En un restaurant de la ciudad, en el cual se puede comer un número de platos corrientes a elección.
Uno de sus costados da a la calle a dónde a través de las ventanas se ve a los transeúntes pasar. Se ve medio cuerpo de los que están mas cerca, y los más lejanos de cuerpo entero.
Es un interior corriente es decir se lo ha arreglado con lo que hoy se llama decoración, que viene a completar la habitabilidad de un recinto. Por el momento no nos pronunciaremos acerca de ella sino que constatamos el hecho como algo habitual.
Pero dentro de lo habitual nos ha detenido un hecho, la presencia de una barra de bronce pulida, brillante, sobre un antepecho que limita el interior del exterior. Que no está mal ubicada pero que nos lleva a preguntarnos por su presencia ahí, porque es notoria, obedece a una voluntad.
Estamos ante un hecho que canta un aspecto de la habitabilidad, los espacios habitables requieren de orden limpieza y aseo. Ésta es una labor, es decir, no es un trabajo como una obra, que se erige y queda finiquitada, sino que es una actividad que una vez cumplida hay que volver a realizarla al día siguiente nuevamente. Ahora la labor parece no tener expresión de sí misma, puede ser analizada o medida, pero no se manifiesta directamente. Ahora el brillo del bronce podría pensarse que se trata de algo lujoso, ¿Pero qué parte de lo lujoso se quiere traer aquí? Porque el recinto es uno corriente. Estamos aquí ante un hecho espacial que es presentar y representar.
El brillo presenta con sus reflejos en la luz el aseo y el orden que han sido bien hechos, un metal bien pulido da cuenta del menor error. Pero este hecho espacial que se deja ver como una evidencia, al mismo tiempo tiene la potencia de representar la labor que lo sustenta en lo efímero, lo magnífico de su ser brillante tiene una duración mínima, por esto representa a la labor que lo sustenta.
Así vivimos en interiores que manifiestan lo que los constituye como tales, en una densidad de habitación que presenta el espacio listo para ser habitado y a la vez representa aquello que lo sustenta en su estado presente. ¿Acaso el lujo bien entendido, es representación?