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Escuela de Arquitectura y Diseño
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

Clase 7 Trimestre I 2009

Publicado por Manuel F. Sanfuentes • 28 de Abril, 2009 • Categoría: Taller de Amereida

Aquello de la completitud –anteriormente hablada–, en cuanto a cubrir el resto que falta para alcanzar una figura, puede responder a una urgencia contemporánea (tal vez permanente) de lo resoluto: de la cabalidad a una suerte creativa que quiere presentarse como medida para una interlocución con otros, que son los pares.

Las zonas abiertas que el estudio ha observado deben adscribirse a este régimen, en donde lo concluso puede recibir lo que llamamos desconocido.

El nosotros que construye este taller sin duda es un completo presente en el cual tiene realidad el diálogo entre lo concluso y lo abierto.

Una visión en que el arte conjuga las resoluciones con que la técnica se nos presenta contractadamente (paso a paso) sabe medir la distancia entre distractores y concentradores.

El estudio hoy día, en el ámbito académico, recorre la tabularidad de un discurso acorde lo completo; lo encerrado en cuanto demarca una figura; al decir de Isabel Margarita Reyes, sería un morfismo de principio a fin.

Así el estudio, en sus particularidades, parte de un punto para ir a otro en la conclusividad de su propio giro. Lo que produce un sentido de avance y progresión en la aventura del conocimiento.

Se ha nombrado así esta era en donde el conocimiento y la educación es la herramienta que permite el cambio (…si no lo pudo la política, las religiones, etc.) [de vida o de transformación... lo que hace mundo].

Sin embargo, hacemos nosotros que dichas instancias resolutas se enfrenten a lo irresoluto (que es lo primero… como en el principio era el caos…

El diálogo debe fundarse en esa reciprocidad entre lo lleno y lo vacío, un espacio cuantificable tiene por un lado una medida y un nombre que lo califica, y es precisamente este nombre donde yace y surge el sentido que allí procede; este es –sabemos– distinto en cada uno y distinto cada vez (las medidas son inequívocas para todos).

Por cuanto el sentido obedece a una cuestión sensorial –de percepción– que hace diferentes a todos los pronunciamientos… es que surge esa noción abierta que el ha lugar designa como palabra poética.

América tiene ese ir de lo equívoco a lo inequívoco; su aparición no se desvincula nunca de la aventura y a la vez de la ceguera de Colón [la ilusión] (entre lo propio y lo impropio). Sin embargo su continentalidad es perentoria y certera, ahí están los bordes de una figura.

La palabra poética viene a ubicarse en ese intersticio en donde la significación queda abierta o en vilo… para que siga permaneciendo así.

Esa zona –llamada en Barcelona terrain vague– es la que permanece en nosotros como un innombrable donde descansa la gratuidad del estudio y el azar que no deja nunca de arrojarnos una cifra cierta.

Manuel F. Sanfuentes

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