En un cerro en la periferia de Valparaíso, a medio día.
Cortes en el cerro, sol, agua, vegetación espontánea.
Nos detiene el emplazamiento de estas mediaguas. Esta mediagua carente de todo pero con una amplitud espacial que logra un grandor en medio del manto del cerro.
La calle es de tierra, hay una vegetación que es anterior a la llegada de estos habitantes. Los terrenos no están delimitados, no hay propietarios aún. Se ejerce una cierta soberanía por la ocupación efectiva, el resto está entregado a la amplitud.
La mediagua, este mínimo espacio abstracto, este cubo de aire interior establece lugares bajo el sol, al aire libre, dónde colgar ropa, dónde lavar. Así la pobreza no carece de abundancia en este emplazamiento.
Esta ocupación que surge de una emergencia, aunque ésta sea la vida misma, es la situación de un pionero, quien inicia una construcción en la extensión. Al que está en ese trance le es dado un trato con la extensión para volverla espacio habitable. De esta manera tiene un sentido para ubicarse, a una distancia prudente de la otra casa, emplaza la casa con una abertura al Norte para tener asoleamiento al interior, los cuatro costados al exterior son lugares disponibles.En la mayor carencia se tiende a la amplitud, podemos aventurar que la condición para habitar es alguna abundancia.
Aquí hay una pista para concebir la casa primera que parte por preguntarse por su abundancia sin la cual no se habita.