Valparaíso, en la Avenida Brasil frente a la Universidad.
Los jóvenes que tienen una relación con su cuerpo de disponibilidad y energía, se aproximan al suelo con gran facilidad y hacen de un desnivel un asiento para conversar, con sus bultos detrás de ellos.
Por la avenida delante pasa el gran flujo de la locomoción colectiva de Valparaíso.
En este lugar las personas están en tres estados, los que conversan sentados y no han decidido partir aún, lo harán oportunamente después; los que están de pie al costado de los buses que se detienen brevemente y pasan uno tras otro, ellos están a punto de partir, bultos en la mano leyendo rápidamente los destinos para subirse al bus indicado. Por último están los que van dentro del bus que están en otro estado, son llevados de viaje.
La ciudad hoy cubre grandes extensiones gracias a la energía y capacidad de transporte con que cuenta. Este ser de la ciudad en su ir es un acontecer en el tiempo y en el espacio, es un presente que no se deja ver y apenas constituye una experiencia.
Caminar de un punto a otro constituye un hecho que recoge la memoria, es una experiencia, hasta puede constituirse en un paseo. Si las circunstancias lo hacen apremiante será una carrera.
Pero la movilización colectiva tiene el carácter de contratiempo. Puede estar muy determinado el lugar y la hora en que se sube al bus, y el momento y lugar de descender de él. El trayecto ‘se hace’ largo o corto, queda entregado a una apreciación, desaparece el espacio solo queda el tiempo, el espacio se vuelve un medio.
Así podemos distinguir en la ciudad dos tipos de extensión que coexisten simultáneamente, el espacio directo de la profundidad, en este lugar se da el acto de habitar esperando, los cuerpos con sus bultos deciden sus desplazamientos y permanencia. Y también están las pistas para las velocidades mecánicas, para ser llevados con mas o menos contratiempos.
Así para habitar la plenitud de la ciudad hoy, actuando en ella, hay que someterse a los medios para salvar y dominar las distancias.