En un pueblo del norte de Chile, Gualliguaica en el Valle de Elqui.
Pueblo construido hace poco, es un traslado, el pueblo original se encuentra bajo las aguas del embalce Puclaro.
Gualliguaica está construido con un orden elemental, tiene un trazado de calles rectilíneas siguiendo la cota del plano en pendiente sobre el cual está emplazado. Las casas forman una fachada contínua a ambos lados de la calle. Hacia el interior de los terrenos se encuentran árboles y huertos. Ahora ante estas fachadas, entre la vereda y la calle queda una angosta franja de tierra, en ella algunas dueñas de casa han plantado una variedad de vegetales. No son hortalizas para la mesa, ni frutales para celebrar la cosecha y el verano. Éstas son plantas ornamentales.
Así el que camina por la vereda le toca cruzar por un umbral de vegetación que templa el aire y la luz con su sombra en un lugar donde el asoleamiento es muy fuerte. Cantidades de hojas, flores y tallos que al pasar se ofrecen a la mirada.
Este es un pueblo, sí no es una ciudad, pero no retrocede, avanza hacia lo urbano, así como sus fachadas llegan hasta el borde de la vereda, este jardín se adelanta a ofrecer sus colores y una luz tamizada.
Avanzar a ofrecer espacio habitable, templado en un recinto público, es la ciudad que llega.
La vegetación es una construcción efímera que presenta a quienes ahí viven y representa su sentido de residencia.
La ciudad llega cuando el lenguaje alcanza al espacio público, esta vez en un umbral que se dona.