El sueño, un retiro velado en su fragilidad, sostiene el doble ritmo de la vida urbana..
Publicado por David Jolly • 13 de noviembre, 2011 • Categoría: ObservaciónDormir.
Reparemos en este hecho ineludible de nuestra condición humana, desde lo que nos ocupa: el espacio habitable.
El cuerpo de quien duerme yace en la cama, no está tendido dobre ella, que es otra posibilidad, sino yace confundiéndose con ella.
El sueño puede tener mucha trascendencia y connotaciones interiores, pero para quienes construyen el espacio habitable les concierne la posibilidad externa del acto interno. Así el resultado de una pesadilla o un feliz sueño escapa a nuestro oficio.
Lo que no podemos eludir es el hecho del cuerpo que yace en total abandono de sí mismo soportado por el lecho. En esta posición el cuerpo reparte su peso en la mayor superficie de contacto. La gravedad actúa sobre él manteniéndolo en un equilibrio estable sin la acción de la musculatura que se encuentra completamente relajada. Esta es la razón por la cual el lecho es un soporte mullido, lo que permite este estado de abandono en la gravedad.
Soportado y soportante fundidos, en el croquis se nos aparece el rostro fundido con la almohada.
El sueño actividad ineludible y sin embargo frágil que debe ser velada.
El sueño es velado por el espacio cósmico, por la oscuridad de la noche; por los hábitos, que acostumbran al cuerpo a un horario dentro de la jornada diaria; también se sostiene en el cuidado de quienes conviven bajo un mismo techo; y por el espacio construido, el dormitorio es un retiro dentro de la casa, y siendo ella misma la que resguarda su posibilidad al constituir un interior íntimo, retirado de la vida pública de la ciudad.
Desde este punto de vista el espacio de la ciudad es la construcción de un doble ritmo el de la lucha por la vida en común con toda su lucidez y fortaleza, y el del retiro del sueño que en su fragilidad debe ser velado en común y en su intimidad.
