Vitrina en el centro de Valparaíso.
Es una vitrina en el antiguo centro del Puerto, es un escaparate primitivo, sin efectos, iluminaciones especiales, ni decoración. Es el primer estado de este modo del comercio establecido. Una ventana hacia el interior.
Se exponen los objetos a la venta, lucen, están nuevos, sin uso en contraste con el edificio.
El modo de exponer tiene dos maneras, una variedad de objetos todos distintos, el total de lo que se ofrece. Y un segundo modo que muestra por repetición de cada modelo dos ejemplares.
La vitrina es una mesa para la vista, es una mesa que no se toca, está para ser vista de pie desde la acera. Es una inversión de la ventana, la que normalmente permite la llegada de la luz y la profundidad. En esta inversión la calle participa de la proximidad del interior, para detenerse en el detalle, para singularizar cada objeto de interés, pudiendo llegar hasta la lectura en el precio que es ya un ofrecimiento.
La duplicación de los objetos viene a decir que la lectura que se haga de ellos es cierta, está insistida, no es un error.
La ciudad aún en este modo de ser arcaico de estas vitrinas que ya son las últimas que quedan mostrando su oferta en un acopio sin plástica, deja ver la potencia que ordena su espacio entre la calle de libre tránsito y los interiores reglados del intercambio. Interior y exterior vinculados por la trasparencia del vidrio. Una materialidad fruto de la técnica que ha realizado probablemente uno de los mayores cambios en la espacialidad del habitar humano, vinculando el espacio urbano con la lectura de la página.