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Escuela de Arquitectura y Diseño
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

Clase 9. Trimestre I / 2005

Publicado por Manuel F. Sanfuentes • 13 de Mayo, 2005 • Categoría: Taller de Amereida
Manuel F. Sanfuentes

Se debe decir al medio del día la intención de los duques: “algunas burlas que llevasen vislumbres y apariencias de aventuras”.

Aquí el encantamiento es realizado; se trata de la “apariencia de”, que a don Quijote le haga las veces de verdad: debíase desencantar a Dulcinea.

Puede ser éste, un elogio de la soledad, la melancolía de urdir la realidad al son de la irrealidad de uno, para el cumplimiento de un sueño que sobrevive de facto.

“… pasmóse el duque, suspendióse la duquesa, admiróse don Quijote, tembló Sancho Panza”.

Ellos son el personaje y su persona; no así los demás aparecidos que son nombres interpretados no por ellos (por actores).

El Diablo.
El sabio Lirgandeo.
El sabio Alquife
Y el encantador Alcalaus.

Y unos terceros que son nombres que traen la memoria de ellos y no presencian:

El gallardo francés Montesinos.
Dulcinea del Toboso.
El Cide Hamete.
El comendador Griego.
Urganda la Desconocida
Y el Amadís de Gaula.

Estos traen y llaman a un origen; refieren a un linaje, al linaje moderno; su línea, sus cartas de presentación, el carácter del personaje; su ascensión.

Linaje, no es una palabra que nos viene de Grecia; podría decirse que es una palabra de la época de los moderni; perfectamente Cervantes; la academia de la lengua habla del provenzal linhatge o del catalán llinyatge.

Ascendencia o descendencia de la familia; desde dónde asciende y hacia dónde desciende; el eje o cursor de la medición es el susodicho, el personaje, su persona, su nombre; cada uno, ascendencia y descendencia; ese “o” de la academia debe ser rectificado, el “y” es proyectivo.

Entonces palabra peninsular; un francés hispano; las nuevas lenguas fueron llamadas “vulgares” por el latín; el vulgo, la vulgata, la voz, el pueblo, su lengua, su raíz, su linaje.

Tal vez con el advenimiento del vulgo aparece la idea de lo moderno; Rimbaud no deja de ser sumamente vulgar:

“hay que ser absolutamente moderno,
mantener el paso ganado”

Esto es tener un lenguaje puesto que se tiene lengua, y la tenemos a ésta en la poesía, y aquél en el ejercicio del oficio.

Amereida nos llama príncipes

Principiantes.

El que principia.

“El personaje se estrella en su sigilo; blanquea su posibilidad; evidencia Caifás la conmemoración. Se hacía el agua vidente cuando adolecía del asentamiento.

La peregrina me adueña sin su consentimiento; bajo el árbol, lejos suyo”.

In Latin Syntax, folio 7
Jaime Reyes

Hay varias cosas extraordinarias sucediendo en este capítulo. Surgen fantasmas, demonios, ejércitos fastuosos de otros mundos, etc. Sin embargo quisiera detenerme en un pasaje digamos “corriente”, que cuando se lo lee no invita a mayores consideraciones. Lo hago no para rebuscar argumentos o para hacer discusiones vanas, sino porque de verdad me parece notable.

No sin sorpresa leí refranes de uso popular, escritos por Cervantes hace 400 años, que aún hoy usamos en nuestra vida cotidiana: “del dicho al hecho hay largo trecho, al que madruga Dios lo ayuda, etc.” En general es Sancho el que habla y se comunica a través de refranes; Don Quijote de hecho por esto lo reprende. Pero la duquesa lo defiende. Y lo defiende diciendo que son de estimar por la brevedad de la sentencia. ¿Por qué una sentencia breve ha de ser estimable?

- Por su elocuencia…
- Por su sencillez…
- Porque riman, y así pueden permanecer en la memoria…
- Dicen algo que a todos alguna vez les ha sucedido…

Efectivamente esto es así, pero hay algo en las sentencias de estos refranes que hace que, con muy pocas palabras, se sigan diciendo después de 400 años. Durante estos cuatro siglos muchas cosas han cambiado en nuestra lengua; al punto que incluso nos resultaría difícil conversar fluidamente con un español del siglo XVI. Sin embargo estos refranes se siguen diciendo casi exactamente igual.

No es una casualidad que estas sentencias las utilice Sancho (el Quijote es más dado a los discursos adornados y enjundiosos), porque el escudero pertenece al vulgo, al pueblo y estas sentencias pertenecen a lo que llamamos la sabiduría popular.

Pues bien, la poesía se nutre más de esa sabiduría popular que de todos los estudios serios del mundo, ¿por qué? Porque en estas sentencias opera un principio que en todo poema debiese funcionar con excelencia. Se trata de algo que podríamos llamar la economía de la palabra; con lo menos digo lo más. Para explicar cabalmente estas sentencias se requiere de largas explicaciones y muchas páginas. Pero sucede que se entienden de inmediato; todos sus sentidos y significados se presentan al unísono y ordenadamente, de suerte que no requieren de las largas explicaciones ni de las muchas páginas. Esto mismo hace un bello poema; en un verso se contienen muchos mundos. Por eso los versos de un poema no pueden ser modificados ni en sus comas. No pueden ser escritos de otra manera. Un buen verso –casi como un refrán- es un artificio que alcanzó una justeza; nada se le puede agregar ni quitar sino para peor. Esta es la definición renacentista de armonía. Desde aquí podríamos pensar que nuestros poemas y nuestros versos van tras la armonía y sin embargo no es así. La modernidad ha dado algunos pasos a este respecto: ha pasado de la armonía como objetivo al desconocido como horizonte. Y lo digo aquí porque uno de los poetas que más y mejor impulsó este paso fue uno que comprendió especialmente la hermandad entre los refranes y los versos. Yo ya les he hablado del Conde de Lautreamont. Él escribió dos libros: Los Cantos de Maldoror y Poesías. Las Poesías de Lautreamont no están escritas en verso ni en prosa, sino son una acumulación de sentencias breves. Muchas de ellas recogidas de la sabiduría popular, y que las fue a veces modificando. Lautreamont comprendió que allí, en esa sabiduría popular, en la forma corriente de hablar una lengua, residen algunos de los más bellos secretos de la poesía. Es más, con una sola sentencia –que a nosotros nos ilumina y nos señala ese horizonte del desconocido- nos dejó para siempre orientados:

La poesía ha de ser hecha por todos. No por uno.

archivo adjunto Cap. XXXIV_2


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