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Escuela de Arquitectura y Diseño
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

Travesía a Lima o “Travesía de los ojos”

Publicado por Silvia Arriagada • 28 de Diciembre, 2009 • Categoría: Diseño

Introducción

Hace ya un tiempo, los talleres de Diseño de Tercer año de Diseño Gráfico y Diseño Industrial, nos hemos adentrado a las capitales de América, entre ellas Quito, Asunción, Montevideo, Buenos Aires y esta vez Lima. Este adentrarse a las capitales, buscaba esa relación con lo mayor, con la multiplicidad que identifica y define a una capital como la gran ciudad de un país. En esas travesías como en otras de estos talleres, hemos realizado actos públicos y obras, en los cuales hemos cantado el destino de esta américa amereidiana, con voz y con forma. Allí el diseño ha presentado a esos habitantes una mirada que ha espejado a veces a sus gentes y sus quehaceres, otras a sus vestigios y sus actualidades, y otras tantas, ha dado cuenta de quienes somos y de la pertenencia a un continente épico de dos grandes orillas de océanos, pacífico y atlántico.

Se trata de actos y obras surgidas de esa apetencia por la forma que da curso al presente haciéndole presente. En esto el oficio del diseño es pleno, pues posibilita el aparecer del tiempo presente. Es el diseño el que puede dar curso al ritmo del tiempo presente de los hombres y sellarlo, basta solo pensar en la presencia de los regalos a los titulantes o en los actos de celebración de esta escuela.

Cuando hablamos de plenitud en el diseño, se afirma que existe un camino donde las ideas y las formas alcanzan esa aparición tangible y vivible in su facto, ni antes ni después, sino en presente. Al aquí y ahora de la arquitectura que esta escuela lleva adelante, se le cruza este presente visible de los diseños. Es evidente que cada oficio puede arriesgar su forma, sea representada o presentada, y de suyo en el estudio de la arquitectura, el presentar es siempre más distante, no así para el diseño. Lo obvio de esta afirmación hace que me reubique respecto al hecho de realizar travesías, sea de arquitectura o de diseños, o de ambos.

Desde su origen, ellas arriesgaron el presente de cada taller, se hablaba de develar el desconocido de América y hacerlo presente , en el mayor de los casos, en obras. Ha pasado ya un cuarto de siglo. Debo señalar, que la primera travesía de amereida en el año 1965, son solo sucesivos actos realizados por los que participaron, generando las más de las veces, signos efímeros a la par con escritos poéticos. Sin embargo, lo sustancial no es ello, sino mas bien el debate del sentido de develar América que cada una de esas acciones abría.

Lo original de esa primera travesía, es cuando leemos “el camino no es el camino”. Creo que lo original las más de las veces nace en los impedimentos, en las carencias, en aquello que se oculta, la poesía siempre es sabia en ello y los oficios de esta escuela hacen de ello su poiesis, su destinación, cantando ese ocultamiento en las obras de travesía. Mas, este canto para ustedes los alumnos, muchas veces de oídas, trae tácitos que desde la poiesis no les abren a tales desocultamientos. Por ello, creo mas bien en las certezas de la mirada, y esa es la invitación efectiva de las travesías para todos aquellos que participan de ellas.

TRAVESÍA A LIMA CULINARIA, DE VESTIGIOS Y DE APERTURA POÉTICA.

UNO

Partimos de travesía con la invitación inicial al oficio del diseño de dar forma y tiempo a la presencia del poeta Carlos Covarrubias con nosotros. Se trata de un acto primero que celebra el recibirlo en un exterior de esta escuela, el patio de la escultura, una discreta mesa cuya membrana dispuesta con pinceles y tintas permitirá fijar su escritura, bajo ella un centenar de masas-letras dispuestas para transcribir los vocablos del poema hecho por todos, los que luego desaparecerán degustados entre una veintena de sabores de distintas salsas inventadas para la ocasión.

DOS

Es que esta travesía se dispone también a encontrarse con los sabores, los sabores de una capital culinaria como es nombrada y con bastante precisión Lima. Allá, los frutos de la tierra y del mar son ofrecidos en un vagar de tamaños, proporciones, cantidades, formas y colores que asientan nuestro ojo a una manifiesta voluptuosidad.

TRES

“Travesía de los ojos” nombra allá en Lima Carlos Covarrubias a nuestra Travesía. De este nombre nos hicimos cargo a través de las cuarenta miradas, una de cada alumno, miradas que se expresaron con los dibujos realizados y rehechos en cada salida y encuentro con la ciudad, con sus museos, sus vestigios preincaicos, sus mercados y su ocio.

El Taller de amereida acá nos nombra y dedica a la “hermana alegría” a la que recibimos como un pacto, dado por el poeta, como una dedicación a contemplar libre y gratuitamente aquello donde la mirada se posara.

CUATRO

Es que la presencia del poeta en el día a día de la travesía nos trae la palabra que nombra, siempre el presente, en lecturas y actos efímeros. Ellos ritmaron en juegos, y celebraciones, haciendo de cada reunión una ocasión donde la palabra deviniera a acción y a veces a forma, gratuidad solo posible por esa estancia en lo común de una travesía.

CINCO

Partimos con un poema, dedicado a Lima, poema que dibuja ese espiral  con que el poeta escribió paso a paso la sonoridad dictada por el grupo acá en la escuela.  Partimos con una figura, la que nuestro grupo de cuarenta alumnos genera como perímetro de un cuadrado. Esa fue la que dio ubicación al acto y exposición realizado en el atrio de la Plaza de San Francisco de Lima.Ambas partidas originaron nuestra obra.

El Poema conformó un suelo de lectura, en tanto la figura del cuadrado dio disposición a las diez columnas que presentaban en dibujos nuestra mirada, cual espejo, de Lima. En este doble atrio y a viva voz, el poeta proclama el poema invitando a los presentes al juego de sus palabras, para   luego celebrar el brindis final.

EL APARECER DE LA LECTURA, PROYECTOS DE TALLER.

Editamos un poema, aquel ofrecido a Lima. Lo hacemos presentándolo en el espacio de nuestra sala. Es un poema particionado, la común creatividad del taller lo permite. Su modo inicial es una matriz troquelada, ella debe pasar desde las dos dimensiones a una tercera que posibilita la aparición de la letra, fuente y devoción del oficio gráfico.

La generación de esta matriz se origina con plantearse primero que no hay material agregado, añadido, ni de pérdida y segundo que este material debe definir el aparecer y desaparecer de los vocablos del poema. Hablamos aquí de láminas de papel de un cierto gramaje, por sobre los 200 y 300 gramos.

Cada vocablo arriesga su posibilidad de lectura, pues el vacío que la letra ocasiona al levantarla del plano ha de habérselas con la legibilidad de tal o cual palabra del poema. Todo esto surge de esa continuidad y persistencia por el cómo se hace lectura. Ya en otras travesías, ambos talleres de diseño nos hemos abocado a dar forma a ese instante de aparición de una lectura. Desde el gesto que provoca un poema recortado hacia el cielo, a dibujos abstractos de la luz llevada a láminas metálicas que articulan y multiplican sus planos insistidamente en pliegues y repliegues.

Sin embargo, la lectura más significante, aquella de las letras, signo consistente e indeformable, ha sido sin duda, el más persistido estos últimos años en nuestros talleres de travesía. Sin duda, estos trabajos surgen de aquellas experiencias, mas, las experiencias deben estar siempre siendo contempladas, para avanzar sobre ese momento inicial de abertura, pues de lo contrario solo imitamos lo que ya sabemos hacer.

Lo nuevo en este taller es el hacer desaparecer una palabra, momento tácito pues lo que se ve es el aparecer de ella. Es que la poiesis, como dije en un comienzo, viene encapsulada, es lo que no se ve directamente. Acordar entonces la justa lectura de sus letras regladas por el juego constructivo propuesto en los vocablos, es equivalente a aquel juego de la phalene que sella y acuerda lo que se ve en la carta.

Este taller quiere adentrarse en tales propósitos y afanes, pues fue la mirada distraída hacia una matriz que dibujaba una alumna en travesía, la que dejó ver la posibilidad de hacer aparecer paso a paso desde un único plano, la lectura escondida de los vocablos del poema. Finalmente, es en en esas precisiones que estos proyectos avanzan.

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