Mesa en la Feria. En un cerro de Valparaíso, alrededor de la plaza la Feria frente al mar.
Una mesa sostenida con caballetes, un toldo, la balanza y los productos rotulados con unas pequeñas pizarras que muestran las ofertas: 3 por 300, 5 por 200, son pizarras porque varía el precio según la hora del día.
La Feria ocurre sólo dos días a la semana, los Miércoles y los Sábados. Ésta es la venta en campamento, el mínimo costo, menos intermediarios. Un menor costo pero sólo dos días a la semana y es al aire libre, tiene un tono de esfuerzo pero no es heroico para quien compra.
La ciudad prospera en su templanza queriendo tener todo a la mano y si es posible a toda hora, en la máxima continuidad, de este modo tienen sentido y se multiplican las super tiendas y la atención 24 horas.
Sin embargo no puede dejar de tener este modo primario de intercambio, del productor al consumidor (aunque ya no sea estrictamente así, conserva el aire y la posibilidad); con un lugar mínimamente constituido, en la calle la mesa y el toldo, representando la lucha con la tierra por producir.
La Feria así muestra como la tierra produce los frutos del trabajo del hombre, si toca mal tiempo acentúa la lucha y el vencimiento que ella implica, y si el clima es favorable como esta mañana de Sábado es la cara de la cosecha, la celebración.
Así la ciudad en su espacio público le da cabida a la tierra en su doble ritmo de lucha y celebración en un espacio efímero y con frutos ciertos que son un bien.