Espacio urbano fruto de lo excepcional y lo indistinto, del esfuerzo individual en un suelo colectivo.

 

Detrás de la Iglesia de la Matriz en Valparaíso.

La Iglesia se levanta en medio de la edificación de la ciudad distinguiéndose con su torre. El templo es el edificio de lo distinto, con nombre propio.

Ella está emplazada en el lugar original del inicio de la ciudad, el edificio es posterior. La constitución de un templo en las instalaciones del puerto podemos suponer que trajo la primera dimensión de ciudad, aquel espacio que no es solo lo útil y necesario, un espacio donado.

La edificación que la rodea se hace igual en sus ventanas, son similares, sin nombre sus entradas se identifican por un número. Estas modestas construcciones una al lado de la otra, llegando al borde mismo de la vereda y en tres pisos logran construir el espacio de la calle. Un vacío disponible donde caben vehículos y peatones.

Aquí la ciudad en un estado primero nos muestra la fuerza que la construye, el esfuerzo de cada cual con su casa, el esfuerzo en común que levanta la Iglesia, y el espacio público al que le da forma la iniciativa individual de las fachadas contínuas con una ley común.

La ciudad surge en este orden que permite la existencia de lo singular y excepcional del templo y lo indistinto de las fuerzas individuales de cada cual con su casa, los interiores construidos ganan el espacio urbano de la calle, un interior al aire libre.

 

 

 

 

 

 

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