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Escuela de Arquitectura y Diseño
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

Detenerse en la ciudad

Publicado por David Jolly • 1 de Febrero, 2010 • Categoría: Observación

Cerro Barón en Valparaíso, encuentro de calles.

Detenerse en la ciudad, lo que se opone a la detención en la ciudad es el tiempo, tener el tiempo, contar con él.

Vemos que la detención se produce en una abundancia, hay tiempo, y el espacio ofrece una abundancia doble: disponibilidad en la próximidad el escaño donde sentarse y la amplitud de la lejanía. Así se dan cita el tiempo y el espacio para darle lugar al acto de detenerse.

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Este artículo tiene 3 Comentarios »

  1. [A modo de aporte según una percepción personal] Tiempo y espacio en su propia fórmula en este caso que se presenta.

    Podrían, acaso, existir distintas fórmulas de aperturas de tiempo en relación al espacio, y del espacio en relación al tiempo.

    Me explico. En otro caso – por ejemplo el practicar jogging – es otro el espacio involucrado y otro el pulso de encadenamiento de secuencias de espacios, intersecciones de lugares, calles, toda vez que el ojo no permite establecer una permanencia en puntos demasiado específicos. Esto es obvio por la naturaleza del impacto del pie sobre el pavimento. Distinto al ir en bicicleta, donde la mirada ondula tridimensionalmente casi en consonancia con el pedaleo; el ir en bicicleta es casi una fiesta del ir avanzando; todo confluye como un regalo de presencias plenas, sin impacto y sin la velocidad del auto, que todo lo comprime a un fragor del ir, acaso demasiado veloz.

    En fin; se me abre un tema con la acción de enunciar precisa y exactamente la fórmula de tiempos en relación al espacio y viceversa, caso a caso.

  2. Debo agregar algo más:

    Lo anterior que agrego en relación a distintos modos de avanzar o detenerse, al trotar, al ir en bicicleta o al ir en auto, podría ser o no ser una observación.

    Pensemos en el texto del “Proyecto para una Capilla en el Fundo Los Pajaritos” de Alberto Cruz. Ahí, que yo sepa, no existe un croquis, pero el texto manifiesta claramente aquella luz de la ausencia, que viene a constituir la partida generadora de Forma y de Acto. Por lo menos Fabio Cruz así lo hizo ver una vez, en una clase a la cual asistí. Decía (Favio) que el texto era suficiente (o eso entendí. Que me replique quien recuerde otra cosa).

    Debo reconocer, eso sí, que el texto fundacional aludido se refería a un a situación muy específica.

    Distinto es el caso en el cual digo que “en general al trotar pasa esto y/o pasa lo otro” (y, por favor, manteniendo las debidas distancias; hablamos de un texto de Alberto Cruz. No pretendo equipararlo a esta situación que comento)

    Pero en general, ¿Las observaciones pueden ser hechas en base a una generalización surgida de una especulación abstracta sin asidero en un instante iluminador?

    Tal es el asunto que expongo…

    En lo personal creo que es una observación lo que digo, sin perjuicio de que no existe un croquis al respecto; no hay un registro del hecho preclaro e iluminador obtenido de la realidad que se despliega como generadora de poética contemplación y apertura de órdenes de las cosas.

    Si alguien disiente y fundamenta, agradecido.

  3. Estimado Sergio:

    Creo que tocas un punto muy importante en la creatividad de la obra de arquitectura en cuanto arte.
    La invención de la observación hecha por Alberto Cruz y los fundadores de la Escuela en los años 50 ( lo que no quiere decir que no tenga antecedentes ) y que ha sido el fundamento de nuestros estudios por mas de cincuenta años y hoy llega a casi todas las escuelas de arquitectura del país, tiene algunas precisiones que tu conjetura permite decir.
    Sin remitirse a lo que mencionas de la Capilla de Los Pajaritos que es su fundamento escrito, las observaciones que le dan origen no dice que no hayan surgido de los correspondientes croquis. Le preguntaré a Alberto acerca de ellas la próxima vez que lo vea.
    Pero el punto importante que tú haces ver es el siguiente:
    La observación es un acto de contemplación ante y dentro de lo que acontece, la peculiaridad de este modo contemplativo es que se da dibujando. Es una experiencia de lo singular del presente, ahora y aquí. Es primeramente una singularidad en la que la extensión se hace presente por el dibujo. Esta es una enorme restricción, no es la fotografía que mecánicamente trae todo. En esta restricción surge una potencia de la condición humana que es la abstracción: en el dibujo aparece solo aquello que el que mira es capaz de ver.
    Ahora tú me dirás ¿Qué importancia tiene la abstracción en esto? Una enorme, la siguiente, la abstracción del croquis está ahí delante para todo el que la quiera ver, no es solo una experiencia interna del que mira, lo que ha visto está disponible para el otro. El croquis es abierto, aun en lo que las palabras callan, el croquis abunda; en el croquis de mas arriba el señor que está sentado leyendo o escribiendo sobre sus rodillas, no está solo hay otra persona mas allá sentada en un aire calmado…
    Esta abstracción abundante del croquis que es una abertura, está disponible en su singularidad por eso puede ser fundamento de una obra, porque se lo puede tener en común entre varios.
    La experiencia de la contemplación puede ser fundamento justamente porque es abierta, no tiene detrás, así como en la palabra poética no hay nada detrás de ella. La observación es la construcción de una abertura legítima desde una singularidad contemplada.
    Ahora si nos saltamos el croquis y nos vamos directamente a la relación tiempo y espacio, bueno, ahí hay que ponerse a estudiar ya que hay varios campos constituidos del conocimiento que hace milenios que lo tratan.
    Si se trata de experiencias hay que registrarlas de alguna manera para que lleguen a ser un campo especulativo válido, que ya no se funda en la singularidad sino que va hacia una ley general.
    La observación arquitectónica es un campo propio porque está en el dominio del acto, aun del acto poético, donde el que observa es parte del acto que acontece, está presente y reúne la sensibilidad que percibe el acontecer y construye el trazo que lo recoge; también está presente el conocimiento y el reconocimiento, por supuesto esto incluye la memoria, es una mente la que observa.
    Todo esto ocurre en un hecho casi trivial realizado por un arquitecto u oficiante que se detiene a dibujar en un acto sin coerciones, en el que no se sabe de antemano el resultado ni hay garantías de por medio y que sin embargo es la plenitud del ejercicio de la libertad.
    Ahora todo esto me surge comentártelo porque la materia te llama, estás en el camino de la construcción de un oficio. Hablar en el campo del oficio implica tener un nivel para que se deje ver la materia, hay que superar el estado de indiferencia o agresividad y pasarse al llamado o vocación.
    Sigamos en el camino que ya lo indicaba Leonardo, no hay que perder el tiempo hay que dibujar.

    Recibe mi saludo afectuoso:

    David Jolly

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