Espacio doméstico que por el artificio del comercio se lo dispone a quienes llegan.
Publicado por David Jolly • 24 de noviembre, 2011 • Categoría: ObservaciónUn café en el Cerro Concepción.
No estamos en el centro de la ciudad ni tampoco en su periferia, sino en un barrio residencial que hoy se ha vuelto de interés turístico. Es un lugar que recibe visitantes, se le ha aumentado su densidad sin aumentar su edificación. Hay una mayor población que la que ahí habita.
En la ciudad de Chañaral en el norte de Chile no hay ningún café, su constitución urbana es mínima no cuenta con la dimensión del ocio, es un establecimiento que responde a las necesidades de la actividad minera.
De este modo el café en el cual nos encontramos es una manifestación del ocio donde la ciudad se detiene a simplemente estar. Ahora este café se ha instalado en una casa de Valparaíso, no es una edificación construida con este propósito. ¿Qué es lo que ha cambiado? Primeramente el modo de llegar, el café se encuentra abierto a la calle. La entrada en una casa es celosamente guardada y aquí la puerta está abierta de par en par, en una total continuidad con la vereda. En el interior están dispuestas mesas y sillas para recibir a quienes lleguen. La arquitectura de la casa no ha cambiado entre la casa y el café. La palabra dispuestos nombra bien lo que ahí acontece. Los propietarios están dispuestos a recibir a quienes llegan y éstos están dispuestos a pagar por el servicio que reciban.
No es un espacio público de suyo, sino un interior que se ha abierto al público. Por los espacios públicos se va, el intercambio comercial es el que dispone al espacio privado para su uso a quienes se disponen a él. Se dice corrientemente ‘el comercio abre sus puertas’. Así lo distinto del espacio comercial no es el recinto mismo sino que sus puertas ya están abiertas por otro. Así el espacio comercial es un espacio dispuesto -no abierto- sino que ha abierto sus puertas a un propósito convenido al que llega el público.
