; estamos en la más tiránica opresión.
¿No es esto una injusticia?

Coro Americano: ¡Sí!

Corifeo Americano: Se trata de quitarnos este yugo
haciéndonos independientes; quitarnos al virrey,
le negamos la obediencia al rey de España
y seremos libres. Hemos de tomar las armas
para correr a los españoles y no consentir
en nuestro reino a ningún extranjero.

Coro Americano: Una sabia libertad
extenderá también
sus dominios
sobre todas las regiones
del nuevo mundo.

Coro Femenino: Don precioso del cielo.

Coro Americano: Sobre todas las regiones
del nuevo mundo.

Corifeo Americano: Ha llegado finalmente el momento
de obrar. Ya es tiempo de recoger
el fruto de tres siglos de paciencia.

Coro Americano: La América
levantándose del polvo
rompiendo sus cadenas
triunfará.

(Música y diapositivos de grabados de la Independencia. Final de la música muy alto. Corte seco).

Coro Español 1: Fanáticos

Coro americano 1: Independencia o muerte

Coro Español 2: Insurgentes

Coro Americano 2: Independencia o muerte

Coro Español 1: Cínicos.

Coro Americano Total: ¡Independencia o muerte!

Coro Español Total: ¡Hidras ponzoñosas,
Corruptores del pueblo!

(Todos los coros se ponen de pie)

Corifeo Femenino: Rompiendo una historia
América quiere nacer a otra historia.

Música Grabada: (De fondo)

Coro Femenino: ¿Cómo comenzamos
una nueva historia?
¿La guerra
nos hará americanos?

Coro Americano Total: ¡A sangre y fuego!

Corifeo Juntos: Es preciso generalizar
los principios de la revolución
para que la fuerza del convencimiento
concurra con la de las armas.

Coro Femenino: ¿La guerra
nos hará americano?

Coro Total: ¡Libertad, libertad, libertad!

Corifeo 3: Han llevado el rayo de las armas
desde las costas del Atlántico
hasta las del Pacífico.

Coro Total: Temblad tiranos,
el velo que os encubre
va a rasgarse para siempre.

Coro Femenino: ¡Independencia o muerte!

Corifeo 4: Han hecho resonar desde las ardientes llanuras
hasta la cima helada de los montes
el grito de:

Coro Total: ¡Independencia o muerte!

Corifeo 1: Españoles: contad con la muerte aun siendo
indiferentes, si no obráis en obsequio
de la libertad americana.
Americanos: contad con la vida: la vida nace
de la muerte.

Coro Femenino: Americanos: la vida nace de la muerte: contad con la vida.

Coro Total: ¡Temblad tiranos!

(Crescendo de la música. Tambores en ascenso. Fortísimo. Termina brusco).
(Los coros se sientan)

Coro 2: América ya libre

Coro 3: Ya señora de sí misma.

Coro 4: Ya no reconoce ni depende de la España.

Coro 1: Ni de otra nación alguna.

Corifeo 2: América ya no es más el patrimonio de la dinastía tiránica y arbitraria sino el silo de la libertad y el país para todos los hombres del globo.

Coro 2: Saludadla todos como independientes

Coro 3: Y sean vuestros corazones bizarros los que sostengan su dulce voz:

Coro 4: ¡América libre!

(Música grabada de los distintos Himnos Americanos. Corte de luz total).
(Luz general azul).

Corifeo Femenino: Rompiendo una historia América quiere nacer a otra historia.

Coro Femenino: Rompiendo una historia América quiere nacer a otra historia.

Coro Femenino: Somos a cada paso interrumpidos por la incesante agitación tumultuosa que nos conmueve.

Coro Español 1: Cínicos.

Coro Americano Total: ¡Independencia o muerte!

Coro Español Total: ¡Hidras ponzoñosas, corruptores del pueblo!

(Todos los coros se ponen de pie)

Corifeo Femenino: Rompiendo una historia América quiere nacer a otra historia.

Música Grabada: (De fondo)

Coro Femenino: ¿Cómo comenzamos una nueva historia?
¿La guerra nos hará americanos?

Coro Americano Total: ¡A sangre y fuego!

Corifeos Juntos: Es preciso generalizar
los principios de la revolución
para que la fuerza del convencimiento
concurra con la de las armas.

Coro Femenino: ¿La guerra
nos hará americanos?

Coro Total: ¡Libertad, libertad, libertad!

Corifeo 3: Han llevado el rayo de las armas
desde las costas del Atlántico
hasta las del Pacífico.

Coro Total: Temblad tiranos,
el velo que os encubre
va a rasgarse para siempre.

Coro Femenino: ¡Independencia o muerte!

Corifeo 4: Han hecho resonar desde las ardientes llanuras
hasta la cima helada de los montes
el grito de:

Coro Total: ¡Independencia o muerte!

Corifeo 1: Españoles: contad con la muerte aun siendo
indiferentes, si no obras en obsequio
de la libertad americana.
Americanos: contad con la vida: la vida nace
de la muerte.

Coro Femenino: Americanos: la vida nace de la muerte:
contad con la vida.

Coro Total: ¡Temblad tiranos!

(Crescendo de la música. Tambores en ascenso. Fortísimo. Termina brusco).
(Los coros se sientan)

Coro 2: América ya libre

Coro 3: Ya señora de si misma.

Coro 4: Ya no reconoce ni depende de la España.

Coro 1: Ni de otra nación alguna.

Corifeo 2: América ya no es más el patrimonio
de la dinastía tiránica y arbitraria
sino
el silo de la libertad
y el país
para todos los hombres del globo.

Coro 2: Saludadla todos
como independientes

Coro 3: Y sean vuestros corazones bizarros
los que sostengan su dulce voz:

Coro 4: ¡América libre!

(Música grabada de los distintos Himnos Americanos. Corte de luz total).
(Luz general azul).

Corifeo Femenino: Rompiendo una historia
América quiere nacer a otra historia.

Coro Femenino: Somos a cada paso
interrumpidos
por la incesante agitación
tumultuosa
que nos conmueve.

Corifeo Femenino: Vemos con asombro
la alternativa terrible
de dos verdades:
Unión y orden
o suerte desgraciada
¿Qué hacer?

Coro Femenino: Somos ya independientes
¿Cuál será nuestro futuro?
Y ahora ¿qué hacer?
¿Cómo podemos gobernarnos?

Coro Total: Un inmenso volcán
está a nuestros pies
América
se desenvuelve en el caos.

Personaje Indicador: La ruptura con un pasado asoma a los americanos a un abismo, abismo que es preciso afrontar y recoger, Los americanos de pie sobre su pasado tienen ahora una sed de futuro.
Entonces surgen palabras tales como reino, Imperio, Federación, etc. Es decir, modelos.
¿Podrá lo que fue llamarada hacerse iluminación?

Corifeo 3: Algunos se han decidido:
América septentrional se reconocerá
por nación soberana e independiente
y se llamará en lo sucesivo:
Imperio Mexicano.
El gobierno del Imperio
será monárquico
constitucional,
moderado.

Coro Femenino: ¿Qué son esos Condes y Marqueses
de Lima y México
cuyas grandes fortunas reunidas
no pueden ser suficientes
para establecer
la aristocracia
de una corte?

Coro Total: Un inmenso volcán
está a nuestros pies
América
se desenvuelve en el caos.

Corifeo 4: Todos los que han administrado los negocios públicos nunca han tenido en sus miras con respecto a sus futuros destinos más que la monarquía. La forma más conveniente sería la de una monarquía temperada llamando a la dinastía de los Incas porque la justicia envuelve la restricción de esta casa.

Coro Femenino: No hay elementos de monarquía
en esta tierra.

Corifeo Femenino: La monarquía no es
el ideal americano.

Coro Femenino: Salimos de una terrible
para volver a otra.
¿Qué ganamos?

Coro Total: Un inmenso volcán
está a nuestros pies.
América
se desenvuelve en el caos.

Corifeo 1: Después de haber pensado infinito, hemos convenido que el único remedio es una federación general. La Federación llevará el nombre que se quiera; habrá una bandera, un ejército y una sola nación.

Corifeo Femenino: No se de donde han sacado
que el pueblo
la tenga amor
a la Confederación.

Coro Femenino: Cuando no sabe
ni lo que esta palabra
significa.

Coro Total: Un inmenso volcán
está a nuestros pies.
América
se desenvuelve en el caos.

Corifeo 2: Nunca reconocerás por gobierno legítimo de tu patria sino a aquel que sea elegido por la libre y espontánea libertad de los pueblos; y siendo el sistema republicano el más adaptable al gobierno de las Américas, propenderás por cuantos medios estén a tus alcances, a que los pueblos se decidan por él. El gobierno democrático es el único que conserva la dignidad y majestad del pueblo.

Coro Femenino: La democracia
que tanto pregonan
los ilusos
es un absurdo
en los países americanos.

Corifeo Femenino: Llenos de vicios
y donde los ciudadanos
carecen de virtud.

Coro Total: Un inmenso volcán
está a nuestros pies.
América se desenvuelve en el caos.

Corifeo 3: La República es el sistema que hay que adoptar.
Un gobierno fuerte, centralizador, cuyos hombres sean verdaderos modelos de virtud y patriotismo.

Coro Total: ¿Tendremos fuerzas para subsistir las Repúblicas Americanas?

(Se apaga luz azul. Luz general blanca)

Música Instrumental: (30 segundos)

Corifeo Especial: Hay en toda la generalidad de América un solo
giro en los negocios públicos.

Música Instrumental: (15 segundos)

Corifeo Especial: En ninguna parte las elecciones son legales: en ninguna se sucede el mando por los electos según la ley. Si Buenos Aires aborta un Lavalle, el resto de la América se encentra plagado de Lavalles.

Música Instrumental: (5 segundos solo y luego de fondo)

Corifeo Especial: Si Dorrego es asesinado, asesinatos se perpetran en México, Bolivia y Colombia: Si Pueyrredón se roba el tesoro público, no falta en Colombia quien haga otro tanto. Si Córdova y Paraguay son oprimidos por hipócritas sanguinarios, el Perú nos ofrece al general Lamar. Si los movimientos anárquicos se perpetran en todas las provincias argentinas, Chile y Guatemala nos escandalizan de tal manera, que apenas nos dejan esperanzas de calma. Allá Sarratea, Rodríguez, Alvear, fuerzan a su país a recibir bandidos en la capital con el nombre de libertadores: en Chile, los Carrera y sus secuaces cometen actos semejantes en todo. ¿Y cuál es el atetado de que es inocente Guatemala? Se despojan las autoridades legítimas: se rebelan las provincias contra la capital: se hacen la guerra hermanos con hermanos y la guerra se hace a muerte: las aldeas se baten contra las aldeas, las ciudades contra las ciudades, reconociendo cada una su gobierno, y cada calle su nación. ¡Todo es sangre, todo es espanto en América!

Coro Femenino: ¡Todo es sangre, todo es espanto en América!

(Comienza un murmullo desordenado. Termina en gran griterío. Climax. Tres segundos de música de percusión con música instrumental. Al oír la música de percusión, cesa la gritería).

(Semipenumbra. Sigue sola música de cuerdas en bajo continuo).

Personaje Indicador: A esta embriaguez de sangre y desorden, siguen palabras de renunciamiento, de tristeza. Se oye un testamento de decepción. Uno de los coros indica donde reside el mal que aqueja a los americanos.

Corifeo 4: Nosotros
no podemos ya hacer nada
sino vegetar
entre los sufrimientos
y la adversidad.
Renunciad a las quimeras de la esperanza.

Coro 1: Este
es el único consuelo
que nos queda
después de perdido todo.

Corifeo 1: Largos años
de tristes
y espantosas experiencias;
largos años
en busca de una libertad
que no ha existido.

Coro 2: Mientras
Nosotros esperábamos
en silencio
nuestro destino.

Corifeo 2: Yo he mandado veinte años.
Y de ellos
no he sacado más
que pocos resultados ciertos:
Primero:
La América es ingobernable para nosotros.
Segundo:
El que sirve una revolución
ara en el mar.
Tercero:
La única cosa
que se puede hacer en América
es emigrar.

Coro 3: Mientras nosotros esperábamos
en silencio nuestro destino.

Corifeo 3: ¡Representantes!
¡Cabildos abiertos!
¡Unidad!
¡Federación!
¡Pretextos!
El mal
no está en los diferentes sistemas
gubernativos.
Está
en el corazón de nosotros mismos.

Coro 4: Está en el corazón
de nosotros mismos.

Música: (Fin de música)

(Se enciende toda la sala)

Personaje Indicador: Contra todo seguimos teniendo un presente.
¿Podremos vivir en nuestra propia emergencia?
Todas las voces pronuncian el misterio
de nuestra herencia.

Corifeo Especial: (Pregunta al público)
Hasta hoy día, ¿no ha hecho América sino depender
e imitar a otras naciones? ¿sí o no?

(Se apaga la sala. Luz de coros).

Corifeo Especial: ¿Qué somos pues?

Coro 1: Entre simulacros y fantasmas
las gentes de América
sólo imitamos.

Coro Femenino: Imitamos
en la nostalgia
de futuros promisorios.

Coro Total: Entre simulacros y fantasmas
las gentes de América
sólo imitamos.

(Se apaga toda luz. Comienza proyección de diapositivas (razas diferentes, ciudades, tipos humanos, mexicanos, gauchos, negros, indios, pescadores, etc. Sobre músicos populares).

(Fin música y diapositivos. Se enciende toda la sala)

Corifeo Especial: (Pregunta al público)
Podrá tener América, algún día, un lenguaje propio?
¿Sí o no?

(Respuesta del público)

(Se apaga la sala. Luz de coros)

Coro 2: Un lenguaje

Corifeo 2: El que ya escucha

Coro 2: Las olas sordas del mar americano

Corifeo 2: Golpear tras toda imitación

Coro 2: Y arrepentimiento

Corifeo 2: Un lenguaje

Coro 2: El que urge continente

Corifeo 2:    ¡Un lenguaje!

Coro Femenino: Sólo el dicho
o modo de los muertos
abre los bordes
para una tierra.

(Se enciende luz de sala)

Corifeo Especial: (Pregunta al público)
¿Has podido América superar el título de
sub-desarrollada? ¿Sí o no?
(Respuesta del público)

(Se apaga luz de sala. Luz de coros)

Coro 3: Este sub-desarrollo
para generaciones anteriores a la nuestra
era signo de optimismo y esperanza.
Así de la esperanza
éramos todos
países del futuro.
Los jóvenes de hoy
aprendemos que el sub-desarrollo
es una cosa humillante.
América
por la poesía
se levanta
contra la alienación
de su destino
para adquirir conciencia.

Música: (15 segundos)

(Se enciende luz de sala)

Corifeo Especial: (Pregunta al público)
En un mundo que se cierra por todas partes: En Estados Unidos, Medio Oriente, Vietnam, entre nosotros, en la Unión Soviética, etc., ¿encontrará América su destino abriéndose en todos los sentidos posibles; siendo la patria de la abertura? ¿Sí o no?

(Respuesta del público)

(Se apaga luz de sala. Luz de coros)

Coro 4: La abertura es nuestra herencia.

Música: (Instrumental y percusiones de fondo)
Una nueva
era de la historia
con la epifanía
de América.
Un lugar misterioso
donde se dieron
todas las razas del mundo.
La abertura es nuestra herencia.
Nos sorprende en regalo
inmigrantes
hijos de inmigrantes
mestizos
aborígenes,
despertados otros en la donación.
La abertura es nuestra herencia.

Música: (Fin de música)

Coro Total (A oscuras): La abertura
Nuestra herencia.

Los textos de los coros y corifeos de América, Oda sin Patria corresponden a escritos extraídos directamente de los archivos, libros, cartas, declaraciones, proclamas y decires de las siguientes personas: Joseph de Acosta, Lope de Aguirre, Diputado Alvarez de Toledo, Amereida, Manuel Belgrano, Simón Bolívar, José Miguel Carrera, Congreso de Buenos Aires, Congreso de EE.UU. 1811, Cortes Españolas (regencia de Quintana), La Gaceta de Buenos Aires, Tomás Guido, Antonio Llocadio Guzmán, Miguel Hidalgo y Costilla, Agustín de Iturbide, Junta de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Logia Lautaro, Obispo Lue, Juan Martínez de Rosas, Francisco Miranda, Manuel Moreno, Bernardo O’Higgins, Diego Portales, Bernardino Rivadavia, José de San Martín, Diputado Villavicencio, Juan Pablo Viscardo y Guzmán, Santiago Zea.

America: El Camino no es El Camino

Prologo

La oda como palabra que se parte y entrega a fin de que a nadie pertenezca, configura una manera compartida de mirar, bajo el destello y en el fulgor de la poesía, nuestra realidad propia y presente.

De tal modo la oda, conformando su canto, ofrece y hace presente. Presente como un modo del tiempo y regalo.

¿De qué presente o don es portadora entonces esta oda, América: El Camino no es el Camino?

Ella se conjuga y se sostiene en el horizonte de las voces múltiples que interrogan e intentan el desvelo de un origen de los que somos y nos decimos americanos. Se abre su canto desde la pregunta “¿qué signo tiene nuestro origen?”.

Y primero nos dice del mar, y como, inmersos en su dimensión los ojos de los descubridores buscan la tierra, el fin de la travesía ya no en el cumplimiento de la jornada que colme las esperanzas que los hizo a la mar, sino la tierra como término del desamparo y salvación de los peligros que mortalmente los amenazan en la navegación. Y en medio del camino de la mar, en la inminencia del agotamiento, apenas sostenidos en maravillas y señales que el cielo les ofrece como fuegos y pájaros, emerge ante ellos la tierra americana.

Y en este su primer aparecer ya se muestra equivocando a quienes la deseaban Paraíso Terrenal o la temían Fin del Mundo, ideas ambas que figuran en las gentes europeas una suerte de suelo común que en esta tierra no se reinicia.

Y la oda nos dice que no es el Paraíso lo que hallaron, pues a medida que avanzan son mayores las penurias y estas los conducen en la desesperación a la tumba. Pero es esta una tumba peculiar, revelada en las palabras de Vicente Huidobro: “se abre la tumba y al fondo se ve el mar / para que el ojo vea el comienzo del mundo”. Luego la oda nos señala en su decir poético que a pesar de los equívocos y más allá de esa tumba-mar, la tierra se ofrece suspendida e intacta: guardaba por los animales y los hombres dotados de palabra que la cuidan ocupándola, tal como lo enseña y dice el Popol-Vuh.

Quienes así arriban, entran en esa tierra, empecinados, en pos del oro como rescate de tanta desventura y del despliegue o teatro de la ocupación se hace en función de su hallazgo. Pero este suelo no sacia sus ansias de oro. Ansias que entre otras movieron Europa a la empresa de los descubrimientos, pero que también acompañan desde siempre a quienes ven en el resplandor del oro el esplendor de la gloria que consagra una proeza. Los descubridores, entonces, no se contentan con ninguna de las tierras que pisan y recorren; y siempre están buscando otra que sacie sus deseos de oro; y por estar continuamente en esta búsqueda no se apertrechan y abastecen para poblar, sino para ocupar la tierra en permanente travesía.

La ocupación de América en vistas del oro se hacen en travesía, pues se va de hallazgo en hallazgo y todo hallazgo torna equívoco. Así, se nos dirá en la oda que se busca oro y se encuentra un metal que no es el oro.

¿Cuál sería entonces, se pregunta, el oro real de América, su don?

¿Y cómo vivir este equívoco originario de que nos habla la oda, para recibirlo?

No es en un juego de preguntas y respuestas donde se alcanzará la comprensión de este continente, desde donde podremos empezar a verlo desvelado y así ser posible que nos comparezca su verdadero oro. Tal vez se inicie una comprensión cabal de América a partir del reconocimiento de aquello que el equívoco en su complejidad produjo: la travesía.

Travesía que recorre el continente en incesantes entradas y partidas, venidas e idas, de modo que los hombres se disponen al requerimiento sin opción de este suelo, al propio transitar que lo revela inmenso, y así tienen ya por deleite andar vagamundos, tanto, que se va constituyendo en un oficio: el de meramente, andar andando. Y este modo peculiar de habitar en tránsito o trance es el que nos advierte acerca del don, don que los ojos ven a su pesar, pues no se ofrece en la perspectiva del hallazgo (que siempre es equívoco) sino en el propio transitar: ese don es la distancia. Las grandes distancias continentales que llamaron a los hombres y nos llaman. Ese gran mar interior de América que los ojos de los primeros descubridores, cansados de tanto mar, ven pero no miran, porque su empeño es otro, pero que es el real suelo que se les abre para su consistencia.

Es en la travesía que se revela América en su profunda continentalidad, más allá de las meras particularidades. Continentalidad que se ofrece en un como la distancia.

Pero la distancia nos parece una adversidad, una imperfección que sólo redime la velocidad, pues la asociamos negativamente a lejanía. Pero, ¿es que hay diferencia entre distancia y lejanía? ¿Será la lejanía el llamado a conquistarla y por eso ligada a la proeza, y en cambio la distancia, la abertura, cabida, extensión donde pueda con ella, como unidad subyacente, florecer lo múltiple, y en este sentido ser un don?

Hasta hoy sin embargo padecemos la distancia como una adversidad, y puestos los ojos en u centro del que nos sentimos lejanos, llámese Europa u otro que nos enajena, y herederos del equívoco de la esperanza que es el signo originario de este suelo, ¿de qué modo recibir la distancia como un presente?

Tal vez aceptando su modo propio de aparición y dándonos a su turno a la ofrecida oscuridad del equívoco; y así, la distancia, don y no imperfección, permite que cobre su realidad el nombre de esta oda: América: El Camino no es el Camino.

Argumento

La Oda se inicia con una voz que con su texto da la partida para que intervengan diversos coros: unos para hablarnos, otros para hacer teatro, otros para hacer música, otros que han realizado secuencias fílmicas para proyectarlas. Este concertamiento de coros nos entrega así a través de la palabra, del gesto, de la imagen, de la música, el argumento de la Oda.

Primero los coros cantados y hablados nos dicen la travesía del Atlántico, el descubrimiento, y como se toman las tierras de América por el Paraíso Terrenal. Pronto se dan cuenta que no es tal sino el Fin del Mundo y prueba de ello es que el avanzar se transforma en grandes penalidades, en las que muchos mueren. Otros se vuelven, algunos de los que quedan, en su desesperación se entierran vivos en tumbas recién abiertas y en el fondo de esas tumbas ven el mar que nos lleva hasta su otro lado, que es otro mundo que comparece como la creación de la tierra, la de los animales y de los hombres que la ocupan.

Toda este primera parte tiene las intercalaciones de secuencias fílmicas que muestran el mar y la tierra como presencias inequívocas, y de percusionistas que tienen a su cargo la música de la “aparición de la tierra”.

Enseguida el teatro tiene a su cargo la ocupación de la tierra y pone en escena en dos momentos distintos y consecutivos los textos (dramatizados por los directores) de las travesías de Colón y de Amereida.

Nuevamente los coros hablados en diálogo con los corifeos y nos dicen de las entradas en la tierra de América y como por ser el hallazgo un continuo equívoco (se busca oro y se encuentra metal desconocido) que va siempre buscando y no se asientan y pueblan sino que andan vagamundos. Y en ese andar vagamundo, en travesía, se les revela el don de la distancia. Esta revelación de la distancia la hace el coro cantado; y a fin de que lo palpemos, en un momento dado, la sala entera del teatro se convierte en el signo de la distancia mediante los elementos plásticos.

La primera presentación de la Oda América: El Camino no es el Camino, se llevó a efecto el día 11 de Diciembre de 1970 en el Teatro Municipal de Viña del Mar y dicha presentación fue realizada con la participación de las siguientes personas:

Música Grabada: Amereida de León Schidlowsky.

Coros Grabados: Alumnos del Instituto de Música de la Universidad Católica de Chile bajo la dirección del maestro Fernando Rosas.

Música de Percusión: Compuesta y dirigida por el compositor Roberto Escobar B. y ejecutada por los siguientes alumnos:

1 Ricardo Aillón R.
2 Sergio Andreu M.
3 Fernando Barella C.
4 Sonia Barrías M.
5 Ana Cecilia Bascuñán D.
6 Germán Brante C.
7 Teresa Brusco E
8 Myriam Bustamante L.
9 Ana maría Cabrera E.
10 Ricardo Calderón N.
11 Carlos Castro U.
12 Juan Carvallo C.
13 Patricio Cáraves S.
14 Leticia Castro J.
15 Jaime Cea V.
16 Claudio Cienfuego U.
17 Marta Cifuentes D.
18 Carlos Correa S.
19 Andrés Cox D.
20 Jaime De la Maza L.
21 Pablo Deicgler C.
22 Felipe Balza E.
23 Vicente Infante B.
24 Manuel Gamboa M.
25 Pedro Deney F.
26 Rosa Eberhard P.
27 Luz María Figueroa V.
28 Javier Galmez B.
29 Rafael García C.
30 María García G.
31 Agustín Garaventa V.
32 Jorge Gil M.
33 Liliana González A.
34 José González Z.
35 Maximiliano Hernández
36 Jaime Hurtado B.
37 Miguel lllmer P.
38 María Jara G.
39 Alejandro Jofré I.
40 José I. Jopia
41 Erika Leiva G.
42 Raimundo Lira
43 Julio López C.
44 Norma Martínez S.
45 María Verónica Mattar S.
46 Ricardo Medina M.
47 Jorge Millán M.
48 Marta Muñoz S.
49 Jorge Miranda V.
50 Sara Pavéz
51 Eugenio Puga P.
52 Guillermo Rojas D.
53 Susana Rojas R.
54 Milton Seguel E.
55 Rodolfo Torres V.
56 Fernando Tugas
57 Eliana Valenzuela F.
58 Ricardo Villarroel S.

Películas del Mar y de la Tierra: Realizada por el Director Gastón Bonizzoni y los siguientes alumnos:

1 Juan Ignacio Benítez D.
2 Oscar Navarrete B.
3 Carlos Miguel Ortiz P.
4 Jorge Prieto R.
5 Pedro Vásquez W.
6 Carmen Fuster R.
7 Antonio Garrido C.
8 María Fernández G.
9 Ricardo Gutierrez R.
10 Mónica Acevedo B.
11 Verónica Garcés R.
12 María Elena Urenda S.
13 Jorge Díaz V.
14 Bernardita Vásquez A.
15 Teresita Armijo L.
16 Enrique Bettoli S.
17 Patricio Cánepa G.
18 Carlos Ciuffardi P.
19 Gaspar De la Iglesia D.
20 Bruno Francia W.
21 Gonzalo Fuster R.
22 Jorge Galgani C.
23 José Gutierrez G.
24 José Hernández V.
25 José Hornauer H.
26 Henri Jojot V.
27 Carlos Musalem S.
28 Alfondo Santini R.
29 Roberto Serra B.
30 Guillermo Schaffel G.
31 Rosemarie Schrader F.
32 Vladimir Valdovinos E.
33 Sergio Valenzuela M.
34 Jorge Vega S.
35 Michael Jones G.
36 Pedro Maurín K.
37 Rodrigo Ortiz R.
38 Nancy del C. Diesel F.
39 Jorge Cruz V.
40 Mauricio Sandoval Q.
41 Pedro Jenaro Toro A.
42 Pedro Enrique Ripoli R.

Teatro: Realizado por el Taller del director Carlos Patillo y los siguientes alumnos:

1 Elizabeth Bascuñán M.
2 Magaly Bozzo O.
3 Erika Blanco P.
4 María Cuevas R.
5 Angel Domínguez F.
6 Alejandro Dumas R.
7 Dionisio Escobar F.
8 Patricia Ferenberg R.
9 Elvira Gallardo S.
10 Ana María Godoy M.
11 Estrella González A.
12 Liliana González L.
13 Pedro Guerra B.
14 Uldis Grasins U.
15 Matilde Lannefranque V.
16 Guillermo Pavéz A.
17 Verónica Reíste O.
18 Juan Ignacio Ruedi A.
19 Margarita Salas C.
20 Joaquín Salas M.
21 patricio Sandoval M.
22 Francesca Salvatore F.
23 María Teresa Sánchez A.
24 José Luis Sánchez
25 Raúl Vera P.
26 Patricio Villar V.
27 Alicia Yánez M.
28 Cecilia Castro M.
29 Luis Alberto Luna A.
30 Mario Ponde C.
31 Eduardo Soto
32 Ana María Arancibia

Teatro: Realizado por el Taller del director Oscar Stuardo y los siguientes alumnos:

1 Victoria Acevedo D.
2 Inés Aguilera R.
3 Catalina Araya M.
4 René Barahona A.
5 Juan Cristóbal Barahona A.
6 Rodolfo Colacci A.
7 Susana Collao R.
8 Verónica Chepillo A.
9 Ricardo Moraga G.
10 Guillermo Knuth B.
11 Patricio Larraín N.
12 Danisa León C.
13 Gilda Mac Lean M.
14 María Celeste Rozas M.
15 Omar Salazar
16 Teresa Salinas D.
17 Marianella Diana D.
18 William Fagré Ch.
19 Sergio Gustavo Flores U.
20 Luis García M.
21 Mario Gutiérrez U.
22 Jorge Mario Herrera
23 Jaime Mora A.
24 Jorge Gicaman C.
25 Renato Salinas M:
26 Georgina Sesé A.
27 Carlos Salas R.
28 Ana maría Torres
29 Laura Valenzuela U.
30 Ricardo Villegas O.
31 Gerardo González O.

Plástica: Realizada por el arquitecto Alberto Cruz, los escultores Claudio Girola y Alberto Arce, el pintor Francisco Méndez y los siguientes alumnos:

1 Marie Amorette K.
2 Mónica Araneda L.
3 Marianella Arancibia G.
4 Eduardo Cuevas C.
5 Ana María Chamy M.
6 Patricio Chousal S.
7 Guido Dasso P.
8 Teresa Díaz R.
9 Gloria Dondero C.
10 Ernesto Espinoza J.
11 Patricio Fraile M.
12 Carmen Fajardo T.
13 Raúl García Q.
14 Cecilia González C.
15 Sergio González M.
16 Tomás Gottlieb M.
17 Juan Grim M.
18 Verónica Grove P.
19 Osvaldo Herrera L.
20 M. Cristina Hinostroza A.
21 M. Cristina Jalilie E.
22 Luz Angélica Jara A.
23 Victor Jara V.
24 María Teresa Jonquera M.
25 Miguel Koch E.
26 Carlos Labbé C.
27 Anita Luisa Lara S.
28 Guillermo Larios M.
29 Rodrigo Larraín M.
30 Jorge Leiva H.
31 Leopoldo Luna S.
32 Guillermo Martínez F.
33 Manuel Montoya P.
34 Héctor Moraga B.
35 Arturo Murúa P.
36 Raquel Opazo R.
37 Manuel Ovalle Z.
38 Bernardo Oyarzún C.
39 Cecilia Parra A.
40 Mario Pastor A.
41 Ivonne Pizarro Q.
42 Marisa Piovano M.
43 Carlos Poblete B.
44 Vicente Prieto T.
45 Jorge Ramírez K.
46 Rosé Reveco Q.
47 Patricio Rojas O.
48 Nelda Rubio A.
49 Ricardo Salinas M.
50 María Irene Sanino S.
51 Alejandro Silva Z.
52 Iris Spinchinger S.
53 Santiago Sturla A.
54 Elena Testart S.
55 Rodrigo Valenzuela F.
56 Zoila Valenzuela G.
57 Lucía Vera A.
58 Esteban Vojkovich A.
59 Paz Walter F.
60 Roberto Wise P.
61 Juan Yianatos B.
62 Elena Yánez G.
63 Alejandro Yanquez M.
64 Gonzalo Zegers
65 Mónica Serrano L.
66 Nelson Zapata N.
67 Gonzalo Valenzuela K.
68 Slexi Botto H.
69 Patricia Benavente V.
70 Francisco E. Andrade E.

Coros Hablados: Bajo la dirección de Godofredo Iommi, Adolfo Nordenflycht, Ernesto Rodríguez, Virgilio Rodríguez e integrados por los siguientes alumnos:

Coro 1

1 Armando Aguilar V.
2 Maximiliano Aranda L.
3 Victor Bustamante B.
4 Alvaro Cervantes R.
5 Gastón Del Solar C.
6 Jorge Escalona C.
7 Luis Fresno J.
8 David Jolly M.
9 Rolando Meneses C.
10 Luis Moreno C.
11 Jorge Sabanegh E.
12 Juan Soto M.
13 Juan Venegas B.
14 Hugo Aránguiz A.
15 James Bierley B.
16 José Correa R.
17 James Christie D.
18 Faris Yany G.
19 Francisco Hermosilla E.
20 José Mora V.
21 Mauricio Treizman S.
22 Carlos Alarcón C.
23 Pedro Arellano L.
24 Juan Cáceres D.
25 Juan Clavería C.
26 Alex Droppelman P.
27 Pedro Cáceres M.
28 Juan Giorba Vinz

Coro 2

1 Arturo Ellwein Z.
2 Jaime Gaete V.
3 Aquiles Guajardo A.
4 Pedro Lefever B.
5 Patricio Monárdez S.
6 Lucas Molina A.
7 José Aldunate M.
8 Demetrio Babel A.
9 Alex Campbell C.
10 Raúl Del Castillo
11 Julio Durán S.
12 Galo Errázuriz V.
13 Orlando Gallardo G.
14 Eugenio García F.
15 Edmundo Lizama F.
16 Mario Montalvo M.
17 Juan Silva R.
18 Sergio Valderrama F.
19 Alfredo Videla C.
20 Omar Cueto T.
21 Carlos Johannsen A.

Coro 3

1 Francisco Sagrado C.
2 Luis Tapia B.
3 Luis Vera N.
4 Carlos Zañartu B.
5 Mario Palma C.
6 Juan Zavala C.
7 Lisandro Aranda L.
8 Alejandro Bergamasco G.
9 Orlando Caviares P.
10 Gabino Díaz P.
11 Guillermo Ehlers B.
12 Luis Herrera C.
13 César Márquez O.
14 Daniel Morales B.
15 Jaime Parra M.
16 Alvaro Soto A.
17 Juan P. Varela de la C.
18 Javier Villanueva H.
19 Carlos Campo G.
20 Oscar Cornejo L.
21 Mario Donoso A.
22 Juan Garay A.
23 Octavio Lizama A.

Coro 4

1 Rosa Agüero M.
2 Teresita Armijo R.
3 Alicia Azúa M.
4 Ana Lily Barrios P.
5 Patricia Bascuñan G.
6 M. Cristina Blanco V.
7 Alicia Bustamante B.
8 Ana María Calavia L.
9 Aída Cortés M.
10 Luisa Cruz V.
11 M. Flora Echeverría T.
12 Marisa Faggione D.
13 América Ondina Fariña H.
14 Margarita Fernández A.
15 Angélica Fritis C.
16 M. Cristina Gandras P.
17 M. Elizabeth Gandras P.
18 Isa Gardella O.
19 Elizabeth González C.
20 Jimena Iommi A.
21 M. Pilar Labayrú M.
22 María Lavandera V.
23 Angélica López G.
24 M. Teresa López G.
25 Carmen Losada M.
26 nadia Lucero G.
27 Amparito Muñoz G.
28 Ana María Muñoz M.
29 Carmen Gloria Palacios M.
30 Katia Parra A.
31 M. Angélica Pavez N.
32 M. Aurora Pizarro N.
33 Maritza Quililongo A.
34 Ana María Rade M.
35 María Razeto F.
36 Rosa Reyes C.
37 Teresa Ríos M.
38 Elba San martín G.
39 Verónica Sánchez C.
40 Pamela Santibáñez B.
41 Luisa Schiappacasse D.
42 Verónica Schlegel G.
43 Alicia Srazzi A.
44 María Sierra V.
45 M. Inés Suárez M.
46 Susana Tobar S.
47 M. Paulina Toro L.
48 Llúbica Trkovíc M.
49 Jésica Tsutsumi O.
50 M. Angélica Ugarte S.
51 Ruth Urrutia A.
52 María Valdés D.
53 Cecilia Vásquez P.
54 Rosalba Vergara L
55 Cecilia Vergara S.
56 M. Pilar Viñuela C.
57 Sonia Zbinden V.
58 Viviana Cabello S.
59 Patricia Cabrera P.
60 Silvia Lorca F.
61 Teresa Figueroa J.

Los coros hablados ocuparon la totalidad de los palcos bajos del teatro; los músicos las primeras filas de la platea y ambos palcos de “avant-scene”: La plástica ocupó el fondo abierto del escenario, el escenario mismo y todos los costados de la sala.

América: El Camino no es el Camino

(Telón de boca cerrado. Relator delante. Coros y corifeos dispuestos alrededor de la platea en los palcos)

Relator: Entre simulacros y fantasmas las gentes de América sólo imitamos. ¿No es preferible por un momento resistir con el instinto a la nostalgia?
Familiarmente apaguemos las canciones recibidas.
El esfuerzo de una historia que no llega a ser cuento.
Cuando la lucidez consume el refugio, se abre la realidad o canto, porque la tradición permanece siempre distante de los hábitos y guarda con aparición y olvido el hueco u origen que nos comprende.
Quememos nuestras casas o excusas. La treta invariable de las justificaciones, perdámosnos en pos de nuestros propios pasos, detrás de la sobre luz hay siempre un signo.
¿Qué signo tiene nuestro origen?

Música: Empieza música de fondo grabada.

Relator: ¿Qué signo tiene nuestro origen?
Los actuales soñamos en un largo idioma luso-castellano, en razas múltiples aún tanteándose y nos decimos americanos.
La Presencia y el nombre –esta nuestra presencia y nuestro nombre– se desprenden de Europa. Sepamos que las historias registran, las mediciones constatan, los artificios operan; más la poesía, tras toda luz, es signo que vela y desvela el sentido. Su canto es cifra, instinto y cálculo, nunca sentimiento, ella es el mismo modo de aparición y apariciones que ya no simulacros y fantasmas.
Realidad transparente en su vértigo.
¿Quién sino ella dice de un origen, pues sólo poéticamente se aparece?
Un día nos hablaron las voces en el íntimo destierro.
Nos hablaron en los relatos de Cristóbal Colón, Gonzalo Fernández de Oviedo, Francisco López de Gómara, el Inca Garcilaso, el Popol-Vuh, Vicente Huidobro, Dionisio Faúndez, Américo Vespucio.
¿Podemos interrogar poéticamente el propio desenvolvimiento del signo, tratar de discernirlo, a través de cómo nos hemos vuelto americanos, quienes lo somos, para que él mismo nos manifieste en la palabra, el gesto, la imagen, la música?
Intentémoslo.

(Continúa música de introducción que termina con el coro cantado)

Coro Cantado: No es navegable el mar océano.

Música: (Fin de la música).

Corifeo 1: Y sin embargo levamos anclas
y desplegamos velas a los vientos.

Coro Cantado: No es navegable el mar océano.

Corifeo 2: Y desde que partimos
navegamos por espacio de dos meses.
Ninguna tierra aparecía ante nosotros.

Coro Cantado: No es navegable el mar océano.

Corifeo 3: Navegamos continuamente
con lluvias, truenos y relámpagos.
De tal modo oscuro que nunca vimos
(Se abre telón de boca)
ni el sol de día ni serena la noche.

Coro Cantado: No es navegable el mar océano.

Cine: (Empieza proyección del film sobre el Mar)

Coro 1: He ahí el mar.
El mar abierto de par en par.

Coro 2: Sólo entonces vemos
abre o día –cabe sol y noche-
y esta renovada aventura
sin cuerpo ni paz
en mi cara tiembla
una inmediata lejanía.

Corifeo 4: Y la gente estaba cansada,
fatigada,
por haber estado en el mar
cerca de un año.
Nos entró gran pavor y toda esperanza
de vida habíamos perdido.

Coro Cantado: Bendita sea nuestra alma
y el Señor que nos la dio.

Corifeo 1: Reclamó la tripulación diciendo
que no querían ya
tentar el mar y la fortuna:

Coro 4: El mar está cargado de naufragios.
El mar está verde de tantas esperanzas ahogadas.

Corifeo 2: Y en esa noche
vieron caer del cielo
un maravilloso ramo de fuego
en la mar.

Coro Cantado: Bendita sea la luz
y la Santa Cruz.

Música: (Música de percusionistas. Durante 1 minuto)

Corifeo 3: ¿No guió así el cielo
por las aguas
para volverlas mar y el mar
océano conjurado en cifra?

Coro 2: Tanto navegamos y sin tierra.

Corifeo 4: Aunque juzgábamos estar cerca de ella
por muchas señales que veíamos,
que fueron infinitos pájaros,
y maderos en el mar.

Coro 3: ¿Y ni de día ni noche
la tercera jornada no llegó como una isla
y, suavemente, sin violentar engaños,
para que el aire humano
recibiera sus orillas?

Coro Cantado: Después de media noche
apareció la Tierra.

Cine: (Fin proyección película del Mar)

Coro 4: Bien dijeron los sacros teólogos
y los sabios filósofos
que el paraíso terrenal
está en el fin de Oriente.

Corifeo 2: Los viajes enseñan
que las palabras son como extrañas
a las cosas que nombran,
ya que las cosas
no se parecen a los nombres
ni los nombres a las cosas.

Coro 1: Así supieron y les dijeron
que estaban cerca
del fin del mundo.

Corifeo 3: Y mientras más entraban en la tierra
había tantas tempestades y frío
que en una sola jornada
murieron cien.

Coro 2: Muchos se volvieron,
maldiciendo tan mortal tierra.
Los que quedamos escapados,
desnudos como nacimos,
estábamos hechos
propia figura de la muerte.

Corifeo 4: Llegó a tanto la desventura
que uno
por no quedar sin sepultura
se enterró vivo.

Coro Total: Se abre la tumba y al fondo se ve el mar.
Hay mástiles tronchados y remolinos de naufragios.

Coro Cantado: Se abre la tumba y al fondo se ve el mar.

Coro 3: ¿Qué escondes mar al otro lado?
¿El comienzo de la vida largo como una serpiente
o el comienzo de la muerte más hondo que tú mismo?

Coro Cantado: Se abre la tumba y al fondo de ve el mar.

Coro 4: De una ola a la otra hay el tiempo de la vida
de sus olas a mis ojos hay la distancia de la muerte.

Coro Cantado: Se abre la tumba y al fondo de ve el mar.

Corifeo 1: Se abre la tumba y al fondo de ve el mar.

Coro Total: Para que el ojo vea el comienzo del mundo. (Alto)
Para que el ojo vea el comienzo del mundo. (Bajo)

Corifeo 3: Devuelto al mar
hasta el encuentro de una patria nueva
e indica
que sólo el dicho o modo de los muertos
abre los bordes para una tierra.

Corifeo 4: Así el peregrino aborda su orilla
y el antiguo suelo no reinicia
¿Dónde y cómo entonces
los dioses de lar
y las palabras nativos?

Coro 1: En un principio
todo estaba en suspenso
todo tranquilo
todo silencioso
todo vacío
en el cielo y en la tierra.

Coro 2: Entonces vino la palabra de los dioses
en las tinieblas de la noche,
entonces celebraron consejo,
entonces pensaron

Coro 3: Meditaron en el momento del alba
sobre la creación
la existencia de los árboles,
y la producción de la vida.

Música: (Música de percusionistas. 20 segundos solos y siguen de fondo).

Coro 4: Que eso sea, dijeron
que esta agua parta,
que la tierra nazca,
que la germinación se haga.

Música: (Fin de música percusionistas)

Voz 1: Tierra, dijeron, y enseguida nació.

Música: (Música de percusionistas de fondo)

Coro 1: Enseguida fecundaron a los animales,
guardianes de toda la selva.

Coro 2: Estando todos terminados,
les fue dicho:
Habladnos, invocadnos.

Coro 3: Pero no supieron hablar como hombres.

Coro 4: Entonces los dioses dijeron otra vez:
¿Cómo haremos
para que no nazcan adoradores?

Coro 1: Es tiempo de concertarse
sobre los signos del hombre formado.

Coro 2: Comenzad las palabras mágicas.
Haced que haya germinación.
Haced los encantamientos
por vuestro maíz.

Coro 3: Que así sea, se respondió:

Música: (Fin de música percusionista)

Coro 4: Los hombres se produjieron.
Existió la humanidad
en la superficie de la tierra.

Coro 1: Y se dijo que saliera la palabra
donde no había palabra.
Que se preguntara por su comienzo.

Coro 2: Y sucedió que se hablaron
los unos a los otros,
entonces se dijo en medio de la tierra:

Voz 1: Sean abiertos ahí.

Coro Total: Y se abrieron ahí.

Corifeo 3: Sólo el dicho o modo de los muertos
abre los bordes para una tierra
así el peregrino aborda su orilla
y el antiguo suelo no reinicia.

Corifeo 4: Donde
ya sin pertenecemos
aún pocos seremos multitud
descompuestos
descarados

Corifeo 1: Ronda la fiesta
la carne sola en colores
porque la fiesta
no aflora en contornos
tu mascarada
deja que lo oculto se muestre oculto.
Excelentísimos
juguemos en figuras.

Coro Cantado: La tierra oculta la tierra

Coro Total: La tierra oculta la tierra.

(Se oscurece el teatro)

Cine: Empieza proyección film sobre la Tierra

Música: Durante la proyección del film la música grabada de percusión desarrolla su tema.

Cine: Termina el film con el título “El teatro es la ocupación de la Tierra”.

(Se abre e telón y los conjuntos teatrales exponen la ocupación de la tierra, dramatizando libremente textos que escogerán de los que a continuación se consignan).

Vamos de inventario

a)    Las cartas de presentación
oficiales
(la protección detiene sospechas)
fotocopias foto –santo y seña cotidiano–
copias
y
necesarias credenciales
sean del rector
(una presencia conocida fluye)
con claridad
de destinatarios
o puntos de apoyo
intendentes gobernadores (no olvidar
la administración)
¿y algunos particulares?
Claudio portador

b)    El auto o situación intermedia entre el pie
y el aire
la volkwagen de gran contenido
poca fuerza menos peso
la gran camioneta
chevrolet guerrera
puede más
en punta arenas
con permisos y garantías –menos precio
dan salida     compran repuestos allá
fabio a cargo

c)    Dos carpas
para cuatro personas

cada una   una con   ábside (¡y otra para dos?)
eventual
platos y cubiertos dos pequeñas las una tetera
mediana   (cuidar los volúmenes)
se descartan las nueve carpas individuales
comprar en punta arenas –sacos de dormir ciento cinco
cada uno
jerricanes     jerricanes
para bencina agua y parafina dos anafes
(a alcohol o parafina) tres lámparas
de tormenta   dos palas   un chuzo herramientas
gata   gata   gata   (¿cuál?)   buena
equipo personal
la cebolla
máxima flexibilidad   su quita y pon
poder regular por clima y trabajo
torso
tres camisetas
una de franela
una de algodón
una para la piel
una camisa encima
dos pull-overs
uno delgado
otro grueso
lana
y el anorak
nueve
pierna
calzoncillo largo lana
o grueso algodón (dos pares
para cambiar – difícil lavar
y secar – dos pares de calzoncillos
cortos (para cambiar)
pantalón liviano tejido cerrado
(el viento viento helado)
(¿otro de goma para las aguas?)
eventual
pie
tres calcetines – seda   algodón
lana (todo en dos pares
para cambiar)
(puede el de seda ser algodón
también)
zapato vulgar   zapatilla vulgar
para estar
todo dentro bota bata
de goma para aguas poder
poner y quitar
cabeza
gorro orejero
(la helada da al oído
sin piedad)
encima la capucha
de parka para andar
comisión para comprar (ver medidas)
decidir sustituciones
pedir
al ejército
capas de lluvia
sogas y frazadas
y alojar
en punta arenas –cumbres–
de allá la alimentación
envases siempre un caldo
el calor
vuelve a animar   chocolate
ingenio del guiso
en la soledad
el riesgo justo
sin exagerar la previsión

d)    Materiales de artes
gruesos cuadernos
siempre en existencia   (reparar)
lápices
sacapuntas   lápices de color   pintura
a tarros y metal
carbones tintas
blanco papel medido para dibujar
cuaderno especial
tres máquinas fotográficas treinta rollos blanco
negro
cinco color y más allá   (rápido)
colas araldit sintéticas
aspers instand vigorex
clavos distintos
cobres
alambres filo lámina
y galvanizados
–ravclub ray–
tornillo
(justa cantidad y reposición)

e)    Documentación
certificados testimonios vacunas
policías pasaportes fronteras
fotos de convención
a granel
el visa
(un médico) datos precisos de consulados relación
timbres de impuestos (un médico consultar)
régimen de aduanas y aduanillas interiores (preparar un
botiquín –cortaduras estómago infección intestinal
calmantes dientes hígado cualquier herida no más
me hago cargo
¿y armas?
no
(un solo revolver)
la caja
reducir y cambiar   descontar   treinta por ciento
en pérdidas
por monedas extranjeras
en sauzi o bories        –allá
se verá
encumbra
partida mañana a las siete antemeridiano
escala del avión
los nueve están –

1494

La cosas que son necesarias a la persona
y casa del almirante, e lo que me parece,
son las siguientes:

Primeramente vestidos para su persona e calzado, de
lo cual él tiene mucha necesidad, lo que Vuestra
Alteza mandare.

Para su cama.

Una cama de seis colchones de bretaña.
Tres pares de sábanas de media holanda.
Cuatro almohadas de holanda.
Una colcha delgada.
Una manta frazada.
Una alfombra.
Un par de paños de atiboleda.
Dos antepuertas de lo mismo
Cuatro reposteros con sus armas.
Un par de arcas ensayaladas.
Algunos perfumes y diez manos de papel.

Para su despedida y cocina.

Cuatro pares de manteles de ocho cuarteles, de cinco
varas cada par.
Seis docenas de pañizuelos.
Manteles para aparador y para comer su
gente, seis pares de a seis varas cada par de manteles.
Una vajilla de peltre.
Dos tazas de plata, edos jarros, e un salero, e doce
cucharas.
Dos pares de candeleros de azófar.
Seis cántaros de cobre.
Para la cocina.

Dos cazos grandes e dos pequeños
Una caldera grande e otra pequeña
Cuatro sartenes, dos grandes e dos pequeñas.
Dos cazuelas.
Dos ollas de cobre, una grande y otra pequeña, con sus
coberteras.
Un almirez.
Dos cucharas de hierro y un par de rallos.
Unas parrillas para asar pescado.
Dos tenedores.
Una espumadera.
Paños de cocina, doce varas de lienzo grueso.
Una bacina grande para jabonar.

Conservas y cera.

Doce hachas e treinta libras de velas.
Veinte libras de acitrón, cincuenta libras
de confites sin piñones.
Una docena de botes de todas conservas.
Cuatro arrobas de dátiles.
Doce cajas de carne de membrillos.
Doce botes de azúsar rosado.
Cuatro arrobas de azúcar blanca.
Una arroba de agua de azahar y otra rosada.
Una libra de azafrán.
Un quintal de arroz, y dos peras de Almuñecar.
Doce fanegas de almendras.
Cuatro arrobas de buena miel.
Ocho arrobas de aceite fino.
Dos jarros de aceitunas.
Manteca fresca de puerco, tres arrobas.
Cuatro arrobas de jabón.
Cincuenta gallinas a seis gallos.

Para el reparo de los de su casa.

Doce colchones groseros.
Doce pares de sábanas gruesas.
Doce mantas comunes.
Ochenta varas de paño verde y pardillo,
de a dos reales la vara.
Ochenta camisas.
Para calzar y jubones, cien varas de vitre.
Ciento y veinte pares de zapatos comunes.
De hilo negro seis libras.
De hilera delgada una libra.
De seda torcida negra tres onzas.

Al pie de lo suso dicho fue señalado del
Comendador Mayor y llevólo Gimeno de Bribiesca.

Memorial de las cosas que son menester
proveer luego para despacho de cuatro carabelas que
vayan para las Indias.

Primeramente ciento ochenta cahices de trigo.
Cincuenta cahices de cebada.
Sesenta toneles de vino, el cual ha de ir en
jarras, porque en toneles diz que se pierde.
Diez toneles de vinagre.
Seis toneles de aceite, el cual ha de ir en jarras.
Seiscientos e cincuenta tocinos.
Cincuenta quintales de higos.
Pescado salado de todas suertes, treinta mil maravedís.
Treinta cahices de fabas e garbanzos.
Trescientos e sesenta quintales de biscocho.

Ganados.
Seis yeguas.
Cuatro asnos e dos asnas.
Cuatro becerros e dos becerras.
Cien cabezas de ganado menudo.
Doscientas gallinas.
Cien puercos, los ochenta puercas e veinte puercos.
Conejos vivos lo que pareciere que deben ir.
Cien alonas para hacer algunas velas.
Alcotonías e Villa de Conde para facer
velas para las fustas que agora se fasen.
Cien quintales de pez.
De sebo treinta quintales.
Estopa treinta quintales.
Dos chinchorros.
Dos pares de fuelles de fierro, grandes.
Para muchas cosas de menudencias que
allá son menester trescientos mil maravedís.
De ciertas mimbres para las vasijas seis mil maravedís.
Para menudencias, azúcar e almendras, e
arroz cuarenta mil maravedís.
Es menester llevar cuatro toneles o pipas
de sarmientos con su tierra.
Arroz e mijo para sembrar.
Diez o doce labradores.
Maestros de hacer ballestas.
Un maestro que sepa hacer molinos.
Conocedores de minería e labradores.
Físico e cirujano e boticario.
Dos toneleros.
Un ferrador.
Maestros de todos oficios porque los que allá están
se quieren venir.
Alanos e mastines para guardar géneros, e para la guarda
de la gente.

Algunos carneros e vacas.
Hortelanos que vendan lo que hubiere de
las huertas al precio que les fuere puesto.
Dos tinajeros en el número de los oficios.
Que lleven pescadores para pescar, e algunos
barcos para pescadores, y éstos se deben labrar en
Sevilla.
Más doscientas varas de angeos para colchones para
el hospital.
Está señalado del Comendador Mayor, e
del Doctor de Talavera, e Fernand Alvarez.

Teatro: Fin

(Se cierra telón de boca. Se enciende luz de coros).

Relator: Recojamos el teatro ante una tierra
en que los equívocos se fraguan
en la inocencia de un arcaísmo.

Música: Música de percusionistas. Duración 1 minuto)
(Fin de música)

Corifeo 3: Y no sabían a que tierras iban.
Mas les llamaba y aún forzaba
a que emprendiesen lo que no sabían.

Coro 1: Y fueron de un trabajo en otro,
de un peligro en otro.

Coro 4: Por tan diferentes aires,
regiones tan extrañas.

Coro 2: Por ásperas montañas y arbolados boscajes
que es necesario ir talando y haciendo camino,
para pasar adelante.

Coro 3: Descalzos y desnudos,

Voz 1: Sin más que la sombra de una esperanza.

Coro 1: ¿Por qué el don para mostrarse equívoca la esperanza?

Voz 1: El camino no es el camino

Voz 2: ¿No dejó así
la primera pasión del oro
al navegante ciego
por esa claridad sin nombre
con que la tarde premia y destruye
la apariencia?

Coro 4: El camino no es el camino

Coro 1: Entraron diez

Coro 2: O doce españoles

Coro 1: En aquella hoya

Coro 2: Y plaza del volcán

Coro 1: Y poniendo arriba un cabrestante

Coro 2: Bajaban

Coro 1: Uno a uno,

Coro 2: Metiéndose en un cesto.

Voz 1: Y desde allí tornaron a poner
otro cabrestante con una soga

Coro 1: Y por remate una gruesa cadena
con un servidor indígena
para coger aquel metal

Coro 2: Que pensaban que era oro
porque el ardentísimo fuego,
gasta todos los metales.
si no es el oro.

Voz 1: Y metieron soga y cadena
a la redonda boca donde anda el fuego
y llegando la cadena al metal, se cortó
y quedóse allá al servidor
que no tardó mucho en derretirse
y en la punta de la cadena
salieron pegados ciertos granos
de aquel metal.
y llevados a los plateros,
nunca conocieron que metal fuese
que no era oro, dijeron.

Coro 3: ¿Por qué el don para mostrarse
equívoca la esperanza?

Coro 4: El camino no es el camino.

Voz 3: Estamos en una tierra
donde el obrar se engendra.
por un único acto de partir.
La tierra americana, como tierra virgen,
provoca el despliegue en libertad

Coro 4: Pues para poblar y hacer asiento
no se contentan de tierra alguna
de cuantas ven y huellan
porque tienen por deleite
andar vagamundos

Coro 3: Andar vagamundos,
de tierra en tierra viviendo.
Algunos se declaran sin oficio
como aquel joven que declara:

Voz 1: Mi oficio es andar andando.

Coro Total: Mi oficio es andar andando.

Coros 3 y 4: Así, acordamos de mudar hito
por mudar ventura.

Coros 1 y 2: ¿Por qué el don para mostrarse
equívoca la esperanza?

Voz 2: Y sin embargo,
¿no es el don un presente?
¿otra forma del tiempo y la existencia?
un nuevo mundo respecto a la proeza
¿cómo recibir América desvelada?
la voz nos dice:

Coro 1: Travesía
que no descubrimiento o invento

Coro 2: Consentir que el mar propio y gratuito
nos atraviese

Coro 3: Travesía en cuya suerte
en cuya suerte

Coro 4: La amenaza de lo oculto
se de a luz de canto

Voz 1: ¿No iluminan así las estrellas a los hombres
y esclarecen para que haya pueblo?

Coro Cantado: La travesía consigue su cielo
mientras tanto la distancia
se ha vuelto una imperfección
sólo la velocidad redime
la imposibilidad de contar con ella
es un castigo
pero a este borde abrupto
se lo transforma enseguida
en nada más que la distancia
lo que hasta entonces parecía suelo
se rompe, rasga, y por irrupción
aparece algo irreductible
enorme y sin plano
sólo mediante su pura distancia
se establece lo privilegiado.

Plástica: (Sala a oscuras). Aparece iluminando en el fondo del escenario el signo de la distancia. (10 segundos en silencio). (Sigue la sala a oscuras).

Música: (Música grabada y coro cantado de fondo al relator).

Relator: Entonces
¿darnos su ofrecida oscuridad?
¿salto hacia el tiempo de sus verbos?

Plástica: (Bajar los telones laterales que envuelven todo el teatro).

Relator: Voces o poesía
por donde desvelados
América se desvela

Música: (Fin)

(Se enciende toda la sala, con todos los telones que rodean la sala iluminada).

Coro Total: El camino no es el camino (alto).
El camino no es el camino (medio)
El camino no es el camino (bajo)

Los textos de los coros, corifeos y voces de América: El Camino no es el Camino pertenecen a: Amereida, Cartas de Cristóbal Colón, Historia General de las Indias de Gonzalo Fernández de Oviedo, Historia General de las Indias de Francisco López de Gómara, Cometarios Reales del Inca Garcilaso de la Vega, Popol-Vuh, Altazor de Vicente Huidobro, Cartas de Américo Vespucio, Dionisio Faúndez citado por Mario Góngora en El Vagabundaje en Latinoamérica.

America: El Camino no es El Camino

Artículo de El Mercurio
Domingo 27 de Diciembre de 1970.

La vieja querella entre la música y la palabra, o texto poético,como se le llame, sigue tan vigente como hace cerca de cuatrocientos años, cuando un grupo de artistas florentinos llevaron a un extremo el conflicto que se venía manifestando a lo largo del siglo dieciséis, durante el Renacimiento.

Música y poesía nacieron juntas, inseparables e inseparadas, en la vieja Grecia. Mientras el espíritu griego fue la resistencia de la euritmia, del equilibrio, música y poesía eran hermanas, no amenazaban devorarse, se daban mutuamente existencia. La Edad Media, en cierto modo heredó este equilibrio. El Canto Gregoriano y el arte lírico de los trovadores mantuvieron la vieja integración. Pero a fines de la Edad Media ocurre algo que es el comienzo de una amenaza que se hará secular: la música comienza a transformarse. Aparece la polifonía, la música sabia.

En verdad, en arte no hay progreso. Tan alta poesía es la de los antiguos como la nuestra. Y lo mismo puede decirse de todas las artes. Pero en la música Occidental ocurre algo muy especial: desde fines de la Edad Media comienza un desarrollo técnico ininterrumpido y una transformación que continúa hasta la música de hoy, incomprensible para muchos. Prácticamente, la música es el único arte que tiene devenir, y esto es lo que hace tan fascinante su historia. La música es, en sí misma, devenir. Y deviene. Tiene la fuerza expansiva y el impulso histórico de eso que se ha llamado “la civilización occidental”. A medida que la música se armaba de recursos, se convertía en una amenaza creciente para la poesía. La poesía pedía a la música que reforzase el poder expresivo de sus palabras. Los madrigalistas del siglo dieciséis respondieron a esta exigencia creando una maravillosa música que pretendía, inclusive, pintar con sonido no sólo los altibajos de un sentimiento, sino las evoluciones del vuelo de un pájaro. Los procedimientos imaginados con el fin de aumentar la capacidad de la música para expresar no sólo los sentimientos sino para describir el contenido del poema, y aun lo mencionado o aludido en él, convertían a la música en un rival peligroso de la poesía. Se hace tan rica, compleja y adornada su polifonía que el texto, es decir el poema, ya no se oye claramente: La música oculta las palabras. Entonces el poeta acusa a la música de haber convertido a la poesía en sierva suya. La vieja unidad estaba destruida.

Esta desintegración viene aparejada con la aparición de un tipo de música que antes no existía: es la música instrumental, de la que el poema está excluido. La música cobra vida por sí misma. No necesita ya del poema ni como texto ni como pretexto.

A fines del siglo dieciséis, un grupo de artistas que se reune en la mansión de un noble florentino intenta revivir la vieja síntesis, la tragedia griega, o sea ese acontecimiento ideal en el que se unen no sólo música y poesía, sino con ellas las otras artes: recitación, danza, escenografía, mímica. Como eran italianos del siglo dieciséis no reconstituyeron el teatro griego. Inventaron primero una nueva monodia y después la ópera.

No pasó mucho tiempo antes de que renaciese el antiguo conflicto. La música aún más enriquecida, devoraba el texto. Y los cantantes cantaban por lucirse. La letra era un pretexto fútil. Se alcanzaba periódicamente un equilibrio de nuevo cuño, un equilibrio operístico muy diferente de la euritmia griega. Y periódicamente se rompe el equilibrio, lo que da lugar a la aparición del reformador o restaurador: Scarlatti, Gluck, el propio Juan Jacobo Rousseau. El último de los defensores declarados de la poesía como hermana de la música es Wagner, quien escribe sus propios poemas-libretos, para terminar dejándolos náufragos en el fondo del mar de su propia música. Los que aceptan las reglas de ese juego aún van a Bayreuth.

Todo lo dicho no tiene otro objeto de explicarnos algunos aspectos de algo que está sucediendo bajo nuestras narices, aquí en Valparaíso. No hace muchos días, el Instituto de Arte de la Universidad Católica presentó en el teatro Municipal una obra escénica poético-musical que aspira a una integración artística semejante a la que vio el teatro griego. Es la Oda América: El Camino no es el Camino. Es una obra colectiva creada y dirigida por gente del Instituto: Godofredo Iommi, Ernesto Rodríguez, Adolfo Nordenflycht, Virgilio Rodríguez, en lo poético: Alberto Cruz, Francisco Méndez; Claudio Girola: Alberto Arce, en la plástica; Carlos Patillo y Oscar Stuardo, en lo escénico; Fernando Rosas y Roberto Escobar, en la música. En la ejecución participaron los nombrados y unos 400 alumnos de la UCV que tienen actividades en e Instituto de Arte.

El poema resumido apretadamente, comienza con un prólogo, cuya primera frase es clave: “Entre simulacros y fantasmas las gentes de América sólo imitamos”. Es el llamado a ser genuinos, a encontrar el camino que sea el camino. Viene después el relato de los que siguieron el camino que no era. Sólo la poesía podrá discernirlo, podrá hacer aparecer realidad, no ya simulacros y fantasmas. Los descubridores del Nuevo Mundo toman a América por el Paraíso Terrenal, y lo que han descubierto es el fin del mundo. Avanzar por el camino equivocado, era desventura era tal naufragio, costaba tantas vidas, que uno, por no quedar sin sepultura, se enterró vivo. Pero más allá de la tumba está la gran apertura: el mar, el mundo nuevo, no un Paraíso Terrenal o el fin del mundo, sino la América primigenia que los conquistadores no supieron conquistar. Se quedaron sólo con el suelo y dejaron el alma de América medio muerta y escondida.

¡Qué gigantesco inventario, qué pesada masa inamovible la que pretenden llevar los que dicen partir al encuentro de América, sea que partan al Brasil o Venezuela, o a cualquier parte! ¡Tanto escombro y peso como el que era necesario al almirante y su séquito en 1494, según la Crónica de Indias! Así se descubre América, pero al mismo tiempo, se la oculta. Así se toma el camino que no es el camino, así se descubre un oro que no es el oro.

América es ancha, es como un gran mar interior al que hay que partir, siempre de travesía, con ánimo de andar andando, conociendo y dándose a conocer, viendo a América sin velos, desvelada. La distancia interior no debe ser un mal para los pueblos de América, sino una incitación. La distancia es don y no adversidad para este continente.

Este resumen está hecho a nuestro leal saber y entender. El poema es generalmente hermético. Sírvame de excusa la libertad del no iniciado para interpretar los símbolos a su manera.

El prólogo de la partida a la acción: entra la recitación de los cuatro coros (formados por alumnos) y de los corifeos, todos colocados en los palcos del teatro; se responden unos a otros: entre los parlamentos aparece el comentario musical grabado en cinta magnetofónica; los coros comentan la creación del mundo por los dioses, con acompañamiento de una primitiva y elemental percusión, a cargo de varios grupos de alumnos; aparecen señales visibles en el telón colocado en el escenario, y se ve el mar, después la tierra, secuencias fílmicas de la naturaleza: suelo, maleza, árboles, cielos. Dos actos de teatro-ballet comentan los largos inventarios de las cosas necesarias a expedicionarios y descubridores. Y, por último, después de una sonora recitación oral con el teatro a oscuras, un vivo haz de luz lo atraviesa en toda su longitud, hasta el fondo del escenario, e ilumina unas lejanas esculturas modernísimas, y como dice el texto, “la sala del teatro se convierte en signo de la distancia, que es un don”. Y, recompensa a esa mirada al infinito desde las alturas del teatro hasta cerca del piso de la platea en todo su contorno, se descuelgan unas anchas bandas de tela suntuosamente (en apariencia) decoradas. Vuelve a darse la iluminación total para mostrarnos el interior del teatro convertido en una enorme caja de magnífica ornamentación. El efecto es maravillante. La obra ha terminado.

Lo que así dejamos malamente descrito no es una obra hecha y derecha. Es una tentativa generosa y anunciadora. Y es, o será, una obra distinta cada vez que se presente, o una inmensa “commedia da fare”, con mucho de lo que es una obra de música aleatoria o indeterminada.

Pero los problemas no parecen resueltos. Esta recitación a tirones, por “saccadse”, no suena bien, no es favorable a la percepción clara de las palabras, que es indispensable, y a la construcción de su sentido por el espectador. Además, la individualidad del verso se destruye y, con ella, desaparece un elemento poderoso de estructuración y, por lo tanto, de impacto: los valores rítmicos intrínsecos al verso. Los griegos solucionaban este problema haciendo cantar monódicamente al coro, o sea mediante una música elemental que sin duda permitía oír claramente las palabras y que facilitaba la penetración de los valores del verso, dando aún mayor poder al ritmo. Música y palabra se prestaban a las mutuamente. Pero ellos eran griegos del Atica, en le siglo de Oro.

Un ejemplo moderno de la Orestiada, de Esquilo, traducida por Claudel, puesta en música por Milhaud de acuerdo con las indicaciones del poeta-traductor. El coro canta música de Milhaud, con superabundancia de orquesta y politonalidades, lo que no nos gusta. Estamos allí al borde de la ópera y en la inminencia de que la música devore a la poesía. Pero hay un coro recitado, simplemente ritmado y acompañado por percusión, según claras indicaciones de Claudel, que produce un efecto extraordinario y que vale la pena estudiar.

Como los coristas de esta “oda” son estudiantes, uno puede preguntarse si podría enseñárseles a recitar rítmicamente, con aceleraciones y desaceleraciones o, aún más, también a cantar monódicamente en coro al unísono, como si cantaran cualquier día al recordar entonando las canciones que les gustan. Roberto Escobar en el Taller de Música del Instituto de Arte pudo enseñar a hacer percusión a un grupo numeroso de estudiante para la ejecución de esta “oda”. Sólo un poco más allá queda enseñar a otros a recitar rítmicamente. Un compositor, como Escobar, u otro, podría componer nomodias y analizar prosódicamente verso y prosa.

¿No podría así hacerse entrar en esta “oda” a la temida música, hermanándola con la poesía? Tener a la música sólo para “fondo” o como engranaje, la deja desmedrada en un espectáculo tan extraordinario como el que comentamos. Y la percusión en realidad no es “toda la música”. Es sólo piernas y manos de ella. La “oda” se la merece entera.

Nos hemos referido a un intento. La presentación de América: El Camino no es el Camino es un inmenso esfuerzo sólo posible en una obra colectiva en la que el pensamiento es claro, pero que por ser también colectiva, su realización o ejecución abriga mil factores de azar y suscita una fecunda crítica en los mismos que la ejecutan. La noche en que se hizo esta obra en el Teatro Municipal presenció un final gozoso. Una obra como ésta es expectativa, tiene los infinitos caminos y modos de andarlos que son el camino, y cuando llegamos espectadores junto a actores a la meta sentimos el asombro de haberla logrado tan certeramente. Conseguimos estar asombrados.

Carlos Poblete Varas

Comentarios

  1. Como olvidar a Godofredo yomi y sus Odas marcando en nuestras conciencias un depertar a la realidad ,ademas fueun gran visionario.Recuerdos inborrables.

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