Una clase en la Universidad.
El profesor expone y se expone en lo que dice. Los estudiantes asisten a la clase. Asistir es un buen verbo, es estar presente pero también es cuidar. Estar presente tiene su cuota de donación.
Como podemos ver en el croquis hay una actitud que refleja un estado mental apto para recibir por via de la palabra. Se recibe una palabra y su extenderse. Acontece una palabra dicha y su reflejo en quienes la oyen. Aquí hay un acto que viene de una actividad mental que explica lo que se nombra como reflexión.
Al reparar en las posturas percibimos que los que asisten están sostenidos por un suelo, mas bien por un doble suelo, el del piso que recibe a las sillas y los cuerpos que apoyan sus pies en él, y ese suelo teórico que a uno le permite decir y a otros les permite oir. Este doble suelo es una extensión destinada a detenerse, es un aire, una atmósfera construida por el silencio. La palabra prospera sobre un silencio sostenido por los presentes. Esto se puede percibir en el rostro ahí presente cuya mirada concernida por lo que oye, es una mirada que registra.
Así este espacio efímero sustentado en el silencio convenido y sostenido entre quienes se detienen para oir, da casa a la palabra y su reflexión que es la construcción del conocimiento.