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Escuela de Arquitectura y Diseño
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

Artículos de ‘disponibilidad’

Espacio: el artificio disponible para habitar

Publicado por • 7 de junio, 2011 • Categoría: Observación

La mesa una vez terminado el almuerzo, en lo que normalmente no se muestra ni reparamos, los residuos.

Lo que queda en la botella y vaso de la bebida y en los platos lo que de la comida no se puede o no se quiere comer.

Platos, botellas, cubiertos servilletas, esta es la mesa que ya se ha cumplido, lo que queda de ella.

Al comenzar el almuerzo la mesa que se ofrece es completa hasta puede ser simétrica, al terminar lo que queda no forma una figura reconocible. Solo queda pararse e irse o despejarla, limpiarla e iniciar otra mesa.

Esta mesa deja ver un estado sin nombre, que no es la mesa puesta, tampoco es la mesa vacía, la mesa que ha sido ocupada. En este estado sin nombre deja ver la potencia de su invención, este plano horizontal, disponible, al alcance de las manos, soporte de los escurridizos líquidos y de los comestibles contenidos.

Este plano artificial a dos y medio pies del suelo constituye lo que llamamos el espacio, una extensión medida que recibe los contenidos en la vida del hombre.

La mesa construye una disponibilidad y en ella nos construimos, casi sin repararlo. Esta rigurosa relación de artificio construido y disponibilidad que no pesa, es habitar.



La mesa al aire libre, hacia la utopía.

Publicado por • 1 de diciembre, 2010 • Categoría: Observación

Mesas en medio de un prado bajo los árboles.

Una buena mesa, una mala mesa. La buena mesa está en el supuesto de un interior. Extremando esta percepción para que hable: todas las mesas al exterior son malas, se aceptan como una aproximación; se saca la mesa del interior al exterior, quedando ésta huérfana. Si está bajo un toldo o cubierta mejora porque se aproxima a un interior.

Pero la mesa al aire libre es un anhelo, es la búsqueda de un triunfo, es un espacio tan favorable donde estar al interior es igual que estar al exterior. Donde estar al aire libre no presenta exigencias, no hay que abrigarse.

Así cuando el clima lo permite una mesa al aire libre reune lo eficiente y acabado de su superficie, su disponibilidad, que es lo propio de un interior, con lo vasto del paisaje, sea éste natural o urbano.

La mesa al aire libre presenta un horizonte utópico: que toda extensión nos acoja y sea habitable. El cuerpo en reposo, junto a la superficie homogénea horizontal disponible y ante la amplitud de verticales y del horizonte .

La utopía habitable es por vía de la ocasión: que se cumpla una plenitud temporal, por esta vez, estar en una estancia templada donde sus límites son la naturaleza.



La ciudad, disponibilidad que celebra

Publicado por • 8 de mayo, 2010 • Categoría: Observación

El café es el lugar de la disponibilidad, se dispone de un tiempo medido por cada cual. El lugar toma el nombre de la bebida, el café, es un degustar breve, expedito, denso e intenso, temperatura, aroma, sabor, el total es reconfortante. De un costo alto para su volumen, pero accesible, es el costo de lo apreciado.

En el lugar muchos hablan al mismo tiempo, es un coro de palabras; este murmullo trae el aire de una celebración.

Aroma y sabor de costo moderado en un tiempo medido, es un acto de celebración de la ciudad, celebra la disponibilidad de una pausa en la palabra.



Ventana Obturable

Publicado por • 15 de febrero, 2010 • Categoría: Observación

Desde esta ventana ante el Pacífico, se ve el follaje de los árboles sobre el cerro y al fondo el horizonte del mar. La ventana, poderosa invención que vincula interior y exterior. Entre la profundidad del exterior y lo próximo de la superficie de la mesa está el espesor de la ventana, ahí está presente su invención, la ventana es obturable, ese es su ofrecimiento. Lo obturable es disponibilidad y dominio: iniciamos la continuidad interior-exterior y se la interrumpe cuando se lo requiere.



Detenerse en la ciudad

Publicado por • 1 de febrero, 2010 • Categoría: Observación

Cerro Barón en Valparaíso, encuentro de calles.

Detenerse en la ciudad, lo que se opone a la detención en la ciudad es el tiempo, tener el tiempo, contar con él.

Vemos que la detención se produce en una abundancia, hay tiempo, y el espacio ofrece una abundancia doble: disponibilidad en la próximidad, el escaño donde sentarse y la amplitud de la lejanía. Así se dan cita el tiempo y el espacio para darle lugar al acto de detenerse.